Con perspectiva histórica lo suelo ver así:
El reloj de pulsera se usa de una manera más o menos general desde hace cien años.
Antes está el uso militar (atarse relojes al brazo data desde finales del XIX en el ejército) y el uso femenino que solía ser más bien función joya con reloj incrustado que reloj per se como herramienta. En los 20 ya vemos una amplia oferta de reloj de pulsera masculino y el cambio de paradigma gracias al prestigio militar, lo que no quiere decir que el de bolsillo no se usase ampliamente en los 20, 30, 40. Los “señores” lo siguieron usando como gesto de buen tono y manifestando adherencia a usos pasados que siempre se consideran más elegantes. Uno se puede imaginar perfectamente al padre de cincuenta años en los 40 con reloj de bolsillo y al hijo veinteañero con reloj de pulsera (así se ve en anuncios de época de Hamilton, dos públicos objetivo, añadiendo el femenino, minirelojes pulsera).
Así pues, más o menos un siglo de uso normalizado y continuo.
El reloj de cuarzo de pulsera, si quitamos los primeros años desde el 69 en el que es raro y caro, tiene unos 50 años de uso normalizado y popular. O sea, de esos 100 años de uso extendido del reloj de pulsera la mitad los comparte con el cuarzo (siendo el cuarzo además al menos 40 de ellos la opción más generalizada).
A veces parece que se habla del cuarzo como si fuera una novedad, algo moderno y sin valor frente a un arte antiquísimo… sí, la relojería mecánica tiene siglos, el uso extendido del reloj personal de bolsillo tiene un par de siglos (antes es un objeto de lujo), pero si nos movemos al reloj actual tal como lo conocemos y lo llevamos el cuarzo solo es la mitad de joven, no es de ayer.