Portada Contraportada
Ver el archivos adjunto 3553895 Ver el archivos adjunto 3553898
Autor: Juan Fernández Martínez
Galy & 6aly
Ilustraciones: IA
Inspirado en la dulzura de una
pequeña arañita que vivía
escondida en los rincones
donde los guardianes del
tiempo guardan sus secretos.
2026
1
Introducción
En el pequeño taller del relojero vivía Filomena, una arañita del polvo tan tímida que casi nadie la veía. Entre tic‑tacs y engranajes, observaba el mundo desde su rincón, mientras el relojero trabajaba en relojes de pared en invierno y en relojes de pulsera en verano. Allí, entre horas y agujas, empezaba la historia de la arañita que nunca quiso molestar a nadie.
2
Ver el archivos adjunto 3553900
En una mañana muy fría de invierno, el viejo relojero estaba
solo en su taller.
3
Ver el archivos adjunto 3553906
No tenía trabajo y se aburría muchísimo.
Caminaba de un lado a otro maullando
4
Ver el archivos adjunto 3553909
como un gato diciendo:
“¿Qué hago?,
¿qué hago?”
5
Ver el archivos adjunto 3553999
Las horas pasaban tan despacio
que parecía que el reloj se había quedado dormido.
6
Ver el archivos adjunto 3553913
El relojero suspiró y miró hacia
el techo. Entonces vio algo pequeñito
que se movía.
7
Ver el archivos adjunto 3553918
—¡Oh, qué sorpresa! —dijo
sonriendo.
8
Ver el archivos adjunto 3553919
Allí arriba había una arañita
diminuta. Era tan pequeña que
parecía hecha de
9
Ver el archivos adjunto 3553920
hilos de nube. Tenía patas largas
y finitas, y un cuerpecito ligero
como una mota de polvo
10
Ver el archivos adjunto 3553922
El relojero decidió llamarla
Filomena.
11
Ver el archivos adjunto 3553924
Filomena era muy tímida.
Se quedaba quieta, quieta,
quieta…
12
Ver el archivos adjunto 3553929
El relojero no quería
asustarla, así que la miraba de
lejos.
13
Ver el archivos adjunto 3554038
Y cuando se movía, lo hacía
despacito, como si bailara en el
aire.
14
Ver el archivos adjunto 3553940
Cada día, cuando el tiempo se hacía
pesado y aburrido, levantaba la
vista y buscaba a Filomena.
15
Ver el archivos adjunto 3553941
La veía tejer, caminar,
descansar… Y de pronto, las horas
ya no eran tan largas.
16
Ver el archivos adjunto 3553949
Una compañía pequeñita,
y muy especial: la arañita Filomena.
17
Trabajos realizados
1º Poemas objeto © 1982- 2002
2º El libro mágico de los espejos © 2002
3º Las huellas del tiempo © 2002
4º Los guardianes de los escritos © 2002
5º La tristeza de los guardianes del tiempo © 2002
6 º La sabiduría de la naturaleza © 2002
7º Un insólito encargo © 2002
8º 4.000 años de relojes insólitos 2002
9º Una obra maestra © 2003
10º watchgaly.tk 2003
11º Obras robadas al tiempo © 1982-2004
12º Cuentos de lectura inusual
13º Cuentos español & árabe © 2005
14º Galy, recopilación de cuentos 2005
15º CD. Relojes únicos 2005
16º Los amigos del tiempo © 2006
17º Estofado de burro catalán © 2007
18º Papa cuéntale un cuento © 2007
19º Una coneja llamada Ruspiela © 2008
20º www. poemasobjeto.word.com 2017
21º Apuntes de relojero (Pdf) 1967-2021
22º 4000 – 4023 años de relojería 2020-2023
23º La edad de la inocencia 2005-2025
24º El padre de los cer 2026
25º Una yegua llamada Hermosa 2026
26º Muñequita linda 2026
27º Una araña llamada Filomena 2009-2026
Galy & 6aly 2026
Fin
⏳
Anecdota:
Cuando compartí aquel relato —con la inocencia de quien entrega una pieza recién pulida— algunos se apresuraron a reprenderme, como si hubiera osado tocar un nervio sagrado. Según ellos, había cometido una falta imperdonable: insinuar que la soledad no es un privilegio exclusivo del relojero, ese monje laico que vive rodeado de engranajes y silencios.
Parecía que, en su mundo, solo el relojero tiene derecho a ser ermitaño, como si los demás oficios estuvieran condenados a la algarabía perpetua. Qué curioso: uno escribe sobre un artesano solitario y de pronto descubre que hay quienes defienden su profesión como si fuera una orden mística, con votos de aislamiento y liturgia propia.
Al final, la ironía es esta: yo solo conté una historia, pero ellos actuaron como si hubiera profanado un templo donde cada tic y cada tac son dogma.
Y así fue como, por estos escritos —y por otros trabajos sobre relojes que no dan la hora, sino que dan que pensar, piezas que tampoco pedían permiso para existir— terminé ascendiendo al curioso rango de persona non grata en el sector relojero. Un título honorífico, otorgado sin ceremonia, que uno recibe cuando se atreve a decir en voz alta lo que otros prefieren que siga escondido bajo la mesa del taller.
Ver el archivos adjunto 3553952
Ver el archivos adjunto 3553954
Ver el archivos adjunto 3553955
Ver el archivos adjunto 3553928