Si te soy sincero, planteas un debate por encima del rango en el que me muevo. Pero sí tengo clara una cosa: a partir de ciertas ligas, cuyas fronteras no tengo muy claro donde establecer, empezamos a hablar de detallines, finuras de acabado, capacidad de manufacturas (ya no solo de movimiento) y, sobre todo, de estrategias/intereses de mercado, construidos sobre relatos, exclusivades (a veces artificiales/controladas) y prestigios históricos.
En toda esa marabunta comercial, ya la gente, como en tu caso, compra un reloj Tudor, porque quiero un Tudor, no porque quiere un «reloj que se parece a Rolex pero más barato». Al menos, me gusta pensar eso, con Tudor y con cualquier marca (siempre que no sea una basada en copias, ejem, ejem).