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Voy a ser sincero: hubo un tiempo en que, a mí —a diferencia de mi padre andaluz—, no me movían las pilas, sino el dinero, el dinero. Mi padre encendía bombillas con el duende; yo contaba monedas que se derretían como manteca al sol. Él tenía un voltaje de feria, un resplandor de romería; yo, en cambio, perseguía euros que se escondían detrás de los olivos como lagartos dorados que sabían que yo no buscaba luz, sino excusas.

Cada cual con su energía: él, eléctrica; yo, mineral. Y en medio, la sombra de Cataluña, donde el dinero no suena… respira, como si esperara el momento exacto para recordarte que nunca fue tuyo.

Y si la bossa sona, la vida es bona; pero cuando deja de sonar, cuando la música se apaga y solo queda tu propio ruido, descubres que el dinero no te salvó, que la música no te sostuvo y que tu padre —ese hombre que encendía bombillas con el duende— sabía algo que tú aprendiste demasiado tarde: que hay vidas que se iluminan, y otras que simplemente se queman.

🔥
La mía, por desgracia, aprendió a arder antes que a brillar. No tuvo infancia, tuvo combustión. Mientras otros presumían de estrenar luz, la mía ya estaba echando humo, como si la vida viniera con manual de instrucciones pero me hubieran dado solo la página de advertencias.

Y claro, me pilló el toro de la burocracia. Ese toro no embiste: te tramita. Te revisa, te sella, te deniega, te pide un certificado que solo existe en la imaginación de un funcionario aburrido. Cuando quise encenderme, ya estaba en llamas; cuando quise brillar, ya me habían pedido tres copias compulsadas y un justificante de por qué pretendía existir.

Así que aquí estoy: con una chispa que llegó tarde y un incendio que llegó pronto. La luz, si eso, ya vendrá cuando el sistema me dé cita.


Ver el archivos adjunto 3538867

Y no te olvides de las pólizas, en cuanto a burocracia 😀.

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El pueblo sin nombre

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Era la década de los cuarenta, esa época en la que la vida parecía empeñada en demostrar que siempre podía apretarse un poco más el cinturón, aunque ya no quedaran agujeros.

El padre era un joven andaluz, analfabeto y con más hambre que un caracol deslizándose por un espejo, que un día tropezó con una muchacha francesa: minusválida, inmigrante y recién escapada de una guerra. Dos biografías hechas trizas que, por algún misterio del destino —o por pura terquedad humana— decidieron juntarse. Y como la pobreza, cuando se enamora, no pierde el tiempo, acabaron viviendo con los padres de ella, formando una comunidad donde la miseria era compartida, democrática y abundante.

La familia creció pronto: de cuatro bocas pasaron a cinco, gracias a una marcha atrás que funcionó con la misma eficacia que un paraguas roto en medio de un temporal. El tercer hijo llegó sin invitación, y la madre, siempre tan delicada, se lo recordaba: “Tú no debieras estar aquí; te colaste y nos quitaste el pan de la boca.” Una infancia envuelta en ternura, como puede verse.

Los Reyes Magos, por su parte, eran puntuales en su ausencia: el seis de enero pasaban de largo, pero una semana después aparecían con juguetes rescatados de otros niños, reliquias de un pasado ajeno que se reciclaban con la solemnidad de un rito.

El padre, hombre de ingenio forzado, repetía a sus hijos: “Cada día tenéis que traer algo para meter en la cazuela. Todo lo que corre, nada o vuela… pan para la cazuela.” Y los niños obedecían con disciplina casi militar: gorriones, lagartos, anguilas, ranas, renacuajos, caracoles, espárragos, higos chumbos… cualquier criatura o vegetal que cometiera el error de cruzarse en su camino.

Mientras tanto, el padre trabajaba de lo que surgiera: hortelano, enterrador, jardinero del campo santo… oficios que componían un currículum tan variado como desesperado. La madre lavaba ropa en el río, y los hijos ejercían de cazadores, pescadores y recolectores en un mundo donde la supervivencia era la única asignatura obligatoria.

Un día, el padre compró una nevera de hielo, un lujo tan improbable que parecía un chiste. El hijo menor fue nombrado responsable de conseguir el hielo, y lo hacía sin gastar una sola moneda: cambiaba peces, ranas y anguilas por barras de hielo, en un sistema de trueque que habría hecho llorar de emoción a cualquier economista romántico.

Así transcurría la vida: dura, astuta, irónica, pero siempre en movimiento. Porque incluso en la pobreza más obstinada, la imaginación encuentra maneras de seguir respirando.

Galy 2026

Hora 10:10


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Bonitos cuentos. Me ha gustado lo de «montañas con orejas» 😀.

Si tu compañero cojea, hazle un nudo y tendrás un compañero cojonudo 😅.

Las mulas son unos semovientes muy particulares. Mi abuelo materno era con lo que se movía y trabajaba, tengo bonitos recuerdos.​

Aprovecho este hueco para deciros que con la ayuda de la IA, ilustre uno de mis ultimos cuentos, Vivencias de la mili.
 
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Cuando me tocó buscar dinero debajo de las piedras, me presenté a concursos de cuentos y a editoriales. La respuesta fue de museo: “Si busca vivir del cuento, siga con sus relojes.” Y, para qué negarlo, tenían más razón que un cronómetro suizo: tampoco pude vivir de mis otras creaciones, pero reparando y comerciando relojes sí que sobreviví.

Porque la artesanía, la poesía, los cuentos y los inventos…no me dieron ni para merendar. El arte me alimentó el alma, sí, pero el tic‑tac fue el único que pagó la factura.

El padre de los cerdo2

Hace muchos años atrás nos tocó ejercer de tíos & abuelos, una tarea complicada, porque —sorpresa— no te dan manual de instrucciones. Así que, como buen improvisador, me lancé a la aventura.

Cuando el niño me pedía: “Tío, cuéntame un cuento”, yo hacía lo que cualquier adulto responsable haría… recurría a los clásicos. Y cuál era mi sorpresa cuando el niño, indignado, me decía: “¡Así te lo inventas! Mi padre sí que sabe”.

Aquello me frustraba tanto que, en un arrebato de dignidad narrativa, decidí empezar a inventarme mis propios cuentos. Y así fue como empecé a escribirlos. Al principio, con un toque de originalidad desbordante, los firmaba con el apellido de mi esposa: “Los cuentos del padre del Calleja”. Evidentemente, esto no fue del agrado familiar, así que tuve que rebautizar la obra con más humildad (y menos conflictos domésticos): “Cuentos del tío Galy”.


Resumiendo: quedó un cuento por terminar. Un cuento a petición de mi sobrino-nieto sobre un cerdo. Y hoy, tras 20 años de maduración en un cajón (y con una ayudita tecnológica inesperada), por fin lo he terminado.




El padre de los cerdo2


(versión muy infantil, dulce y cantarina)


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Había una vez —cuando el tiempo no sabía ni andar—, un Creador muy contento mirando toda su creación.

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Miraba montes y mares, pajaritos en el sol, como quien guarda un dibujo en la puerta del frigorífico.

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Pero un día, entre sus nubes blancas como algodón, vio que todos los bichitos ¡empezaban a pensar!


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Recordó entonces a Adán y a Eva en su jardín, con frutas, ríos y sombras y un “no tocar”

puesto allí. —No penséis demasiado — dijo con voz de papá—, y esa manzana tan roja…

mejor dejarla en su lugar.


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Adán dijo: —Ni mirarla. Eva dijo: —¿Y por qué no? La curiosidad traviesa les ganó

la discusión.

Dieron un mordisco pequeñito, luego otro más, sin pensar… y salieron del paraíso

como flechas al volar.




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Creador se puso serio: —Esto se va a complicar—, y decidió hacer limpieza con un plan fenomenal.

—Noé, construye un arca, pero grande, grande, ¡así! Que quepan todos los bichos y también lo que hay allí.



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Subieron de dos en dos: jirafas, patos, leones… muy callados al principio, como buenos campeones.


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Pero llovió sin descanso, cuarenta días quizá, y lo que a por la boca sale luego, ya sabrás.



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El arca empezó a oler a calcetín sin secar, y Noé, desesperado, miró al cielo al rezar:


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—¡Señor, esto es imposible! ¡Aquí no se puede estar! Y la voz desde lo alto: —Une colas… y a esperar.




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Noé unió elefantes sin pensar en el después, y nacieron dos cerditos limpios como un amanecer.



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Noe travieso, quiso probar un poco más: —¿Y si pruebo con los cerd2…? solo un intento, sin mal…


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Y salieron dos ratones con pasión por mordiscar.

Roían tabla y madera, hacían túneles sin fin, y el arca se convirtió en queso lleno de hollín.



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—¡Señor! —gritó nuevamente— ¡esto ya es desesperante!

Y la voz, más seria ahora: —No inventes a cada instante.

Haz lo justo, no te pases, cada cual en su lugar…



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Pero añadió, casi en broma: —Leones puedes probar. Noé unió sus colas con cuidado y atención, y nacieron dos gatitos con bigotes

de emoción.




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Moraleja muy sencilla, que se entiende sin disfraz: cada uno a lo que sabe, y lo demás… déjalo en paz.

Galy 2026.
 
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Esta teoría la veo muy lógica.
 
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“A las puertas del hormiguero me quedé, por no llevar zapatos y no saber bailar. Y aquí estoy, en barcelona, derritiéndome de calor.”

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Este cuento lo escribí, como tantos otros, para mi sobrino nieto, que siempre encontraba la manera de participar en mis ocurrencias y aventuras creativas.

Habla de una mascota muy especial: Ruspiela. Se la regalaron a mi hija cuando empezó la universidad de Veterinaria, y desde entonces se convirtió en parte de la familia. Nos acompañó durante catorce años, dejando tras de sí un álbum entero de fotos, vídeos y hasta un par de relojes que, de alguna manera, siguen marcando su presencia.

Tiempo después, un cineasta de animación se interesó por mi taller para una película de dibujos. Yo no encajé en lo que buscaban —querían un taller rústico, casi de cuento, como el de Geppetto— pero les pedí algo distinto: que ilustraran mis historias. Les entregué el cuento de Ruspiela y me lo devolvieron maquetado e ilustrado, como si la pequeña hubiera encontrado una segunda vida en papel y color.

Para este hilo, he preferido poner el cuento original.
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Trabajos realizados



1º Poemas objeto © 1982- 2002

2º El libro mágico de los espejos © 2002

3º Las huellas del tiempo © 2002

4º Los guardianes de los escritos © 2002

5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002

6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002

7º Un insólito encargo © 2002

8º 4.000 años de relojes insólitos 2002

9º Una obra maestra © 2003

10º watchgaly.tk 2003

11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004

12º Cuentos de lectura inusual 2004

13º Cuentos español & árabe © 2005

14º Galy, recopilación de cuentos 2005

15º CD. Relojes únicos 2005

16º Los amigos del tiempo © 2006

17º Estofado de burro catalán © 2007

18º Papa cuéntale un cuento © 2007

19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008

20º www. poemasobjeto.word.com 2017

21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021

22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023

23º La edad de la inocencia 005-2025

24º El padre de los cer2 2026

25º Una yegua llamada Hermosa 2026

26º Muñequita linda 2026

27º Una araña llamada Filomena 2 026
 
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🐴​

En mis sueños, el burro catalán me bufó con la dignidad agotada de un funcionario en agosto. , así que ni en el subconsciente me libro. Sóc de barcelona i tinc molta calor “A ver cuándo me sacas de la cuadra a dar una vuelta”, me soltó, como si yo mandara algo y no él, que tiene más carácter que un tren de Rodalies en hora punta. Total: hasta mis sueños me pasan lista. Ni dormir me dejan tranquilo.


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Trabajos realizados



1º Poemas objeto © 1982- 2002



2º El libro mágico de los espejos © 2002



3º Las huellas del tiempo © 2002



4º Los guardianes de los escritos © 2002



5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002



6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002



7º Un insólito encargo © 2002



8º 4.000 años de relojes insólitos 2002



9º Una obra maestra © 2003



10º watchgaly.tk 2003



11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004



12º Cuentos de lectura inusual 2004



13º Cuentos español & árabe © 2005



14º Galy, recopilación de cuentos 2005



15º CD. Relojes únicos 2005



16º Los amigos del tiempo © 2006



17º Estofado de burro catalán © 2007



18º Papa cuéntale un cuento © 2007





19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008



20º www. poemasobjeto.word.com 2017



21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021



22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023



23º La edad de la inocencia 005-2025



24º El padre de los cer2 2026



25º Una yegua llamada Hermosa 2026



26º Muñequita linda 2026



27º Una araña llamada Filomena 2 026



Anecdota: Tras contarles el cuento a mi sobrino‑nieto y a mi esposa, les pregunté:

—¿Os ha gustado?

—Sí —respondieron—, pero es muy triste… porque se comen al burro.

Yo, intentando defenderme, les dije:

—Hombre, acuérdate de aquel día en que estábamos comiendo unos bistecs de ternera y tu madre comentó: “Mira, un ternerito”. Y tu padre añadió: “Sí, el hermanito del que nos estamos comiendo”.

Mi esposa, entonces, me recriminó:

—Tus cuentos son muy crueles. En los que no se comen al protagonista, le quitan partes de su cuerpo… y sin anestesia, de tarde en tarde, hasta hacerlo desaparecer.

Galy, 2026.

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Portada Contraportada


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Autor: Juan Fernández Martínez

Galy & 6aly

Ilustraciones:
IA

Inspirado en la dulzura de una

pequeña arañita que vivía

escondida en los rincones

donde los guardianes del

tiempo guardan sus secretos.

2026


1

Introducción

En el pequeño taller del relojero vivía Filomena, una arañita del polvo tan tímida que casi nadie la veía. Entre tic‑tacs y engranajes, observaba el mundo desde su rincón, mientras el relojero trabajaba en relojes de pared en invierno y en relojes de pulsera en verano. Allí, entre horas y agujas, empezaba la historia de la arañita que nunca quiso molestar a nadie.

2

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En una mañana muy fría de invierno, el viejo relojero estaba

solo en su taller.

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No tenía trabajo y se aburría muchísimo.

Caminaba de un lado a otro maullando

4

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como un gato diciendo: “¿Qué hago?,

¿qué hago?”

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Las horas pasaban tan despacio

que parecía que el reloj se había quedado dormido.

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El relojero suspiró y miró hacia

el techo. Entonces vio algo pequeñito

que se movía.

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—¡Oh, qué sorpresa! —dijo

sonriendo.

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Allí arriba había una arañita

diminuta. Era tan pequeña que

parecía hecha de

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hilos de nube. Tenía patas largas

y finitas, y un cuerpecito ligero

como una mota de polvo

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El relojero decidió llamarla

Filomena.

11

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Filomena era muy tímida.

Se quedaba quieta, quieta,

quieta…

12

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El relojero no quería

asustarla, así que la miraba de

lejos.

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Y cuando se movía, lo hacía

despacito, como si bailara en el

aire.

14

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Cada día, cuando el tiempo se hacía

pesado y aburrido, levantaba la

vista y buscaba a Filomena.

15

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La veía tejer, caminar,

descansar… Y de pronto, las horas

ya no eran tan largas.

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Una compañía pequeñita,

y muy especial: la arañita Filomena.

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Trabajos realizados


1º Poemas objeto © 1982- 2002

2º El libro mágico de los espejos © 2002

3º Las huellas del tiempo © 2002

4º Los guardianes de los escritos © 2002

5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002

6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002

7º Un insólito encargo © 2002

8º 4.000 años de relojes insólitos 2002

9º Una obra maestra © 2003
10º watchgaly.tk 2003

11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004

12º Cuentos de lectura inusual

13º Cuentos español & árabe © 2005

14º Galy, recopilación de cuentos 2005

15º CD. Relojes únicos 2005

16º Los amigos del tiempo © 2006

17º Estofado de burro catalán © 2007

18º Papa cuéntale un cuento © 2007

19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008

20º www. poemasobjeto.word.com 2017

21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021

22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023

23º La edad de la inocencia 2005-2025

24º El padre de los cer 2026

25º Una yegua llamada Hermosa 2026

26º Muñequita linda 2026

27º Una araña llamada Filomena 2009-2026

Galy & 6aly 2026

Fin

Anecdota:

Cuando compartí aquel relato —con la inocencia de quien entrega una pieza recién pulida— algunos se apresuraron a reprenderme, como si hubiera osado tocar un nervio sagrado. Según ellos, había cometido una falta imperdonable: insinuar que la soledad no es un privilegio exclusivo del relojero, ese monje laico que vive rodeado de engranajes y silencios.

Parecía que, en su mundo, solo el relojero tiene derecho a ser ermitaño, como si los demás oficios estuvieran condenados a la algarabía perpetua. Qué curioso: uno escribe sobre un artesano solitario y de pronto descubre que hay quienes defienden su profesión como si fuera una orden mística, con votos de aislamiento y liturgia propia.

Al final, la ironía es esta: yo solo conté una historia, pero ellos actuaron como si hubiera profanado un templo donde cada tic y cada tac son dogma.

Y así fue como, por estos escritos —y por otros trabajos sobre relojes que no dan la hora, sino que dan que pensar, piezas que tampoco pedían permiso para existir— terminé ascendiendo al curioso rango de persona non grata en el sector relojero. Un título honorífico, otorgado sin ceremonia, que uno recibe cuando se atreve a decir en voz alta lo que otros prefieren que siga escondido bajo la mesa del taller.


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Portada Contraportada


Ver el archivos adjunto 3553895 Ver el archivos adjunto 3553898

Autor: Juan Fernández Martínez

Galy & 6aly

Ilustraciones:
IA

Inspirado en la dulzura de una

pequeña arañita que vivía

escondida en los rincones

donde los guardianes del

tiempo guardan sus secretos.

2026


1

Introducción

En el pequeño taller del relojero vivía Filomena, una arañita del polvo tan tímida que casi nadie la veía. Entre tic‑tacs y engranajes, observaba el mundo desde su rincón, mientras el relojero trabajaba en relojes de pared en invierno y en relojes de pulsera en verano. Allí, entre horas y agujas, empezaba la historia de la arañita que nunca quiso molestar a nadie.

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En una mañana muy fría de invierno, el viejo relojero estaba

solo en su taller.

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Ver el archivos adjunto 3553906

No tenía trabajo y se aburría muchísimo.

Caminaba de un lado a otro maullando

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como un gato diciendo: “¿Qué hago?,

¿qué hago?”

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Las horas pasaban tan despacio

que parecía que el reloj se había quedado dormido.

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El relojero suspiró y miró hacia

el techo. Entonces vio algo pequeñito

que se movía.

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—¡Oh, qué sorpresa! —dijo

sonriendo.

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Allí arriba había una arañita

diminuta. Era tan pequeña que

parecía hecha de

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hilos de nube. Tenía patas largas

y finitas, y un cuerpecito ligero

como una mota de polvo

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El relojero decidió llamarla

Filomena.

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Ver el archivos adjunto 3553924

Filomena era muy tímida.

Se quedaba quieta, quieta,

quieta…

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El relojero no quería

asustarla, así que la miraba de

lejos.

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Y cuando se movía, lo hacía

despacito, como si bailara en el

aire.

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Cada día, cuando el tiempo se hacía

pesado y aburrido, levantaba la

vista y buscaba a Filomena.

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La veía tejer, caminar,

descansar… Y de pronto, las horas

ya no eran tan largas.

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Una compañía pequeñita,

y muy especial: la arañita Filomena.

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Trabajos realizados


1º Poemas objeto © 1982- 2002

2º El libro mágico de los espejos © 2002

3º Las huellas del tiempo © 2002

4º Los guardianes de los escritos © 2002

5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002

6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002

7º Un insólito encargo © 2002

8º 4.000 años de relojes insólitos 2002

9º Una obra maestra © 2003
10º watchgaly.tk 2003

11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004

12º Cuentos de lectura inusual

13º Cuentos español & árabe © 2005

14º Galy, recopilación de cuentos 2005

15º CD. Relojes únicos 2005

16º Los amigos del tiempo © 2006

17º Estofado de burro catalán © 2007

18º Papa cuéntale un cuento © 2007

19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008

20º www. poemasobjeto.word.com 2017

21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021

22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023

23º La edad de la inocencia 2005-2025

24º El padre de los cer 2026

25º Una yegua llamada Hermosa 2026

26º Muñequita linda 2026

27º Una araña llamada Filomena 2009-2026

Galy & 6aly 2026

Fin

Anecdota:

Cuando compartí aquel relato —con la inocencia de quien entrega una pieza recién pulida— algunos se apresuraron a reprenderme, como si hubiera osado tocar un nervio sagrado. Según ellos, había cometido una falta imperdonable: insinuar que la soledad no es un privilegio exclusivo del relojero, ese monje laico que vive rodeado de engranajes y silencios.

Parecía que, en su mundo, solo el relojero tiene derecho a ser ermitaño, como si los demás oficios estuvieran condenados a la algarabía perpetua. Qué curioso: uno escribe sobre un artesano solitario y de pronto descubre que hay quienes defienden su profesión como si fuera una orden mística, con votos de aislamiento y liturgia propia.

Al final, la ironía es esta: yo solo conté una historia, pero ellos actuaron como si hubiera profanado un templo donde cada tic y cada tac son dogma.

Y así fue como, por estos escritos —y por otros trabajos sobre relojes que no dan la hora, sino que dan que pensar, piezas que tampoco pedían permiso para existir— terminé ascendiendo al curioso rango de persona non grata en el sector relojero. Un título honorífico, otorgado sin ceremonia, que uno recibe cuando se atreve a decir en voz alta lo que otros prefieren que siga escondido bajo la mesa del taller.


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Esa preciosa arañita debía ser de la especie Araneus horologiaria.

Pa comérsela 🕷️🕸️ 🥰.​
 
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Revisando mis historias relacionadas con animales y bichos, encontré un par de cuentos en los que, aun sin ser los protagonistas principales, forman parte importante de la trama.


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Trabajos realizados



1º Poemas objeto © 1982- 2002

2º El libro mágico de los espejos © 2002

3º Las huellas del tiempo © 2002

4º Los guardianes de los escritos © 2002

5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002

6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002

7º Un insólito encargo © 2002

8º 4.000 años de relojes insólitos 2002

9º Una obra maestra © 2003

10º watchgaly.tk 2003

11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004

12º Cuentos de lectura inusual 2004

13º Cuentos español & árabe © 2005

14º Galy, recopilación de cuentos 2005

15º CD. Relojes únicos 2005

16º Los amigos del tiempo © 2006

17º Estofado de burro catalán © 2007

18º Papa cuéntale un cuento © 2007

19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008

20º www. poemasobjeto.word.com 2017

21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021

22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023

23º La edad de la inocencia 005-2025

24º El padre de los cer2 2026

25º Una yegua llamada Hermosa 2026

26º Muñequita linda 2026

27º Una araña llamada Filomena 2009-2 026

Anecdota:

Como suele ser habitual, mis trabajos no siempre pasan desapercibidos —para bien o para mal—, tanto conmigo como con mi obra. Esta vez, además de regalar mis cuentos a algunos clientes, decidí obsequiar con un ejemplar al párroco. Un detalle inocente, pensé. ☂️Pero no tardó en recriminarme el gesto y pedirme que retirara El octavo día. :hmm:


Como no accedí, me envió a uno de los hermanos de La Salle, que apareció con tono amenazante y la frase magistral:—Deje de hacer lo que hace; para pensar ya estamos nosotros.

Brillante. Un lema digno de bordarse en la sotana.

Para rematar, también me reprochó que no fuera a misa.Le contesté:—Hombre, dejar de ir a misa… si cada vez que se estropea el reloj del campanario allí estoy.—Sí, pero por la pasta —me soltó.—¿Y cómo voy a ir a misa donde ustedes reparten hostias?

Resultado: no solo perdí un cliente, sino a toda la parroquia. Un éxito pastoral sin precedentes.

La reacción de mis clientes fue un espectáculo: Unos interpretaban, otros no; algunos, al mirarse en el espejo, decían:—Así que conmigo debió hacer un experimento. Y otros, sencillamente, no podían disimular su desacuerdo.


En fin: cada cual ve lo que quiere ver… y algunos, además, lo ven con lupa.
Esta es otra de mis obras con la ingrata parroquia, la misma que llegó a excomulgarme por ateo: el antiguo reloj que, tras haber sido canibalizado, logramos recuperar de la chatarra municipal.


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Sabíais que cada vez que nos comemos un higo… también nos comemos una pequeña avispa dormidita.

Así comienza un nuevo cuento del tío Galy: la aventura dulce y curiosa de una Avispa valiente y un Higo redondito que descubren que, cuando se encuentran, nace una historia llena de magia, jugo y verano.



Portada & Contraportada

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Autor. Juan Fernandez Martínez

Galy & 6aly

Ilustraciones, IA

Correcciones del texto IA

Inspirado en la avispa del higo

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Introducción:

Tras la siesta de cuchara —esa tradición tan tierna y placentera— y con el despertador de Dali, atrapa‑sueños desprediendose de mi mano, sonando como si quisiera recordarme que ya era hora de volver al mundo, mi cabeza se convirtió en una olla exprés con opiniones propias y cero intención de dejarme vivir en paz. En Aquí la Tierra, un granjero ofrecía un higo a la periodista con la solemnidad de quien entrega las llaves de un pequeño reino vegetal. Ella se lo comió con profesionalidad quirúrgica, como si mascar fruta fuera parte del código deontológico.

Y entonces él, con la tranquila naturalidad de quien anuncia que mañana habrá nubes, le dijo:“Te acabas de comer una avispa.”

Mi olla exprés mental hizo pssshhh, pero no de sorpresa: de una resignación casi dulce. Porque claro, cómo no, incluso en la televisión pública alguien tiene que recordarte que la vida es básicamente eso: creer que me gusta la fruta mientras, sin darte cuenta, te tragas bichitos, ilusiones y alguna que otra expectativa de que el mundo sea un lugar perfectamente amable.


El higo que guardaba un secreto


En lo alto de un huerto soleado vivía
Higuito, un higo redondito con piel
de verano y corazón dulce. Cada
mañana despertaba con el canto de
los pájaros y el rumor de las hojas que
se saludaban entre sí.


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Pero Higuito tenía un secreto. Uno tan
pequeño que casi no se veía, tan ligero

que podía viajar en el viento.

Un día, mientras el sol jugaba a pintar
sombras, llegó Avi, una avispa diminuta

como una gota de lluvia. No era una
avispa cualquiera: llevaba un cinturón de
exploradora y un casco hecho de pétalo.


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—Hola, Higuito —dijo Avi con voz de

brisa—. Vengo a ayudarte a crecer.

Higuito se sorprendió. —¿A mí? ¿Pero
cómo?

Avi sonrió, y su sonrisa era tan pequeña
que parecía un punto de luz.

—Yo traigo el polvo mágico de las flores.
Si entro en tu casita, tú podrás convertirlo
en dulzura.
Higuito abrió su puerta, que no era una
puerta de verdad, sino un ojito secreto
que solo las avispas exploradoras podían
ver. Avi entró, dejó su tesoro brillante y,

cansada del viaje, se quedó dormida.


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El tiempo pasó. El sol subió y bajó muchas
veces. Y dentro de Higuito ocurrió algo
maravilloso: el polvo mágico se mezcló con
su pulpa, con su jugo, con su verano… y Avi,
que ya no despertó, se convirtió en música
dulce
, en parte del corazón del higo.



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Cuando Higuito estuvo listo, gordito y
perfumado, una niña del huerto lo escogió
con cuidado.

—Este higo sabe a sol —dijo ella.




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Y era verdad. Sabía a sol, a verano… y a la
pequeña Avi, que había dejado su magia
para que Higuito pudiera nacer.



Desde entonces, en el huerto se cuenta que
algunos higos guardan historias dentro.
Historias de amistad diminuta, de viajes
valientes y de avispas que se convierten

en dulzura.


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Y cada vez que alguien se come un higo, sin
saberlo, también se come un pedacito de
aventura.



Trabajos realizados



1º Poemas objeto © 1982- 2002

2º El libro mágico de los espejos © 2002

3º Las huellas del tiempo © 2002

4º Los guardianes de los escritos © 2002

5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002

6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002

7º Un insólito encargo © 2002

8º 4.000 años de relojes insólitos 2002

9º Una obra maestra © 2003

10º watchgaly.tk 2003

11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004

12º Cuentos de lectura inusual 2004

13º Cuentos español & árabe © 2005

14º Galy, recopilación de cuentos 2005

15º CD. Relojes únicos 2005

16º Los amigos del tiempo © 2006

17º Estofado de burro catalán © 2007

18º Papa cuéntale un cuento © 2007

19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008

20º www. poemasobjeto.word.com 2017

21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021

22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023

23º La edad de la inocencia 005-2025

24º El padre de los cer2 2026

25º Una yegua llamada Hermosa 2026

26º Muñequita linda 2026

27º Una araña llamada Filomena 2009-2026

28º La Avispa enamorada de un Higo 2026



Fin
 
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Mientras rebuscaba entre mis cuentos llenos de bichitos, encontré uno sobre una abeja muy especial… una abeja con la que, sin saber muy bien por qué, me siento un poquito identificado.

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Galy el hijo del jardinero del campo Santo

He borrado del hilo mi última historia con animalitos y relojes de ficción porque, según se me ha comunicado, “en un mensaje que, una vez leído, fue borrado, se decía que mis historias no corresponden con la sección”, al no tratarse de seres vivos y hablar de relojes muertos… y yo sin enterarme.

Chao pescao.


Galy, el hijo del jardinero del campo Santo​


Había una vez, en un rincón del mundo donde los árboles hablaban bajito y las flores sabían guardar secretos, un lugar llamado Campo Santo. No era un campo triste, como algunos podrían pensar, sino un jardín antiguo lleno de historias que brotaban como brotan los brotes tiernos en primavera.

Allí trabajaba Don Santo, el jardinero mayor: un hombre que sabía escuchar a las raíces y que regaba las plantas con agua y con paciencia.Y allí creció su hijo, Galy, un niño de ojos enormes y curiosos, que veía cosas que otros no veían.

Mientras los adultos veían cipreses, él veía gigantes verdes haciendo guardia. Mientras otros veían flores, él veía farolillos diminutos que encendían la noche.Y mientras algunos veían silencio… él escuchaba pasos pequeñitos de bichos que contaban historias.

Galy tenía una misión: descubrir qué historia quería contar cada planta del Campo Santo.

Un día, mientras ayudaba a su padre a barrer hojas doradas, escuchó un susurro que venía de un rincón donde nadie se acercaba. Era un susurro tímido, como de alguien que no sabe si hablar o callar.

—Galy… —dijo la voz, suave como polvo de alas.—¿Quién eres? —preguntó él sin miedo, porque los niños que crecen entre plantas no temen a las voces misteriosas.—Soy la Flor que Nunca se Abre.+

Ver el archivos adjunto 3558770

Galy se acercó. Era una flor cerrada, cerradísima, como si guardara dentro un secreto demasiado grande.

—¿Por qué no te abres?—Porque… —dijo la flor— nadie ha querido escuchar mi historia.

Y así empezó la aventura de Galy: hacer que la Flor que Nunca se Abre encontrara su voz.

Ver el archivos adjunto 3558771


Para ello tendría que hablar con el Escarabajo Bibliotecario, pedir consejo a la Mariposa que Cambia de Color según la Verdad, y convencer al Árbol de los Recuerdos de que le prestara una de sus memorias antiguas.

Y todo esto, claro, sin que Don Santo se diera cuenta… porque los padres jardineros siempre sospechan cuando las plantas empiezan a contar cuentos.
 
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Pues porque creía que era el hilo de reloj/bicho y no el off-topic. Pero, si creo, que aportaciones tan extensas hacen que sea difícil leerlas en su totalidad.

Saludos.
 
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Pues porque creía que era el hilo de reloj/bicho y no el off-topic. Pero, si creo, que aportaciones tan extensas hacen que sea difícil leerlas en su totalidad.

Saludos.
Siempre me dicen que mis cuentos son muy cortos, que les faltan hojas, como si fueran árboles en otoño Yo sonrío, porque no saben que algunas historias nacen así: desnudas, esenciales, sin ramas de más.

Y cuando contesto “no soy escritor, soy relojero”, siempre aparece el gracioso de turno con el “relojero, a tus relojes”. Qué ocurrencia. Como si las palabras no tuvieran engranajes, como si un cuento no necesitara precisión, ajuste fino y un corazón que late.
 

🍂🕰️​

En el taller del Tío Galy, entre engranajes dorados y tornillitos que parecían semillas de higo, había un cuaderno siempre abierto. No era un cuaderno importante, solo uno de tapas marrones empolvadas donde caían frases como hojas en otoño.

Cada vez que Galy escribía algo, venía alguien del foro y decía:—Tus cuentos son muy cortos, hombre. Les faltan hojas. Y Galy miraba el cuaderno, miraba el reloj, miraba al bichito que vivía dentro del reloj, y pensaba: Pues claro que les faltan hojas, si son árboles pequeñitos todavía.

—No soy escritor —respondía él—. Soy relojero. Y entonces, inevitablemente, alguien soltaba el clásico:—Relojero, a tus relojes.


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El bichito del reloj, que era muy cotilla, se asomaba por la ventanita del segundero y murmuraba:—Qué sabrán ellos… si tus cuentos laten mejor que yo.

Galy sonreía. Porque sabía que algunas historias no necesitan ser largas para ser completas. Igual que un buen reloj: basta con que el corazón haga tic y luego tac sin perderse por el camino.
 
He borrado del hilo mi última historia con animalitos y relojes de ficción porque, según se me ha comunicado, “en un mensaje que, una vez leído, fue borrado, se decía que mis historias no corresponden con la sección”, al no tratarse de seres vivos y hablar de relojes muertos… y yo sin enterarme.

Chao pescao.
LLevo leyendo a lo largo del tiempo tus contribuciones al foro, te considero un tio especial, muy especial, mitad relojero mitad artista, y eres muy bueno en ambas cosas, también pienso sin conocerte que un gran tipo, aunque también creo que tus historias a veces se hacen largas y repetitivas, te lo digo desde el cariño compañero.

Lo que si es cierto es que este post está creado para hablar de experiencias con bichos vivos, fotos de ellos sin reloj, etc. y tus relojes y relatos aquí quizá no cumplan con la filosofía del hilo.

Por que si el post degenera al final valdrán bichitos de escayola o de ganchillo y como que no.

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El chao pescao en ese contesto equivocado también valdría como bicho, yo añado el hasta luego cocodrilo :Cheers:
 
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Se agradece ahora me queda mas claro.

**Me voy, pero dejo encendida una brizna de luz entre las hojas de este hilo.

Que sigan los bichos contando historias, que sigan los relojes respirando despacio.

Yo me alejo un poquito, con paso de sombra amable y corazón de fruta madura.

Hasta el próximo cruce de caminos.**
 
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No no me e ido me quedaba una historia que contar, de un ser vivo.

🐕
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El perro aparcado en la puerta de la farmacia era ya patrimonio municipal: tan quieto, tan serio, tan de todos, que cualquiera habría jurado que tenía empadronamiento propio. Los jubilados lo miraban como quien mira un reloj de sol: siempre en su sitio, siempre marcando la hora del barrio.

Pero aquel día llegó la policía con el dramatismo de una ópera barata.

—Señor, su perro está cometiendo una infracción —anunció el agente, inflando el pecho.—¿Qué infracción? —preguntó el dueño, sin mover ni una pestaña.—Respirar demasiado cerca del comercio.

El hombre volvió al banco derrotado, como si le hubieran retirado el carnet de perro estacionado.—Me han dicho que la próxima vez me multan —murmuró.

Los jubilados se miraron, sudados, resignados, filósofos de banco corrido.—Protección animal… —dijo uno—. Ya no se puede aparcar ni el perro.—Ni el coche.—Ni la esperanza.—Ni entrar al foro con cuentos de papel y echarlos a volar… y menos si los animalitos y bichitos son de peluche.

El perro bostezó. Las puertas automáticas se abrieron. Aire fresco.

Y todos pensaron que, si el mundo seguía así, acabarían multando a las palomas por volar sin permiso municipal… y a las brevas por madurar sin cita previa.
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Unas amigas, los últimos veranos.

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No se pueden eliminar. A última hora, siguiendo instrucciones del Seprona, las devuelven al mar; por zonas poco accesibles para las personas.
 
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lo primero ya vimos que es una garza real, la que tengo aqui asignada.
el otro, con perdón de los lectores, y con total respeto, creo que es un PEPINO de mar🤪🤣
a ver si consigo foto de otros dos de la zona, el zorro volador y la gallineta pechiblanca. muy majos, la verdad
 
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lo primero ya vimos que es una garza real, la que tengo aqui asignada.
el otro, con perdón de los lectores, y con total respeto, creo que es un PEPINO de mar🤪🤣
a ver si consigo foto de otros dos de la zona, el zorro volador y la gallineta pechiblanca. muy majos, la verdad

¡Hala, qué pedazo de pepino! 🥒 :ok:

Sus parientes más cercanos son los equinodermos, como la estrella de mar.

Este bicho caga 💩 más que come, con perdón. Y eso tiene una gran importancia en el ecosistema marino.​

Comparto con ustedes un videíto. Me ha gustado.

 
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