jorgesdb
Un señor raro
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Ha caído el mensaje 3000 sin darme cuenta, y se me ha ocurrido que no hay mejor manera de celebrarlo que sacando del cajón unos cuantos relojes que comparten un hilo conductor muy concreto: la obsesión por mantener el agua fuera.
Algunos son super compressor de verdad, otros compressor a secas, otros simplemente visten el traje sin tener el carné, y un par de ellos juegan en otra liga distinta pero igual de fascinante.
La sección compressor con un invitado, el Festina COSC.
Dos Vostok Amfibia Scuba 200m
Estos dos Scuba 200m no son los Amphibia soviéticos de toda la vida, esos del cristal de plexiglás abombado y la corona bailona que parece que se va a caer. Estos pertenecen a la marca Amfibia (sin "h" intermedia, ojo) que Vostok lanzó ya entrado este siglo, orientada al mercado internacional y con un acabado bastante más cuidado. Lo tengo en dos versiones casi gemelas: una en acero con esfera blanca y una negra con caja oscurecida y detalles naranjas, una con fecha y la otra sin ella.
El Amphibia clásico tenía un sistema de estanqueidad brillante: el cristal de acrílico se aplanaba ligeramente con la presión y sellaba mejor cuanto más profundo bajabas, y la corona desacoplada evitaba que el vástago dañara la máquina. Lo bonito sería que estos Scuba modernos hacieran lo mismo, pero no, al sustituir el acrílico flexible por cristal mineral rígido y la corona bailona por una con muelle estabilizador, ese truco de magia compresiva ya no opera igual. Siguen siendo divers de 200 metros con corona y fondo a rosca, herederos del espíritu, pero la física del invento original se quedó por el camino.
Montan los automáticos de fabricación propia de la serie 24xx (el 2415 sin fecha, el 2416 con ella).
El homenaje a un homenaje: San Martin "Legend Diver"
Este San Martin azul es un homenaje declarado al Longines Legend Diver (por decir de manera fina que lo han fusilado todo salvo el logo), esa reedición preciosa de bisel interno, esfera limpia y agujas de espada que Longines lleva años vendiendo como rosquillas. Y hasta aquí todo normal. Pero permitidme ser un poco malo: el Legend Diver actual de Longines es, a su vez, un homenaje al Longines Super Compressor original de los años 60... solo que el moderno ya no es un super compressor de verdad.
Es decir, que cuando compras este San Martin, estás comprando el homenaje de un homenaje de algo que ya no es lo que decía ser. Una matrioska de inspiraciones donde el sistema de muelle compresivo EPSA original se ha ido evaporando en cada capa hasta quedar en pura estética.
Intenté venderlo en su día, pero no cuajaba la cosa, y con esa nato de cuero azul se ha salvado y convertido en batallero.
El otro homenaje: Seestern S471 "Deep Diver"
Si el San Martin es la elegancia, el Seestern es la fiesta. Este S471 homenajea al mítico Girard-Perregaux Deep Diver de finales de los 60 (la referencia 9108, con esa esfera rueda de ruleta en naranja, azul y blanco que parece diseñada por alguien que acababa de descubrir el LSD, algo que parecía común en esa década), y lo hace con un descaro encantador. Caja cojín, doble corona, bisel interno y esa esfera central naranja butano que se ve desde la otra punta de la habitación. Curiosamente, Girard-Perregaux ha rescatado el modelo en 2025 con una Legacy Edition en titanio hecha con Bamford, edición de 350 piezas y precio de unos 16.000 euros, así que mi Seestern de menos de doscientos euros viene a ser su primo pobre y feliz que llegó a la reunión familiar veinticinco años después.
Dentro lleva un Miyota 8215.
Un Super Compressor de verdad y moderno: Christopher Ward C65 "Black Sand"
Este Christopher Ward C65 Super Compressor en su versión "Black Sand", de 2020, tiene el mérito enorme de ser de los primeros relojes en medio siglo que vuelven a montar un super compressor de verdad: un muelle de compresión de 300 micras alojado en el fondo que, igual que mandaban los cánones de EPSA, aprieta más la junta contra la caja a medida que aumenta la presión. Ahí está el casco de buzo grabado en el muelle para que no quede duda de que la cosa va en serio. La corona de las 2, con su anillo naranja, opera el bisel interno; la de las 4, a rosca, da cuerda y pone en hora.
La esfera fumé marrón-negra con la aguja de minutos naranja es elegante y va a envejecer de maravilla, el cristal "box" abombado le da ese aire sesentero perfecto, y debajo late un Sellita SW200-1 a 4 Hz que se ve por el fondo de zafiro. Cuarenta y un milímetros de caja cojín "Light-catcher", 150 metros de estanqueidad y la satisfacción de saber que, por una vez, lo que pone en la esfera es exactamente lo que hace el reloj. Para mí es la pieza que da sentido a toda la colección: el resto miran hacia este concepto, y este lo cumple.
El francés con galones: Yema Navygraf Super Compressor, otro moderno auténtico
Yema es una de esas marcas francesas con pasado militar real, y este Navygraf Super Compressor lo lleva en el ADN. Esfera negra mate, índices aplicados con buen lume, bisel interno y la inscripción "Super Compressor" bien visible junto al "900 Feet Automatic" y el orgulloso "France" en la base. Caja redonda y limpia, sin estridencias, con esa pinta de herramienta seria que tan bien le sienta a los divers franceses. Es probablemente el más discreto del grupo en cuanto a colorido, y precisamente por eso me parece de los más vestibles a diario.
Lo tengo aquí como representante del linaje compressor con pedigrí europeo continental, ese que conecta directamente con la tradición de buceo militar de los años 60. Le he puesto una correa de sailcloth que le va como anillo al dedo y refuerza ese aire de equipo de inmersión.
El Señor Raro de la caja: Tissot Electronic T12 (calibre 431)
Quizás el más excéntrico y técnicamente fascinante del lote. Este Tissot T12 no es ni mecánico puro ni cuarzo, sino el eslabón perdido entre ambos mundos: un electromecánico. El calibre 431 (la versión Tissot del célebre ESA 9154 Dynotron) conserva el volante, la espiral y la raqueta de toda la vida, igualito que un mecánico... salvo que en lugar de impulsar ese volante con un muelle real y un escape de áncora, lo mantiene oscilando una bobina electromagnética alimentada por pila y gobernada por un transistor. Regulación mecánica clásica, impulso electrónico moderno. Era lo último de lo último a principios de los 70, justo antes de que el cuarzo japonés llegara a barrerlo todo del mapa.
Y para que encaje perfecto en este hilo, va alojado en una caja super compressor con su doble corona funcional, donde la de arriba gira el bisel interno y la de abajo se encarga del resto. Esfera oscura con escala naranja, fecha a las 3, ese "Electronic T12" en rojo que es puro espíritu setentero. Es el reloj que demuestra que la fiebre por sellar cajas no fue exclusiva de los mecánicos, sino que acompañó a la tecnología allá donde fuera.
El relojero castellano: Justina Révélation Compressor
Justina era una marca de Palencia, de la Castilla más profunda, que como tantas casas españolas de la época montaba mecánica suiza en relojes ensamblados con buen criterio. Este Révélation es justo eso: un automático con maquinaria helvética dentro y nombre castellano fuera, de ese momento de los 60-70 en que la relojería de volumen todavía cuidaba el acabado y el diseño al detalle.
Y fijaos en el detalle que lo trae a este hilo: la caja es de tipo compressor, con esa corona característica que comprime la junta de sellado, montada aquí sobre un reloj de vestir dorado que no tiene la menor vocación submarina. Es el ejemplo perfecto de cómo el lenguaje técnico del buceo se coló en segmentos que jamás iban a tocar el agua, simplemente porque sonaba a moderno, robusto y sofisticado. La esfera crema con los índices aplicados dorados, ese bisel interior bordeado en burdeos y el calendario día-fecha con ventana rectangular en la zona baja tienen una elegancia de época muy concreta y muy reconocible. Le he puesto una correa verde azulada que le da una segunda vida estupenda y un contraste de color que le sienta de maravilla. Es la prueba de que la fiebre por las cajas selladas también pasó por Palencia.
La Joya de la Corona: Duward Aquastar Continual 200M
Y llegamos a la joya histórica, el único vintage de verdad del grupo y mi pequeño orgullo rescatado.
Duward es una marca española, de Barcelona, fundada por Carlos Vendrell, que en su día fue la principal firma relojera de España (la de la Copa Duward, el tebeo Duwarín y aquello de "Hora Duward, hora exacta"). Lo que ocurría es que Aquastar, la casa ginebrina especializada en relojes acuáticos, vendía sus modelos bajo distintas firmas según el país por motivos contractuales y de aranceles: en España era Duward, en Italia era Lorenz, en otros mercados JeanRichard o Heuer. Por eso este reloj lleva la doble firma "Duward Aquastar" en la esfera.
Caja super compressor genuina de Piquerez (EPSA) de los años 60, sobredimensionada para la época con sus más de 42 milímetros, doble corona, esa esfera negra con los índices que han cogido esa pátina amarillenta cálida que ningún homenaje moderno podría fingir con tanta naturalidad. Dentro late un automático ETA 2472, uno de esos tractores suizos de carga bidireccional, 17 rubíes y cambio de fecha semirrápido, capaces de andar finos durante décadas. Cuando comparáis el lume envejecido de este Duward con el Super-LumiNova flamante del San Martin o del Seestern, entendéis de golpe la diferencia entre la cosa real y el tributo. Este es el patriarca, el que vivió la historia que los demás reinterpretan.
Y hasta aquí llega esta parte de mi colección, un adelanto de un hilo que llevo preparando desde febrero sobre la historia de las cajas de Piquerez, que se ha retrasado porque era más complejo de lo que creía y porque entremedias se colaron los cuarzos reclamando su lugar en la historia.
Algunos son super compressor de verdad, otros compressor a secas, otros simplemente visten el traje sin tener el carné, y un par de ellos juegan en otra liga distinta pero igual de fascinante.
La sección compressor con un invitado, el Festina COSC.
Dos Vostok Amfibia Scuba 200m
Estos dos Scuba 200m no son los Amphibia soviéticos de toda la vida, esos del cristal de plexiglás abombado y la corona bailona que parece que se va a caer. Estos pertenecen a la marca Amfibia (sin "h" intermedia, ojo) que Vostok lanzó ya entrado este siglo, orientada al mercado internacional y con un acabado bastante más cuidado. Lo tengo en dos versiones casi gemelas: una en acero con esfera blanca y una negra con caja oscurecida y detalles naranjas, una con fecha y la otra sin ella.
El Amphibia clásico tenía un sistema de estanqueidad brillante: el cristal de acrílico se aplanaba ligeramente con la presión y sellaba mejor cuanto más profundo bajabas, y la corona desacoplada evitaba que el vástago dañara la máquina. Lo bonito sería que estos Scuba modernos hacieran lo mismo, pero no, al sustituir el acrílico flexible por cristal mineral rígido y la corona bailona por una con muelle estabilizador, ese truco de magia compresiva ya no opera igual. Siguen siendo divers de 200 metros con corona y fondo a rosca, herederos del espíritu, pero la física del invento original se quedó por el camino.
Montan los automáticos de fabricación propia de la serie 24xx (el 2415 sin fecha, el 2416 con ella).
El homenaje a un homenaje: San Martin "Legend Diver"
Este San Martin azul es un homenaje declarado al Longines Legend Diver (por decir de manera fina que lo han fusilado todo salvo el logo), esa reedición preciosa de bisel interno, esfera limpia y agujas de espada que Longines lleva años vendiendo como rosquillas. Y hasta aquí todo normal. Pero permitidme ser un poco malo: el Legend Diver actual de Longines es, a su vez, un homenaje al Longines Super Compressor original de los años 60... solo que el moderno ya no es un super compressor de verdad.
Es decir, que cuando compras este San Martin, estás comprando el homenaje de un homenaje de algo que ya no es lo que decía ser. Una matrioska de inspiraciones donde el sistema de muelle compresivo EPSA original se ha ido evaporando en cada capa hasta quedar en pura estética.
Intenté venderlo en su día, pero no cuajaba la cosa, y con esa nato de cuero azul se ha salvado y convertido en batallero.
El otro homenaje: Seestern S471 "Deep Diver"
Si el San Martin es la elegancia, el Seestern es la fiesta. Este S471 homenajea al mítico Girard-Perregaux Deep Diver de finales de los 60 (la referencia 9108, con esa esfera rueda de ruleta en naranja, azul y blanco que parece diseñada por alguien que acababa de descubrir el LSD, algo que parecía común en esa década), y lo hace con un descaro encantador. Caja cojín, doble corona, bisel interno y esa esfera central naranja butano que se ve desde la otra punta de la habitación. Curiosamente, Girard-Perregaux ha rescatado el modelo en 2025 con una Legacy Edition en titanio hecha con Bamford, edición de 350 piezas y precio de unos 16.000 euros, así que mi Seestern de menos de doscientos euros viene a ser su primo pobre y feliz que llegó a la reunión familiar veinticinco años después.
Dentro lleva un Miyota 8215.
Un Super Compressor de verdad y moderno: Christopher Ward C65 "Black Sand"
Este Christopher Ward C65 Super Compressor en su versión "Black Sand", de 2020, tiene el mérito enorme de ser de los primeros relojes en medio siglo que vuelven a montar un super compressor de verdad: un muelle de compresión de 300 micras alojado en el fondo que, igual que mandaban los cánones de EPSA, aprieta más la junta contra la caja a medida que aumenta la presión. Ahí está el casco de buzo grabado en el muelle para que no quede duda de que la cosa va en serio. La corona de las 2, con su anillo naranja, opera el bisel interno; la de las 4, a rosca, da cuerda y pone en hora.
La esfera fumé marrón-negra con la aguja de minutos naranja es elegante y va a envejecer de maravilla, el cristal "box" abombado le da ese aire sesentero perfecto, y debajo late un Sellita SW200-1 a 4 Hz que se ve por el fondo de zafiro. Cuarenta y un milímetros de caja cojín "Light-catcher", 150 metros de estanqueidad y la satisfacción de saber que, por una vez, lo que pone en la esfera es exactamente lo que hace el reloj. Para mí es la pieza que da sentido a toda la colección: el resto miran hacia este concepto, y este lo cumple.
El francés con galones: Yema Navygraf Super Compressor, otro moderno auténtico
Yema es una de esas marcas francesas con pasado militar real, y este Navygraf Super Compressor lo lleva en el ADN. Esfera negra mate, índices aplicados con buen lume, bisel interno y la inscripción "Super Compressor" bien visible junto al "900 Feet Automatic" y el orgulloso "France" en la base. Caja redonda y limpia, sin estridencias, con esa pinta de herramienta seria que tan bien le sienta a los divers franceses. Es probablemente el más discreto del grupo en cuanto a colorido, y precisamente por eso me parece de los más vestibles a diario.
Lo tengo aquí como representante del linaje compressor con pedigrí europeo continental, ese que conecta directamente con la tradición de buceo militar de los años 60. Le he puesto una correa de sailcloth que le va como anillo al dedo y refuerza ese aire de equipo de inmersión.
El Señor Raro de la caja: Tissot Electronic T12 (calibre 431)
Quizás el más excéntrico y técnicamente fascinante del lote. Este Tissot T12 no es ni mecánico puro ni cuarzo, sino el eslabón perdido entre ambos mundos: un electromecánico. El calibre 431 (la versión Tissot del célebre ESA 9154 Dynotron) conserva el volante, la espiral y la raqueta de toda la vida, igualito que un mecánico... salvo que en lugar de impulsar ese volante con un muelle real y un escape de áncora, lo mantiene oscilando una bobina electromagnética alimentada por pila y gobernada por un transistor. Regulación mecánica clásica, impulso electrónico moderno. Era lo último de lo último a principios de los 70, justo antes de que el cuarzo japonés llegara a barrerlo todo del mapa.
Y para que encaje perfecto en este hilo, va alojado en una caja super compressor con su doble corona funcional, donde la de arriba gira el bisel interno y la de abajo se encarga del resto. Esfera oscura con escala naranja, fecha a las 3, ese "Electronic T12" en rojo que es puro espíritu setentero. Es el reloj que demuestra que la fiebre por sellar cajas no fue exclusiva de los mecánicos, sino que acompañó a la tecnología allá donde fuera.
El relojero castellano: Justina Révélation Compressor
Justina era una marca de Palencia, de la Castilla más profunda, que como tantas casas españolas de la época montaba mecánica suiza en relojes ensamblados con buen criterio. Este Révélation es justo eso: un automático con maquinaria helvética dentro y nombre castellano fuera, de ese momento de los 60-70 en que la relojería de volumen todavía cuidaba el acabado y el diseño al detalle.
Y fijaos en el detalle que lo trae a este hilo: la caja es de tipo compressor, con esa corona característica que comprime la junta de sellado, montada aquí sobre un reloj de vestir dorado que no tiene la menor vocación submarina. Es el ejemplo perfecto de cómo el lenguaje técnico del buceo se coló en segmentos que jamás iban a tocar el agua, simplemente porque sonaba a moderno, robusto y sofisticado. La esfera crema con los índices aplicados dorados, ese bisel interior bordeado en burdeos y el calendario día-fecha con ventana rectangular en la zona baja tienen una elegancia de época muy concreta y muy reconocible. Le he puesto una correa verde azulada que le da una segunda vida estupenda y un contraste de color que le sienta de maravilla. Es la prueba de que la fiebre por las cajas selladas también pasó por Palencia.
La Joya de la Corona: Duward Aquastar Continual 200M
Y llegamos a la joya histórica, el único vintage de verdad del grupo y mi pequeño orgullo rescatado.
Duward es una marca española, de Barcelona, fundada por Carlos Vendrell, que en su día fue la principal firma relojera de España (la de la Copa Duward, el tebeo Duwarín y aquello de "Hora Duward, hora exacta"). Lo que ocurría es que Aquastar, la casa ginebrina especializada en relojes acuáticos, vendía sus modelos bajo distintas firmas según el país por motivos contractuales y de aranceles: en España era Duward, en Italia era Lorenz, en otros mercados JeanRichard o Heuer. Por eso este reloj lleva la doble firma "Duward Aquastar" en la esfera.
Caja super compressor genuina de Piquerez (EPSA) de los años 60, sobredimensionada para la época con sus más de 42 milímetros, doble corona, esa esfera negra con los índices que han cogido esa pátina amarillenta cálida que ningún homenaje moderno podría fingir con tanta naturalidad. Dentro late un automático ETA 2472, uno de esos tractores suizos de carga bidireccional, 17 rubíes y cambio de fecha semirrápido, capaces de andar finos durante décadas. Cuando comparáis el lume envejecido de este Duward con el Super-LumiNova flamante del San Martin o del Seestern, entendéis de golpe la diferencia entre la cosa real y el tributo. Este es el patriarca, el que vivió la historia que los demás reinterpretan.
Y hasta aquí llega esta parte de mi colección, un adelanto de un hilo que llevo preparando desde febrero sobre la historia de las cajas de Piquerez, que se ha retrasado porque era más complejo de lo que creía y porque entremedias se colaron los cuarzos reclamando su lugar en la historia.

