El Táctico
Entomálaga
Sin verificar
Voy a ser sincero: hubo un tiempo en que, a mí —a diferencia de mi padre andaluz—, no me movían las pilas, sino el dinero, el dinero. Mi padre encendía bombillas con el duende; yo contaba monedas que se derretían como manteca al sol. Él tenía un voltaje de feria, un resplandor de romería; yo, en cambio, perseguía euros que se escondían detrás de los olivos como lagartos dorados que sabían que yo no buscaba luz, sino excusas.
Cada cual con su energía: él, eléctrica; yo, mineral. Y en medio, la sombra de Cataluña, donde el dinero no suena… respira, como si esperara el momento exacto para recordarte que nunca fue tuyo.
Y si la bossa sona, la vida es bona; pero cuando deja de sonar, cuando la música se apaga y solo queda tu propio ruido, descubres que el dinero no te salvó, que la música no te sostuvo y que tu padre —ese hombre que encendía bombillas con el duende— sabía algo que tú aprendiste demasiado tarde: que hay vidas que se iluminan, y otras que simplemente se queman.
🔥
La mía, por desgracia, aprendió a arder antes que a brillar. No tuvo infancia, tuvo combustión. Mientras otros presumían de estrenar luz, la mía ya estaba echando humo, como si la vida viniera con manual de instrucciones pero me hubieran dado solo la página de advertencias.
Y claro, me pilló el toro de la burocracia. Ese toro no embiste: te tramita. Te revisa, te sella, te deniega, te pide un certificado que solo existe en la imaginación de un funcionario aburrido. Cuando quise encenderme, ya estaba en llamas; cuando quise brillar, ya me habían pedido tres copias compulsadas y un justificante de por qué pretendía existir.
Así que aquí estoy: con una chispa que llegó tarde y un incendio que llegó pronto. La luz, si eso, ya vendrá cuando el sistema me dé cita.
Ver el archivos adjunto 3538867
Y no te olvides de las pólizas, en cuanto a burocracia 😀.