itsmemario
SuperMario, bro
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Si tuviera que decidir, entre todos mis errores como coleccionista, cual ha sido el mayor, sin duda diría que llevar relojes al relojero.
Hasta hace unos pocos pocos meses mi concepción de la colección ideal estaba plagada de sesgos que sin darnos cuenta nos encasquetamos en el foro sin ninguna necesidad, unos a otros.
Por ejemplo, que las colecciones deben tener un número máximo de relojes. 6, 12, los que sean, números que, en realidad, no tenemos por qué respetar y el hecho de que sean pares ya te da a entender que la cosa viene con un tufillo a TOC, porque una colección pueden ser 17, 22, 51, o 87, y no pasa absolutamente nada
Las colecciones no tienen por qué tener un crono, un diver, un vaya usted a saber qué categoría, ni tener una marca de cada como máximo, ni necesitan no repetir colores. Ya tiene uno suficientes reglas en la vida como para meter reglas en una colección construída por ocio.
Pues otra de las manías absolutamente innecesarias que me auto-encasqueté fue la de que todos los relojes funcionen, por cojones. Después comprendí que nadie sabe si funcionan o no, excepto yo, que encima me da exactamente igual que funcionen cuando son relojes más de querer verlos en la caja, que de ponérmelos, y finalmente, tengo en el bolsillo un aparato llamado móvil que da la hora, así que en realidad llevarlo sin funcionar ni siquiera es un drama.
Pero como se me metió en la cabeza la estupidez de tener todos funcionando perfectamente, llevé relojes al relojero sin ninguna necesidad.
Relojes que no estaba seguro de si me iba a quedar, relojes que no me pongo casi, relojes que daban la hora pero tenían alguna pijada mal, relojes donde lo que no iba bien era el cronógrafo que no necesito usar, relojes que estaban bien pero por si acaso...
Un desperdicio de dinero supino no solo por innecesario, porque a día de hoy pienso que al relojero debe ir un reloj que no funciona y que quiero usar habitualmente, sino porque en el gremio relojero escasea el buen hacer y el servicio responsable.
Hablemos de Watchmakers, en la prestigiosa calle Ortega y Gasset, de Madrid. Un taller donde lo habitual es que te encuentres a una señora quejándose de que ha llevado ya 3 veces su Omega, o a un tío llevando por enésima vez su Royal Oak Offshore.
En mala hora se me ocurrió llevarles un Bulgari, que hicieron bien, pero que sinceramente me podría haber ahorrado hacerle nada, y sobre todo me dio confianza para mandar otros dos, el TAG Heuer Ayrton Senna, que hicieron bien a la segunda visita, y este Levrette
Como veis el reloj no estaba en estado de descomposición ni nada estaba bien, limpio, y daba la hora bien, el crono funcionaba y reseteaba a las 12 a la perfección.
Pero un día vi que atrasaba mucho, no en el cronocomparador, sino puesto en muñeca. Fue entonces cuando llamé a Watchmakers y me dijeron que sí podían recibirlo. Tras presupuestarme aproximadamente 700 pavos, casi textualmemte, me dijeron que podían dejarlo perfecto para uso diario.
La cifra era alta, bastante más de lo que costó el reloj, pero bueno, si dejan un reloj de los años 30 perfecto para uso diario, pues me merece la pena.
Aquí cometí un error absolutamente garrafal y que no volveré a cometer, el reloj debi dejarlo en la caja, guardadito, y ahorrarme tirar el dinero como hice, pero era esa estúpida manía de pretender mantener 30 y pico relojes en perfecto estado de funcionamiento, como si fuese a venir un revisor de colecciones a decirme "uy quué fraude es usted, este reloj no va bien puesto en muñeca, queda suspendido su carnet de aficionado"
Perdí la cuenta de las veces que he ido a Watchmakers. La dinámica era siempre la misma, me avisan, recojo el reloj, me dicen que va bien, me voy y a las pocas horas o a veces minutos, me doy cuenta de que está mal.
Lo más surrealista es que, vuelvo a repetir, el cronógrafo nunca había fallado, sin embargo una de las veces recibí el reloj con un crono que resbalaba, al resetear lo hacia a y 5, a la siguiente vez a y 10, a y 15, así. Otra vez, directamente la aguja del crono se salió de su cañón. Otra, la mentada aguja central del crono fue reemplazada sin aviso previo ni mucho menos, consentimiento, por un aguja genérica no original, que encima chocaba con el cristal. Todos los problemas con el crono vinieron a raíz de los, no uno, sino dos servicios que hicieron al movimiento, sin ninguna necesidad porque el reloj lo que tenía y sigue teniendo es un problema en la transmisión del movimiento a las agujas, quiero decir, que en el cronocomparador va bien en todas las posiciones, y en una mesa también, pero puesto en muñeca, no porque la minutera se va quedando atrasada.
Este fallo, es el fallo que tenía desde el principio, es un fallo que le expliqué a Carlos dos veces en persona, y es un fallo que sigue teniendo.
Cuando digo que he perdido la cuenta de cuantas veces he ido, me refiero a que tengo 23 notificaciones del estado de mis reparaciones, cuando solo he llevado 3 relojes. Para este Levrette ir al taller se convirtió casi en una rutina, siendo un taller que cierra a las 6 y silo abre días de diario.
Aparcar en doble fila, salir corriendo del trabajo para poder llegar, en fin, un suplicio, y una vez, y otra vez, y otra, y siempre el mismo chasco al comprobar que entregan el reloj fallando, y cada vez que decía mira lo doy por perdido, me decían no, lo siento, no se qué excusa y otra vez para dentro.
Al final acabé tan hasta los huevos de tener una cosa sin resolver y el tremendo coñazo de ir a watchmakers a dejar el reloj, ir a watchmakers a recoger el reloj, comprobar que aquello seguía igual, y vuelta a empezar, así como 6 veces, que pasé de volver.
Así es, el reloj sigue con el mismo fallo, y ellos con mis 700 euros, pero es que simplemente decidí no volver. A algunos os podrá sorprender, pero es parándome a pensar, me dije, vamos a ver, yo tengo un problema, pero, ¿el problema es que mi reloj no va? No, el reloj me la pelaba, me la pela, y me la pelará, y no debí nunca llevarlo a ningún relojero. El problema que tengo es que estoy hasta los cojones de que me toreen en watchmakers, hasta los cojones de buscar aparcamiento por allí, hasta los cojones de llevarme chascos, hasta los cojones de adaptar mi horario y correr para llegar antes de las 6 al puto taller. Ese era mi problema, y ese problema lo solucioné de un plumazo: no voy más. No me da la gana. Al módico precio de 700 euros solucioné mi problema y me liberé de volver a Watchmakers, es decir, pagué para no ir.
Hoy soy feliz, no tengo que volver ahí jamás, se pueden quedar mi dinero porque no pienso ir a reclamarlo, si alguien se cree que voy a volver otra vez allí para exigir un reembolso, es que no me conoce en absoluto. No es que me sobre el dinero pero lo que si que me sobra es la soberbia, desde que era niño.
Así que eso, que os aproveche la pasta, 5 o 6 oportunidades de arreglar el reloj, sigue exactamente igual o mejor dicho peor, porque perdi la trotadora, no habéis podido arreglarlo, y el cliente ha acabado tan hasta los cojones que ni os va a reclamar porque su salud vale muchísimo más que 700 euros.
Ah, y no recomiendo el taller. Por si había dudas
Hasta hace unos pocos pocos meses mi concepción de la colección ideal estaba plagada de sesgos que sin darnos cuenta nos encasquetamos en el foro sin ninguna necesidad, unos a otros.
Por ejemplo, que las colecciones deben tener un número máximo de relojes. 6, 12, los que sean, números que, en realidad, no tenemos por qué respetar y el hecho de que sean pares ya te da a entender que la cosa viene con un tufillo a TOC, porque una colección pueden ser 17, 22, 51, o 87, y no pasa absolutamente nada
Las colecciones no tienen por qué tener un crono, un diver, un vaya usted a saber qué categoría, ni tener una marca de cada como máximo, ni necesitan no repetir colores. Ya tiene uno suficientes reglas en la vida como para meter reglas en una colección construída por ocio.
Pues otra de las manías absolutamente innecesarias que me auto-encasqueté fue la de que todos los relojes funcionen, por cojones. Después comprendí que nadie sabe si funcionan o no, excepto yo, que encima me da exactamente igual que funcionen cuando son relojes más de querer verlos en la caja, que de ponérmelos, y finalmente, tengo en el bolsillo un aparato llamado móvil que da la hora, así que en realidad llevarlo sin funcionar ni siquiera es un drama.
Pero como se me metió en la cabeza la estupidez de tener todos funcionando perfectamente, llevé relojes al relojero sin ninguna necesidad.
Relojes que no estaba seguro de si me iba a quedar, relojes que no me pongo casi, relojes que daban la hora pero tenían alguna pijada mal, relojes donde lo que no iba bien era el cronógrafo que no necesito usar, relojes que estaban bien pero por si acaso...
Un desperdicio de dinero supino no solo por innecesario, porque a día de hoy pienso que al relojero debe ir un reloj que no funciona y que quiero usar habitualmente, sino porque en el gremio relojero escasea el buen hacer y el servicio responsable.
Hablemos de Watchmakers, en la prestigiosa calle Ortega y Gasset, de Madrid. Un taller donde lo habitual es que te encuentres a una señora quejándose de que ha llevado ya 3 veces su Omega, o a un tío llevando por enésima vez su Royal Oak Offshore.
En mala hora se me ocurrió llevarles un Bulgari, que hicieron bien, pero que sinceramente me podría haber ahorrado hacerle nada, y sobre todo me dio confianza para mandar otros dos, el TAG Heuer Ayrton Senna, que hicieron bien a la segunda visita, y este Levrette
Como veis el reloj no estaba en estado de descomposición ni nada estaba bien, limpio, y daba la hora bien, el crono funcionaba y reseteaba a las 12 a la perfección.
Pero un día vi que atrasaba mucho, no en el cronocomparador, sino puesto en muñeca. Fue entonces cuando llamé a Watchmakers y me dijeron que sí podían recibirlo. Tras presupuestarme aproximadamente 700 pavos, casi textualmemte, me dijeron que podían dejarlo perfecto para uso diario.
La cifra era alta, bastante más de lo que costó el reloj, pero bueno, si dejan un reloj de los años 30 perfecto para uso diario, pues me merece la pena.
Aquí cometí un error absolutamente garrafal y que no volveré a cometer, el reloj debi dejarlo en la caja, guardadito, y ahorrarme tirar el dinero como hice, pero era esa estúpida manía de pretender mantener 30 y pico relojes en perfecto estado de funcionamiento, como si fuese a venir un revisor de colecciones a decirme "uy quué fraude es usted, este reloj no va bien puesto en muñeca, queda suspendido su carnet de aficionado"
Perdí la cuenta de las veces que he ido a Watchmakers. La dinámica era siempre la misma, me avisan, recojo el reloj, me dicen que va bien, me voy y a las pocas horas o a veces minutos, me doy cuenta de que está mal.
Lo más surrealista es que, vuelvo a repetir, el cronógrafo nunca había fallado, sin embargo una de las veces recibí el reloj con un crono que resbalaba, al resetear lo hacia a y 5, a la siguiente vez a y 10, a y 15, así. Otra vez, directamente la aguja del crono se salió de su cañón. Otra, la mentada aguja central del crono fue reemplazada sin aviso previo ni mucho menos, consentimiento, por un aguja genérica no original, que encima chocaba con el cristal. Todos los problemas con el crono vinieron a raíz de los, no uno, sino dos servicios que hicieron al movimiento, sin ninguna necesidad porque el reloj lo que tenía y sigue teniendo es un problema en la transmisión del movimiento a las agujas, quiero decir, que en el cronocomparador va bien en todas las posiciones, y en una mesa también, pero puesto en muñeca, no porque la minutera se va quedando atrasada.
Este fallo, es el fallo que tenía desde el principio, es un fallo que le expliqué a Carlos dos veces en persona, y es un fallo que sigue teniendo.
Cuando digo que he perdido la cuenta de cuantas veces he ido, me refiero a que tengo 23 notificaciones del estado de mis reparaciones, cuando solo he llevado 3 relojes. Para este Levrette ir al taller se convirtió casi en una rutina, siendo un taller que cierra a las 6 y silo abre días de diario.
Aparcar en doble fila, salir corriendo del trabajo para poder llegar, en fin, un suplicio, y una vez, y otra vez, y otra, y siempre el mismo chasco al comprobar que entregan el reloj fallando, y cada vez que decía mira lo doy por perdido, me decían no, lo siento, no se qué excusa y otra vez para dentro.
Al final acabé tan hasta los huevos de tener una cosa sin resolver y el tremendo coñazo de ir a watchmakers a dejar el reloj, ir a watchmakers a recoger el reloj, comprobar que aquello seguía igual, y vuelta a empezar, así como 6 veces, que pasé de volver.
Así es, el reloj sigue con el mismo fallo, y ellos con mis 700 euros, pero es que simplemente decidí no volver. A algunos os podrá sorprender, pero es parándome a pensar, me dije, vamos a ver, yo tengo un problema, pero, ¿el problema es que mi reloj no va? No, el reloj me la pelaba, me la pela, y me la pelará, y no debí nunca llevarlo a ningún relojero. El problema que tengo es que estoy hasta los cojones de que me toreen en watchmakers, hasta los cojones de buscar aparcamiento por allí, hasta los cojones de llevarme chascos, hasta los cojones de adaptar mi horario y correr para llegar antes de las 6 al puto taller. Ese era mi problema, y ese problema lo solucioné de un plumazo: no voy más. No me da la gana. Al módico precio de 700 euros solucioné mi problema y me liberé de volver a Watchmakers, es decir, pagué para no ir.
Hoy soy feliz, no tengo que volver ahí jamás, se pueden quedar mi dinero porque no pienso ir a reclamarlo, si alguien se cree que voy a volver otra vez allí para exigir un reembolso, es que no me conoce en absoluto. No es que me sobre el dinero pero lo que si que me sobra es la soberbia, desde que era niño.
Así que eso, que os aproveche la pasta, 5 o 6 oportunidades de arreglar el reloj, sigue exactamente igual o mejor dicho peor, porque perdi la trotadora, no habéis podido arreglarlo, y el cliente ha acabado tan hasta los cojones que ni os va a reclamar porque su salud vale muchísimo más que 700 euros.
Ah, y no recomiendo el taller. Por si había dudas

No te tortures, la mayoría hubiéramos hecho lo mismo.