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Enésima respuesta a la leibniziana pregunta sobre por qué el reloj y no la nada

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También conozco yo a mucho trabajador por cuenta ajena, que ante la "imposibilidad" de comprarse casa, pero con buenos sueldos, se compran un A3 y un peluco, se meten 2 viajes al año de unos cuantos miles de euros, no se pierden un evento social, etc...y luego dicen: es que es imposible comprarse casa, así que...

Y es difícil comprarse casa, está la cosa jodida, pero muchos de esos solo miran y buscan que sea un piso de puta madre en urbanización con piscina, pádel, garaje, vigilancia 24h, o chalet, o en Malasaña, y no saben que hay vida más allá de la M30 (de hecho lo desconocen, literalmente)

Vamos, que antes también la mentalidad de la gente primero iba a cubrir lo básico, lo esencial, la primera necesidad, y si luego la cosa iba bien o prosperaba, ya vendría lo del "estatus", y ahora quieren el estatus antes de cubrir lo básico.

Pasa también en los trabajos, o si no que alguien se de una vuelta por LinkedIn: ahora un chaval/a con los estudios recién terminados y sin saber hacer la O con un canuto, te dice que él/ella lo que realmente quiere y se le da bien es "liderar", "gestionar", etc...

En fin, a ver si le dan pronto al botoncito rojo los de un lado o los de otro y nos vamos al carajo :D
No te quito una coma 😆

Hay de todo eh! Los hay sin casa, ni coche, ni reloj, ni na de na, pero también hay los que tu dices, que no saben priorizar ni saben lo que significa la palabra "sacrificio". Los hay que estaban despilfarrando en las figuritas estas cabezonas de plastico cuando yo tenia 1h libre literal al dia y llevaba una vida monacal. Pero bueno, q me voy del tema... 😆
 
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Estoy teniendo un mal día, así que trataré de ser todo lo educado que puedo ser después de leer semejante columna de opinión.

Esto va a ser un desahogo y el resto son bromas.

Conozco la obra del autor que ha perpetrado esta cosa que no sé muy bien como calificar. Su carrera entera ha consistido en explicarnos por qué la democracia se polariza y el liberalismo agoniza. No sé si es de agradecer que se haya tomado un descanso en sus importantes tareas para contarnos porqué llevamos reloj.

Su tesis central es de traca: los hombres compran relojes para parecer machos alfa. Esto nos lo dice un analista político que ha escrito cuatro libros sobre polarización, radicalismo y crisis del consenso.

Se nota que cuando sales de tu zona de confort, aplicas las mismas herramientas analíticas. Si en política todo lo reduce a tribus enfrentadas, en relojería todo lo reduce a señalizar estatus. Es lo que tiene tener un martillo; todo te parece un clavo.

Me enternece que el hombre que hace dos días estaba en la COPE analizando a Le Pen y a Vox dedique su columna del lunes a explicar el mercado relojero con la misma profundidad con la que yo podría escribir sobre ballet clásico: sabe que existe, ha visto alguno de lejos y se atreve a opinar. Miento, he visto yo más ballet clásico que este caballero relojes.

Con ese nivel de análisis, podríamos explicar la filatelia como "gente que lame sellos para sentirse superior" o el coleccionismo de vinos como "alcohólicos con ínfulas".

Lo del Swatch de 90 euros mencionado con falsa modestia es un toque magistral. Es el clásico "yo no entiendo de fútbol, pero…" seguido de veinte párrafos de opinión contundente. Ramón, si llevas un Swatch y te parece suficiente, perfecto. Pero entonces quizá no eres la persona más indicada para explicar por qué alguien busca durante meses un calibre concreto en un foro de microbrands, o por qué un tipo lleva escritas más de 8.000 palabras sobre las patentes de EPSA y la historia del sistema Super Compressor (pista: soy yo, algún día lo publicaré por aquí). Eso no es estatus ni testosterona. Es lo mismo que te mueve a ti a escribir 300 páginas sobre el Tea Party: pasión por un tema que la mayoría no entiende.

Lo mejor es cuando descubre, con asombro de explorador colonial, que los Casio digitales han vuelto. Bienvenido a 2018!!! Y sí, tienen alarma y un módulo que lleva funcionando sin cambios relevantes desde los años 80, lo cual es un logro de ingeniería fascinante, pero claro, eso requeriría investigar más allá de mirar el precio en Amazon.

Hay una gran ironía en todo esto. González Férriz, que lleva años advirtiendo sobre los peligros de simplificar realidades complejas y reducirlas a narrativas tribales, ha escrito un artículo que simplifica una realidad compleja y la reduce a una narrativa tribal.

Los hombres compran relojes = virilidad y estatus. Punto. Sin matices, sin investigación, sin hablar con un solo coleccionista o relojero. El mismo columnista que te pide que no reduzcas la política a eslóganes, reduce la relojería a uno. Y el dato del 65% hombres, sin más contexto ni fuente, dice poco, en realidad no dice nada, como toda la columna.

En ningún momento de la columna aparecen palabras como calibre, complicación, manufactura o movimiento. Es como si alguien escribiera sobre la crisis del liberalismo europeo sin mencionar las instituciones. Ah, espera, eso sería imperdonable para Ramón. Pero hacerlo con los relojes está bien, porque total, es solo un accesorio de muñeca para señores inseguros con el tamaño de su virilidad.

Y la reflexión casi poética del final sobre "la máquina con la que hemos mantenido una relación más íntima", para acto seguido no profundizar absolutamente nada en qué hace esa máquina ni por qué fascina. Quizás debería comprarse un Satisfyer, que también los hay para hombres.

Es el equivalente a terminar un libro sobre polarización política diciendo "la democracia importa" y cerrar la tapa. Algo que, conociendo el género, tampoco sería tan sorprendente.

En definitiva, Ramón ha escrito el artículo perfecto para que alguien que no sabe nada de relojes siga sin saber nada de relojes, pero ahora con la convicción de que entiende el tema. Que es, al fin y al cabo, la especialidad de cierto columnismo español.
De relojes no tiene ni idea eso está claro, y menos aún de nuestro nicho 😆
 
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No te quito una coma 😆

Hay de todo eh! Los hay sin casa, ni coche, ni reloj, ni na de na, pero también hay los que tu dices, que no saben priorizar ni saben lo que significa la palabra "sacrificio". Los hay que estaban despilfarrando en las figuritas estas cabezonas de plastico cuando yo tenia 1h libre literal al dia y llevaba una vida monacal. Pero bueno, q me voy del tema... 😆
Claro claro, si pobres como ratas va a seguir habiendo, pero gente con un ritmo de vida flipante que se queja de "lo mal que está" todo en general...abundan también.

A mí hoy en día, de hecho, comprarse un reloj medianamente decente, mantenerlo, etc...me parece casi un acto anti-sistema más que un lujo/estatus o una reivindicación de hombría o macho alfa (anti obsolescencia programada, anti consumo rápido, anti modas, anti utilitarismo puro, etc...)
 
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Por qué llevas un reloj en la muñeca si tienes un móvil en el bolsillo
Una vez leída esta repetida frase gloriosa, no apetece para nada seguir con el resto del artículo.

Por que sacar del bolsillo el móvil para ver la hora, da igual que estés solo, acompañado, o muy bien acompañado, es uno de los actos mas cutres e incómodos que puedes repetir varias veces al día :-P
 
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Pero hombre, un buen macho alfa busca lo mejor de ambos mundos y lleva un DayPhone (o iPhtona), puro caviar, hoiga.

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Por lo demás, comparto la línea de @jorgesdb , me ha parecido una redacción para una optativa de primero de Cuñadología.
Como decía el otro día un compañero, algunos todavía necesitamos en el trabajo llevar reloj. Se haría faena con un Casio de 15 euros, pero los relojes me gustan como los libros o monedas antiguos, por frikismo. Suelen ser aficiones hasta cierto punto privadas porque en mi entorno ni se reconocen, ni se espera, ni importan, cosa que además prefiero.
 
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Estoy teniendo un mal día, así que trataré de ser todo lo educado que puedo ser después de leer semejante columna de opinión.

Esto va a ser un desahogo y el resto son bromas.

Conozco la obra del autor que ha perpetrado esta cosa que no sé muy bien como calificar. Su carrera entera ha consistido en explicarnos por qué la democracia se polariza y el liberalismo agoniza. No sé si es de agradecer que se haya tomado un descanso en sus importantes tareas para contarnos porqué llevamos reloj.

Su tesis central es de traca: los hombres compran relojes para parecer machos alfa. Esto nos lo dice un analista político que ha escrito cuatro libros sobre polarización, radicalismo y crisis del consenso.

Se nota que cuando sales de tu zona de confort, aplicas las mismas herramientas analíticas. Si en política todo lo reduce a tribus enfrentadas, en relojería todo lo reduce a señalizar estatus. Es lo que tiene tener un martillo; todo te parece un clavo.

Me enternece que el hombre que hace dos días estaba en la COPE analizando a Le Pen y a Vox dedique su columna del lunes a explicar el mercado relojero con la misma profundidad con la que yo podría escribir sobre ballet clásico: sabe que existe, ha visto alguno de lejos y se atreve a opinar. Miento, he visto yo más ballet clásico que este caballero relojes.

Con ese nivel de análisis, podríamos explicar la filatelia como "gente que lame sellos para sentirse superior" o el coleccionismo de vinos como "alcohólicos con ínfulas".

Lo del Swatch de 90 euros mencionado con falsa modestia es un toque magistral. Es el clásico "yo no entiendo de fútbol, pero…" seguido de veinte párrafos de opinión contundente. Ramón, si llevas un Swatch y te parece suficiente, perfecto. Pero entonces quizá no eres la persona más indicada para explicar por qué alguien busca durante meses un calibre concreto en un foro de microbrands, o por qué un tipo lleva escritas más de 8.000 palabras sobre las patentes de EPSA y la historia del sistema Super Compressor (pista: soy yo, algún día lo publicaré por aquí). Eso no es estatus ni testosterona. Es lo mismo que te mueve a ti a escribir 300 páginas sobre el Tea Party: pasión por un tema que la mayoría no entiende.

Lo mejor es cuando descubre, con asombro de explorador colonial, que los Casio digitales han vuelto. Bienvenido a 2018!!! Y sí, tienen alarma y un módulo que lleva funcionando sin cambios relevantes desde los años 80, lo cual es un logro de ingeniería fascinante, pero claro, eso requeriría investigar más allá de mirar el precio en Amazon.

Hay una gran ironía en todo esto. González Férriz, que lleva años advirtiendo sobre los peligros de simplificar realidades complejas y reducirlas a narrativas tribales, ha escrito un artículo que simplifica una realidad compleja y la reduce a una narrativa tribal.

Los hombres compran relojes = virilidad y estatus. Punto. Sin matices, sin investigación, sin hablar con un solo coleccionista o relojero. El mismo columnista que te pide que no reduzcas la política a eslóganes, reduce la relojería a uno. Y el dato del 65% hombres, sin más contexto ni fuente, dice poco, en realidad no dice nada, como toda la columna.

En ningún momento de la columna aparecen palabras como calibre, complicación, manufactura o movimiento. Es como si alguien escribiera sobre la crisis del liberalismo europeo sin mencionar las instituciones. Ah, espera, eso sería imperdonable para Ramón. Pero hacerlo con los relojes está bien, porque total, es solo un accesorio de muñeca para señores inseguros con el tamaño de su virilidad.

Y la reflexión casi poética del final sobre "la máquina con la que hemos mantenido una relación más íntima", para acto seguido no profundizar absolutamente nada en qué hace esa máquina ni por qué fascina. Quizás debería comprarse un Satisfyer, que también los hay para hombres.

Es el equivalente a terminar un libro sobre polarización política diciendo "la democracia importa" y cerrar la tapa. Algo que, conociendo el género, tampoco sería tan sorprendente.

En definitiva, Ramón ha escrito el artículo perfecto para que alguien que no sabe nada de relojes siga sin saber nada de relojes, pero ahora con la convicción de que entiende el tema. Que es, al fin y al cabo, la especialidad de cierto columnismo español.
No seré yo el que defienda la trayectoria del liberalio ciudadaner, pero tampoco quien alabe tu ejercicio de Cherry-picking. Dicho todo sin la menor acritud, eh.
 
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Si Cristóbal levantase la cabeza...
Pues igual corría a gorrazos a sus "herederos" por casi hundir su firma. Al menos Abloh le volvió a poner en el mapa.
 
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Pero hombre, un buen macho alfa busca lo mejor de ambos mundos y lleva un DayPhone (o iPhtona), puro caviar, hoiga.

Ver el archivos adjunto 3456582

Por lo demás, comparto la línea de @jorgesdb , me ha parecido una redacción para una optativa de primero de Cuñadología.
Como decía el otro día un compañero, algunos todavía necesitamos en el trabajo llevar reloj. Se haría faena con un Casio de 15 euros, pero los relojes me gustan como los libros o monedas antiguos, por frikismo. Suelen ser aficiones hasta cierto punto privadas porque en mi entorno ni se reconocen, ni se espera, ni importan, cosa que además prefiero.
jajaja

Amén
 
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No seré yo el que defienda la trayectoria del liberalio ciudadaner, pero tampoco quien alabe tu ejercicio de Cherry-picking. Dicho todo sin la menor acritud, eh.

Mi ejercicio de cherry picking nace desde lo más visceral. Alaba a mis vísceras, no a mi. 😅
 
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Este un día le preguntó al Albert, ¿qué llevas en la muñeca?.. y desde ahí..
 
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Gracias por compartir el artículo.

Aunque comparto algunos de los puntos sobre el estatus, creo que los que andamos por este foro vemos algo más. El autor pasa por alto el placer de dar cuerda a un reloj o de observar los acabados de una esfera bajo la lupa. Para el público general puede que sea un símbolo de éxito, pero para el aficionado es una conexión con la historia y con una forma de fabricar cosas que ya casi no existe. Es una pena que no se haya profundizado más en la parte técnica, pero siempre es bueno que se hable de nuestra afición en medios generalistas.
 
Pues yo estoy con el columnista de todo a 100 este… los relojes son un símbolo de status nos guste o no. Tiene una ventaja sobre otros (coche, casa): se lleva encima y por tanto nos acompaña a cenas, reuniones, etc.
También tienen una funcionalidad increíble: permiten detectar a gillip…s. Cuando ves según qué relojes, mira detrás del reloj: verás a un gilip….as
 
Lo peor de todo es que hoy en día una "Inteligencia" ARTIFICIAL, te hace una columna de estas en unos segundos y le queda igual que al perpetrador de infames conjuntos de frases vacías.

Lo "bueno" (porque ya nadie lee) es que ya las lee menos gente que la que usa relojes.


He aquí un ridículo ejemplo idéntico, creado en tres segundos:



Por qué lees columnas en el diario si tienes todo en el móvil

El mercado de las columnas de los diarios ha experimentado un fuerte auge, sobre todo entre ciertos lectores habituales y en determinados suplementos. Son una manera muy clara de transmitir estatus intelectual. Pero hay otras razones para leerlas.

En la última década coincidieron dos fenómenos aparentemente contradictorios. En primer lugar, el 90% de la población de los países ricos disponía ya de un móvil. Al mismo tiempo, fue una edad de oro para las columnas de opinión. Entre 2022 y 2023, según distintas asociaciones del sector, los grandes diarios batieron récords de suscripciones y de lectura de artículos de opinión.
¿Para qué queremos leer columnas si llevamos siempre con nosotros un dispositivo que nos da acceso a información infinita y que, según algunos estudios, consultamos de media unas 110 veces al día? A principios de esta década, los grandes columnistas publicaban varios textos semanales. Sin embargo, durante un tiempo fue prácticamente imposible acceder a determinados artículos sin suscripción, la más barata de las cuales cuesta varios euros al mes. La capacidad de atención no podía satisfacer la oferta y se volvió habitual que fragmentos de columnas circularan inmediatamente en redes sociales; en algunos casos, multiplicando hasta 10 veces su difusión original. Uno de los fenómenos más elocuentes del ecosistema mediático tiene que ver con este apogeo de la columna: los espacios informativos ya no pueden competir por la atención en igualdad de condiciones, porque los textos de opinión generan más fidelidad y engagement. Uno de los fenómenos más elocuentes del ecosistema mediático tiene que ver con este apogeo de la columna.

No es difícil encontrar respuestas a este auge. Las columnas son uno de los grandes transmisores de estatus en el mundo moderno; nadie lee a un columnista prestigioso porque dé información, sino porque señaliza que tienes criterio y buen gusto. Además, es una forma de estatus tan exclusiva que solo puede reconocerla alguien con un estatus similar. La mayoría, simplemente, no vemos la diferencia entre una columna brillante y una más o menos correcta. Pero también tiene que ver con el retorno de ciertas expresiones de identidad clásica. Porque aproximadamente la mayoría de los lectores fieles de columnas pertenecen a perfiles muy definidos. También, cada vez más, lectores jóvenes. Como no pueden distinguirse por el contenido que consumen en el móvil, dado que casi todo es masivo y la oferta es prácticamente infinita, y no les da para otras formas visibles de diferenciación, la lectura de columnas puede ser un señalizador de clase asumible.

Sin embargo, en el mismo periodo en que aumentaban las lecturas de las columnas más prestigiosas, lo hicieron también las de las columnas más accesibles. Los grandes grupos editoriales poseen cabeceras de referencia, pero son famosos por sus artículos gratuitos o de bajo coste, que son los que yo leo. En esos años, tuvieron la brillante idea de coger firmas reconocidas y adaptarlas a formatos más breves y accesibles, y los pusieron en el mercado digital a unos pocos euros o incluso gratis. Para mantener la sensación de escasez, sin embargo, decidieron no ofrecer todos los contenidos abiertamente, sino solo algunos textos y por tiempo limitado. ¿La respuesta? Lecturas masivas y millones de usuarios accediendo a ellos. Uno de los fenómenos más fascinantes de la cultura de nuestro tiempo es el regreso de ciertos articulistas clásicos que se hicieron ubicuos en décadas pasadas. Hoy, algunos de esos textos se recuperan constantemente. Y se siguen preciando de ofrecer opiniones contundentes, el recurso más redundante de nuestra era. Con mis columnas favoritas o un artículo rescatado, algunos lectores de mediana edad nos empeñamos en transmitir que somos informados.

De modo que el auge de la columna puede ser fruto de su eterna capacidad para transmitir estatus. Aunque tal vez no sea la única explicación: con mis columnas favoritas o un artículo compartido, algunos lectores nos empeñamos en transmitir que somos críticos y modernos, aunque eso no nos hará ser percibidos como especialmente brillantes. Quizá, simplemente, nos parece que las columnas quedan bien. O que son los adornos ideales para quienes nos negamos a consumir contenidos más superficiales. Pero es también posible que sean una respuesta nostálgica a la omnipresencia del móvil: queremos un texto cuya finalidad no sea solo retener nuestra atención, sino ser interesante y tener una utilidad marginal.

Hoy la fiebre por las columnas ha remitido. Los cambios en los modelos de negocio han frenado el crecimiento en algunos mercados. La economía global y los hábitos digitales ya no crecen al mismo ritmo que antes, por lo que han caído las lecturas en ciertos segmentos. En total, el consumo de columnas se ha reducido respecto a los años posteriores a la pandemia, aunque caen mucho más las lecturas ocasionales que las de los lectores fieles. Esto respalda la idea de que su finalidad es, sobre todo, reforzar la imagen de lector informado que muchos quieren transmitir. Pero tiene que haber algo más. Si uno lo piensa bien, la columna de opinión ha sido, durante décadas, el formato con el que hemos mantenido una relación más íntima, intelectual y constante. Hasta que llegó el teléfono móvil.
 
Ya sabemos todos que el columnismo, como ya afirmara el bueno de Vladimir Ilich Ulianov, es la enfermedad infantil del periodismo. Hasta nuestro Chaves Nogales los despreciaba por aquello de que, principalmente en España, viene a ser un nicho ocupado por escritores cuyo único mérito es eso que se conoce como "escribir bien", razón por la cual terminando hablando de casi todo sin saber de prácticamente nada.

¿Por qué existen, entonces? ¿Por qué cada vez hay más y la opinión cada día que pasa desplaza más a la información? En el periodismo de opinión, los lectores tienden a aplicar una forma selectiva y asimétrica de la Amnesia de Murray-Gell-Mann: los errores de los columnistas ideológicamente afines son interpretados como excepciones perdonables, mientras que errores equivalentes en columnistas ideológicamente rechazados se interpretan como confirmaciones de su incompetencia o mala fe.

Esta asimetría no solo depende de la coincidencia ideológica, sino de la naturaleza misma del columnismo, que crea vínculos personales con autores y permite mayor elasticidad interpretativa que la información factual.

Así, la práctica totalidad de los lectores de opinión no solo seguirán leyendo a sus afines, perdonando sus errores como "excepciones", sino que harán lo propio con los "otros" para constatar su incompetencia y mala fé.

Por eso yo, sabiendo todo esto, si fuera columnista -y sin necesidad de recurrir a la IA- para curarme en salud cerraría todas mis columnas con variantes de la misma coda:

"Menos tú, campeón. Porque tú eres ESPECIAL."​
 
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Llevo reloj porque con mirar mi muñeca veo la hora y además me gusta ir contracorriente.
 
No te quito una coma 😆

Hay de todo eh! Los hay sin casa, ni coche, ni reloj, ni na de na, pero también hay los que tu dices, que no saben priorizar ni saben lo que significa la palabra "sacrificio". Los hay que estaban despilfarrando en las figuritas estas cabezonas de plastico cuando yo tenia 1h libre literal al dia y llevaba una vida monacal. Pero bueno, q me voy del tema... 😆
Si hablamos de vivienda, es difícil hacer sacrificios cuando en los últimos 10 años se han producido incrementos del 100% y estamos con incrementos anuales superiores al 10%.
 
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Si hablamos de vivienda, es difícil hacer sacrificios cuando en los últimos 10 años se han producido incrementos del 100% y estamos con incrementos anuales superiores al 10%.
Es lo que dije en mi primera intervención
 
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