iVAMP
Thirty-Sixer
Contribuidor de RE
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Totalmente entendible tu punto de vista, ateniéndonos a los malditos indeseables.Hombre, Iván, yo creo que el precio puede condicionar, y mucho (al igual que otras posibles consideraciones de aprecio o escasez), y ser la causa de no querer llevarse un reloj de vacaciones. Aunque entiendo que eso es cosa de cada cual…
Personalmente, no me apetecería lo más mínimo tener la sensación de ser observada y terminar siendo víctima de amigos de lo ajeno por llevar un reloj que pueda resultar goloso. Y tenerlo asegurado no iba a cambiar esa sensación de incomodidad; solo serviría para paliar el perjuicio económico, pero desde luego el mal rato no me lo iban a quitar. Y chico, yo de vacaciones intento evitar a toda costa los malos ratos, así que en mi caso es muy probable que fuera la razón de no llevarlo.
Y lo de mojar los relojes, pues lo mismo: es que a algunos no nos gusta mojar los relojes, en general; ni los ajenos 😉
No lo había valorado.
En ese aspecto, considero que llevas razón. En materia de seguridad, el precio del reloj puede condicionar el disfrute.
Pero en materia de disfrute, el precio no debería condicionar al reloj.


