Buen miércoles, ayer se me complicó el día y no os pude actualizar el hilo, por lo que vamos a ello, hoy toca un capítulo muy diferente, como el reloj que lo protagoniza. Al lio!
CAPÍTULO 38 — OMEGA SPEEDMASTER PROFESSIONAL X-33, PRIMERA GENERACIÓN
Ref. 3290.50.00 — 1998
El reloj espacial para una nueva generación
En 1965, la NASA certificó el Omega Speedmaster Professional para sus vuelos espaciales tripulados. Durante más de tres décadas, el Moonwatch acompañó a los astronautas en los programas Gemini, Apollo y Space Shuttle, convirtiéndose en el reloj espacial más famoso de la historia.
Pero a finales de los años noventa la exploración espacial había cambiado.
Las misiones ya no consistían únicamente en vuelos relativamente breves hacia la Luna. Las largas permanencias en órbita, la estación rusa MIR, el futuro ensamblaje de la Estación Espacial Internacional y la creciente complejidad de las operaciones exigían nuevas herramientas. Los astronautas necesitaban alarmas, múltiples zonas horarias, cuentas atrás y temporizadores capaces de controlar distintas fases de una misión.
Un cronógrafo mecánico podía continuar desempeñando perfectamente su función esencial, especialmente durante las actividades extravehiculares, pero ya no podía ofrecer por sí solo toda aquella información.
Omega comprendió que había llegado el momento de desarrollar un nuevo reloj espacial.
No para sustituir al Moonwatch.
Sino para acompañarlo.
Así nació el
Omega Speedmaster Professional X-33, referencia 3290.50.00, presentado en 1998.
Un reloj diseñado con sus futuros usuarios
Pocas referencias de Omega han contado con un proceso de desarrollo tan estrechamente ligado a quienes realmente iban a utilizarlas.
El proyecto fue impulsado en gran medida por el general
Thomas P. Stafford, veterano de Gemini, Apollo 10 y Apollo-Soyuz, que formaba parte del consejo de administración de Omega. Stafford entendía que el Speedmaster mecánico seguía siendo una herramienta insustituible, pero también que las nuevas operaciones espaciales requerían funciones adicionales.
Omega recurrió a la experiencia de astronautas estadounidenses, cosmonautas rusos, pilotos militares, pilotos de pruebas y astronautas europeos. Los prototipos fueron utilizados en condiciones reales y sus usuarios remitieron observaciones continuas sobre legibilidad, manejo y ergonomía.
La participación europea debe entenderse principalmente a través de esos astronautas y especialistas. La colaboración institucional plenamente documentada entre Omega y la
Agencia Espacial Europea alcanzaría un papel mucho más directo años después, durante el desarrollo del Skywalker X-33, basado en ideas patentadas por la ESA y el astronauta Jean-François Clervoy.
Entre las mejoras solicitadas durante las pruebas estaban:
- una pantalla digital más grande y contrastada;
- agujas claramente visibles que ocultaran lo menos posible la información digital;
- pulsadores grandes, fáciles de accionar con guantes;
- una alarma suficientemente potente para escucharse dentro de una nave;
- y funciones específicas para controlar el desarrollo de una misión.
El X-33 no nació únicamente en un departamento de diseño de Biel. Se desarrolló en cabinas de vuelo, simuladores, transbordadores y estaciones espaciales.
Del Flightmaster al X-33
Durante las primeras etapas del proyecto, Omega llegó a utilizar la denominación
Flightmaster X-33.
El nombre tenía sentido. El reloj estaba siendo concebido con la participación de pilotos y astronautas, y recuperaba la memoria del histórico Flightmaster de los años setenta. Algunos prototipos mostraban cajas y brazaletes inspirados en los Seamaster, pulsadores redondos y diferentes diseños de agujas destinados a no ocultar las pantallas LCD.
Omega probó agujas finas, diseños calados, formas de pala y distintas variantes Broad Arrow. También experimentó con biseles de orientación y configuraciones digitales diferentes. El reloj fue evolucionando mediante modificaciones continuas, más que a través de una sucesión perfectamente delimitada de generaciones de prototipos.
Finalmente, Omega recuperó el nombre Speedmaster Professional y conservó
X-33, que inicialmente había sido simplemente el código interno del proyecto.
La denominación procedía del programa experimental X-33 de la NASA y Lockheed Martin, destinado a estudiar un vehículo reutilizable de una sola etapa que sirviera como demostrador tecnológico para el futuro VentureStar. Aunque aquel programa terminaría siendo cancelado, el nombre ya había quedado unido al reloj.
Probado antes de llegar a las tiendas
El
25 de marzo de 1998, Omega presentó oficialmente el Speedmaster Professional X-33 en Houston, con una conexión en directo con la estación espacial rusa
MIR. Algunos prototipos ya habían sido utilizados en misiones y se encontraban en el espacio antes de que la versión comercial llegara al público.
Aquella presentación resultaba especialmente coherente con la naturaleza del reloj.
El X-33 no era una pieza de inspiración espacial que luego intentaría encontrar una función. Era una herramienta que había sido evaluada en su entorno de uso antes de entrar en las boutiques.
Entre las historias más sorprendentes de su desarrollo se encuentra la de un piloto de pruebas que sufrió un grave accidente con un MiG-15 mientras llevaba uno de los prototipos. El piloto sobrevivió con heridas importantes y el reloj, aunque golpeado y arañado, continuó funcionando. Ese prototipo se conserva en el Museo Omega de Biel.
El reloj
El X-33 rompía con casi todo lo que hasta entonces se asociaba visualmente a un Speedmaster.
Su caja de titanio medía aproximadamente
42,25 milímetros, una dimensión cercana a la del Moonwatch, pero su reducido peso hacía que la experiencia en la muñeca fuera completamente distinta.
La referencia comercial de esta primera generación fue:
3290.50.00
Sus características principales incluían:
- caja y brazalete de titanio;
- cristal de zafiro;
- bisel giratorio unidireccional con escala de 60 minutos;
- movimiento multifunción de cuarzo Omega calibre 1666;
- indicación analógica combinada con pantalla LCD;
- grandes pulsadores adaptados al uso con guantes;
- alarma de alta intensidad;
- hermeticidad de 30 metros.
La primera generación también podía encontrarse con correa sintética reforzada con Kevlar, una configuración especialmente ligada a su imagen de instrumento aeronáutico. La referencia 3290.50.00 identifica el modelo de primera generación, mientras que la posterior 3291.50.00 corresponde a la segunda generación introducida en 2001.
Titanio: ligereza antes que lujo
El titanio no fue escogido únicamente para diferenciar visualmente al X-33.
Su ligereza resultaba especialmente útil para pilotos y astronautas, mientras que su acabado mate reducía los reflejos que podían resultar molestos en una cabina. La caja transmitía una imagen técnica e industrial, muy alejada del brillo del acero pulido o del peso tranquilizador de un reloj tradicional.
Esa misma cualidad contribuyó, sin embargo, a que muchos compradores no comprendieran inicialmente su precio. El X-33 era caro, ligero, de cuarzo y deliberadamente poco ostentoso: una combinación difícil de asimilar para buena parte del mercado del lujo de finales de los años noventa.
La esfera: analógica y digital
La esfera combinaba unas agujas analógicas de inspiración Broad Arrow con una amplia pantalla digital de cristal líquido.
La lectura analógica permitía consultar la hora inmediatamente, mientras que la pantalla LCD ofrecía las funciones más complejas. Las agujas podían desplazarse temporalmente para despejar la pantalla y facilitar la lectura de la información digital.
Aquella combinación no era completamente nueva para Omega. La marca ya había producido desde 1986 el Seamaster Multifunction, pero el X-33 llevó el concepto mucho más lejos mediante una interfaz y unas funciones concebidas específicamente para aviación y vuelos espaciales.
El calibre Omega 1666
El X-33 de primera generación estaba equipado con el
calibre Omega 1666, un movimiento de cuarzo multifunción con nueve rubíes, desarrollado específicamente para esta familia.
Entre sus principales funciones se encontraban:
- hora analógica y digital;
- calendario;
- segundo huso horario;
- tiempo universal UTC;
- cronógrafo con medición de centésimas de segundo;
- temporizador de cuenta atrás;
- varias alarmas;
- Mission Elapsed Time o MET;
- y funciones de control del tiempo de misión.
El
Mission Elapsed Time permitía registrar de forma continua el tiempo transcurrido desde el inicio de una misión. Era una función mucho más adecuada para las operaciones espaciales modernas que un cronógrafo mecánico convencional limitado a doce horas.
El reloj también incorporaba una alarma de aproximadamente
80 decibelios, concebida para poder escucharse en el ruidoso interior de una nave o una cabina. El calibre se diseñó para funcionar dentro de un amplio margen de temperaturas y el reloj fue sometido a pruebas de resistencia a golpes, magnetismo y aceleraciones extremas.
El bisel y los pulsadores
La primera generación incorporaba un bisel giratorio unidireccional con escala de 60 minutos.
Aunque muchas de sus funciones podían realizarse electrónicamente, el bisel añadía una forma sencilla e inmediata de controlar intervalos cortos sin tener que navegar por las funciones digitales.
Los cuatro grandes pulsadores distribuidos alrededor de la caja constituyen una de las características visuales más reconocibles del X-33. Su forma plana y su tamaño respondían directamente a las recomendaciones de los pilotos y astronautas que habían probado los prototipos: debían poder localizarse y accionarse llevando guantes.
La corona, situada a las tres, permitía seleccionar y ajustar las distintas funciones electrónicas.
La trasera
La primera generación utilizaba una trasera cerrada de titanio fijada mediante tornillos.
En ella aparecía simplemente el hipocampo y la palabra Speedmaster junto con el logo de omega. Su diseño era funcional y relativamente sobrio, coherente con un reloj cuya identidad se encontraba en sus prestaciones y no en una decoración conmemorativa.
El packaging
El X-33 se entregaba en un estuche específico, acompañado por la documentación de garantía y un manual de instrucciones considerablemente más importante que en un reloj convencional.
Aprender a utilizar correctamente sus modos, alarmas, cuenta atrás, cronógrafo y tiempo de misión exigía cierta familiarización. El manual no era un simple complemento comercial, sino una parte necesaria del producto.
Según la configuración y el mercado, el conjunto podía incluir el brazalete de titanio y accesorios o correas alternativas, reforzando la presentación del X-33 como un instrumento profesional.
El polémico “Mars Watch”
Aunque el X-33 no había sido diseñado específicamente para una misión a Marte, Omega utilizó ampliamente la denominación comercial
Mars Watch.
La campaña se apoyó también en su aparición en la película
Mission to Mars. El nombre pretendía presentar al X-33 como el reloj de la futura exploración espacial, pero fue recibido con cierto escepticismo por aficionados y especialistas, ya que ni el reloj ni el programa aeronáutico X-33 estaban realmente destinados a un viaje interplanetario.
A pesar de ello, el apodo terminó formando parte de su identidad y anticipó, en cierto modo, la evolución posterior de la familia hasta el verdadero X-33 Marstimer.
Un Speedmaster incomprendido
Cuando llegó a las tiendas, muchos coleccionistas no supieron cómo interpretar el X-33.
Era de cuarzo.
Tenía una pantalla digital.
Estaba construido en titanio.
No se parecía al Moonwatch.
Y, además, llevaba en la esfera la palabra
Professional.
Para algunos aficionados aquello parecía casi una provocación. Se cuestionó su elevado precio, su estética gris y su falta de un movimiento mecánico tradicional. Sin embargo, mientras parte del mercado lo rechazaba por no ajustarse a la imagen romántica del Speedmaster, astronautas, cosmonautas y pilotos continuaban utilizándolo por una razón mucho más sencilla: funcionaba extraordinariamente bien como herramienta.
El Moonwatch no necesitaba un sustituto
El X-33 nunca fue concebido para reemplazar completamente al Speedmaster Professional mecánico.
El Moonwatch seguía siendo más adecuado para determinadas situaciones, especialmente las actividades extravehiculares. Las baterías, las pantallas LCD y los circuitos electrónicos podían verse afectados por el vacío y las temperaturas extremas, mientras que un movimiento mecánico correctamente preparado conservaba ventajas evidentes en esas condiciones.
El planteamiento de Omega era complementario:
- el Moonwatch como cronógrafo mecánico de respaldo y herramienta para el exterior de la nave;
- el X-33 como centro de control temporal para el trabajo cotidiano dentro de la cabina.
No eran rivales.
Eran dos respuestas diferentes a dos necesidades distintas.
Cierre
El
Omega Speedmaster Professional X-33 de primera generación fue uno de los proyectos más audaces de la historia moderna de Omega.
No celebraba una misión pasada.
No reproducía un reloj histórico.
No intentaba parecerse al Speedmaster que había llegado a la Luna.
Había sido desarrollado junto a pilotos, astronautas y cosmonautas para resolver los problemas de una nueva etapa de la exploración espacial.
Mientras el Moonwatch seguía siendo el reloj que había escrito la historia, el X-33 nacía para ayudar a escribir la siguiente.