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El reloj en textos de la antigüedad grecorromana

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Y una curiosidad también de una obra del siglo II d. C. que compila proverbios griegos, el Epítome de Zenobio de los proverbios de Tarreo y Dídimo. Uno de estos proverbios vendría a significar «lo que faltaba» o «y para colmo», haciendo referencia a la última de las desdichas que podía sufrir el acusado de un juicio: que la persona que controlaba la duración de los discursos con el cronógrafo de agua (clepsidra) lo hiciera mal.

Proverbios griegos [Epítome de Zenobio de los proverbios de Tarreo y Dídimo], III, 158.
«Además, un mal medidor de agua». A propósito de quienes tienen mala suerte en un sorteo. Porque en los tribunales la peor de las labores era medirles el agua a los que estaban implicados en el juicio. Y el que lo hacía se designaba por sorteo. (Trad. Rosa M.ª Mariño Sánchez-Elvira y Fernando García Romero)

Pero no solo encontramos alusiones en contextos judiciales. Siguiendo con la literatura y con Luciano, también encontramos referencias a los relojes en ámbitos de la vida cotidiana: medir el tiempo en un banquete, ir a un sitio, establecer una hora de llegada, etc.

Luciano de Samosata, Sobre los que están a sueldo, 35.
Conozco yo también a un orador de los más incisivos a quien se le ordenó preparar un discurso en un banquete, por Zeus, no de cualquier manera, sino con un estilo agresivo y muy elaborado; contó con el aplauso su discurso en mitad de la bebida, porque no se le midió el tiempo con agua, sino con vino. (Trad. José Luis Navarro González)

Poco a que comentar aquí, sobre la broma de borrachos.

Luciano de Samosata, Lexífanes, 4.
«También nosotros, —dijo Filino— Onomácrito, Helanico aquí presente y yo te seguiremos, pues la aguja da sombra al centro de la esfera y es de temer que debamos bañarnos en agua sucia tras los Carimentes, empujados en tropel entre la chusma». (Trad. Francesca Mestre y Pilar Gómez).

Se refieren a ir a los baños temprano, antes de que vayan muchas personas el agua esté muy usada.

También tenemos a Ateneo de Náucratis (s. II – III d. C.), que tiene una obra antológica llamada El Banquete de los eruditos. Da testimonios de un sinfín de fuentes desaparecidas, en especial, de la comedia media y nueva.

Adjunto dos:

Banquete de los eruditos, 242f y 243a.
El parásito Querefonte, a su vez, se mencionaba así mismo en unos versos citados antes que estos, pero también Menandro alude a él en La redecilla. Y en La colera dice:​
«No se diferencia de Querefonte un ápice el hombre, quienquiera que fuese, que, invitado en una ocasión a un banquete a la hora en que la sombra del reloj midiera doce pies, al amanecer, al ver la sombra de la Luna, salió corriendo como si llegase tarde y se presentó al rayar el día».

La indicación de «una sombra de 12 pies» sería equivalente al amanecer como al atardecer. Para un banquete, como es lógico, habría que presentarse al atardecer, pero este Querefonte estaba desesperado por gorronear que va por la mañana.

Ateneo nos narra una anécdota similar atribuida al cómico Eubulo (I, 8b y 8c):

Tenemos entre nuestros invitados a dos hombres invencibles en el banquete: Filocrates y Filocrates.
Pues aunque él es uno, lo cuento como dos, y grandes..., o mejor como tres. Cuentan que este fue invitado cierta vez a cenar a casa de uno, y que su amigo le dijo que cuando la sombra del reloj de sol midiese veinte pies, acudiera. Al amanecer, nada más salir el sol, aquel se puso a medir, y cuando la sombra era demasiado larga ya, en más de dos pies, se presentó. Entonces dijo que llegaba un poco demasiado tarde por un compromiso ¡y había llegado con el día!
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Reloj de sol hemiciclo del siglo I d. C. descubierto en Atenas. Se puede ver representada a Atenea en el lateral y a Helios en el frontal (Fuente de la imagen: https://www.worldhistory.org/image/11405/sundial-from-athens/).
 
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Si recordamos, en la antigüedad, como comentaba Artemidoro de Daldis (#24), la ruptura de un reloj era un mal augurio.

Un reloj significa actividades, iniciativas, desplazamientos y proyectos de negocios, ya que los hombres en sus acciones se rigen por las horas. En consecuencia, un reloj que se cae o se rompe resulta negativo y funesto, sobre todo para los enfermos. Siempre es mejor contar las horas antes de mediodía que después.

Esto lo podría corroborar Valerio Máximo (s. I a. C. - I d. C.). En sus Hechos y dichos memorables (I, 4, 6) cuenta la siguiente historia de momentos antes del asesinato de Cicerón el 7 de diciembre del 43 a. C.

Un augurio le predijo a Cicerón su inminente fin. En efecto, cuando estaba en su finca de Gaeta, un cuervo sacudió e hizo saltar en su presencia la aguja de un reloj solar; inmediatamente después voló hacia él y retuvo con su pico la orla de la toga del orador hasta que un esclavo le anunció la llegada de los soldados que habían sido enviados a matarle. (Trad. Fernando Martín Acera).
A Cicerón se le atribuye una frase muy típica en relojes solares: Ambiguis alis labilis hora volat («la hora vuela lábil con alas inciertas»). No obstante, no he encontrado esta frase en ninguna obra ni carta de Cicerón. En cambio, Séneca escribe lo siguiente en su Fedra (vv. 1141 y 1142): Volat ambiguis mobilis alis hora («la hora vuela inconstante con alas inciertas»). Seguramente, la frase espuria se inspire en el original de Séneca.

Por si os interesa, aquí adjunto el hipervínculo a una lista que he encontrado de leyendas que se colocan en relojes solares. Jesús de la Calle reúne 1022 divisas colocadas junto a relojes de sol. Trabajazo.
 
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Si recordamos, en la antigüedad, como comentaba Artemidoro de Daldis (#24), la ruptura de un reloj era un mal augurio.



Esto lo podría corroborar Valerio Máximo (s. I a. C. - I d. C.). En sus Hechos y dichos memorables (I, 4, 6) cuenta la siguiente historia de momentos antes del asesinato de Cicerón el 7 de diciembre del 43 a. C.

Un augurio le predijo a Cicerón su inminente fin. En efecto, cuando estaba en su finca de Gaeta, un cuervo sacudió e hizo saltar en su presencia la aguja de un reloj solar; inmediatamente después voló hacia él y retuvo con su pico la orla de la toga del orador hasta que un esclavo le anunció la llegada de los soldados que habían sido enviados a matarle. (Trad. Fernando Martín Acera).
A Cicerón se le atribuye una frase muy típica en relojes solares: Ambiguis alis labilis hora volat («la hora vuela lábil con alas inciertas»). No obstante, no he encontrado esta frase en ninguna obra ni carta de Cicerón. En cambio, Séneca escribe lo siguiente en su Fedra (vv. 1141 y 1142): Volat ambiguis mobilis alis hora («la hora vuela inconstante con alas inciertas»). Seguramente, la frase espuria se inspire en el original de Séneca.

Por si os interesa, aquí adjunto el hipervínculo a una lista que he encontrado de leyendas que se colocan en relojes solares. Jesús de la Calle reúne 1022 divisas colocadas junto a relojes de sol. Trabajazo.
Estoy recopilando todas las aportaciones que nos estás regalando y me parece un trabajo magnífico!!! muchas gracias :worshippy:
 
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¡Hola!

He estado rebuscando por el foro y no he encontrado apenas referencias a la relojería en la literatura (entendida como conjunto de texto), en concreto de la griega y la romana. Quizá he buscado mal o tal vez no interesa. Sí he encontrado alguna referencia aislada, por ejemplo, en estos hilos:
Bueno, por si a alguien más le apasiona la historia o la literatura grecolatina, se me ha ocurrido que vayamos reuniendo en este hilo citas sobre relojes en textos de la antigüedad griega y romana. Sé que nos son los tipos de relojes a los que estamos acostumbrados; por eso también me parece curioso. No sabía si colocar este hilo en vintage, en relojería gruesa o en Citizen 🤣. Como es obvio, en estos textos, o se refieren a relojes solares o a clepsidras.

Yo voy a empezar por Plinio el Viejo, pero hay un montón de menciones: Aristófanes, Varrón, Plutarco, Platón, Séneca... Vitruvio enumera en torno a 16 tipos de relojes distintos. Si nadie más se anima, ya las iré subiendo.

Empiezo por Gayo Plinio Segundo o Plinio el Viejo (ca. 23 – 79 d. C.) porque es la mar de interesante. En su Historia Natural refiere la aparición del primer reloj, describe el reloj más grande de la antigüedad, se lamenta de la falta de precisión de algunos relojes (como nos pasa a nosotros), entre otros temas. Su Historia Natural es una magna enciclopedia del siglo I d. C., muy influyente desde época tardía y hasta el Renacimiento. Además, era un tipo de acción: durante la erupción del Vesubio, se lanzó a investigar y a salvar a vecinos de Estabia, a unos 6 kilómetros de Pompeya, lo que le costó la vida, según relata su sobrino, Plinio el Joven, en una carta a Tácito.

Paso ya a los textos. Los paréntesis y corchetes son aclaraciones mías. La traducción de los dos primeros fragmentos pertenece a Ana María Moure Casas, el tercer fragmento lo tradujo Encamación del Barrio Sanz y el cuarto es traducción de un servidor. Al final de cada fragmento indico su ubicación. Espero que los disfrutéis:

Sobre aspectos gnomónicos
No son utilizables los mismos instrumentos horarios (vasaque horoscopa) en todas partes, dado que las sombras del sol varían cada 300 estadios [un estadio equivale a 0,185 km, por lo que 55,5 km] o, como máximo, cada 500 [92,5 km]. Por eso, la sombra del «ombligo» [umbilicus. En realidad, el hueco donde se colocaba el estilo, aguja o gnomon], que llaman gnomon, en Egipto, el día del equinoccio al mediodía, alcanza una medida de poco más de la mitad del gnomon; en Roma, a la sombra le falta la novena parte del gnomon [...]. (Historia Natural, II, 182).​
Sobre la aparición del reloj
Este cómputo de las sombras y la llamada gnomónica, los descubrió Anaxímenes de Mileto (ca. 590 a. C. – ca. 525 a. C.), discípulo de Anaximandro, del que hemos hablado, y fue el primero que mostró en Lacedemonia el reloj que denominan esciotérico [sciothericon del griego σκιοθηρικός, que procede de σκιά (sombra), θηράω (cazar) e -ικός (sufijo para designar instrumento)]. (Historia Natural, II, 187).​
Cuando hubo relojes por primera vez en Roma y crítica hacia su inexactitud
El tercer acuerdo fue en la observación de las horas, entrando ya en el cómputo, que en el libro segundo dije cuándo y por quién fue descubierto en Grecia. También llegó más tarde aquí, en Roma. En las Doce Tablas (451 y 450 a. C.) sólo se nombran el amanecer y el ocaso, unos años después se añadió también el mediodía, que proclamaba un heraldo de los cónsules, cuando desde la Curia veía el sol entre los Rostros (tribuna de los oradores en el foro) y la Grecóstasis (donde los embajadores extranjeros esperaban para ser recibidos); al declinar el astro desde la columna Menia (donde se juzgaba a los esclavos, a los ladrones y a los deudores) hasta la cárcel, proclamaba la última hora, pero esto sólo en los días serenos, hasta la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.). Cuenta Fabio Vestal que el primer reloj de sol lo puso Lucio Papirio Cursor, doce años antes de la guerra contra Pirro (280 a. C.-275 a. C.), delante del templo de Quirino que había sido ofrecido por su padre, al hacer la dedicación. Pero no da a conocer los fundamentos de la fabricación del reloj ni su artífice, ni de dónde se trajo ni en quién lo encontró escrito. Marco Varrón dice que el primer reloj público fue colocado en la Columna Rostral a la manera de los espolones de los barcos en la primera guerra Púnica por el cónsul Manio Valerio Mésala después de la toma de Catania, en Sicilia, y que fue transportado desde allí treinta años después de lo que se dice del reloj de Papirio, el año 490 de la fundación de Roma (264 a. C.). A pesar de que las líneas de este no coincidían con las horas, sin embargo se atuvieron a él durante noventa y nueve años, hasta que Quinto Marcio Filipo, que fue censor con Lucio Paulo, las dispuso más cuidadosamente y esto se tomó como uno de los dones mejor recibidos de sus trabajos de censor. Sin embargo, también entonces en los días nublados las horas fueron poco seguras hasta el lustro siguiente. Entonces Escipión Nasica, colega de Lenate, fue el primero que dividió con agua lo mismo las horas del día que las de la noche e inauguró ese reloj bajo techo el año 595 de la ciudad (159 a. C.). ¡Durante tanto tiempo la luz fue indivisible para el pueblo romano! (Historia Natural, VII, 212).​
Sobre el reloj solar de Augusto (Horologium Augusti), el reloj más grande de la antigüedad


Otro [obelisco], que está en el Campo de Marte, el divino Augusto le atribuyó un uso maravilloso: capturar las sombras del Sol y, así, la duración de los días y de las noches, por medio de una losa en proporción con la altura del obelisco, de tal manera que la sombra que proyectara al mediodía (die sexta hora) del solsticio de invierno fuera igual [de larga] y paulatinamente, en correspondencia con unas medidas, que estaban engastada de bronce, disminuyese día a día y entonces comenzara a aumentar de nuevo, un objeto digno de ser conocido, invención del matemático Novio Facundo.​
Este [Novio Facundo] añadió una esfera dorada a la cúspide, para que en lo alto se concentrara la sombra en sí misma, no dispersándose la punta desmesuradamente, de igual manera que, según dicen, se observa con la cabeza de una persona (Historia Natural, XXXVI, 72).​


Uno de mis trabajos del 2000 actulizados en el 2026 trata sobre este tema.
 
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Muchas gracias por tus amables palabras. Eres un cabellero superelegante, apropiándome de la coletilla de un famoso joyero de Miami en YouTube. Y, por supuesto, mucho más elegante que Trimalción, personaje de la novela de Petronio (s. I d. C.), el Satiricón, del que hablan en los siguientes términos (26, 9):

En esto, un esclavo de Agamenón vino a sacarnos de nuestra incertidumbre: «¿Cómo? —dice—. ¿No sabéis quién invita hoy? Es Trimalción, persona elegante por demás: tiene un reloj en el comedor, y un trompetero apostado al lado para saber en todo instante las horas de menos que ha de vivir». (Trad. Lisardo Rubio Fernández).

Trimalción es un personaje de cuidado. Un nuevo rico, ostentoso, arrogante y muy extravagante. Los protagonistas acuden a su casa a cenar. El banquete es pura exageración. Lo interesante para nosotros es que ya, desde su presentación, la posesión de un reloj aparece asociada a su fortuna y estatus. Y no será esta la única ocasión en que Petronio lo utilice con esa vinculación.

Ya casi al final del banquete, Trimalción lee su testamento y expone sus últimas voluntades, entre las que dice esto (71, 11):

A mi derecha colocarás la estatua de mi Fortunata [la mujer de Trimalción] con una paloma en la mano y llevando a una perrita atada con una correa; que no falte mi niño mimado, ni unas ánforas bien grandes y perfectamente lacradas para que no pierdan el vino. También puedes mandar esculpir una urna retan y, encima, un niño llorando. En el centro habrá un reloj, para que todo aquel que mire la hora se vea obligado, quiera o no quiera, a leer mi nombre. (Trad. Lisardo Rubio Fernández).

Nuevamente, el reloj aparece como un símbolo de poder, que se coloca en el centro tanto por conveniencia lumínica como por simbolismo. Revela también su extendido uso. Además, como está expuesto en los comentarios #23 y #13, refleja la costumbre de que conste el nombre de quien ha financiado el reloj. Es sugerente la asociación del reloj solar, que marca la movilidad del tiempo de una forma tan visual, frente a la inmovilidad del recuerdo a través del nombre.

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Hay una cuestión léxica muy interesante. Ya se comentó que en latín existen tres palabras para referirse al reloj:
  • Horologium, calco del griego ὡρολόγιον (horológion). Es la palabra general para reloj, pudiendo especializarse con complemento: horologium ex aqua, horologium solare u horologium arenarium.
  • Solarium, que, en realidad, sería solarium horologium, pero se empezó a simplificar como solarium por economía lingüística. Obviamente, procede de sol, solis. Al principio, era un lugar expuesto al sol, como una terraza o un patio. Luego, adquirió el significado de reloj de sol, incluso también de clepsidra.
  • Clepsydra, calco del griego κλεψύδρα. Al principio, solo reloj (cronógrafo) de agua; luego también de arena.
¿Qué pretendo decir con todo esto? Pues hablar de la importancia que se le confería a los relojes también en la antigua Roma. En el Foro de Roma había un reloj o cuadrante solar. Servía de lugar de encuentro, como en tantas ciudades actuales, donde el punto de reunión típico es debajo del reloj de alguna plaza. Por extensión esta zona del Foro se pasó a llamar solarium. Allí se reunían muchas persona, también gente —digámoslo así— distendida u ociosa. Por ese motivo, el lugar empezó a adquirir un tinte negativo.

Un ejemplo de este uso de solarium, como lugar del Foro del reloj de sol, lo encontramos en un discurso de Cicerón:

Vixit enim semper inculte atque horride; natura tristi ac recondita fuit; non ad solarium, non in campo, non in conviviis versatus est [...]. (Cicerón, En defensa de Quincio, 59).​
Ha vivido siempre una vida llana y sin adornos; ha sido de temperamento serio y reservado; no ha frecuentado el foro ni el campo de Marte ni los banquetes [...]. (Trad. Jesús Aspa Cereza).

Como se puede ver, el traductor ha preferido trasladarlo por «foro» para facilitar la comprensión al lector moderno. Yo lo habría explicado a pie de página, puesto que no es cualquier lugar del foro. Por el contrario, John Henry Freese lo traduce así al inglés:

He has always been naturally melancholy and reserved; he never frequented the sundial, nor the Campus Martius, nor banquets [...]​

Y comenta lo siguiente en relación con solarium: «In the Forum, a favorite resort and meeting-place for gossip. Bitterly ironical. What can a man expect who is out-of-date in his rude, honest ways?»

Por supuesto, todas las traducciones que he ido poniendo usaban una de las tres palabras en el original latino o, en las citas en griego, sus equivalentes griegos.

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Reloj solar de Augusto, ubicado en el Campo de Marte. El cuadrante del foro no debía de ser muy diferente, solo que más pequeño.
(Fuente de la imagen: ancientrome/comments/ubnurj/the_solarium_augusti_was_an_ancient_roman)
 
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En la Apocolocintosis (ca. 55 d. C.) atribuida a Séneca (4 a. C. – 65 d. C.) se recoge en el punto 2 lo siguiente en relación con la hora de la muerte del emperador Claudio (13 de octubre del 54):

Creo que se entenderá mejor si digo: el mes era octubre, el día tercero de las idus de octubre. La hora no te la puedo decir con exactitud: más fácilmente habrá acuerdo entre los filósofos que entre los relojes [horologia]. De todos modos, era entre la sexta y la séptima. «¡Vaya palurdo! Todos los poetas, no conformes con describir amaneceres y atardeceres, se dedican a incordiar también el mediodía: ¿tú vas a despachar así una hora tan adecuada?». (Trad. Juan Mariné Isidro)

Y muchos se quejan hoy del ajuste de fábrica de los Seiko o de ese +XX" diario...

No es la primera cita en la que los antiguos se quejaban de las imprecisiones de los relojes. En realidad, era un problemón, pues los relojes solares debían considerar las diferencias de los días entre las estaciones.

La Apocolocintosis es una sátira menipea (principalmente prosa, estructura de novela, tintes de epopeya) y un ataque a la memoria de Claudio. Narra las aventuras de este tras su muerte y frustrada divinización. Apocolocintosis vendría a significar «calabacización». κολοκύντη (kolokynte) es calabaza. Es un juego de palabras que parte de apoteosis, esto es, deificación. Claudio en ningún momento se convierte en calabaza. Hay un montón de teorías, pero la que más me convence es la que vendría a traducirse por «estupidificación», siendo calabaza sinónimo coloquial de estúpido o ignorante, igual que en español.

Sexta acepción de la entrada de Calabaza en la DRAE:
f. coloq. Persona inepta y muy ignorante.
 
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¡Buena memoria! En efecto, en la Poética Aristóteles menciona las clepsidras para cuestionar la duración de las tragedias. Dice así:

En cuanto al límite de la extensión, el que se atiene a los concursos dramáticos y a la capacidad de atención, no es cosa del arte; pues si hubiera que representar en un concurso cien tragedias, se representarían contra clepsidra, según dice que ya se hizo alguna vez. (1451 a. Trad. Valentín García Yebra).​

Cabe la posibilidad de que en algún caso se controlara el tiempo de la representación con una clepsidra, porque en las Grandes Dionisíacas, durante tres días, se representaban tres tragedias y un drama satírico por la mañana. Irían muy justos de tiempo y puede que tuvieran que vigilar que ninguna se alargara en exceso.


Las clepsidras eran la forma de medir el tiempo típica del siglo IV y V a. C. en Grecia. Lo curioso es que, originalmente, se utilizaban para trasvasar agua del recipiente a otro, no para medir el tiempo. El nombre «clepsidra» comparte raíz con «cleptómano». Clepsidra literalmente es «ladrón (κλεψ) de agua (ύδρα)». Posteriormente, comenzó a usarse para medir el tiempo.

Aristóteles dedica todo el problema 8 de la sección XVI de su colección de Problemas a explicar el funcionamiento de la clepsidra. Es un fragmento muy técnico y algo tostón, pero ahí va:

La explicación general de lo que tiene que ver con la clepsidra parece ser como Anaxágoras dice: pues el aire encerrado en ella es el responsable de que el agua no entre cuando el tubo está tapado. Sin embargo, el aire no es únicamente la causa: pues si se mete en el agua la clepsidra de forma inclinada y con el tubo tapado, entra el agua. Por eso Anaxágoras no explica suficientemente dónde está la causa.​
Según se ha dicho, el aire es el responsable: pero este, empujado o moviéndose por sí mismo, y no siendo forzado, se desplaza de forma natural en línea recta, como también los demás elementos. Así que, cuando la clepsidra está sumergida en posición inclinada, el aire, que permanece en línea recta, sale por efecto del agua a través de los agujeros opuestos a los que hay en el agua y, según se va retirando, el agua entra. Sin embargo, si la clepsidra está sumergida de forma vertical en el agua, como el aire no puede escapar en línea recta por estar bloqueada la parte superior, permanece en torno a los primeros agujeros: pues su naturaleza no le permite contraerse sobre sí mismo. La prueba de que el aire inmóvil puede impedir el paso del agua es lo que ocurre con la clepsidra misma. Y es que, si se llena completamente su recipiente de agua, se tapa el tubo, y se da la vuelta a la clepsidra sobre el tubo, el agua no pasa a través del tubo hasta la boca. Y cuando se abre la boca, el agua no fluye inmediatamente por el tubo, sino después de un rato, como si no estuviera junto a la boca del tubo, sino que llegara más tarde a través de este, una vez abierta la boca. Si la clepsidra está llena y vertical, cuando se abre el tubo, el agua fluye inmediatamente a través del colador, porque lo está tocando, pero no toca los extremos del tubo.​
Así pues, el agua no entra en la clepsidra por la razón dicha anteriormente, y sale cuando se abre el tubo, porque el aire que hay en él, moviéndose de arriba abajo, provoca un gran movimiento del agua dentro de la clepsidra. Empujada el agua hacia abajo y cayendo por sí misma hacia allí, lógicamente fluye hacia afuera, abriéndose paso a través del aire de fuera de la clepsidra, que se mueve y es igual en potencia al aire que la está empujando, pero es más débil en resistencia que aquel porque el aire de la clepsidra fluye más deprisa y con más fuerza a través del tubo estrecho, y cae sobre el agua. La causa de que el agua no fluya cuando el tubo está tapado es que el agua que entra en la clepsidra expulsa con violencia al aire de ella. La prueba es el soplo que se produce en la clepsidra a la vez que un gorgoteo. Cuando entra el agua, el aire, empujándola con fuerza, se precipita con ella hacia el tubo, como pasa con las maderas metidas a presión o el bronce apretado en una hendidura, que lo permanecen sin ninguna otra ligazón hasta que se les empuja desde el lado opuesto, como se sacan a golpes las clavijas rotas en la madera. [...] (Problemas, XVI, 8. Trad. Ester Sánchez Millán).
El mismo Aristóteles en su Constitución de los atenienses menciona las clepsidras para explicar la medida del tiempo en los discursos de las causas judiciales.

Hay clepsidras que tienen pequeños caños, por los que se desliza el agua, cuya medida determina los discursos de los juicios: se conceden diez congios [el congio es medida equivalente a unos 3 litros y algo] para las causas de más de cinco mil dracmas, y tres congios a la réplica, a las inferiores a cinco mil siete congios y dos para la réplica; para las de menos de mil cinco congios y dos respectivamente; y seis a las discusiones en las que no se admite réplica. (Constitución de los atenienses, 67, 2. Trad. Manuela García Valdés).

Hasta donde sé la clepsidra era una herramienta de medición y no tanto un elemento decorativo, como sí lo fueron también los relojes solares. Vitruvio es otro que se explaya alrededor de la clepsidra y su funcionamiento.

¡Hola!

He estado rebuscando por el foro y no he encontrado apenas referencias a la relojería en la literatura (entendida como conjunto de texto), en concreto de la griega y la romana. Quizá he buscado mal o tal vez no interesa. Sí he encontrado alguna referencia aislada, por ejemplo, en estos hilos:
Bueno, por si a alguien más le apasiona la historia o la literatura grecolatina, se me ha ocurrido que vayamos reuniendo en este hilo citas sobre relojes en textos de la antigüedad griega y romana. Sé que nos son los tipos de relojes a los que estamos acostumbrados; por eso también me parece curioso. No sabía si colocar este hilo en vintage, en relojería gruesa o en Citizen 🤣. Como es obvio, en estos textos, o se refieren a relojes solares o a clepsidras.

Yo voy a empezar por Plinio el Viejo, pero hay un montón de menciones: Aristófanes, Varrón, Plutarco, Platón, Séneca... Vitruvio enumera en torno a 16 tipos de relojes distintos. Si nadie más se anima, ya las iré subiendo.

Empiezo por Gayo Plinio Segundo o Plinio el Viejo (ca. 23 – 79 d. C.) porque es la mar de interesante. En su Historia Natural refiere la aparición del primer reloj, describe el reloj más grande de la antigüedad, se lamenta de la falta de precisión de algunos relojes (como nos pasa a nosotros), entre otros temas. Su Historia Natural es una magna enciclopedia del siglo I d. C., muy influyente desde época tardía y hasta el Renacimiento. Además, era un tipo de acción: durante la erupción del Vesubio, se lanzó a investigar y a salvar a vecinos de Estabia, a unos 6 kilómetros de Pompeya, lo que le costó la vida, según relata su sobrino, Plinio el Joven, en una carta a Tácito.

Paso ya a los textos. Los paréntesis y corchetes son aclaraciones mías. La traducción de los dos primeros fragmentos pertenece a Ana María Moure Casas, el tercer fragmento lo tradujo Encamación del Barrio Sanz y el cuarto es traducción de un servidor. Al final de cada fragmento indico su ubicación. Espero que los disfrutéis:

Sobre aspectos gnomónicos
No son utilizables los mismos instrumentos horarios (vasaque horoscopa) en todas partes, dado que las sombras del sol varían cada 300 estadios [un estadio equivale a 0,185 km, por lo que 55,5 km] o, como máximo, cada 500 [92,5 km]. Por eso, la sombra del «ombligo» [umbilicus. En realidad, el hueco donde se colocaba el estilo, aguja o gnomon], que llaman gnomon, en Egipto, el día del equinoccio al mediodía, alcanza una medida de poco más de la mitad del gnomon; en Roma, a la sombra le falta la novena parte del gnomon [...]. (Historia Natural, II, 182).​
Sobre la aparición del reloj
Este cómputo de las sombras y la llamada gnomónica, los descubrió Anaxímenes de Mileto (ca. 590 a. C. – ca. 525 a. C.), discípulo de Anaximandro, del que hemos hablado, y fue el primero que mostró en Lacedemonia el reloj que denominan esciotérico [sciothericon del griego σκιοθηρικός, que procede de σκιά (sombra), θηράω (cazar) e -ικός (sufijo para designar instrumento)]. (Historia Natural, II, 187).​
Cuando hubo relojes por primera vez en Roma y crítica hacia su inexactitud
El tercer acuerdo fue en la observación de las horas, entrando ya en el cómputo, que en el libro segundo dije cuándo y por quién fue descubierto en Grecia. También llegó más tarde aquí, en Roma. En las Doce Tablas (451 y 450 a. C.) sólo se nombran el amanecer y el ocaso, unos años después se añadió también el mediodía, que proclamaba un heraldo de los cónsules, cuando desde la Curia veía el sol entre los Rostros (tribuna de los oradores en el foro) y la Grecóstasis (donde los embajadores extranjeros esperaban para ser recibidos); al declinar el astro desde la columna Menia (donde se juzgaba a los esclavos, a los ladrones y a los deudores) hasta la cárcel, proclamaba la última hora, pero esto sólo en los días serenos, hasta la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.). Cuenta Fabio Vestal que el primer reloj de sol lo puso Lucio Papirio Cursor, doce años antes de la guerra contra Pirro (280 a. C.-275 a. C.), delante del templo de Quirino que había sido ofrecido por su padre, al hacer la dedicación. Pero no da a conocer los fundamentos de la fabricación del reloj ni su artífice, ni de dónde se trajo ni en quién lo encontró escrito. Marco Varrón dice que el primer reloj público fue colocado en la Columna Rostral a la manera de los espolones de los barcos en la primera guerra Púnica por el cónsul Manio Valerio Mésala después de la toma de Catania, en Sicilia, y que fue transportado desde allí treinta años después de lo que se dice del reloj de Papirio, el año 490 de la fundación de Roma (264 a. C.). A pesar de que las líneas de este no coincidían con las horas, sin embargo se atuvieron a él durante noventa y nueve años, hasta que Quinto Marcio Filipo, que fue censor con Lucio Paulo, las dispuso más cuidadosamente y esto se tomó como uno de los dones mejor recibidos de sus trabajos de censor. Sin embargo, también entonces en los días nublados las horas fueron poco seguras hasta el lustro siguiente. Entonces Escipión Nasica, colega de Lenate, fue el primero que dividió con agua lo mismo las horas del día que las de la noche e inauguró ese reloj bajo techo el año 595 de la ciudad (159 a. C.). ¡Durante tanto tiempo la luz fue indivisible para el pueblo romano! (Historia Natural, VII, 212).​
Sobre el reloj solar de Augusto (Horologium Augusti), el reloj más grande de la antigüedad


Otro [obelisco], que está en el Campo de Marte, el divino Augusto le atribuyó un uso maravilloso: capturar las sombras del Sol y, así, la duración de los días y de las noches, por medio de una losa en proporción con la altura del obelisco, de tal manera que la sombra que proyectara al mediodía (die sexta hora) del solsticio de invierno fuera igual [de larga] y paulatinamente, en correspondencia con unas medidas, que estaban engastada de bronce, disminuyese día a día y entonces comenzara a aumentar de nuevo, un objeto digno de ser conocido, invención del matemático Novio Facundo.​
Este [Novio Facundo] añadió una esfera dorada a la cúspide, para que en lo alto se concentrara la sombra en sí misma, no dispersándose la punta desmesuradamente, de igual manera que, según dicen, se observa con la cabeza de una persona (Historia Natural, XXXVI, 72).​
 
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Reacciones: Cilenio
Al igual que Plauto, Alcifrón (s. II d. C.) escribe una carta donde un personaje ficticio, en este caso un parásito, un trepa (como Querefonte en #26), se lamenta de los relojes y de los horarios. Es un tópico de la literatura.

Cartas, III, 1.
El reloj [γνώμων] no marca todavía la hora sexta, sin embargo, yo estoy a punto de quedarme seco, aguijoneado por el hambre. Bien, te ha llegado el momento de tomar una decisión, Lopadectambo, o, mejor, de buscar un madero y una cuerda para colgarnos. Pues, arrancar de cuajo el pilar que sostiene el funesto reloj [ὡρολόγιον] o cambiarlo de posición [en el original lo que dice en realidad, es «o desviar el gnomon» (ἢ τὸν γνώμονα τρέψομεν)] a fin de que marque más rápidamente las horas, esto sería una tarea digna de Palamedes, ya que ahora estoy muerto de hambre y flaco. Teocares, por supuesto, no se coloca en su sitio para comer hasta que el criado presuroso le anuncia que son las seis. En consecuencia, necesitamos trazar un plan que nos permita desarticular y trastocar su metódico comportamiento, pues habiéndose educado bajo la férula de un pedagogo cargante y cejijunto, es incapaz de introducir alguna innovación, sino que, por el contrario, es austero en sus hábitos como un Laques o un Apolexis y no considera de buen tono llenar el estómago antes de su hora. (Trad. Elisa Ruiz García).
La hora sexta (die sexta hora) coincide con el mediodía, el periodo posterior a la comida, cuando descansaban porque la temperatura era más alta. Más o menos, según la estación, entre las 12:00 y las 15:00.

Como curiosidad, nuestra palabra «siesta», viene de ahí, de [hora] sexta. Sexta > siesta. La diptongación de esa «e» breve tónica es habitual. Hay centeneras de ejemplos: dentem >> diente; herbam >> hierba; petram >> piedra.


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Reloj solar hemiciclo encontrado en Laodicea, Turquía (Fuente: https://www.metroparks.net/blog/sundials-adding-a-bit-of-history-to-your-home/)
 
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Reacciones: El Táctico
Hay una cuestión léxica muy interesante. Ya se comentó que en latín existen tres palabras para referirse al reloj:
  • Horologium, calco del griego ὡρολόγιον (horológion). Es la palabra general para reloj, pudiendo especializarse con complemento: horologium ex aqua, horologium solare u horologium arenarium.
  • Solarium, que, en realidad, sería solarium horologium, pero se empezó a simplificar como solarium por economía lingüística. Obviamente, procede de sol, solis. Al principio, era un lugar expuesto al sol, como una terraza o un patio. Luego, adquirió el significado de reloj de sol, incluso también de clepsidra.
  • Clepsydra, calco del griego κλεψύδρα. Al principio, solo reloj (cronógrafo) de agua; luego también de arena.
¿Qué pretendo decir con todo esto? Pues hablar de la importancia que se le confería a los relojes también en la antigua Roma. En el Foro de Roma había un reloj o cuadrante solar. Servía de lugar de encuentro, como en tantas ciudades actuales, donde el punto de reunión típico es debajo del reloj de alguna plaza. Por extensión esta zona del Foro se pasó a llamar solarium. Allí se reunían muchas persona, también gente —digámoslo así— distendida u ociosa. Por ese motivo, el lugar empezó a adquirir un tinte negativo.

Un ejemplo de este uso de solarium, como lugar del Foro del reloj de sol, lo encontramos en un discurso de Cicerón:

Vixit enim semper inculte atque horride; natura tristi ac recondita fuit; non ad solarium, non in campo, non in conviviis versatus est [...]. (Cicerón, En defensa de Quincio, 59).​
Ha vivido siempre una vida llana y sin adornos; ha sido de temperamento serio y reservado; no ha frecuentado el foro ni el campo de Marte ni los banquetes [...]. (Trad. Jesús Aspa Cereza).

Como se puede ver, el traductor ha preferido trasladarlo por «foro» para facilitar la comprensión al lector moderno. Yo lo habría explicado a pie de página, puesto que no es cualquier lugar del foro. Por el contrario, John Henry Freese lo traduce así al inglés:

He has always been naturally melancholy and reserved; he never frequented the sundial, nor the Campus Martius, nor banquets [...]​

Y comenta lo siguiente en relación con solarium: «In the Forum, a favorite resort and meeting-place for gossip. Bitterly ironical. What can a man expect who is out-of-date in his rude, honest ways?»

Por supuesto, todas las traducciones que he ido poniendo usaban una de las tres palabras en el original latino o, en las citas en griego, sus equivalentes griegos.

Ver el archivos adjunto 3548960
Reloj solar de Augusto, ubicado en el Campo de Marte. El cuadrante del foro no debía de ser muy diferente, solo que más pequeño.
(Fuente de la imagen: ancientrome/comments/ubnurj/the_solarium_augusti_was_an_ancient_roman)


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Me encanta cómo Vitruvio empieza el capítulo octavo del libro IX de sus Diez libros sobre la arquitectura. Refiere hasta lo que parece un worldtimer (el de Parmenio [en amarillo]) y relojes portátiles, los últimos (prometo que me haré con uno y lo subiré a vintage). Flipante. He desistido de poner fotos de cada uno. De muchos no encuentro fuentes gráficas. Hay un artículo muy interesante sobre el tema con ilustraciones.

Zhi Li (2025). Greco–Roman and Qin–Han Chinese Sundials: A Comparative Study. Communications in Humanities Research (CHR), 98, pp. 19-33. DOI: 10.54254/2753-7064/2025.NS29451.​

Zhi Li, por su parte, toma muchas de las fotos del libro de este libro: Gibbs, S. L. (1976). Greek and Roman sundials. Yale University Press.

Diferentes modelos de relojes y nombre de sus inventores [corchetes y paréntesis son míos. Divido los modelos de relojes en colores]
Se dice que el inventor del Hemiciclo excavado en un «bloque cuadrado» o en un «cubo», de acuerdo con la latitud, fue Beroso de Caldea [imagen 3]; Aristarco de Samos fue el inventor —dicen— del espejo cóncavo o hemisférico [imágenes 1 y 2] y también del disco colocado sobre una superficie plana [¿imagen 4?]. El astrónomo Eudoxo inventó la «araña», aunque otros opinan que fue Apolonio. Escopinas de Siracusa ideó el «plintio» o «artesonado», que todavía ahora podemos ver en el circo Flaminio. A Parmenio se debe el reloj «que señala las horas de los lugares más conocidos»; Teodosio y Andrias son los inventores del reloj «para cualquier latitud»; a Patroclo se debe la invención del reloj en forma de «hacha de combate»; Dionisodoro ideó el reloj solar en forma cónica y Apolonio el reloj en forma de carcaj. Todos estos inventores citados y otros muchos idearon diversos modelos de relojes que nos han transmitido, como son «la araña cónica», el «plintio cónico», y el «antiboreo». Otros muchos inventores nos han dejado suficientes detalles para componer relojes de viaje y relojes portátiles (viatoria pensilia*) [imágenes 5 y 6]. (Traducción de José Luis Oliver Domingo).​

Ver el archivos adjunto 3541552
Reloj hemisférico (scaphe) sin gnomon del s. I d. C., ubicado en el museo de Volterra. Un agujero en la parte superior proyecta la luz solar. (Fuente: ancientrome/comments/1phazdp/an_extraordinary_public_sundial_from_ancient).

Ver el archivos adjunto 3541553
Reloj hemisférico (scaphe) con gnomon del s. I d. C. (Fuente: https://clemens-sels-museum-neuss.d...rgeschichte/roman-neuss/hemispherical-sundial).


Reloj hemisférico gnomónico del s. I d. C. ubicado en el templo de Apolo de Pompeya (Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/File:Temple_of_Apollo_(7238818732)_détail.jpg).


Reloj gnomónico horizontal plano del s. I d. C. (Fuente: https://matemolivares.blogia.com/2016/102701-reloj-de-sol-horizontal-siglo-i-a-c-.php).

*Esta última parte me genera dudas y no entiendo por qué Oliver Domingo la tradujo así. Dice: «Item ex his generibus viatoria pensilia uti fierent, plures scripta reliquerunt». El traductor induce a pensar que se trata de dos relojes distintos, pero, en realidad, es solo un tipo, el viatoria pensilia. Yo lo habría traducido así: «Del mismo modo, a partir de estos modelos, muchos dejaron escrito cómo se harían [relojes] de viaje colgantes». Viatoria de viator (viajero) y este de via (camino). Pensilia de pendere ~ pendeo (estar colgado), que, a su vez, es un intensificador de pendere ~ pendo (estimar, pagar, pesar). En Roma se estimaba el valor y se pesaba para pagar en balanzas colgantes. Eran relojes que se colgaban al cuello:


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Ateneo de Náucratis, quien ya ha aparecido en el hilo (#26), en su Banquete de los eruditos hace una nueva referencia a los relojes a tenor del armonioso sonido del órgano hidráulico. Extendiendo el fragmento para que se aprecie el contexto, que es una preciosidad. Dice así (IV, 174b/c):

Y Ulpiano, mirando al músico Alcides, le preguntó: «¿Oyes, tú el más grande de los músicos, esta hermosa sinfonía que nos ha hecho volvemos a todos, atraídos por su música? Y no como la flauta simple, frecuente entre vosotros los alejandrinos, que causa al auditorio sufrimiento, más que placer musical». Y Alcides respondió: «No obstante, también este órgano hidráulico, ya lo quieras situar entre los instrumentos de cuerda o de viento, es un invento de un compatriota alejandrino, barbero de profesión. Su nombre era Ctesibio. Lo cuenta Aristocles en su tratado Sobre los coros, diciendo más o menos así: “Es objeto de discusión si el órgano hidráulico es un instrumento de viento o de cuerda. Aristoxeno, por ejemplo, no lo sabe. En cambio, dice que Platón dio una idea aproximada de su composición cuando fabricó un reloj nocturno parecido a un órgano hidráulico, a manera de una enorme clepsidra. En efecto, el órgano hidráulico se asemeja a una clepsidra. [...]» (Trad. Lucía Rodríguez-Noriega Guillén).

Al parecer, Platón inventó un reloj despertador o alarma sirviéndose del sistema del órgano hidráulico: sonería hidráulica. Sería algo así según los estudios:

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(Fuente de la imagen: https://kotsanas.com/exhibits/timekeeping/the-alarm-clock-of-plato/) En el enlace se pueden encontrar más imágenes.
Y en el siguiente vídeo se podría ver el funcionamiento en detalle, aunque no sé oye.


En cambio, en este vídeo se oye muy bien. Para despertar a cualquier.


El sabida la afición de los griegos de atribuir invenciones a personajes famosos. 🤷 Eso sí, el invento mola demasiado.

Por mi parte, no conozco ningún pasaje de Platón (ca. 427 - 347 a. C.) que aluda a tal reloj alarma. Sí te lo localizadas dos alusiones a la clepsidra (en realidad, metonimias con el agua) en el Teeteo, un diálogo sobre epistemología.

Platón, Teeteto, 172d/e

Sócrates. – Estos últimos disfrutan del tiempo libre al que tú hacías referencia y sus discursos los componen en paz y en tiempo de ocio. Les pasa lo mismo que a nosotros, que, de discurso en discurso, ya vamos por el tercero. Si les satisface más el siguiente que el que tienen delante, como a nosotros, proceden de la misma manera. Y no les preocupa nada la extensión o brevedad de sus razonamientos, sino solamente alcanzar la verdad. Los otros, en cambio, siempre hablan con urgencia del tiempo, pues les apremia el flujo constante del agua. (Trad. Álvaro Vallejo Campos).

Platón, Teeteto, 201a/b

Sócrates. – Al arte de quienes han alcanzado las cimas más elevadas de la sabiduría, a los que llaman oradores y abogados. Estos, efectivamente, por medio de su arte persuaden, no enseñando, sino transmitiendo las opiniones que quieren. ¿O crees tú que hay maestros con tanta habilidad como para ser capaces de enseñar toda la verdad acerca de lo acaecido, en el espacio del tiempo que permite un poco de agua, a quienes no han presenciado un robo o cualquier otro acto de violencia? (Trad. Álvaro Vallejo Campos).
 
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Ya hemos visto (#13) la explicación de una de las palabras para «reloj» en latín, horologium. Y no es que yo sea una latin lover, es que lo cuenta Isidoro de Sevilla (ca. 560-636 d. C., ya en la Antigüedad tardía o Alta Edad Media), en sus Etimologías (XX, 13, 5):

El reloj (horologium) tiene este nombre porque en él leemos las horas (horas legere), es decir, las comprobamos: se coloca en las terrazas soleadas, y la sombra provocada por una varilla va recorriendo las líneas, de manera que señala cada una de las horas del día. (Trad. Manuel-A. Marcos Casquero).

Tampoco hay que tomarse muy en serio las explicaciones etimológicas de Isidoro de Sevilla, pues en su mayoría son etimologías populares. Lo que no quita para que sean interesantísimas.

En este caso, no es del todo exacta, aunque no está mal tirada. Recordemos que la palabra latina es una adaptación del griego ὡρολόγιον (hōrológion). El elemento -λόγιον está relacionado con λέγειν «decir, contar» y λόγος «palabra, discurso, razón», y no es el origen del latín legere. Ahora bien, λέγειν y legere sí están etimológicamente emparentados: ambos proceden de la raíz indoeuropea reconstruida *leǵ-.

Isidoro intenta explicar desde el latín un término de origen griego, identificando -λόγιον con legere. La asociación no es disparatada. De hecho, hay una relación etimológica remota entre legere y el elemento griego, pero no es la historia real de la palabra. Por eso la interpretación semántica de Isidoro está muy cerca del sentido original, aunque su análisis morfológico es erróneo.

En otras palabras, la explicación de Isidoro, como una buena restauración de esfera de época, no es la auténtica, pero ha adquirido una patina que le da carácter 😂😂😂
 
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Galeno (129 – ca. 216 d. C.) fue un famosísimo médico de la antigüedad. Fue el médico personal de Cómodo, cuando este era niño, y atendía las necesidades farmacológicas de Marco Aurelio. Escribió centenares de obras (algunos llegan a sumar hasta 300) sobre anatomía, etiología, higiene, terapias, farmacología, filosofía, etc. Tan basta era su producción que, incluso, llegó a escribir guías sobre cómo leer sus libros.

Hay una anécdota muy curiosa: en el 192 las bibliotecas del Palatino, en Roma, se incendiaron. Entre estas se quemó también la de Galeno, que hizo traer de Pérgamo su ciudad natal. Pues bien, tras el incendio, como había obras de las que no encontraba copias, ni corto ni perezoso se puso a reescribirlas. Un gigachad, que dirían los jóvenes de hoy.

Su padre fue arquitecto y debió inculcarle la pasión por la técnica y la precisión. En multitud de pasajes alude a cuestiones geométricas y arquitectónicas. De ahí desarrolló una gran pasión por los relojes y las clepsidras.

Galeno, Sobre mis libros, 11
Así pues, al comprobar que lo que mostraban las predicciones de los eclipses, artilugios como los horologios y clepsidras y todos los cálculos de la arquitectura era sin lugar a dudas verdadero, consideré preferible utilizar el modelo de las demostraciones geométricas, porque caí en la cuenta de que los dialecticos más argumentativos y los filósofos podían discrepar. (Trad. Teresa Martínez Manzano).​

No me voy a enrollar mucho porque el fragmento de hoy es suficientemente largo. Solo diré que para Galeno los relojes eran una cuestión precisa y seria (rebosa conocimiento y pasión), ya que a partir de su diseño ejemplificó su método «científico».

Galeno, Sobre el diagnóstico y el tratamiento de los errores del alma de cada uno, 5.68 - 5.69.
Por tanto, cuando encontramos un método demostrativo que nos conduce hacia lo que investigamos, y que la prueba es proporcionada por la evidencia del objeto mismo, tendremos una muy buena prueba de la veracidad de ese método y podemos arriesgarnos a utilizarlo también en casos donde la prueba evidente no esté disponible. […] El método que estamos discutiendo es el que se emplea en geometría, lógica, aritmética, astronomía y arquitectura. Uso el término “arquitectura” para referirme también al diseño de relojes solares, clepsidras y varios tipos de instrumentos mecánicos, incluyendo también los llamados “instrumentos neumáticos”. En todas estas cuestiones el investigador dispone de pruebas autoconfirmadoras, como en la astronomía; donde los hechos están sujetos a test de fenómenos observables: un eclipse de luna o sol, por ejemplo, y las propiedades visibles de las estrellas (astros) fijas y de los planetas tienen que contar como fenómenos observables. […] (Trad. Liliana Cecilia Molina González)

Aquí viene el ejemplo:

Galeno, Sobre el diagnóstico y el tratamiento de los errores del alma de cada uno, 5.80 - 5.86
Para mayor claridad, daré un ejemplo sacado de la arquitectura: supongamos que durante la fundación de una ciudad sus futuros habitantes se encuentran frente al problema de saber, no con conjeturas sino con precisión, cuánto tiempo de la jornada ha pasado y cuánto queda todavía hasta la caída del sol. Según el método de análisis, este problema debe ser referido al primer criterio si queremos resolverlo según la manera aprendida durante el estudio de los relojes solares. Después, retomando la misma vía en dirección opuesta, es necesario realizar la síntesis según lo que hemos aprendido en el mismo estudio. Una vez que hemos encontrado, de este modo, el camino que hemos de seguir en todos los casos, y que notamos que esta clase de medida de periodos de tiempo en un día tiene que hacerse por medio de líneas geométricas, entonces tenemos que encontrar los materiales adecuados para el trazado de las líneas y de este reloj solar. La primera cuestión es saber qué figuras de cuerpos pueden convenir al trazado encontrado. Luego tenemos que encontrar, por análisis y síntesis, cómo será hecho cada diseño. Tras lo cual se prepararán los cuerpos de una forma similar a la que el método nos ha indicado; y luego de haber aplicado este trazo a un buen número de figuras, se expondrá a los otros hombres para que ellos constaten, por experiencia, si se confirma lo que ha sido propuesto. Pues cuando la primera línea reciba el primer rayo del sol –y la última el último rayo, que se manifestará sobre todos los relojes solares trazados–, tendremos ahí un signo evidente de la solución de lo que ha sido propuesto. Tendremos un segundo signo cuando los trazos concuerden entre sí y un tercero cuando una corriente regular de agua dé testimonio de ello. Ahí, en efecto, reside el criterio que encuentra la argumentación para la verdad de los relojes trazados. Voy a explicar lo que quiero decir.

A continuación, explica cómo verificar la precisión del reloj. Además, no tiene desperdicio la explicación sobre la división del día y la medición de las horas. Por esta razón, apenas corto el fragmento, a pesar de su extensión.

Haz un hueco en un vaso de un material cualquiera y llénalo con agua cuando veas el primer rayo del sol. Después, cuando el reloj solar trazado indique que la primera hora ha pasado, marca sobre el vaso el nivel alcanzado por el agua, vacíalo inmediatamente y vuélvelo a llenar. Cuando el reloj solar indique que la segunda hora ha pasado, examina el vaso. Luego, cuando hayas constatado que el agua ha llegado al nivel que habías marcado después de la primera hora, vacíalo rápidamente, llénalo nuevamente y examina si, al final de la tercera hora, el reloj indica que el agua ha alcanzado el mismo nivel que después de la primera y la segunda hora. Cuando hayas constatado que es así, vacíalo, vuelve a sumergirlo de inmediato y mira si al final de la cuarta hora ha alcanzado también el mismo nivel en el vaso. Vacíalo inmediatamente y después de haberlo sumergido de nuevo, obsérvalo incluso después de la quinta hora. Para entonces habrás notado que hasta este momento el agua ha alcanzado el mismo punto. Y si no eres completamente ajeno a las cosas y repites el ejercicio hasta la duodécima hora, te convencerás de que el reloj está bien trazado, puesto que el problema planteado, distribuir la duración de la jornada entera en doce partes iguales, lo ha demostrado. Y se ha elegido esta cifra por su utilidad: en efecto, es divisible en mitades, tercios, cuartos, sextos y doceavos; mientras que ninguna otra cifra hasta el veinticuatro, ni anterior ni posterior, es divisible de ese modo. Se ha descartado esta última cifra por ser demasiado grande mientras que el “doce” nos parece proporcionado, y por esta razón se ha dividido la duración de la jornada en este número de partes. La utilidad de esta cifra ha sido probada y es usada por muchos, incluyendo a los romanos y otros pueblos, para dividir la fortuna de un testamento y en la mayoría de los pesos y de las medidas empleadas en la vida diaria. Pero si prefieres puedo construir, siguiendo el método, un reloj de sol que divida el día en algún otro número de partes. En resumen, lo dicho se confirma por la medida del nivel de agua en los vasos agujereados; porque las líneas trazadas concuerdan entre sí (son simétricas) y porque las líneas extremas (la primera y la última) delimitan el comienzo y el final de la jornada.
La investigación lógica que emplea el método analítico nos permitirá también diseñar correctamente un reloj de agua (clepsidra), algo que el inexperto puede fácilmente verificar. En efecto, la línea superior que designa la duodécima hora del día, está en su punto más elevado justo donde la clepsidra mide el día más largo y en su punto más bajo, ahí donde mide el día más corto. En el medio, en igual distancia respecto de ambos puntos, la línea superior se cruza con la línea que mide los días del equinoccio. Las marcas situadas entre cada una de las marcas [equinocciales] sobre el bordo de la clepsidra te indican los días que siguen a los cuatro mencionados. Partiendo de estas divisiones encontrarás una, próxima a la marca que designa el día más largo, que indica hasta qué lugar de la línea más alta de la clepsidra subirá el agua al día siguiente, cuando la duodécima hora se haya completado. Así mismo, hay indicadores, además de la línea decimosegunda, que indican el tercer y cuarto día, y así sucesivamente. Procediendo de la misma manera encontrarás que sólo esta línea, la más alta sobre la clepsidra, mide todos los días del año.
Entretanto, encontrarás también que las otras líneas, situadas por debajo de la línea más alta, miden las otras horas, y la primera después de la duodécima, indica la decimoprimera hora en todas las jornadas del año siempre en un punto diferente, como se ha dicho a propósito de la línea más alta; la siguiente indica la décima hora igualmente en un lugar diferente; la siguiente, la novena y el resto la octava y todas las otras horas, hasta la línea inferior que cae sobre la primera hora, como se ha visto con los relojes solares. Después de que la clepsidra se ha llenado de agua, la primera hora y las otras, hasta la duodécima, serán iguales entre ellas en un día dado; en cambio, no serán iguales a las de los días precedentes y siguientes.
¿A dónde quiere llegar con esta detalladísima ejemplificación (y muestra de erudición técnica) para exponer su método?
[...] quien construye un reloj de sol o de agua equivocadamente es refutado por la evidencia clara de los hechos. En cambio, la refutación no es tan clara en las especulaciones filosóficas; se puede decir lo que uno quiera, desde que se quiera y sin vergüenza alguna, y sin un método lógico afirmar que se es enseñado por los “hechos mismos”. (Trad. Liliana Cecilia Molina González)
 
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