¡Buenas de nuevo, compañeros!
Aquí vengo con la tercera entrega de mi particular esquizofrenia horológica.
Ya sabes, pilla tu bebida favorita y dale al play.
Después de mucho esperar, por fin he podido tener los candidatos en la mano, pero las sensaciones... digamos que han sido agridulces.
Para empezar, como la espera se estaba haciendo eterna, me planté en El Corte Inglés y para mí grata sorpresa tenían un Moonphase, la versión en blanco y negro. Sinceramente, decepción absoluta; no me transmitió en absoluto ser una pieza que justifique su PVP. El acabado de la caja de acero me dejó frío: ese biselado interno, la distancia desde el dial hasta el zafiro, me pareció un abismo. Un choque visual que me mató el "feeling" inicial.
Aun así, quise darle una oportunidad al dial marfil opalino para ver si en vivo ganaba.
Y eso, ya me los probé ambos.
Aquí mis impresiones tras el test de muñeca:
Longines Flagship Heritage Moonphase:
Empecé por este porque, siendo honestos, es el que más me hacía tilín. En la muñeca no decepciona en cuanto a ergonomía; asienta de maravilla y tiene ese aire clásico que buscaba, pero no he tenido el feeling que esperaba, solo podía fiarme en el ancho de la caja.
Longines Flagship Heritage:
Aquí vino el jarro de agua fría. Me quedé a cuadros con la distancia lug-to-lug. Es larguísimo, unas asas que parecen no acabar nunca y que, para mi gusto, rompen totalmente la armonía de la pieza. Directamente me pareció enorme puesto, así que descartado sin miramientos.
Y ahora, amigos, entramos en territorio de calentadas...
Empiezo con Tudor.
He llegado a la conclusión de que el reloj que busco simplemente no existe todavía. Mi "unicornio" sería un Black Bay 58 (39mm) -con esa estética impecable en blanco y negro e índices dorados que solo está disponible en 37mm o 41mm— pero subido a 39 mm y con el certificado METAS. Pero nada, toca seguir soñando, quizás el año que viene lo presentan y me hago con él.
Está con el bisel dorado, pero no me termina de gustar.
El Pelagos 39 me tienta mucho también, pero sin el toque cálido del oro en los índices y sin el Master Chronometer me deja a medias igualmente.
¿Y el nuevo GMT "Decaf Coke"? Muy chulo y en un inicio me pegué un buen calentón, pero creo que no pegaría ni con cola con mi fondo de armario. Llamadme pijo si queréis, pero ya que suelto esa pasta, tiene que ser redondo.
Para rematar, aquí ya sí que se me va la olla por completo... me ronda por la cabeza una locura: el Grand Seiko Omiwatari.
Para mí, el movimiento Spring Drive es el epitome de la elegancia, la sutileza casi poética, el refinamiento técnico y de la artesanía... y ver ese segundero deslizarse, fluyendo sin cesar sobre esa esfera inspirada en el lago Suwa helado me vuelve loco.
Un reloj elegante, con un grosor de 10,2 y un estilo austero evergreen. Pero claro, aquí ya hablamos de palabras mayores y muchos miles de euros por, no sé nos olvide, un reloj de acero.
También he de decir que me aterra ese pulido "Zaratsu"; un solo pelillo en ese acero me dolería en el alma. Por no hablar de que tendría que cruzar media España para probármelo, y comprar una pieza de ese calibre a ciegas me parece jugar a la ruleta rusa.
Os he dejado unas fotos de los Longines para que veáis de qué hablo. Tengo un cacao mental de tres pares de narices y ahora mismo estoy más perdido que el primer día.
¿Cómo lo veis vosotros? ¿Algún consejo para este alma en pena? ¡Pasen y opinen!