jorgesdb
Un señor raro
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Vamos a ver por donde empiezo, llevo meses puliendo este hilo, se trata de algo que me toca directamente, algo que no oculto, aunque cometo una imprecisión en mi firma, no soy mitad hacker y mitad autista, el autismo lo tienes o no.
Tengo autismo de tipo 1 lo que durante años se llamó síndrome de Asperger, y que algunos etiquetaron como "autismo de altas capacidades" por mi facilidad con los números, las matemáticas, la física y la informática. Nunca me había abierto así, por escrito y delante de desconocidos (a estas alturas solo conozco en persona a @Crespo_9125 que me pilló con la batería social en modo sobrecarga) , en ningún foro ni red social.
No sabéis lo útil que me resulta en reuniones multitudinarias, lo tenéis en Amazon.
Si lo hago ahora, aquí, es porque vez me siento en un lugar seguro. Y como el tema son los relojes, y resulta que mi relación con ellos lo cuenta casi todo, me ha parecido que no había mejor sitio donde escribir lo que viene a continuación, es un hilo didáctico sobre el autismo y los relojes, pero tiene algo íntimo que ningún de mis hilos anteriores ha tenido. Aun con todo esto, se me antoja más fácil hacer un triple mortal sentado en el sofá que llegar a darle al botón "Publicar hilo" al terminar.
Una nota antes de comenzar, hay tantos tipos de autismo como autistas, se simplifica en unos pocos grados, pero la realidad es mucho más compleja de lo que aparenta.
Otra nota que añado después de haber llegado al final. No cuento esto ni para dar pena, ni para que penséis "oh que valiente" ni nada por el estilo. Siento que debo hacerlo y ya está. No soy tan diferente de las personas neurotípicas, a veces me han dicho que no parezco autista... siempre he pensado en ensayar una performance para dar a la gente lo que espera... llevar una caja de palillos en el bolsillo en tirarlos al suelo para contarlos a un golpe de vista (no sé hacerlo) dejando 3 en la caja pegados (si habéis visto la película Rainman ya sabéis a que escena me refiero).
Coged palomitas y tomad asiento, que empezamos.
La humanidad ha dedicado siglos a fabricar instrumentos cada vez más exactos para medir el tiempo: del escape de áncora al cuarzo, del cuarzo al cesio. Un relojero serio puede perder el sueño por una desviación de dos segundos al día... Y sin embargo, para muchas personas autistas, yo incluido, cinco minutos pueden no existir en absoluto, o durar una pequeña eternidad. Hemos construido la máquina más precisa de la historia para medir algo que, por dentro, sigue siendo profundamente subjetivo.
Comprender cómo viven el tiempo las personas autistas me parece un ejercicio muy interesante. Si tienes un familiar, una amiga o un compañero de trabajo en el espectro, esta comprensión cambia la forma en que lo acompañas. Y el reloj, ese objeto que casi todos dan por descontado, resulta ser un protagonista inesperado: a veces aliado, a veces verdugo, y a veces las dos cosas el mismo martes por la mañana.
Empecemos por un concepto que poca gente conoce: la ceguera temporal (time blindness). El término lo popularizó el neuropsicólogo Russell Barkley para describir el TDAH, y se aplica cada vez más al autismo. No es un diagnóstico clínico, sino una etiqueta para algo que muchas familias reconocen al instante: la dificultad persistente para sentir cómo pasa el tiempo, estimar cuánto durará una tarea o anticipar cuándo llegará un momento. La persona no está siendo perezosa ni negligente; sencillamente, su reloj interno funciona con una maquinaria diferente. Lo digo con conocimiento de causa.
El estudio de referencia es el de Poole, Gowen, Poliakoff y Jones (2021), publicado en la revista Autism. Los investigadores de la Universidad de Mánchester compararon a 113 familias de niños autistas con 201 de niños neurotípicos, de entre 7 y 12 años. Los niños autistas puntuaron significativamente peor en todo lo relacionado con el tiempo, y las familias describieron tres dificultades bien diferenciadas. La primera es el conocimiento temporal: leer el reloj, entender qué significa "dentro de un rato", orientarse en el calendario. La segunda es la prospección: pensar en el futuro, planificar, trabajar contra reloj. Y la tercera es lo que los autores llaman monotropismo: el tiempo del niño orbita alrededor de su interés especial, y la angustia de no tener suficiente para dedicarle puede ser abrumadora. Una madre lo resumió sin rodeos: "No entiende el tiempo, ni siquiera a los 12 años. Su cerebro no logra captar el concepto".
La ciencia ha buscado explicaciones más profundas, aunque el conocimiento actual es limitado, hablamos de hipótesis y correlaciones, no de un mecanismo cerrado. La investigación apunta al cerebelo, una de las regiones más frecuentemente alteradas en el autismo, a los circuitos fronto-estriatales que funcionan como reloj interno para intervalos de segundos a minutos, y a las vías dopaminérgicas. Allman, DeLeon y Wearden (2011), en el American Journal on Intellectual and Developmental Disabilities, encontraron que las personas autistas tienen dificultades cuantificables para discriminar el tiempo, con una sensibilidad especialmente reducida en las duraciones más largas del rango estudiado (hasta 8 segundos en sus experimentos de bisección), y memorias temporales más variables que las de los controles neurotípicos.
Brenner, Shih, Colich, Sugar, Bearden y Dapretto (2015), en Autism Research, encontraron que la memoria de trabajo modula esa precisión en jóvenes autistas: cuanto peor la memoria de trabajo, más erráticas e inconsistentes las estimaciones temporales, y el déficit era más pronunciado en los niños más pequeños. Un hallazgo particularmente revelador es que los síntomas de inatención e hiperactividad dentro del propio grupo autista no explicaban el déficit, lo que sugiere que el autismo tiene sus propios mecanismos de alteración temporal, distintos de los del TDAH, aunque ambos coexistan.
La gran revisión sistemática de Casassus y colaboradores (2019), que analizó 45 estudios publicados hasta esa fecha, llegó a una conclusión que cualquier familiar reconocerá: las mayores dificultades aparecen en las tareas complejas que exigen memoria de trabajo y función ejecutiva. Es decir, casi todas las de la vida real.
Cuando al autismo se suma el TDAH, algo que ocurre en una proporción muy alta de casos, con estimaciones que la literatura sitúa habitualmente entre el 50 y el 70%, la ceguera temporal se intensifica, porque ambas condiciones golpean la función ejecutiva, aunque por caminos distintos: el TDAH compromete la inhibición de respuestas; el autismo, la flexibilidad cognitiva y la integración temporal.
Tengo familiares con suman TDAH al autismo y se pueden dejar la comida en el microondas y cuando la van a sacar vuelve a estar fría, sin ser conscientes del tiempo que ha transcurrido.
En este foro he participado en algún hilo relativo a la incapacidad de muchos adolescentes de leer un reloj analógico, propiciado por la falta de enseñanza de como hacerlo. Quizás entonces debí escribir esto que viene a continuación, porque leer un reloj analógico no es tan fácil como creemos.
Solemos subestimar lo que pedimos cuando le tendemos a alguien una esfera con manecillas y le decimos "¿qué hora es?".
Leer un reloj analógico es una de las tareas cognitivas más exigentes que realizamos sin darnos cuenta. Piénsalo paso a paso. Primero exige pensamiento abstracto: la posición de dos agujas representa un concepto invisible. Segundo, una memoria de trabajo robusta, porque hay que retener dónde está la aguja horaria, interpretar la minutera multiplicando por cinco, recordar que cada número tiene doble identidad, el 3 es «las tres» pero también "y cuarto", y ejecutar todos esos cálculos en paralelo. Tercero, procesamiento visuoespacial para leer ángulos. Y cuarto, dominar fracciones: cuarto, media, menos diez. Reunidas, estas cuatro exigencias coinciden precisamente con áreas de dificultad frecuentes en el autismo. No es terquedad ni capricho: hay razones neurológicas sólidas.
Si en inglés os enseñaron que las tres y media son las half past three, os habréis quedado de piedra al hablar con algún anglosajón y ver que las horas las leen de otras manera más sencilla.
Voy a rescatar una historia que cuento habitualmente sobre mis dos primeros relojes, pero que nunca os he explicado realmente porqué ocurrió lo que ocurrió. Muchos sabéis que en mi Primera Comunión me regalaron un Casio F-10 y un Thermidor automático, escogí el digital sin dudarlo. El automático llevó una vida de recogimiento y meditación en un cajón hasta hace pocos años que lo devolví a la vida.


Uno me acompañó casi una década y sigue funcionando, el otro ha pasado varias en un cajón dentro de su caja.
Lo curioso es que, con los años, he desarrollado una capacidad de visión espacial que solo puedo describir como brutal: ángulos, geometría, cálculo, todo eso es mi terreno natural. Por pura lógica, debería leer una esfera de un vistazo. Y casi siempre lo hago. Pero hay mañanas, y esto es lo desconcertante, en las que cojo un reloj automático parado, lo pongo en marcha, ajusto la hora… y lo dejo una hora por delante o por detrás de la que es. La máquina que tengo dentro para el espacio y los números es excelente; la que debería decirme sin esfuerzo "son las ocho y diez, no las nueve y diez" a veces, sencillamente, falla. Tardé mucho en entender que esas dos cosas pueden convivir en el mismo cerebro. La fortaleza visuoespacial y la torpeza temporal no se anulan: cohabitan.
La literatura lo confirma desde su lado. Friedman y Laycock (1989), en Child Development, estudiaron a 240 niños de primero a quinto grado para determinar cuándo dominan los distintos formatos de reloj. Su conclusión: la lectura del reloj digital estaba bien asentada ya en primer grado (hacia los 6-7 años), mientras que la del reloj analógico seguía siendo problemática al final de la etapa primaria y más allá. Una investigación más reciente de Blankenship y colaboradores sobre comprensión del reloj analógico matiza el dato: los niños alcanzaban un dominio del 83% con relojes numerados hacia quinto grado, pero con relojes sin números la dificultad persistía hasta octavo grado aproximadamente, y en torno a un 10% de los adolescentes nunca llegaba a ser capaz de leerlos. Muchos niños autistas alcanzamos esos hitos más tarde que nuestros compañeros, o de una forma distinta... mi primer reloj analógico habitual fue el que me compré con 21 años, el Citizen Promaster de cuarzo, y fue un poco por obligación, para no ser el diferente más allá de que soy diferente sin quererlo, aunque muchas veces no sea algo perceptible desde fuera.

Maureen Bennie, fundadora del Autism Awareness Centre y madre de dos hijos autistas, lo cuenta sin eufemismos: tuvieron que retirar el reloj analógico de casa porque aprenderlo resultó un concepto demasiado difícil. Esto no condena al reloj de agujas al ostracismo, y yo soy la prueba viviente de la otra cara: para algunas personas autistas con fortalezas visuoespaciales o una atracción genuina por la mecánica, la esfera se convierte en objeto de fascinación. El coleccionismo de relojes es, de hecho, un interés especial nada raro en el espectro. Existen incluso diseños pensados para suavizar la curva de aprendizaje, como el EasyRead Time Teacher, con un sistema de lectura por pasos y código de color. La moraleja no es "el analógico es malo", sino "el analógico es difícil, y conviene no tratar esa dificultad como una actitud".
Una de las cosas que me traen por la calle de la amargura son los relojes que atrasan. Si adelantan no me preocupa, aunque sean 30 segundos al día. Pero rompería a martillazos cualquier reloj que atrasa... o dejo de usarlos o los llevo al taller para que los ajusten.
Sospecho que de ahí viene mi querencia por los cuarzos, el A060, el VHP, los radio controlados... mis favoritos porque me dan una paz que un mecánico no puede, compruebo cuantos segundos adelanta varias veces al día, si atrasa, me lo quito. Si adelanta suelo dejarlo sin tocar y calculo desde que hora lo llevo puesto para ver el margen de error por hora. El Festina COSC es de mis favoritos no solo por la estética, también porque va en +1 seg/día.
Hablemos también del sonido de los relojes, del tic-tac, porque tiene su miga.
Ese tic-tac nítido, un golpe por segundo, es la firma sonora del cuarzo analógico: el motor paso a paso mueve el segundero de un salto en salto, y de ahí el ruido seco. Un reloj mecánico, en cambio, no «hace tic-tac» en ese sentido: su áncora oscila con una frecuencia muy superior, produce un barrido casi continuo del segundero y emite un zumbido suave y continuo, incomparablemente menos agresivo. Los relojes y despertadores digitales son, sencillamente, mudos. El verdadero tirano acústico de los entornos domésticos suele ser el reloj de pared de cuarzo o el viejo reloj de péndulo, no el de pulsera.
¿Por qué importa este detalle? Porque alrededor del 90% de las personas autistas presentamos un procesamiento sensorial atípico, reconocido en el DSM-5. Para alguien con hipersensibilidad auditiva, ese tic-tac que a otros les resulta tranquilizador, o directamente inaudible, puede percibirse como un martillo neumático con pretensiones de metrónomo. Hay testimonios de personas que se negaban a entrar en un aula hasta que retiraban el reloj de pared. Conociendo esto, la recomendación práctica es concreta: en un entorno con hipersensibilidad auditiva, lo más adecuado es un reloj digital silencioso o un cuarzo analógico de segundero de barrido continuo, ese movimiento fluido y sin clic que tienen algunos relojes de calidad. Para alguien con hiposensibilidad o búsqueda sensorial, en cambio, ese mismo tic-tac, o una vibración, puede ser justo el estímulo necesario para registrar que el tiempo avanza.
Recordad, hay tantos tipos de autismo como autistas.
Hay veces que el reloj no mide el tiempo, mide la ansiedad.
Un reloj mal usado deja de ser una herramienta para convertirse en fuente de malestar. La presión temporal es la más documentada: el estudio de Poole y colaboradores encontró que los niños autistas quedaban en clara desventaja siempre que debían rendir contra reloj, como en los exámenes. Un trabajo de 2025 publicado en Scientific Reports (Nature), utilizando resonancia magnética, añade otra capa: la ansiedad modula el propio procesamiento temporal en el autismo, de modo que a mayor ansiedad, mayor distorsión en la percepción del tiempo. La presión y la angustia se retroalimentan.
Las alarmas y campanas merecen capítulo aparte. La Fire Industry Association del Reino Unido ha llegado a publicar directrices específicas porque las alarmas de incendio pueden provocar en personas autistas la reacción opuesta a la deseada: en lugar de evacuar, se paralizan, se esconden o entran en pánico. Una joven autista lo describió sin adornos: el impacto de la alarma puede durar el resto del día.
Y existe un fenómeno particularmente cruel: una especie de bucle que conozco bien. Algunas personas autistas, precisamente porque no sentimos el paso del tiempo de forma natural, desarrollamos una vigilancia compulsiva del reloj. La angustia de no saber qué hora es lleva a mirarlo sin parar; eso aumenta la conciencia del tiempo que corre; y esa conciencia genera más angustia. Lo describo igual que lo vivo: si tengo una cita a las tres de la tarde, el día entero se convierte en "el día de la cita de las tres", y me cuesta horrores hacer cualquier otra cosa antes, porque temo perder la noción del tiempo y fallar. Es agotador, y desde fuera resulta casi invisible. En mi caso lo controlo con la agenda del móvil que programo cada mañana con las citas importantes y lo asocio a una alarma melódica suave. Eso me permite no obsesionarme.

En este Ana-digi nunca miro la parte analógica, mi cabeza se va lo sencillo.
Conviene advertir también que los temporizadores de cuenta atrás pueden convertirse en fuente de estrés si se introducen mal: cuando crean presión para terminar una tarea o cuando la persona se obsesiona con el propio dispositivo. La clave está en familiarizarse con ellos en momentos de calma antes de usarlos en situaciones exigentes.
Si hay un instrumento que la investigación y la práctica clínica respaldan con insistencia, es el temporizador visual. Su principio es de una elegancia notable: transformar el tiempo, abstracto, intangible, en algo que se ve de un vistazo, sin leer un solo número.
El Time Timer es el ejemplo canónico: un disco rojo que se encoge en sentido horario y muestra, de forma proporcional, cuánto tiempo queda. Grey, Healy, Leader y Hayes (2009), en Research in Developmental Disabilities, documentaron mediante un diseño de caso único con criterio cambiante cómo esta herramienta aumentó la conducta de espera apropiada en una niña con discapacidad intelectual moderada y parálisis cerebral: de 1 segundo en la línea base hasta 10 minutos al final del protocolo. Aunque la participante en ese estudio no era autista, el Time Timer se emplea ampliamente en intervención con personas autistas, apoyado por la práctica clínica documentada en metodologías como ABA y TEACCH. Dettmer, Simpson, Myles y Ganz (2000), en Focus on Autism and Other Developmental Disabilities, encontraron que los apoyos visuales de transición, categoría que incluye los temporizadores visuales, reducían de forma significativa el tiempo que costaba pasar de una actividad a otra en niños autistas.


El Time Timer morado dura hasta 120 minutos para tareas largas.
Más elemental todavía es el reloj de arena: sin números, sin símbolos, sin sonido. Solo arena cayendo, puramente visual y táctil. Ideal para tareas cortas, lavarse los dientes, esperar un turno, y para personas con altas necesidades de apoyo que no manejan representaciones simbólicas. Vienen codificados por color según la duración, lo que añade otra capa de comunicación sin palabras. Confieso que, para alguien a quien le fascina la geometría como a mí, ver el tiempo convertido en una forma que cambia tiene algo de profundamente satisfactorio: por fin el tiempo se comporta como un objeto del espacio, que es el terreno donde mi cerebro se mueve sin tropezar.
¿Por qué funcionan estas herramientas donde falla el temporizador digital de cuenta atrás? Porque el digital sigue exigiendo leer cifras y calcular mentalmente cuánto falta, mientras que el disco que mengua o la arena que cae no exigen nada de eso. Resuelven de frente las tres grandes dificultades: vuelven concreto lo abstracto, eliminan la incertidumbre del «cuánto queda» y preparan emocionalmente para la transición.
Waters, Lerman y Hovanetz (2009), en el Journal of Applied Behavior Analysis, demostraron que los horarios visuales por sí solos son insuficientes para reducir las conductas problemáticas en las transiciones más difíciles. Funcionan cuando forman parte de un sistema más amplio. La herramienta es excelente, pero no es magia, los autistas necesitamos ayuda cuando parece que no estamos a lo que tenemos que estar.
El autismo es un espectro, y la relación con los relojes varía enormemente según el perfil de cada persona. Conviene no generalizar, y yo soy solo un punto en ese mapa. Vamos a verlo desde el punto de vista de los 3 niveles.
Las personas con autismo de nivel 1, el mío, lo que antes se llamaba Asperger, podemos presentar una paradoja fascinante. Algunos desarrollamos una fascinación intensa por sistemas precisos: horarios, calendarios, mecanismos, números. El estudio de Poole y colegas menciona niños que aprendieron solos a leer el reloj motivados por ese interés. Pero, y esto es lo importante, el conocimiento técnico no se traduce necesariamente en buena gestión del tiempo. Yo puedo explicarte la física de un escape de áncora y, esa misma mañana, poner el reloj una hora cambiada. El fenómeno del hiperfoco, sumergirse durante horas en una actividad sin notar el paso del tiempo, convierte las citas y los compromisos en fuentes de estrés descomunal. Cuando estoy programando o resolviendo un problema, el mundo exterior, incluido el reloj, sencillamente deja de existir, y el reloj pasa a ser mi estómago o mis perros que saben mejor que yo que ya es la hora de su paseo.
Las personas con autismo de niveles 2 y 3 enfrentan retos diferentes. Muchas no comprenden el concepto abstracto del tiempo ni pueden interpretar números en un reloj. Para ellas, las herramientas concretas y sensoriales son mucho más accesibles que cualquier esfera con manecillas. Y el perfil sensorial añade otra capa crucial en todos los niveles: para quien tiene hipersensibilidad, los relojes digitales silenciosos o los temporizadores visuales sin alarma son lo más adecuado; para quien tiene hiposensibilidad, los estímulos sonoros o táctiles suaves pueden ser necesarios para anclar la conciencia del tiempo.
Aunque no considero relojes a los Smartwatches, este es un sitio donde estos ordenadores de pulsera muestran un potencial muy interesante, más allá de saber si has dado 10.000 pasos.
El dispositivo con mayor sustento científico directo es el WatchMinder, creado por un psicólogo infantil especializado. Finn, Ramasamy, Dukes y Scott (2015), en el Journal of Autism and Developmental Disorders, publicaron un estudio con diseño de línea base múltiple que documentó aumentos inmediatos en la atención a la tarea en estudiantes autistas tras introducir el WatchMinder, con resultados que se mantuvieron en el seguimiento. Su funcionamiento es deliberadamente sencillo: sin wifi ni bluetooth, solo vibración discreta y mensajes breves ("PRESTA ATENCIÓN", "MEDICACIÓN"), lo que lo hace apto para el aula.
O'Brien y colaboradores (2021) evaluaron el Apple Watch con niños autistas de 6 a 15 años y encontraron que podían seguir instrucciones visuales enviadas en tiempo real por un tutor para completar tareas, concluyendo que los relojes inteligentes son herramientas discretas y portátiles con potencial real para mejorar el seguimiento de instrucciones.
En un terreno distinto está el AngelSense, diseñado para el riesgo de fuga o deambulación, un problema muy serio para algunas familias, con un cuidado sensorial deliberado: correas suaves, costuras planas, cierre con llave magnética parental.
Y en la frontera de la investigación, el trabajo del neurocientífico Matthew Goodwin con la pulsera Empatica E4 es fascinante: midiendo la actividad electrodérmica, la frecuencia cardíaca y la temperatura de la piel, sus algoritmos han llegado a anticipar episodios de agitación con cerca de un minuto de antelación y una precisión del 84% en sus estudios. Un minuto puede no parecer mucho; para quien acompaña a la persona, es tiempo suficiente para intervenir antes de la crisis, y creedme que no es bonito vivir una crisis, la anticipación es algo fundamental.
EmbracePlus de Empatica
La revisión de alcance de Black y colaboradores (2020), publicada en el Scandinavian Journal of Child and Adolescent Psychiatry and Psychology, analizó 33 estudios sobre tecnología wearable en jóvenes autistas y concluyó que los resultados son prometedores, aunque los propios autores subrayan que la evidencia empírica es todavía limitada y que queda mucho por estudiar sobre el uso prolongado y la comodidad real de estos dispositivos.
Personalmente, no me aportan anda a estas alturas de la vida. solo ansiedad por ver mi ritmo cardiaco sumado a ver que hora es...
¿Que puedes hacer tú para ayudar?
Lo más valioso, paradójicamente, no requiere tecnología. En casa, el punto de partida es un horario visual a la vista, puede ser tan sencillo como fotografías de las actividades del día en orden, acompañado de un temporizador visual para las tareas que más cuestan. Si el tic-tac de algún reloj genera malestar, sustitúyelo por uno silencioso sin dudarlo. Y antes de cada transición, ofrece avisos anticipados encadenados: "en cinco minutos vamos a cenar", luego "en dos minutos", luego "ya". Usa lenguaje concreto en lugar de expresiones vagas: no "enseguida" ni "un ratito", sino "en diez minutos" o "cuando acabe esta canción". Esto, para alguien como yo, marca la diferencia entre sentirse acompañado y sentir que el tiempo te está tendiendo una emboscada.
En la escuela, las adaptaciones más efectivas incluyen avisos visuales y verbales antes de los cambios, tiempo adicional para desplazarse entre aulas, horarios individuales además del colectivo, tiempo extra en exámenes y aviso anticipado de cualquier alteración de la rutina. Estas medidas pueden formalizarse en planes de apoyo educativo. En el trabajo, las adaptaciones razonables incluyen horarios flexibles, instrucciones por escrito, reuniones a horas consistentes y aviso anticipado de cambios de agenda. En mi caso particular el Scrum es super útil, y los OKR.
Como amigo o compañero, la lista es sorprendentemente sencilla: queda "a las 17:30" en vez de "por la tarde"; manda recordatorios escritos; no leas la impuntualidad como falta de respeto, te aseguro que casi nunca lo es; avisa cuanto antes si cambia el plan; y no interrumpas un momento de concentración intensa sin previo aviso. Ninguno de estos gestos exige un manual de instrucciones; sí exigen un poco de comprensión.
El tiempo es una experiencia, no solo una medida.
La relación entre autismo y relojes nos enseña algo que un relojero, curiosamente, debería entender mejor que nadie: el tiempo medido y el tiempo vivido no son la misma cosa. Hemos perfeccionado el primero hasta el delirio del cesio atómico, y seguimos sin domesticar el segundo. Lo que para una persona neurotípica es un vistazo automático a la esfera, para una persona autista puede ser un ejercicio de descifrado, una agresión sensorial o, según el día y la herramienta, un ancla de seguridad en un mundo impredecible.
No hay una solución única. Lo que funciona depende del perfil sensorial, del nivel de apoyo, de la edad y de las fortalezas de cada persona. Pero el patrón es claro: todo lo que vuelve el tiempo visible, concreto y predecible ayuda. Sarah Selvaggi Hernandez, terapeuta ocupacional autista, lo escribió en NeuroClastic con una precisión que ningún reloj podría mejorar: "Las rutinas autistas se basan en el flujo y la experiencia sensorial". El tiempo, para muchos de nosotros, no es un fondo neutral sobre el que suceden las cosas: es en si mismo una textura, una presión, una sensación.
Termino donde empecé, con lo personal. He llegado a querer los relojes, incluso los analógicos, incluso los automáticos que algunas mañanas pongo en hora al revés. Llegué tarde al aprecio por el arte, después de toda una vida de números, y descubrí que un reloj mecánico es exactamente eso: ingeniería y belleza en el mismo objeto, matemática que también es escultura. Mi cerebro, tan diestro con el espacio y tan torpe con el tiempo, ha encontrado en la relojería un lugar donde esas dos cosas, por fin, se dan la mano.
Confederación Autismo España — www.autismo.org.es — Portal de referencia de la red española de entidades de autismo. Incluye guías de apoyo, recursos para familias y materiales didácticos descargables.
Autismo Diario — autismodiario.org — Revista digital especializada en autismo en español, con artículos de divulgación rigurosa, coberturas de investigación y guías prácticas para familias y profesionales. Uno de los mejores recursos en castellano.
FESPAU (Federación Española de Padres de Autistas) — www.fespau.es — Federación con información sobre recursos, entidades asociadas y materiales de apoyo para familias.
Apnabi (Asociación Vasca de Familias de Personas con TEA) — www.apnabi.org — Referente en intervención y publicaciones de calidad sobre TEA en el ámbito hispanohablante.
AutismoABA — autismoaba.com — Portal español con información sólida y actualizada sobre intervención basada en evidencia, incluyendo el uso de apoyos visuales y gestión del tiempo.
En inglés (acceso global)
National Autistic Society (Reino Unido) — www.autism.org.uk — Una de las organizaciones de autismo más sólidas del mundo anglosajón. Su apartado de recursos prácticos para familias y entornos es especialmente completo.
NeuroClastic — neuroclastic.com — Publicación digital escrita mayoritariamente por personas autistas. Perspectiva de primera mano, rigurosa y sin condescendencia. Incluye el ensayo de Sarah Selvaggi Hernandez citado en este artículo.
Indiana Resource Center for Autism (IRCA) — iidc.indiana.edu/irca — Centro universitario (Universidad de Indiana) con artículos de práctica basada en la evidencia, incluyendo una guía específica sobre transiciones y gestión del tiempo.
Time Timer — www.timetimer.com — Web del fabricante del temporizador visual de disco rojo, con información sobre su uso en autismo, recursos para aulas y un apartado de investigación.
TEACCH Autism Program — teacch.com — Programa de la Universidad de Carolina del Norte, con recursos sobre estructuración visual del tiempo y materiales prácticos descargables.
Autism Awareness Centre — autismawarenesscentre.com — Blog de Maureen Bennie, citada en este artículo. Artículos prácticos y revisados, incluyendo uno específico sobre cómo enseñar el concepto de tiempo a niños autistas.
WatchMinder — www.watchminder.com — Web del dispositivo de vibración-recordatorio citado en el apartado de tecnología wearable. Incluye referencias a los estudios de eficacia.
Black, M. H., Milbourn, B., Chen, N. T. M., McGarry, S., Wali, F., Ho, A. S. V., Lee, M., Bölte, S., Falkmer, T., & Girdler, S. (2020). The use of wearable technology to measure and support abilities, disabilities and functional skills in autistic youth: a scoping review. Scandinavian Journal of Child and Adolescent Psychiatry and Psychology, 8, 48–69. https://doi.org/10.21307/sjcapp-2020-006
Blankenship, T. L., Candra, A., Pennington, J., & González, C. (sin fecha de publicación accesible en acceso abierto). Children's understanding of analog time keeping: longitudinal view and potential misconceptions. Journal of the Kentucky Academy of Science, 84(1).
Brenner, L. A., Shih, V. H., Colich, N. L., Sugar, C. A., Bearden, C. E., & Dapretto, M. (2015). Time reproduction performance is associated with age and working memory in high-functioning youth with autism spectrum disorder. Autism Research, 8(1), 29–37. https://doi.org/10.1002/aur.1401
Casassus, M., Poliakoff, E., Gowen, E., Poole, D., & Jones, L. A. (2019). Time perception and autistic spectrum condition: a systematic review. Autism Research, 12(10), 1440–1462. https://doi.org/10.1002/aur.2170
Dettmer, S., Simpson, R. L., Myles, B. S., & Ganz, J. B. (2000). The use of visual supports to facilitate transitions of students with autism. Focus on Autism and Other Developmental Disabilities, 15(3), 163–169. https://doi.org/10.1177/108835760001500304
Finn, L., Ramasamy, R., Dukes, C., & Scott, J. (2015). Using WatchMinder to increase the on-task behavior of students with autism spectrum disorder. Journal of Autism and Developmental Disorders, 45(5), 1408–1418. https://doi.org/10.1007/s10803-014-2300-x
Friedman, W. J., & Laycock, F. (1989). Children's analog and digital clock knowledge. Child Development, 60(2), 357–371. https://doi.org/10.2307/1130982
Grey, I., Healy, O., Leader, G., & Hayes, D. (2009). Using a Time Timer™ to increase appropriate waiting behavior in a child with developmental disabilities. Research in Developmental Disabilities, 30(2), 359–366. https://doi.org/10.1016/j.ridd.2008.07.001
O'Brien, A. M., Schlosser, R. W., Yu, C., Allen, A. A., & Shane, H. C. (2021). Repurposing a smartwatch to support individuals with autism spectrum disorder: sensory and operational considerations. Journal of Special Education Technology, 36(1), 24–33. https://doi.org/10.1177/0162643420904001
Poole, D., Gowen, E., Poliakoff, E., & Jones, L. A. (2021). «No idea of time»: parents report differences in autistic children's behaviour relating to time in a mixed-methods study. Autism, 25(6), 1572–1585. https://doi.org/10.1177/13623613211010014
Selvaggi Hernandez, S. (sin fecha). The neurotypical obsession with time. NeuroClastic. https://neuroclastic.com/the-neurotypical-obsession-with-time/
Waters, M. B., Lerman, D. C., & Hovanetz, A. N. (2009). Separate and combined effects of visual schedules and extinction plus differential reinforcement on problem behavior occasioned by transitions. Journal of Applied Behavior Analysis, 42(2), 309–313. https://doi.org/10.1901/jaba.2009.42-309
Tengo autismo de tipo 1 lo que durante años se llamó síndrome de Asperger, y que algunos etiquetaron como "autismo de altas capacidades" por mi facilidad con los números, las matemáticas, la física y la informática. Nunca me había abierto así, por escrito y delante de desconocidos (a estas alturas solo conozco en persona a @Crespo_9125 que me pilló con la batería social en modo sobrecarga) , en ningún foro ni red social.
No sabéis lo útil que me resulta en reuniones multitudinarias, lo tenéis en Amazon.
Si lo hago ahora, aquí, es porque vez me siento en un lugar seguro. Y como el tema son los relojes, y resulta que mi relación con ellos lo cuenta casi todo, me ha parecido que no había mejor sitio donde escribir lo que viene a continuación, es un hilo didáctico sobre el autismo y los relojes, pero tiene algo íntimo que ningún de mis hilos anteriores ha tenido. Aun con todo esto, se me antoja más fácil hacer un triple mortal sentado en el sofá que llegar a darle al botón "Publicar hilo" al terminar.
Una nota antes de comenzar, hay tantos tipos de autismo como autistas, se simplifica en unos pocos grados, pero la realidad es mucho más compleja de lo que aparenta.
Otra nota que añado después de haber llegado al final. No cuento esto ni para dar pena, ni para que penséis "oh que valiente" ni nada por el estilo. Siento que debo hacerlo y ya está. No soy tan diferente de las personas neurotípicas, a veces me han dicho que no parezco autista... siempre he pensado en ensayar una performance para dar a la gente lo que espera... llevar una caja de palillos en el bolsillo en tirarlos al suelo para contarlos a un golpe de vista (no sé hacerlo) dejando 3 en la caja pegados (si habéis visto la película Rainman ya sabéis a que escena me refiero).
Coged palomitas y tomad asiento, que empezamos.
La humanidad ha dedicado siglos a fabricar instrumentos cada vez más exactos para medir el tiempo: del escape de áncora al cuarzo, del cuarzo al cesio. Un relojero serio puede perder el sueño por una desviación de dos segundos al día... Y sin embargo, para muchas personas autistas, yo incluido, cinco minutos pueden no existir en absoluto, o durar una pequeña eternidad. Hemos construido la máquina más precisa de la historia para medir algo que, por dentro, sigue siendo profundamente subjetivo.
Comprender cómo viven el tiempo las personas autistas me parece un ejercicio muy interesante. Si tienes un familiar, una amiga o un compañero de trabajo en el espectro, esta comprensión cambia la forma en que lo acompañas. Y el reloj, ese objeto que casi todos dan por descontado, resulta ser un protagonista inesperado: a veces aliado, a veces verdugo, y a veces las dos cosas el mismo martes por la mañana.
Empecemos por un concepto que poca gente conoce: la ceguera temporal (time blindness). El término lo popularizó el neuropsicólogo Russell Barkley para describir el TDAH, y se aplica cada vez más al autismo. No es un diagnóstico clínico, sino una etiqueta para algo que muchas familias reconocen al instante: la dificultad persistente para sentir cómo pasa el tiempo, estimar cuánto durará una tarea o anticipar cuándo llegará un momento. La persona no está siendo perezosa ni negligente; sencillamente, su reloj interno funciona con una maquinaria diferente. Lo digo con conocimiento de causa.
El estudio de referencia es el de Poole, Gowen, Poliakoff y Jones (2021), publicado en la revista Autism. Los investigadores de la Universidad de Mánchester compararon a 113 familias de niños autistas con 201 de niños neurotípicos, de entre 7 y 12 años. Los niños autistas puntuaron significativamente peor en todo lo relacionado con el tiempo, y las familias describieron tres dificultades bien diferenciadas. La primera es el conocimiento temporal: leer el reloj, entender qué significa "dentro de un rato", orientarse en el calendario. La segunda es la prospección: pensar en el futuro, planificar, trabajar contra reloj. Y la tercera es lo que los autores llaman monotropismo: el tiempo del niño orbita alrededor de su interés especial, y la angustia de no tener suficiente para dedicarle puede ser abrumadora. Una madre lo resumió sin rodeos: "No entiende el tiempo, ni siquiera a los 12 años. Su cerebro no logra captar el concepto".
La ciencia ha buscado explicaciones más profundas, aunque el conocimiento actual es limitado, hablamos de hipótesis y correlaciones, no de un mecanismo cerrado. La investigación apunta al cerebelo, una de las regiones más frecuentemente alteradas en el autismo, a los circuitos fronto-estriatales que funcionan como reloj interno para intervalos de segundos a minutos, y a las vías dopaminérgicas. Allman, DeLeon y Wearden (2011), en el American Journal on Intellectual and Developmental Disabilities, encontraron que las personas autistas tienen dificultades cuantificables para discriminar el tiempo, con una sensibilidad especialmente reducida en las duraciones más largas del rango estudiado (hasta 8 segundos en sus experimentos de bisección), y memorias temporales más variables que las de los controles neurotípicos.
Brenner, Shih, Colich, Sugar, Bearden y Dapretto (2015), en Autism Research, encontraron que la memoria de trabajo modula esa precisión en jóvenes autistas: cuanto peor la memoria de trabajo, más erráticas e inconsistentes las estimaciones temporales, y el déficit era más pronunciado en los niños más pequeños. Un hallazgo particularmente revelador es que los síntomas de inatención e hiperactividad dentro del propio grupo autista no explicaban el déficit, lo que sugiere que el autismo tiene sus propios mecanismos de alteración temporal, distintos de los del TDAH, aunque ambos coexistan.
La gran revisión sistemática de Casassus y colaboradores (2019), que analizó 45 estudios publicados hasta esa fecha, llegó a una conclusión que cualquier familiar reconocerá: las mayores dificultades aparecen en las tareas complejas que exigen memoria de trabajo y función ejecutiva. Es decir, casi todas las de la vida real.
Cuando al autismo se suma el TDAH, algo que ocurre en una proporción muy alta de casos, con estimaciones que la literatura sitúa habitualmente entre el 50 y el 70%, la ceguera temporal se intensifica, porque ambas condiciones golpean la función ejecutiva, aunque por caminos distintos: el TDAH compromete la inhibición de respuestas; el autismo, la flexibilidad cognitiva y la integración temporal.
Tengo familiares con suman TDAH al autismo y se pueden dejar la comida en el microondas y cuando la van a sacar vuelve a estar fría, sin ser conscientes del tiempo que ha transcurrido.
En este foro he participado en algún hilo relativo a la incapacidad de muchos adolescentes de leer un reloj analógico, propiciado por la falta de enseñanza de como hacerlo. Quizás entonces debí escribir esto que viene a continuación, porque leer un reloj analógico no es tan fácil como creemos.
Solemos subestimar lo que pedimos cuando le tendemos a alguien una esfera con manecillas y le decimos "¿qué hora es?".
Leer un reloj analógico es una de las tareas cognitivas más exigentes que realizamos sin darnos cuenta. Piénsalo paso a paso. Primero exige pensamiento abstracto: la posición de dos agujas representa un concepto invisible. Segundo, una memoria de trabajo robusta, porque hay que retener dónde está la aguja horaria, interpretar la minutera multiplicando por cinco, recordar que cada número tiene doble identidad, el 3 es «las tres» pero también "y cuarto", y ejecutar todos esos cálculos en paralelo. Tercero, procesamiento visuoespacial para leer ángulos. Y cuarto, dominar fracciones: cuarto, media, menos diez. Reunidas, estas cuatro exigencias coinciden precisamente con áreas de dificultad frecuentes en el autismo. No es terquedad ni capricho: hay razones neurológicas sólidas.
Si en inglés os enseñaron que las tres y media son las half past three, os habréis quedado de piedra al hablar con algún anglosajón y ver que las horas las leen de otras manera más sencilla.
Voy a rescatar una historia que cuento habitualmente sobre mis dos primeros relojes, pero que nunca os he explicado realmente porqué ocurrió lo que ocurrió. Muchos sabéis que en mi Primera Comunión me regalaron un Casio F-10 y un Thermidor automático, escogí el digital sin dudarlo. El automático llevó una vida de recogimiento y meditación en un cajón hasta hace pocos años que lo devolví a la vida.


Uno me acompañó casi una década y sigue funcionando, el otro ha pasado varias en un cajón dentro de su caja.
Lo curioso es que, con los años, he desarrollado una capacidad de visión espacial que solo puedo describir como brutal: ángulos, geometría, cálculo, todo eso es mi terreno natural. Por pura lógica, debería leer una esfera de un vistazo. Y casi siempre lo hago. Pero hay mañanas, y esto es lo desconcertante, en las que cojo un reloj automático parado, lo pongo en marcha, ajusto la hora… y lo dejo una hora por delante o por detrás de la que es. La máquina que tengo dentro para el espacio y los números es excelente; la que debería decirme sin esfuerzo "son las ocho y diez, no las nueve y diez" a veces, sencillamente, falla. Tardé mucho en entender que esas dos cosas pueden convivir en el mismo cerebro. La fortaleza visuoespacial y la torpeza temporal no se anulan: cohabitan.
La literatura lo confirma desde su lado. Friedman y Laycock (1989), en Child Development, estudiaron a 240 niños de primero a quinto grado para determinar cuándo dominan los distintos formatos de reloj. Su conclusión: la lectura del reloj digital estaba bien asentada ya en primer grado (hacia los 6-7 años), mientras que la del reloj analógico seguía siendo problemática al final de la etapa primaria y más allá. Una investigación más reciente de Blankenship y colaboradores sobre comprensión del reloj analógico matiza el dato: los niños alcanzaban un dominio del 83% con relojes numerados hacia quinto grado, pero con relojes sin números la dificultad persistía hasta octavo grado aproximadamente, y en torno a un 10% de los adolescentes nunca llegaba a ser capaz de leerlos. Muchos niños autistas alcanzamos esos hitos más tarde que nuestros compañeros, o de una forma distinta... mi primer reloj analógico habitual fue el que me compré con 21 años, el Citizen Promaster de cuarzo, y fue un poco por obligación, para no ser el diferente más allá de que soy diferente sin quererlo, aunque muchas veces no sea algo perceptible desde fuera.

Maureen Bennie, fundadora del Autism Awareness Centre y madre de dos hijos autistas, lo cuenta sin eufemismos: tuvieron que retirar el reloj analógico de casa porque aprenderlo resultó un concepto demasiado difícil. Esto no condena al reloj de agujas al ostracismo, y yo soy la prueba viviente de la otra cara: para algunas personas autistas con fortalezas visuoespaciales o una atracción genuina por la mecánica, la esfera se convierte en objeto de fascinación. El coleccionismo de relojes es, de hecho, un interés especial nada raro en el espectro. Existen incluso diseños pensados para suavizar la curva de aprendizaje, como el EasyRead Time Teacher, con un sistema de lectura por pasos y código de color. La moraleja no es "el analógico es malo", sino "el analógico es difícil, y conviene no tratar esa dificultad como una actitud".
Una de las cosas que me traen por la calle de la amargura son los relojes que atrasan. Si adelantan no me preocupa, aunque sean 30 segundos al día. Pero rompería a martillazos cualquier reloj que atrasa... o dejo de usarlos o los llevo al taller para que los ajusten.
Sospecho que de ahí viene mi querencia por los cuarzos, el A060, el VHP, los radio controlados... mis favoritos porque me dan una paz que un mecánico no puede, compruebo cuantos segundos adelanta varias veces al día, si atrasa, me lo quito. Si adelanta suelo dejarlo sin tocar y calculo desde que hora lo llevo puesto para ver el margen de error por hora. El Festina COSC es de mis favoritos no solo por la estética, también porque va en +1 seg/día.
Hablemos también del sonido de los relojes, del tic-tac, porque tiene su miga.
Ese tic-tac nítido, un golpe por segundo, es la firma sonora del cuarzo analógico: el motor paso a paso mueve el segundero de un salto en salto, y de ahí el ruido seco. Un reloj mecánico, en cambio, no «hace tic-tac» en ese sentido: su áncora oscila con una frecuencia muy superior, produce un barrido casi continuo del segundero y emite un zumbido suave y continuo, incomparablemente menos agresivo. Los relojes y despertadores digitales son, sencillamente, mudos. El verdadero tirano acústico de los entornos domésticos suele ser el reloj de pared de cuarzo o el viejo reloj de péndulo, no el de pulsera.
¿Por qué importa este detalle? Porque alrededor del 90% de las personas autistas presentamos un procesamiento sensorial atípico, reconocido en el DSM-5. Para alguien con hipersensibilidad auditiva, ese tic-tac que a otros les resulta tranquilizador, o directamente inaudible, puede percibirse como un martillo neumático con pretensiones de metrónomo. Hay testimonios de personas que se negaban a entrar en un aula hasta que retiraban el reloj de pared. Conociendo esto, la recomendación práctica es concreta: en un entorno con hipersensibilidad auditiva, lo más adecuado es un reloj digital silencioso o un cuarzo analógico de segundero de barrido continuo, ese movimiento fluido y sin clic que tienen algunos relojes de calidad. Para alguien con hiposensibilidad o búsqueda sensorial, en cambio, ese mismo tic-tac, o una vibración, puede ser justo el estímulo necesario para registrar que el tiempo avanza.
Recordad, hay tantos tipos de autismo como autistas.
Hay veces que el reloj no mide el tiempo, mide la ansiedad.
Un reloj mal usado deja de ser una herramienta para convertirse en fuente de malestar. La presión temporal es la más documentada: el estudio de Poole y colaboradores encontró que los niños autistas quedaban en clara desventaja siempre que debían rendir contra reloj, como en los exámenes. Un trabajo de 2025 publicado en Scientific Reports (Nature), utilizando resonancia magnética, añade otra capa: la ansiedad modula el propio procesamiento temporal en el autismo, de modo que a mayor ansiedad, mayor distorsión en la percepción del tiempo. La presión y la angustia se retroalimentan.
Las alarmas y campanas merecen capítulo aparte. La Fire Industry Association del Reino Unido ha llegado a publicar directrices específicas porque las alarmas de incendio pueden provocar en personas autistas la reacción opuesta a la deseada: en lugar de evacuar, se paralizan, se esconden o entran en pánico. Una joven autista lo describió sin adornos: el impacto de la alarma puede durar el resto del día.
Y existe un fenómeno particularmente cruel: una especie de bucle que conozco bien. Algunas personas autistas, precisamente porque no sentimos el paso del tiempo de forma natural, desarrollamos una vigilancia compulsiva del reloj. La angustia de no saber qué hora es lleva a mirarlo sin parar; eso aumenta la conciencia del tiempo que corre; y esa conciencia genera más angustia. Lo describo igual que lo vivo: si tengo una cita a las tres de la tarde, el día entero se convierte en "el día de la cita de las tres", y me cuesta horrores hacer cualquier otra cosa antes, porque temo perder la noción del tiempo y fallar. Es agotador, y desde fuera resulta casi invisible. En mi caso lo controlo con la agenda del móvil que programo cada mañana con las citas importantes y lo asocio a una alarma melódica suave. Eso me permite no obsesionarme.

En este Ana-digi nunca miro la parte analógica, mi cabeza se va lo sencillo.
Conviene advertir también que los temporizadores de cuenta atrás pueden convertirse en fuente de estrés si se introducen mal: cuando crean presión para terminar una tarea o cuando la persona se obsesiona con el propio dispositivo. La clave está en familiarizarse con ellos en momentos de calma antes de usarlos en situaciones exigentes.
Si hay un instrumento que la investigación y la práctica clínica respaldan con insistencia, es el temporizador visual. Su principio es de una elegancia notable: transformar el tiempo, abstracto, intangible, en algo que se ve de un vistazo, sin leer un solo número.
El Time Timer es el ejemplo canónico: un disco rojo que se encoge en sentido horario y muestra, de forma proporcional, cuánto tiempo queda. Grey, Healy, Leader y Hayes (2009), en Research in Developmental Disabilities, documentaron mediante un diseño de caso único con criterio cambiante cómo esta herramienta aumentó la conducta de espera apropiada en una niña con discapacidad intelectual moderada y parálisis cerebral: de 1 segundo en la línea base hasta 10 minutos al final del protocolo. Aunque la participante en ese estudio no era autista, el Time Timer se emplea ampliamente en intervención con personas autistas, apoyado por la práctica clínica documentada en metodologías como ABA y TEACCH. Dettmer, Simpson, Myles y Ganz (2000), en Focus on Autism and Other Developmental Disabilities, encontraron que los apoyos visuales de transición, categoría que incluye los temporizadores visuales, reducían de forma significativa el tiempo que costaba pasar de una actividad a otra en niños autistas.


El Time Timer morado dura hasta 120 minutos para tareas largas.
Más elemental todavía es el reloj de arena: sin números, sin símbolos, sin sonido. Solo arena cayendo, puramente visual y táctil. Ideal para tareas cortas, lavarse los dientes, esperar un turno, y para personas con altas necesidades de apoyo que no manejan representaciones simbólicas. Vienen codificados por color según la duración, lo que añade otra capa de comunicación sin palabras. Confieso que, para alguien a quien le fascina la geometría como a mí, ver el tiempo convertido en una forma que cambia tiene algo de profundamente satisfactorio: por fin el tiempo se comporta como un objeto del espacio, que es el terreno donde mi cerebro se mueve sin tropezar.
¿Por qué funcionan estas herramientas donde falla el temporizador digital de cuenta atrás? Porque el digital sigue exigiendo leer cifras y calcular mentalmente cuánto falta, mientras que el disco que mengua o la arena que cae no exigen nada de eso. Resuelven de frente las tres grandes dificultades: vuelven concreto lo abstracto, eliminan la incertidumbre del «cuánto queda» y preparan emocionalmente para la transición.
Waters, Lerman y Hovanetz (2009), en el Journal of Applied Behavior Analysis, demostraron que los horarios visuales por sí solos son insuficientes para reducir las conductas problemáticas en las transiciones más difíciles. Funcionan cuando forman parte de un sistema más amplio. La herramienta es excelente, pero no es magia, los autistas necesitamos ayuda cuando parece que no estamos a lo que tenemos que estar.
El autismo es un espectro, y la relación con los relojes varía enormemente según el perfil de cada persona. Conviene no generalizar, y yo soy solo un punto en ese mapa. Vamos a verlo desde el punto de vista de los 3 niveles.
Las personas con autismo de nivel 1, el mío, lo que antes se llamaba Asperger, podemos presentar una paradoja fascinante. Algunos desarrollamos una fascinación intensa por sistemas precisos: horarios, calendarios, mecanismos, números. El estudio de Poole y colegas menciona niños que aprendieron solos a leer el reloj motivados por ese interés. Pero, y esto es lo importante, el conocimiento técnico no se traduce necesariamente en buena gestión del tiempo. Yo puedo explicarte la física de un escape de áncora y, esa misma mañana, poner el reloj una hora cambiada. El fenómeno del hiperfoco, sumergirse durante horas en una actividad sin notar el paso del tiempo, convierte las citas y los compromisos en fuentes de estrés descomunal. Cuando estoy programando o resolviendo un problema, el mundo exterior, incluido el reloj, sencillamente deja de existir, y el reloj pasa a ser mi estómago o mis perros que saben mejor que yo que ya es la hora de su paseo.
Las personas con autismo de niveles 2 y 3 enfrentan retos diferentes. Muchas no comprenden el concepto abstracto del tiempo ni pueden interpretar números en un reloj. Para ellas, las herramientas concretas y sensoriales son mucho más accesibles que cualquier esfera con manecillas. Y el perfil sensorial añade otra capa crucial en todos los niveles: para quien tiene hipersensibilidad, los relojes digitales silenciosos o los temporizadores visuales sin alarma son lo más adecuado; para quien tiene hiposensibilidad, los estímulos sonoros o táctiles suaves pueden ser necesarios para anclar la conciencia del tiempo.
Aunque no considero relojes a los Smartwatches, este es un sitio donde estos ordenadores de pulsera muestran un potencial muy interesante, más allá de saber si has dado 10.000 pasos.
El dispositivo con mayor sustento científico directo es el WatchMinder, creado por un psicólogo infantil especializado. Finn, Ramasamy, Dukes y Scott (2015), en el Journal of Autism and Developmental Disorders, publicaron un estudio con diseño de línea base múltiple que documentó aumentos inmediatos en la atención a la tarea en estudiantes autistas tras introducir el WatchMinder, con resultados que se mantuvieron en el seguimiento. Su funcionamiento es deliberadamente sencillo: sin wifi ni bluetooth, solo vibración discreta y mensajes breves ("PRESTA ATENCIÓN", "MEDICACIÓN"), lo que lo hace apto para el aula.
O'Brien y colaboradores (2021) evaluaron el Apple Watch con niños autistas de 6 a 15 años y encontraron que podían seguir instrucciones visuales enviadas en tiempo real por un tutor para completar tareas, concluyendo que los relojes inteligentes son herramientas discretas y portátiles con potencial real para mejorar el seguimiento de instrucciones.
En un terreno distinto está el AngelSense, diseñado para el riesgo de fuga o deambulación, un problema muy serio para algunas familias, con un cuidado sensorial deliberado: correas suaves, costuras planas, cierre con llave magnética parental.
Y en la frontera de la investigación, el trabajo del neurocientífico Matthew Goodwin con la pulsera Empatica E4 es fascinante: midiendo la actividad electrodérmica, la frecuencia cardíaca y la temperatura de la piel, sus algoritmos han llegado a anticipar episodios de agitación con cerca de un minuto de antelación y una precisión del 84% en sus estudios. Un minuto puede no parecer mucho; para quien acompaña a la persona, es tiempo suficiente para intervenir antes de la crisis, y creedme que no es bonito vivir una crisis, la anticipación es algo fundamental.
EmbracePlus de Empatica
La revisión de alcance de Black y colaboradores (2020), publicada en el Scandinavian Journal of Child and Adolescent Psychiatry and Psychology, analizó 33 estudios sobre tecnología wearable en jóvenes autistas y concluyó que los resultados son prometedores, aunque los propios autores subrayan que la evidencia empírica es todavía limitada y que queda mucho por estudiar sobre el uso prolongado y la comodidad real de estos dispositivos.
Personalmente, no me aportan anda a estas alturas de la vida. solo ansiedad por ver mi ritmo cardiaco sumado a ver que hora es...
¿Que puedes hacer tú para ayudar?
Lo más valioso, paradójicamente, no requiere tecnología. En casa, el punto de partida es un horario visual a la vista, puede ser tan sencillo como fotografías de las actividades del día en orden, acompañado de un temporizador visual para las tareas que más cuestan. Si el tic-tac de algún reloj genera malestar, sustitúyelo por uno silencioso sin dudarlo. Y antes de cada transición, ofrece avisos anticipados encadenados: "en cinco minutos vamos a cenar", luego "en dos minutos", luego "ya". Usa lenguaje concreto en lugar de expresiones vagas: no "enseguida" ni "un ratito", sino "en diez minutos" o "cuando acabe esta canción". Esto, para alguien como yo, marca la diferencia entre sentirse acompañado y sentir que el tiempo te está tendiendo una emboscada.
En la escuela, las adaptaciones más efectivas incluyen avisos visuales y verbales antes de los cambios, tiempo adicional para desplazarse entre aulas, horarios individuales además del colectivo, tiempo extra en exámenes y aviso anticipado de cualquier alteración de la rutina. Estas medidas pueden formalizarse en planes de apoyo educativo. En el trabajo, las adaptaciones razonables incluyen horarios flexibles, instrucciones por escrito, reuniones a horas consistentes y aviso anticipado de cambios de agenda. En mi caso particular el Scrum es super útil, y los OKR.
Como amigo o compañero, la lista es sorprendentemente sencilla: queda "a las 17:30" en vez de "por la tarde"; manda recordatorios escritos; no leas la impuntualidad como falta de respeto, te aseguro que casi nunca lo es; avisa cuanto antes si cambia el plan; y no interrumpas un momento de concentración intensa sin previo aviso. Ninguno de estos gestos exige un manual de instrucciones; sí exigen un poco de comprensión.
El tiempo es una experiencia, no solo una medida.
La relación entre autismo y relojes nos enseña algo que un relojero, curiosamente, debería entender mejor que nadie: el tiempo medido y el tiempo vivido no son la misma cosa. Hemos perfeccionado el primero hasta el delirio del cesio atómico, y seguimos sin domesticar el segundo. Lo que para una persona neurotípica es un vistazo automático a la esfera, para una persona autista puede ser un ejercicio de descifrado, una agresión sensorial o, según el día y la herramienta, un ancla de seguridad en un mundo impredecible.
No hay una solución única. Lo que funciona depende del perfil sensorial, del nivel de apoyo, de la edad y de las fortalezas de cada persona. Pero el patrón es claro: todo lo que vuelve el tiempo visible, concreto y predecible ayuda. Sarah Selvaggi Hernandez, terapeuta ocupacional autista, lo escribió en NeuroClastic con una precisión que ningún reloj podría mejorar: "Las rutinas autistas se basan en el flujo y la experiencia sensorial". El tiempo, para muchos de nosotros, no es un fondo neutral sobre el que suceden las cosas: es en si mismo una textura, una presión, una sensación.
Termino donde empecé, con lo personal. He llegado a querer los relojes, incluso los analógicos, incluso los automáticos que algunas mañanas pongo en hora al revés. Llegué tarde al aprecio por el arte, después de toda una vida de números, y descubrí que un reloj mecánico es exactamente eso: ingeniería y belleza en el mismo objeto, matemática que también es escultura. Mi cerebro, tan diestro con el espacio y tan torpe con el tiempo, ha encontrado en la relojería un lugar donde esas dos cosas, por fin, se dan la mano.
Recursos
En español (España y ámbito hispanohablante)Confederación Autismo España — www.autismo.org.es — Portal de referencia de la red española de entidades de autismo. Incluye guías de apoyo, recursos para familias y materiales didácticos descargables.
Autismo Diario — autismodiario.org — Revista digital especializada en autismo en español, con artículos de divulgación rigurosa, coberturas de investigación y guías prácticas para familias y profesionales. Uno de los mejores recursos en castellano.
FESPAU (Federación Española de Padres de Autistas) — www.fespau.es — Federación con información sobre recursos, entidades asociadas y materiales de apoyo para familias.
Apnabi (Asociación Vasca de Familias de Personas con TEA) — www.apnabi.org — Referente en intervención y publicaciones de calidad sobre TEA en el ámbito hispanohablante.
AutismoABA — autismoaba.com — Portal español con información sólida y actualizada sobre intervención basada en evidencia, incluyendo el uso de apoyos visuales y gestión del tiempo.
En inglés (acceso global)
National Autistic Society (Reino Unido) — www.autism.org.uk — Una de las organizaciones de autismo más sólidas del mundo anglosajón. Su apartado de recursos prácticos para familias y entornos es especialmente completo.
NeuroClastic — neuroclastic.com — Publicación digital escrita mayoritariamente por personas autistas. Perspectiva de primera mano, rigurosa y sin condescendencia. Incluye el ensayo de Sarah Selvaggi Hernandez citado en este artículo.
Indiana Resource Center for Autism (IRCA) — iidc.indiana.edu/irca — Centro universitario (Universidad de Indiana) con artículos de práctica basada en la evidencia, incluyendo una guía específica sobre transiciones y gestión del tiempo.
Time Timer — www.timetimer.com — Web del fabricante del temporizador visual de disco rojo, con información sobre su uso en autismo, recursos para aulas y un apartado de investigación.
TEACCH Autism Program — teacch.com — Programa de la Universidad de Carolina del Norte, con recursos sobre estructuración visual del tiempo y materiales prácticos descargables.
Autism Awareness Centre — autismawarenesscentre.com — Blog de Maureen Bennie, citada en este artículo. Artículos prácticos y revisados, incluyendo uno específico sobre cómo enseñar el concepto de tiempo a niños autistas.
WatchMinder — www.watchminder.com — Web del dispositivo de vibración-recordatorio citado en el apartado de tecnología wearable. Incluye referencias a los estudios de eficacia.
Bibliografía
Allman, M. J., DeLeon, I. G., & Wearden, J. H. (2011). Psychophysical assessment of timing in individuals with autism. American Journal on Intellectual and Developmental Disabilities, 116(2), 165–178. https://doi.org/10.1352/1944-7558-116.2.165Black, M. H., Milbourn, B., Chen, N. T. M., McGarry, S., Wali, F., Ho, A. S. V., Lee, M., Bölte, S., Falkmer, T., & Girdler, S. (2020). The use of wearable technology to measure and support abilities, disabilities and functional skills in autistic youth: a scoping review. Scandinavian Journal of Child and Adolescent Psychiatry and Psychology, 8, 48–69. https://doi.org/10.21307/sjcapp-2020-006
Blankenship, T. L., Candra, A., Pennington, J., & González, C. (sin fecha de publicación accesible en acceso abierto). Children's understanding of analog time keeping: longitudinal view and potential misconceptions. Journal of the Kentucky Academy of Science, 84(1).
Brenner, L. A., Shih, V. H., Colich, N. L., Sugar, C. A., Bearden, C. E., & Dapretto, M. (2015). Time reproduction performance is associated with age and working memory in high-functioning youth with autism spectrum disorder. Autism Research, 8(1), 29–37. https://doi.org/10.1002/aur.1401
Casassus, M., Poliakoff, E., Gowen, E., Poole, D., & Jones, L. A. (2019). Time perception and autistic spectrum condition: a systematic review. Autism Research, 12(10), 1440–1462. https://doi.org/10.1002/aur.2170
Dettmer, S., Simpson, R. L., Myles, B. S., & Ganz, J. B. (2000). The use of visual supports to facilitate transitions of students with autism. Focus on Autism and Other Developmental Disabilities, 15(3), 163–169. https://doi.org/10.1177/108835760001500304
Finn, L., Ramasamy, R., Dukes, C., & Scott, J. (2015). Using WatchMinder to increase the on-task behavior of students with autism spectrum disorder. Journal of Autism and Developmental Disorders, 45(5), 1408–1418. https://doi.org/10.1007/s10803-014-2300-x
Friedman, W. J., & Laycock, F. (1989). Children's analog and digital clock knowledge. Child Development, 60(2), 357–371. https://doi.org/10.2307/1130982
Grey, I., Healy, O., Leader, G., & Hayes, D. (2009). Using a Time Timer™ to increase appropriate waiting behavior in a child with developmental disabilities. Research in Developmental Disabilities, 30(2), 359–366. https://doi.org/10.1016/j.ridd.2008.07.001
O'Brien, A. M., Schlosser, R. W., Yu, C., Allen, A. A., & Shane, H. C. (2021). Repurposing a smartwatch to support individuals with autism spectrum disorder: sensory and operational considerations. Journal of Special Education Technology, 36(1), 24–33. https://doi.org/10.1177/0162643420904001
Poole, D., Gowen, E., Poliakoff, E., & Jones, L. A. (2021). «No idea of time»: parents report differences in autistic children's behaviour relating to time in a mixed-methods study. Autism, 25(6), 1572–1585. https://doi.org/10.1177/13623613211010014
Selvaggi Hernandez, S. (sin fecha). The neurotypical obsession with time. NeuroClastic. https://neuroclastic.com/the-neurotypical-obsession-with-time/
Waters, M. B., Lerman, D. C., & Hovanetz, A. N. (2009). Separate and combined effects of visual schedules and extinction plus differential reinforcement on problem behavior occasioned by transitions. Journal of Applied Behavior Analysis, 42(2), 309–313. https://doi.org/10.1901/jaba.2009.42-309
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