• El foro de relojes de habla hispana con más tráfico de la Red, donde un reloj es algo más que un objeto que da la hora. Relojes Especiales es el punto de referencia para hablar de relojes de todas las marcas, desde Rolex hasta Seiko, alta relojería, relojes de pulsera y de bolsillo, relojería gruesa y vintages, pero también de estilográficas. Además, disponemos de un foro de compraventa donde podrás encontrar el reloj que buscas al mejor precio. Para poder participar tendrás que registrarte.

    IMPORTANTE: Asegúrate de que tu dirección de email no está en la lista Robinson (no publi), porque si lo está no podremos validar tu alta.

El reloj en textos de la antigüedad grecorromana

  • Iniciador del hilo Iniciador del hilo Cilenio
  • Fecha de inicio Fecha de inicio
Cilenio

Cilenio

Quasi-forer@
Verificad@ con 2FA
¡Hola!

He estado rebuscando por el foro y no he encontrado apenas referencias a la relojería en la literatura (entendida como conjunto de texto), en concreto de la griega y la romana. Quizá he buscado mal o tal vez no interesa. Sí he encontrado alguna referencia aislada, por ejemplo, en estos hilos:
Bueno, por si a alguien más le apasiona la historia o la literatura grecolatina, se me ha ocurrido que vayamos reuniendo en este hilo citas sobre relojes en textos de la antigüedad griega y romana. Sé que nos son los tipos de relojes a los que estamos acostumbrados; por eso también me parece curioso. No sabía si colocar este hilo en vintage, en relojería gruesa o en Citizen 🤣. Como es obvio, en estos textos, o se refieren a relojes solares o a clepsidras.

Yo voy a empezar por Plinio el Viejo, pero hay un montón de menciones: Aristófanes, Varrón, Plutarco, Platón, Séneca... Vitruvio enumera en torno a 16 tipos de relojes distintos. Si nadie más se anima, ya las iré subiendo.

Empiezo por Gayo Plinio Segundo o Plinio el Viejo (ca. 23 – 79 d. C.) porque es la mar de interesante. En su Historia Natural refiere la aparición del primer reloj, describe el reloj más grande de la antigüedad, se lamenta de la falta de precisión de algunos relojes (como nos pasa a nosotros), entre otros temas. Su Historia Natural es una magna enciclopedia del siglo I d. C., muy influyente desde época tardía y hasta el Renacimiento. Además, era un tipo de acción: durante la erupción del Vesubio, se lanzó a investigar y a salvar a vecinos de Estabia, a unos 6 kilómetros de Pompeya, lo que le costó la vida, según relata su sobrino, Plinio el Joven, en una carta a Tácito.

Paso ya a los textos. Los paréntesis y corchetes son aclaraciones mías. La traducción de los dos primeros fragmentos pertenece a Ana María Moure Casas, el tercer fragmento lo tradujo Encamación del Barrio Sanz y el cuarto es traducción de un servidor. Al final de cada fragmento indico su ubicación. Espero que los disfrutéis:

Sobre aspectos gnomónicos
No son utilizables los mismos instrumentos horarios (vasaque horoscopa) en todas partes, dado que las sombras del sol varían cada 300 estadios [un estadio equivale a 0,185 km, por lo que 55,5 km] o, como máximo, cada 500 [92,5 km]. Por eso, la sombra del «ombligo» [umbilicus. En realidad, el hueco donde se colocaba el estilo, aguja o gnomon], que llaman gnomon, en Egipto, el día del equinoccio al mediodía, alcanza una medida de poco más de la mitad del gnomon; en Roma, a la sombra le falta la novena parte del gnomon [...]. (Historia Natural, II, 182).​
Sobre la aparición del reloj
Este cómputo de las sombras y la llamada gnomónica, los descubrió Anaxímenes de Mileto (ca. 590 a. C. – ca. 525 a. C.), discípulo de Anaximandro, del que hemos hablado, y fue el primero que mostró en Lacedemonia el reloj que denominan esciotérico [sciothericon del griego σκιοθηρικός, que procede de σκιά (sombra), θηράω (cazar) e -ικός (sufijo para designar instrumento)]. (Historia Natural, II, 187).​
Cuando hubo relojes por primera vez en Roma y crítica hacia su inexactitud
El tercer acuerdo fue en la observación de las horas, entrando ya en el cómputo, que en el libro segundo dije cuándo y por quién fue descubierto en Grecia. También llegó más tarde aquí, en Roma. En las Doce Tablas (451 y 450 a. C.) sólo se nombran el amanecer y el ocaso, unos años después se añadió también el mediodía, que proclamaba un heraldo de los cónsules, cuando desde la Curia veía el sol entre los Rostros (tribuna de los oradores en el foro) y la Grecóstasis (donde los embajadores extranjeros esperaban para ser recibidos); al declinar el astro desde la columna Menia (donde se juzgaba a los esclavos, a los ladrones y a los deudores) hasta la cárcel, proclamaba la última hora, pero esto sólo en los días serenos, hasta la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.). Cuenta Fabio Vestal que el primer reloj de sol lo puso Lucio Papirio Cursor, doce años antes de la guerra contra Pirro (280 a. C.-275 a. C.), delante del templo de Quirino que había sido ofrecido por su padre, al hacer la dedicación. Pero no da a conocer los fundamentos de la fabricación del reloj ni su artífice, ni de dónde se trajo ni en quién lo encontró escrito. Marco Varrón dice que el primer reloj público fue colocado en la Columna Rostral a la manera de los espolones de los barcos en la primera guerra Púnica por el cónsul Manio Valerio Mésala después de la toma de Catania, en Sicilia, y que fue transportado desde allí treinta años después de lo que se dice del reloj de Papirio, el año 490 de la fundación de Roma (264 a. C.). A pesar de que las líneas de este no coincidían con las horas, sin embargo se atuvieron a él durante noventa y nueve años, hasta que Quinto Marcio Filipo, que fue censor con Lucio Paulo, las dispuso más cuidadosamente y esto se tomó como uno de los dones mejor recibidos de sus trabajos de censor. Sin embargo, también entonces en los días nublados las horas fueron poco seguras hasta el lustro siguiente. Entonces Escipión Nasica, colega de Lenate, fue el primero que dividió con agua lo mismo las horas del día que las de la noche e inauguró ese reloj bajo techo el año 595 de la ciudad (159 a. C.). ¡Durante tanto tiempo la luz fue indivisible para el pueblo romano! (Historia Natural, VII, 212).​
Sobre el reloj solar de Augusto (Horologium Augusti), el reloj más grande de la antigüedad

Fuente: https://wikimapia.org/10167224/Horologium-Augusti

Otro [obelisco], que está en el Campo de Marte, el divino Augusto le atribuyó un uso maravilloso: capturar las sombras del Sol y, así, la duración de los días y de las noches, por medio de una losa en proporción con la altura del obelisco, de tal manera que la sombra que proyectara al mediodía (die sexta hora) del solsticio de invierno fuera igual [de larga] y paulatinamente, en correspondencia con unas medidas, que estaban engastada de bronce, disminuyese día a día y entonces comenzara a aumentar de nuevo, un objeto digno de ser conocido, invención del matemático Novio Facundo.​
Este [Novio Facundo] añadió una esfera dorada a la cúspide, para que en lo alto se concentrara la sombra en sí misma, no dispersándose la punta desmesuradamente, de igual manera que, según dicen, se observa con la cabeza de una persona (Historia Natural, XXXVI, 72).​
 
  • Me gusta
  • Me encanta
Reacciones: Jan B, Goldoff, Valero y 12 más
que interesante, gracias por compartirlo
 
  • Me gusta
Reacciones: Cilenio
gratias tibi ago pro informatione
 
  • Me encanta
Reacciones: Cilenio
Buenos días.

Juraría que, en la 'Poética' de Aristóteles, se menciona la clepsidra.

Saludos cordiales.
 
  • Me encanta
Reacciones: Cilenio
Interesante! Gracias por la aportación!
 
  • Me gusta
Reacciones: Cilenio
Buenos días.

Juraría que, en la 'Poética' de Aristóteles, se menciona la clepsidra.

Saludos cordiales.

¡Buena memoria! En efecto, en la Poética Aristóteles menciona las clepsidras para cuestionar la duración de las tragedias. Dice así:

En cuanto al límite de la extensión, el que se atiene a los concursos dramáticos y a la capacidad de atención, no es cosa del arte; pues si hubiera que representar en un concurso cien tragedias, se representarían contra clepsidra, según dice que ya se hizo alguna vez. (1451 a. Trad. Valentín García Yebra).​

Cabe la posibilidad de que en algún caso se controlara el tiempo de la representación con una clepsidra, porque en las Grandes Dionisíacas, durante tres días, se representaban tres tragedias y un drama satírico por la mañana. Irían muy justos de tiempo y puede que tuvieran que vigilar que ninguna se alargara en exceso.


Las clepsidras eran la forma de medir el tiempo típica del siglo IV y V a. C. en Grecia. Lo curioso es que, originalmente, se utilizaban para trasvasar agua del recipiente a otro, no para medir el tiempo. El nombre «clepsidra» comparte raíz con «cleptómano». Clepsidra literalmente es «ladrón (κλεψ) de agua (ύδρα)». Posteriormente, comenzó a usarse para medir el tiempo.

Aristóteles dedica todo el problema 8 de la sección XVI de su colección de Problemas a explicar el funcionamiento de la clepsidra. Es un fragmento muy técnico y algo tostón, pero ahí va:

La explicación general de lo que tiene que ver con la clepsidra parece ser como Anaxágoras dice: pues el aire encerrado en ella es el responsable de que el agua no entre cuando el tubo está tapado. Sin embargo, el aire no es únicamente la causa: pues si se mete en el agua la clepsidra de forma inclinada y con el tubo tapado, entra el agua. Por eso Anaxágoras no explica suficientemente dónde está la causa.​
Según se ha dicho, el aire es el responsable: pero este, empujado o moviéndose por sí mismo, y no siendo forzado, se desplaza de forma natural en línea recta, como también los demás elementos. Así que, cuando la clepsidra está sumergida en posición inclinada, el aire, que permanece en línea recta, sale por efecto del agua a través de los agujeros opuestos a los que hay en el agua y, según se va retirando, el agua entra. Sin embargo, si la clepsidra está sumergida de forma vertical en el agua, como el aire no puede escapar en línea recta por estar bloqueada la parte superior, permanece en torno a los primeros agujeros: pues su naturaleza no le permite contraerse sobre sí mismo. La prueba de que el aire inmóvil puede impedir el paso del agua es lo que ocurre con la clepsidra misma. Y es que, si se llena completamente su recipiente de agua, se tapa el tubo, y se da la vuelta a la clepsidra sobre el tubo, el agua no pasa a través del tubo hasta la boca. Y cuando se abre la boca, el agua no fluye inmediatamente por el tubo, sino después de un rato, como si no estuviera junto a la boca del tubo, sino que llegara más tarde a través de este, una vez abierta la boca. Si la clepsidra está llena y vertical, cuando se abre el tubo, el agua fluye inmediatamente a través del colador, porque lo está tocando, pero no toca los extremos del tubo.​
Así pues, el agua no entra en la clepsidra por la razón dicha anteriormente, y sale cuando se abre el tubo, porque el aire que hay en él, moviéndose de arriba abajo, provoca un gran movimiento del agua dentro de la clepsidra. Empujada el agua hacia abajo y cayendo por sí misma hacia allí, lógicamente fluye hacia afuera, abriéndose paso a través del aire de fuera de la clepsidra, que se mueve y es igual en potencia al aire que la está empujando, pero es más débil en resistencia que aquel porque el aire de la clepsidra fluye más deprisa y con más fuerza a través del tubo estrecho, y cae sobre el agua. La causa de que el agua no fluya cuando el tubo está tapado es que el agua que entra en la clepsidra expulsa con violencia al aire de ella. La prueba es el soplo que se produce en la clepsidra a la vez que un gorgoteo. Cuando entra el agua, el aire, empujándola con fuerza, se precipita con ella hacia el tubo, como pasa con las maderas metidas a presión o el bronce apretado en una hendidura, que lo permanecen sin ninguna otra ligazón hasta que se les empuja desde el lado opuesto, como se sacan a golpes las clavijas rotas en la madera. [...] (Problemas, XVI, 8. Trad. Ester Sánchez Millán).
El mismo Aristóteles en su Constitución de los atenienses menciona las clepsidras para explicar la medida del tiempo en los discursos de las causas judiciales.

Hay clepsidras que tienen pequeños caños, por los que se desliza el agua, cuya medida determina los discursos de los juicios: se conceden diez congios [el congio es medida equivalente a unos 3 litros y algo] para las causas de más de cinco mil dracmas, y tres congios a la réplica, a las inferiores a cinco mil siete congios y dos para la réplica; para las de menos de mil cinco congios y dos respectivamente; y seis a las discusiones en las que no se admite réplica. (Constitución de los atenienses, 67, 2. Trad. Manuela García Valdés).

Hasta donde sé la clepsidra era una herramienta de medición y no tanto un elemento decorativo, como sí lo fueron también los relojes solares. Vitruvio es otro que se explaya alrededor de la clepsidra y su funcionamiento.
 
  • Me encanta
  • Me gusta
Reacciones: Valero, Relojero y puzzling
Buenos días, Cilenio.

Aunque no se ajusta exactamente al tema que has abierto, tal vez te interese saber que, en el libreto de la ópera 'Elektra', que Hugo von Hofmannsthal escribió basándose en la tragedia homónima de Sófocles, encontramos el siguiente texto:

"Und dann schlaf' ich und träume, träume, daß sich mir das Mark in den Knochen löst, und taumle wieder auf, und nicht der zehnte Teil der Wasseruhr ist abgelaufen, und was unterm Vorhang hereingrinst, ist noch nicht der fahle Morgen, nein, immer noch die Fackel vor der Tür,
die gräßlich zuckt wie ein Lebendiges und meinen Schlaf belauert"
.

'Wasseruhr' es el término alemán para designar la clepsidra.

La traducción al español de ese texto sería así:

"Y luego duermo y sueño, sueño que la médula se me deshace en los huesos, y me incorporo tambaleándome, y no ha transcurrido ni la décima parte de la clepsidra, y lo que sonríe con mueca siniestra bajo la cortina no es aún la pálida mañana; no, sigue siendo la antorcha ante la puerta,
que se retuerce horriblemente como un ser vivo y acecha mi sueño".


Saludos cordiales.
 
  • Me encanta
Reacciones: Cilenio
Buenos días, Cilenio.

Aunque no se ajusta exactamente al tema que has abierto, tal vez te interese saber que, en el libreto de la ópera 'Elektra', que Hugo von Hofmannsthal escribió basándose en la tragedia homónima de Sófocles, encontramos el siguiente texto:

"Und dann schlaf' ich und träume, träume, daß sich mir das Mark in den Knochen löst, und taumle wieder auf, und nicht der zehnte Teil der Wasseruhr ist abgelaufen, und was unterm Vorhang hereingrinst, ist noch nicht der fahle Morgen, nein, immer noch die Fackel vor der Tür,
die gräßlich zuckt wie ein Lebendiges und meinen Schlaf belauert"
.

'Wasseruhr' es el término alemán para designar la clepsidra.

La traducción al español de ese texto sería así:

"Y luego duermo y sueño, sueño que la médula se me deshace en los huesos, y me incorporo tambaleándome, y no ha transcurrido ni la décima parte de la clepsidra, y lo que sonríe con mueca siniestra bajo la cortina no es aún la pálida mañana; no, sigue siendo la antorcha ante la puerta,
que se retuerce horriblemente como un ser vivo y acecha mi sueño".


Saludos cordiales.
Muy interesante. No conocía esa ópera. Es un género del que soy un gran desconocedor. Es un ejemplo estupendo de pervivencia del imaginario clásico.

Sin saber apenas alemán, entiendo que wasseruhr es literalmente agua (wasser) + uhr (reloj). Comprendo que el autor haya preferido el concepto «reloj de agua», en relación con el más famoso reloj de arena en nuestra época. De hecho, es lo que me parece más interesante: que haya respetado la coherencia histórica y que, para el público general, la experiencia del tiempo siga siendo perfectamente inteligible a través del fluir del agua, a pesar de que, al menos según creo, los relojes de agua o clepsidra quedan solo en las referencias clásicas. Apenas he visto ninguno moderno. En cambio, sí he visto y usado muchísimos relojes de arena.
 
Estoy seguro de que Vitruvio (ca. 80 a. C. - ca. 15 a. C.) habría sido uno de los primeros miembros de este foro. Sí es que no solo habla de diferentes relojes solares y clepsidras, también te describe relojes por estaciones, como hace poco estuvimos hablando en el hilo «Sois estacionales, con los relojes?». Vitruvio explica un modelo de relojes para el invierno (horologia hiberna), a los que llama «anafóricos»:

Dice así en el libro IX, 8, 8 de sus Diez libros sobre arquitectura (trad. de José Luis Oliver Domingo):

También se pueden fabricar relojes de invierno —llamados «anafóricos»— de muy diferentes clases, siguiendo los siguientes pasos: se señalan las horas con unas varitas de bronce, según la proyección del analema, marcándolas alrededor del centro, en la parte delantera del reloj; asimismo, se describen unos círculos que delimitarán el espacio de cada mes. Detrás de estas varitas se coloca un disco, en el que están representados gráficamente el firmamento y el zodíaco, conformado con sus doce signos; empezando desde el centro del disco se dejarán unos espacios desiguales, es decir, unos mayores que otros; en la parte posterior del disco se adaptará un eje giratorio, encajado en su parte central; en este eje se enrolla en un lado una cadena flexible de bronce, de la que se suspende un corcho, que se apoyará sobre el agua, y en el otro lado se cuelga un contrapeso de lastre, con un peso igual al del corcho.
Con este sistema, a medida que el agua va haciendo subir el corcho, el contrapeso de lastre va descendiendo, lo que provoca que el eje comience a girar y que éste haga girar al disco. El movimiento giratorio del disco, a veces en la parte más grande del zodíaco y a veces en la parte más pequeña, señalará en su rotación la duración de las horas en cada una de las épocas del año. En efecto, en cada uno de los signos se habrán marcado tantas cavidades como días tiene el mes; el clavo de cabeza ancha, que en los relojes parece representar una reproducción del Sol, indica la duración de las horas. El clavo pasa de agujero en agujero y lleva a su término la duración completa del mes en curso. Así como el Sol, al atravesar los espacios siderales, prolonga o acorta la duración de los días y de las horas, del mismo modo el clavo de cabeza ancha, progresando en los relojes de agujero en agujero en dirección contraria al movimiento del disco, va desplazándose cada día bien por espacios más anchos, o bien por espacios más estrechos y ofrece la representación de las horas y de los días, gracias a los períodos mensuales previamente señalados.
En el enlace de la fuente de la noticias se puede ver una representación gráfica de este reloj. Ha sido una suerte encontrarla. Lo que más me está costando es encontrar imágenes de algunos de los relojes que menciona Vitruvio, porque no se conservan restos arqueológicos y la información es muy escueta o directamente dice:

Quien lo desee podrá encontrar en sus propios libros diversos diagramas y modelos que ejemplarizan sus relojes, si se conoce la estructura del analema.

Claro, el problema es que no se han conservado esos libros. En cualquier caso, es que es flipante la cantidad de relojes que menciona. A ver si encuentro alguna imagen más y subo la lista de relojes solares.

Para terminar con la parte técnica de los relojes de agua, copio el fragmento donde Vitruvio explica el funcionamiento de la clepsidra que atribuye a Ctesibio (s. III a. C.). Además, es muy curioso el origen de la invención.

A estos mismos autores [justo antes enlista a todos los inventores de relojes solares o gnomónicos] se debe también el método para construir relojes de agua; en primer lugar, Ctesibio de Alejandría, quien también descubrió la fuerza natural del aire y los principios elementales de la neumática. Merece la pena que los estudiosos conozcan cómo se llegó a este descubrimiento. El padre de Ctesibio era un barbero de Alejandría; dotado de una inteligencia intuitiva y aguda que sobresalía sobre todos los demás, encontraba plena satisfacción en fabricar artilugios mecánicos. Veamos un detalle: Ctesibio quería colgar un espejo en la barbería de su padre, que subiera y bajara mecánicamente mediante un contrapeso oculto, pendiente de una cuerda; para ello, ideó el siguiente ingenio: fijó un canal de madera debajo de las vigas del techo y colocó unas poleas; a lo largo del canal tiró una cuerda hasta el mismo ángulo, donde estaban bien fijados unos tubos; por el interior de los tubos introdujo una bola de plomo atada a un cordel; de esta forma, cuando descendía el peso rápidamente a través de la estrechez de los tubos, comprimía el aire; el aire condensado por la presión del peso salía violentamente por unos orificios hacia el exterior, produciendo un sonido agudo al chocar bruscamente con un obstáculo.
Como Ctesibio había observado que los sonidos y los distintos tonos de la voz se producían por la impulsión de aire comprimido al contactar con el aire del exterior, apoyándose en estos principios fue el primero que inventó las máquinas hidráulicas. Explicó también la fuerza que posee el agua sometida a presión; desarrolló artilugios automáticos, numerosas artimañas y curiosidades, entre las que sobresale la construcción de los relojes de agua. Para ello, horadó un orificio en una plancha de oro, o bien, perforó una piedra preciosa ya que estos materiales ni se desgastan por la erosión del agua ni se ensucian con los posos, de modo que nunca quedan obstruidos. Al ir cayendo el agua por este orificio de manera regular y matemática consigue levantar una vasija cóncava puesta boca abajo, que los entendidos denominan «tambor del reloj» o bien, «corcho flotante». Sobre este corcho flotante se fija una regla, ajustada a un disco giratorio que posee unos dientecillos perfectamente iguales; gracias a un movimiento complicado, los dientecillos regulan los giros y los desplazamientos. Se colocan además otras reglas y otros discos dentados de la misma manera que, impulsados por una misma fuerza, al girar, provocan movimientos y efectos muy variados como, por ejemplo, que se muevan distintas figurillas, que giren unas pequeñas torres, que vayan cayendo unas bolitas o huevecillos, que suenen trompetas diminutas u otra clase de adorno.​
En estos relojes de agua, las horas quedan señaladas en una columna o pilastra; una figurita, que va ascendiendo desde la parte más baja, indica con una varita las horas de todo un día. La duración más corta o más larga de los días obliga a añadir o a quitar unas cuñas cada día y cada mes. Para regular el paso de agua, procédase de la siguiente manera: se construyen dos conos, uno sólido y otro hueco, terminados con el torno de manera que uno pueda ajustarse perfectamente al otro; la misma varilla, apretándolos o aflojándolos, provoca una rápida o lenta caída del agua dentro del recipiente. Los relojes de agua para el invierno se montan siguiendo el método descrito y usando esos ingeniosos artificios. (Diez libros de arquitectura, IX, 8, 2. Trad. José Luis Oliver Domingo)
De nuevo, en la fuente se pueden encontrar más imágenes y representaciones gráficas.
 
Muchas gracias por tomarte el trabajo de compartir esta interesante información.
 
  • Me gusta
Reacciones: Cilenio
Me encanta cómo Vitruvio empieza el capítulo octavo del libro IX de sus Diez libros sobre la arquitectura. Refiere hasta lo que parece un worldtimer (el de Parmenio [en amarillo]) y relojes portátiles, los últimos (prometo que me haré con uno y lo subiré a vintage). Flipante. He desistido de poner fotos de cada uno. De muchos no encuentro fuentes gráficas. Hay un artículo muy interesante sobre el tema con ilustraciones.

Zhi Li (2025). Greco–Roman and Qin–Han Chinese Sundials: A Comparative Study. Communications in Humanities Research (CHR), 98, pp. 19-33. DOI: 10.54254/2753-7064/2025.NS29451.​

Zhi Li, por su parte, toma muchas de las fotos del libro de este libro: Gibbs, S. L. (1976). Greek and Roman sundials. Yale University Press.

Diferentes modelos de relojes y nombre de sus inventores [corchetes y paréntesis son míos. Divido los modelos de relojes en colores]
Se dice que el inventor del Hemiciclo excavado en un «bloque cuadrado» o en un «cubo», de acuerdo con la latitud, fue Beroso de Caldea [imagen 3]; Aristarco de Samos fue el inventor —dicen— del espejo cóncavo o hemisférico [imágenes 1 y 2] y también del disco colocado sobre una superficie plana [¿imagen 4?]. El astrónomo Eudoxo inventó la «araña», aunque otros opinan que fue Apolonio. Escopinas de Siracusa ideó el «plintio» o «artesonado», que todavía ahora podemos ver en el circo Flaminio. A Parmenio se debe el reloj «que señala las horas de los lugares más conocidos»; Teodosio y Andrias son los inventores del reloj «para cualquier latitud»; a Patroclo se debe la invención del reloj en forma de «hacha de combate»; Dionisodoro ideó el reloj solar en forma cónica y Apolonio el reloj en forma de carcaj. Todos estos inventores citados y otros muchos idearon diversos modelos de relojes que nos han transmitido, como son «la araña cónica», el «plintio cónico», y el «antiboreo». Otros muchos inventores nos han dejado suficientes detalles para componer relojes de viaje y relojes portátiles (viatoria pensilia*) [imágenes 5 y 6]. (Traducción de José Luis Oliver Domingo).​

Reloj solar romano Volterra.webp

Reloj hemisférico (scaphe) sin gnomon del s. I d. C., ubicado en el museo de Volterra. Un agujero en la parte superior proyecta la luz solar. (Fuente: ancientrome/comments/1phazdp/an_extraordinary_public_sundial_from_ancient).

Hemisférico o espejo cóncavo.webp

Reloj hemisférico (scaphe) con gnomon del s. I d. C. (Fuente: https://clemens-sels-museum-neuss.d...rgeschichte/roman-neuss/hemispherical-sundial).

1000054329.webp

Reloj hemisférico gnomónico del s. I d. C. ubicado en el templo de Apolo de Pompeya (Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/File:Temple_of_Apollo_(7238818732)_détail.jpg).

1000054429.webp

Reloj gnomónico horizontal plano del s. I d. C. (Fuente: https://matemolivares.blogia.com/2016/102701-reloj-de-sol-horizontal-siglo-i-a-c-.php).

*Esta última parte me genera dudas y no entiendo por qué Oliver Domingo la tradujo así. Dice: «Item ex his generibus viatoria pensilia uti fierent, plures scripta reliquerunt». El traductor induce a pensar que se trata de dos relojes distintos, pero, en realidad, es solo un tipo, el viatoria pensilia. Yo lo habría traducido así: «Del mismo modo, a partir de estos modelos, muchos dejaron escrito cómo se harían [relojes] de viaje colgantes». Viatoria de viator (viajero) y este de via (camino). Pensilia de pendere ~ pendeo (estar colgado), que, a su vez, es un intensificador de pendere ~ pendo (estimar, pagar, pesar). En Roma se estimaba el valor y se pesaba para pagar en balanzas colgantes. Eran relojes que se colgaban al cuello:

Viatoria pensilia (encontrado en Mainz).webp

Reloj del tipo viatoria pensilia (Fuente: https://hortushesperidum.blogspot.com/2013/06/reloj-solar-portatil-de-mainz.html).

1000054438.webp

Partes de un reloj tipo viatoria pensilia (Fuente: https://www.mhs.ox.ac.uk/staff/saj/roman/).

Amparo Moreno en la fuente de la imagen (https://hortushesperidum.blogspot.com/2013/06/reloj-solar-portatil-de-mainz.html) explica cómo usarlo.

A partir de ahora se vienen las referencias literarias 😁
 
Última edición:
Interesantisimo hilo de Cilenio, al igual que sus propios comentarios! Y todo tan bien documentado!
Esta clase de hilos, tan didácticos como amenos, crean afición. 👍🤟👏🤟
 
Interesantisimo hilo de Cilenio, al igual que sus propios comentarios! Y todo tan bien documentado!
Esta clase de hilos, tan didácticos como amenos, crean afición. 👍🤟👏🤟

Muchísimas gracias por tus amables palabras.

En respuesta, comparto una cita de Séneca (4 a. C. - 65 d. C.) que adoro. Pertenece a sus Cartas a Lucilio, para mí un libro de cabecera al que acudo con cierta frecuencia y recomiendo muchísimo. Son los fragmentos 20-21 de la carta 24 del libro III:

Morimos cada día, pues cada día se nos quita alguna parte de nuestra vida, e incluso cuando estamos en edad de crecer, nuestra vida decrece. Perdimos la infancia, después la adolescencia, después la juventud. Todo ese tiempo que ha pasado hasta ayer ya se ha perdido; este mismo día que tenemos lo compartimos con la muerte. Así como la clepsidra no se vacía con la última gota sino con todo lo que antes se fue escurriendo, igualmente la última hora en la que dejamos de existir no es la única que produce la muerte sino la única que la culmina; llegamos allá entonces, pero vamos hacia ella largo tiempo. Después de haber pintado estas cosas con la elocuencia que sueles, magnífico siempre, nunca acerbo, salvo cuando acomodas tus palabras a la verdad, dijiste:
«la muerte no viene una vez solo, sino que la que nos lleva es la muerte última» (Trad. de Francisco Socas).​

Espero que la cita no resulte lúgubre. La intención es justo la contraria: perder el miedo y aceptar una realidad que nace con nosotros, que es parte de nosotros, no algo externo. De esa forma, atender y disfrutar del presente, no dejar escapar ese reloj (vintage) que aparece de pronto. En fin, valorar el tiempo que tenemos. Y si nosotros no tenemos conciencia del tiempo en un foro de relojes, apaga y vámonos.

La metáfora con la clepsidra me parece una imagen muy potente, cómo un recipiente de agua desde el primer momento se empieza a vaciar. La última gota no es distinta a la primera, solo es la última.

Una curiosidad. La cita que Séneca usa: «la muerte no viene una vez solo, sino que la que nos lleva es la muerte última» (mors non una venit, sed quae rapit ultima mors est), tiene una relación estrechísima con una inscripción tradicional que se colocaba al pie de los relojes solares públicos, sobre todo, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Hasta donde sé no conozco ninguno de época romana. Ellos solían inscribir quién pagaba el reloj. Sé que conocéis la frase: vulnerant omnes, ultima necat («hieren todas [las horas], la última mata». Hay otras versiones que dicen lo mismo: omnes feriunt, ultima necat y laedunt omnes, ultima necat.
Reloj romano.webp

Reloj solar del siglo I a. C. encontrado en la antigua colonia de Interamna Lirenas. Lleva la inscripción: M[arcus] Novius M[arci] F[ilius] Tubula, es decir, «Marco Novio Tubula, hijo de Marco». Lo cual significa que lo pagó con su dinero, posiblemente para celebrar alguna elección. (Fuente de la imagen: https://archaeology.org/issues/may-june-2018/artifacts/artifact-roman-sundial/).

1000054872.webp

Reloj de la iglesia de San Vicente de Urruña (1550) con la inscripción vulnerant omnes. Última necat. (Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Urrugne_-_Église_Saint-Vincent_-_16.jpg).
 
  • Me gusta
Reacciones: Valero
Las clepsidras eran la forma de medir el tiempo típica del siglo IV y V a. C. en Grecia. Lo curioso es que, originalmente, se utilizaban para trasvasar agua del recipiente a otro, no para medir el tiempo. El nombre «clepsidra» comparte raíz con «cleptómano». Clepsidra literalmente es «ladrón (κλεψ) de agua (ύδρα)». Posteriormente, comenzó a usarse para medir el tiempo.

Aristóteles dedica todo el problema 8 de la sección XVI de su colección de Problemas a explicar el funcionamiento de la clepsidra. Es un fragmento muy técnico y algo tostón, pero ahí va:

La explicación general de lo que tiene que ver con la clepsidra parece ser como Anaxágoras dice: pues el aire encerrado en ella es el responsable de que el agua no entre cuando el tubo está tapado. Sin embargo, el aire no es únicamente la causa: pues si se mete en el agua la clepsidra de forma inclinada y con el tubo tapado, entra el agua. Por eso Anaxágoras no explica suficientemente dónde está la causa.​
Según se ha dicho, el aire es el responsable: pero este, empujado o moviéndose por sí mismo, y no siendo forzado, se desplaza de forma natural en línea recta, como también los demás elementos. Así que, cuando la clepsidra está sumergida en posición inclinada, el aire, que permanece en línea recta, sale por efecto del agua a través de los agujeros opuestos a los que hay en el agua y, según se va retirando, el agua entra. Sin embargo, si la clepsidra está sumergida de forma vertical en el agua, como el aire no puede escapar en línea recta por estar bloqueada la parte superior, permanece en torno a los primeros agujeros: pues su naturaleza no le permite contraerse sobre sí mismo. La prueba de que el aire inmóvil puede impedir el paso del agua es lo que ocurre con la clepsidra misma. Y es que, si se llena completamente su recipiente de agua, se tapa el tubo, y se da la vuelta a la clepsidra sobre el tubo, el agua no pasa a través del tubo hasta la boca. Y cuando se abre la boca, el agua no fluye inmediatamente por el tubo, sino después de un rato, como si no estuviera junto a la boca del tubo, sino que llegara más tarde a través de este, una vez abierta la boca. Si la clepsidra está llena y vertical, cuando se abre el tubo, el agua fluye inmediatamente a través del colador, porque lo está tocando, pero no toca los extremos del tubo.​
Así pues, el agua no entra en la clepsidra por la razón dicha anteriormente, y sale cuando se abre el tubo, porque el aire que hay en él, moviéndose de arriba abajo, provoca un gran movimiento del agua dentro de la clepsidra. Empujada el agua hacia abajo y cayendo por sí misma hacia allí, lógicamente fluye hacia afuera, abriéndose paso a través del aire de fuera de la clepsidra, que se mueve y es igual en potencia al aire que la está empujando, pero es más débil en resistencia que aquel porque el aire de la clepsidra fluye más deprisa y con más fuerza a través del tubo estrecho, y cae sobre el agua. La causa de que el agua no fluya cuando el tubo está tapado es que el agua que entra en la clepsidra expulsa con violencia al aire de ella. La prueba es el soplo que se produce en la clepsidra a la vez que un gorgoteo. Cuando entra el agua, el aire, empujándola con fuerza, se precipita con ella hacia el tubo, como pasa con las maderas metidas a presión o el bronce apretado en una hendidura, que lo permanecen sin ninguna otra ligazón hasta que se les empuja desde el lado opuesto, como se sacan a golpes las clavijas rotas en la madera. [...] (Problemas, XVI, 8. Trad. Ester Sánchez Millán).

Como comentaba en otro mensaje, la clepsidra era originalmente en sistema para traspasar agua de un recipiente a otro, no un reloj. Su uso para medir el tiempo fue posterior, al menos a partir del siglo V a. C. Esto genera ambigüedad en algunos casos.

Digo esto, porque desde que puse la cita de Aristóteles sobre el funcionamiento de la clepsidra, tuve dudas sobre si se estaba refiriendo a la clepsidra «reloj» o a la «trasvasadora». Había muchas cosas que no entendía sobre cómo podía afectar a una clepsidra-reloj, y que no sé refiriera en ningún momento al paso del tiempo...

Ahora estoy seguro de que se refería a lo segundo, a la clepsidra-trasvasadora (no reloj), aunque la cita no pierde el interés, pues dominar la presión y control del caudal del agua permitiría medir mejor el tiempo, y permitió sofisticar la clepsidra-reloj.


Me parecía adecuado aclararlo. Edward Seymour Forster, que tradujo los Problemas de Aristóteles en 1927, alimentó está confusión durante mucho tiempo, pues tradujo el pasaje como «water-clock». Yo he salido de dudas revisando las referencias a la clepsidra de los presocráticos, quienes hablan casi en exclusiva de la clepsidra como dispositivo para trasvasar líquidos, así como las notas del traductor Conrado Eggers Lan.

Sobre la importancia de controlar el trasvase de agua, tenemos que Eneas Tácito (s. IV a. C.) en su Poliorcética (un tratado sobre el arte de la guerra) comentaba lo siguiente en relación a la duración de las guardias nocturnas:

La manera de que las guardias sean iguales y similares para todos, cuando las noches sean más largas o más cortas, debe determinarse con una clepsidra y esta debe cambiarse cada diez días. Pero es mejor procedimiento llenar de cera su cara interior y, cuando las noches sean largas, quitar una parte de la cera, con el objeto de que tenga cabida más agua, mientras que, cuando sean más cortas, hay que rellenarla de cera para que acoja una cantidad menor (XXII, 24 y 25. Trad. José Vela Tejada).
No sé a vosotros, pero a mí me da que el método de la cera se prestaba a mucho a engaño o a «esfera repitada queriéndola pasar original», que diríamos nosotros 😂
 
Reloj astronómico en los aposentos de Felipe II en El Escorial
IMG_20260807_133906.webp
IMG_20260807_133807.webp
IMG_20260807_133841.webp
 
  • Me encanta
Reacciones: Cilenio
Muchas gracias por compartirlo 👏👏👏. No sabía de su existencia. Entiendo que se puede visitar. Buscaré más información sobre el reloj.

Edito: añado los resultados de una búsqueda superficial y gracias a las fotos que has subido.

Es una mediana solar, es decir, «un instrumento gnomónico que nos indica, sobre una línea, el momento del paso del Sol por el meridiano del lugar, el mediodía solar, cada uno de los días del año» (fuente del texto: https://revistasacitametam.blogspot.com/2013/04/meridianas-analemas-e-hipopedes.html?m=1). En la misma fuente, el autor o autora enumeran medianas de diferentes ubicaciones y explican la curvatura del analema.

Sería, por tanto, uno de los modelos de reloj solares que describe Vitruvio. Sobre el analema, además, Vitruvio habla largo y tendido en el libro IX de su obra.
 
Última edición:
  • Me gusta
Reacciones: 5sports1963
Más citas sobre el agua como medida del tiempo y las clepsidras. Cada vez veo preferible llamarlas cronógrafos de agua que relojes de agua:

Cicerón (106 - 43 a. C.), Sobre el orador, III, 34 (138), dice lo siguiente refiriéndose a Pericles:​
Pero es que a este ningún voceras le había enseñado a ladrar clepsidra en mano, sino, según mis noticias, aquel ilustre Anaxágoras de Clazómenas. (Trad. José Javier Iso).​

«Ladrar a la clepsidra» (ad clepsydram latrare). Es buenísima la frase.

Pongo algunas referencias a este hecho, pues, como ya estableció Aristóteles, la clepsidra se utilizaba como un cronógrafo para controlar los tiempos en las intervenciones de las causas judiciales. Son muchos los oradores que lo aluden abiertamente, ya sea mencionando la clepsidra, ya sea por metonimia el agua. No es una revisión exhaustiva, pero sí suficiente.

Hay clepsidras que tienen pequeños caños, por los que se desliza el agua, cuya medida determina los discursos de los juicios: se conceden diez congios [el congio es medida equivalente a unos 3 litros y algo] para las causas de más de cinco mil dracmas, y tres congios a la réplica, a las inferiores a cinco mil siete congios y dos para la réplica; para las de menos de mil cinco congios y dos respectivamente; y seis a las discusiones en las que no se admite réplica. (Constitución de los atenienses, 67, 2. Trad. Manuela García Valdés).

Demóstenes (384 - 322 a. C.), Contra Áfobo, I, 12.
Este era, jueces, el caudal relicto de su hacienda. Cuántos bienes de la misma, cuántos ha tomado cada uno en particular y cuántos tratan de defraudar todos en común, no es posible expresarlos con una misma agua. (Trad. José Manuel Colubi Falcó).
Demóstenes, Sobre la embajada fraudulenta, 213.
Pero, por cierto, si es que da en hablar mal de mí saliéndose del tratamiento del asunto de la embajada, por muchas razones haríais bien en no escucharle. Porque no soy yo quien hoy es juzgado ni echará luego nadie agua en la clepsidra en favor mío. (Trad. Antonio López Eire)
Demóstenes, Contra Midias, 129.
Realmente, todo lo que por él ha sido hecho ni yo os lo podría referir a vosotros ni vosotros tendríais la paciencia de escucharlo, ni, aun en el caso de que contase para el resto de mi discurso con la medida de agua asignada a uno y otro de nosotros, toda la mía y la de ese individuo en añadidura, ni aun así bastaría. (Trad. Antonio López Eire).
Esquines (389 - 314 a. C.), Contra Timarco, 162-163.
Pues bien, el mayor, tras serle entregados el agua de la clepsidra y la palabra, acusando con empeño al tiempo que os mira abiertamente, dirá: «Tome a sueldo, atenienses, a Timarco para que se hiciese mi compañero según el documento que hay en poder de Demóstenes —nada impide que este dicho de esta forma—, pero él no cumple conmigo lo convenido». (Trad. José María Lucas de Dios).
Esquines, Acerca de la embajada fraudulenta,126-127.
La parte restante del día permite hacerlo, pues se me han concedido once ánforas dentro de la repartición hecha del día. Y si dicen que yo he pasado la noche alguna vez lejos de estos compañeros de mesa, no me andéis con miramientos, atenienses, sino que levantaos y dadme muerte. (Trad. José María Lucas de Dios).
Un ánfora, según Lucas de Dios, equivale a 36 minutos. Por tanto, 11 ánforas sumarían un total de 396 minutos (6 horas y 36 minutos).
Iseo (ca. 420 - 340 a. C.), Sobre la herencia de Menecles, 33-34.
[...] os traeré como testigos a los mismos que lo decidieron, si es que quieren comparecer —pues son parientes de mis oponentes—, y si no, a los que estuvieron presentes. Léeme estos testimonios; y tú, para el reloj [en el original: σὺ δ᾽ ἐπίλαβε* τὸ ὕδωρ, es decir, «y tú detén el agua {ὕδωρ}». Iseo repite esta expresión en muchos discursos]. (Trad. María Dolores Jiménez López)
*El verbo ἐπιλαμβάνω, entre muchos significados, es «detener», en concreto, por presión, como se haría introduciendo un tapón a la clepsidra para que no vierta más líquido.
La misma expresión utiliza en muchos discursos Lisias (458 - 380 a. C.), por ejemplo, Contra Pancleón, 4.
Por consiguiente, primero os presentare a los testigos de Decelía a quienes pregunte y después también a otros que le han iniciado procesos ante el polemarco [magistrado encargado de los asuntos de los inmigrantes o extranjeros en Atenas] y han logrado su condena, a cuantos se encuentran presentes. Retenme el agua [en el original: καί μοι ἐπίλαβε τὸ ὕδωρ]. (Trad. José Luis Calvo Martínez)
Dinarco (ca. 361 - ca. 291 a. C.), Contra Demóstenes, 114.
Con la pretensión de que también vosotros tengáis el mismo criterio, cedo la palabra a los demás acusadores [en el original: παραδίδωμι τὸ ὕδωρ τοῖς ἄλλοις κατηγόροις, esto es, «entrego el agua a los demás acusadores]. (Trad. José Miguel García Ruiz).
Hiperides (ca. 389 - ca. 322 a. C.), Contra Filípides, 13.
A fin de no extenderme en el discurso, ya que me he propuesto hablar con el límite de un ánfora de agua, el escribano os leerá de nuevo la acusación. (Trad. José Miguel García Ruiz).
 
A lo largo del hilo, se han visto dos tipos de dispositivos en la época antigua: el reloj solar que nos permitiría responder a la pregunta «qué hora o momento del día es» y la clepsidra que, en especial en los primeros modelos, responde a la pregunta «cuánto tiempo ha pasado». Por eso, prefiero llamarlo cronógrafo de agua.

Sobre el origen de la medición del tiempo por el sol, la división del día en doce y su llegada a Grecia, encontramos lo siguiente:

Heródoto (484 - 425 a. C.), Historias, II, 109.​
Los sacerdotes también me dijeron que este rey repartió el suelo entre todos los egipcios concediendo a cada habitante un lote cuadrangular de extensión uniforme; y, con arreglo a esta distribución, fijó sus ingresos, al imponer el pago de un tributo anual.
Ahora bien, si el río se le llevaba a alguien parte de su lote, el damnificado acudía al rey y le explicaba lo sucedido; entonces el monarca enviaba a algunas personas a inspeccionar y medir la disminución que había sufrido el terreno para que, en lo sucesivo, pagara una parte proporcional del tributo impuesto. Y, a mi juicio, para este menester se inventó la geometría, que pasó luego a Grecia. Pues el polos, el gnomon y la división del día en doce partes los griegos lo aprendieron de los babilonios. (Trad. Carlos Schrader)

Muy interesante, pues habla de polos, que se podría interpretar como el eje de la esfera celeste, la cual, aparte de para orientarse, servía para calcular el momento del día, o como un tipo de reloj cóncavo, quizá en oposición al gnomon como reloj plano. El problema es que el πόλος también usaba gnomon.


egypto-greek-model-of-polaris-or-the-polos-πολος-i-e-axis.webp

El polos astronómico egipcio-griego. (Fuente: Alphanumerics/comments/179q8gn/egyptogreek_model_of_polaris_or_the_polos)


Reloj de sol Caldeo.webp

Reloj caldeo del siglo IV a. C. (Fuente: https://www.smith.edu/bigbad/historyscitech/museum/ancient_inventions/hsc13b.htm).
En la URL de la fuente se puede encontrar una descripción de su funcionamiento.

En este segundo libro de sus Historias (obra recomendadísima), Heródoto describe principalmente Egipto, su historia, geografía, etnografía, tecnología, etc. En el fragmento remonta la invención del reloj solar a los babilonios. Además, sugiere que la aparición de la investigación geométrica respondió a fines económicos, al pago de impuestos en concreto. Se lo compro. ¿Qué no se ha movido por el dinero?

Por otro lado, es interesante que los griegos (y por herencia cultural también los romanos) tenían afición por personalizar eventos o descubrimientos. En cita anteriores podéis ver como Plinio el Viejo menciona que a Anaxímenes (611 – 546 a. C.) se le atribuyó la invención del reloj solar.

Este cómputo de las sombras y la llamada gnomónica, los descubrió Anaxímenes de Mileto (ca. 590 a. C. – ca. 525 a. C.), discípulo de Anaximandro, del que hemos hablado, y fue el primero que mostró en Lacedemonia el reloj que denominan esciotérico [sciothericon del griego σκιοθηρικός, que procede de σκιά (sombra), θηράω (cazar) e -ικός (sufijo para designar instrumento)]. (Historia Natural, II, 187).


En cambio, Diógenes Laercio sigue la tradición más hegemónica que le atribuye la invención a Anaximandro.

Diógenes Laercio (s. III d. C.) en sus Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, II, 1-2 (otra obra interesantísima) lo relata así:​
Anaximandro, hijo de Praxíades, de Mileto. Afirmaba este que el principio y elemento fundamental era lo infinito, sin definirlo como aire, agua u otra cosa. Y que las partes se alteran, pero el todo es inalterable. Que la tierra está en medio. manteniendo una posición de centro, siendo esférica. Que la luna tiene una luz falsa, y que está iluminada, desde el sol, y que el sol no es menor que la tierra y es purísimo fuego.
Fue además el primero en inventar un gnomon, y lo erigió para medir las sombras en Lacedemonia, según cuenta Favorino en su Historia miscelánea, indicando los solsticios y equinoccios; y construyó relojes (de sol). También fue el primero en dibujar el perfil de la tierra y del mar (en un mapa), y en construir una estera. (Trad. Carlos García Gual).

Prácticamente lo mismo dice Eusebio de Cesarea en su Preparación evangélica, X, 14, 11.
 
La horología, término menos extendido en español que relojería —de hecho, la RAE no lo reconoce— procede del latín horologium, y este, a su vez, del griego ὡρολόγιον. En cambio, el término reloj llega al español desde el catalán antiguo y dialectal relotge hacia el 1400. En catalán hoy sería relottge. En el pasado, en algunas zonas de Cataluña el término era orollotge.

Lo interesante de la palabra reloj es que surgió del plural relojes, pues el singular era reloje. Claro, el singular reloje resultaba menos transparente, porque la -e final era átona y tendía a debilitarse en la articulación. Por ese motivo, los hablantes comenzaron a interpretar el plural relojes como reloj + es. Estaríamos hablando de una retroformación léxica.

En 1607 se atestigua en español la palabra relojero y no es hasta el siglo XIX cuando aparece la palabra relojería (Segura Munguía [2006]. Nuevo diccionario etimológico latín-español y de las voces derivadas. Universidad de Deusto, p. 341).

Horologium es mucho más transparente en italiano: orologio. Horologium podía ser cualquiera tipo de reloj (sol, arena o clepsidra). La palabra se compone de hora (tiempo, hora) y lego del verbo legere (recoger, coger). Por tanto, «coger el tiempo». Curiosamente, legere da nuestro verbo leer, ya que de manera figurada legere en latín es también «recoger/captar con los ojos y los oídos».

Dicho todo esto, ¿cuándo aparece por primera vez horologium en latín? Pues según me consta, la mención más antigua que he encontrado pertenece a Marco Terencio Varrón (116 – 27 a. C.), en su obra Las cosas del campo (Rerum rusticarum de agri cultura, III, 5, 17). Dice así:

Interiormente, bajo la cúpula del tholus, la estrella Lucífero durante el día y la estrella Véspero durante la noche van girando cerca de la parte más baja del hemisferio y con su desplazamiento señalan la hora que es. En medio del mismo hemisferio, en torno a su eje, hay un círculo con los ocho vientos, como en el reloj [horologio] de Atenas que hizo Cirrestes [s. II – I a. C.]. Y allí una aguja, que sale del eje en dirección al círculo, se mueve tocando el viento que sopla, de forma que puedes saberlo desde dentro. (Trad. Luis Alfonso Hernández Miguel).

Το_Ωρολόγιον_του_Ανδρονίκου_Κυρρήστου_στις_16_Σεπτεμβρίου_2019.webp

Horologion de Andrónico de Cirro o Torre de los Vientos. En su interior contenía una clepsidra y su exterior, de planta octogonal, ocho relojes solares. (Fuente de la imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Torre_de_los_Vientos).

A quien le interese el tema le recomiendo encarecidamente la lectura del artículo sobre la Torre de los Vientos en la web de la Asociación de Amigos de los relojes de sol (https://relojesdesol.info/node/1030). Esta web es una joya. Me ha resulto un sinfín de dudas.

1786651072538.webp

Reloj solar en la cara de Notos (Fuente: https://relojesdesol.info/node/1049)

El siguiente fragmento que he localizado con la palabra horologium pertenece al bueno de Cicerón (106 – 43 a. C.) en una carta a su secretario y liberto, Tirón (Cartas a los familiares, 218 [XVI, 18]). Dice así:

[...] Me gustaría saber que sucede con Crabra, aunque ahora mismo haya incluso demasiada agua. Enviare mi reloj de sol [horologium] y los libros si el cielo esta despejado. Pero no tienes contigo ningún librito? O es que estas componiendo algo al estilo de Sofocles? Procura que tu obra vea la luz. (Trad. Ana-Isabel Magallón García)​

Esta carta responde a la pregunta que se inició en el hilo Cuántos relojes os lleváis de vacaciones? (yo no sé simplificar). Cicerón, uno. 🤣🤣🤣
 
Me adelanto. Quizá alguien me afee que omita el fragmento de Plauto como primera mención a horologium, siendo Tito Maccio Plauto un autor del siglo III - II a. C. (254 - 184 a. C), es decir, un siglo anterior al fragmento de Varrón. Hay dos razones: la primera es que la comedia de Plauto donde está la famosa referencia a los relojes, La beocia, no ha llegado hasta nosotros; el fragmento nos lo transmite Aulo Gelio (s. II d. C.) en sus Noches Áticas (III, 3, 5). Seguro que muchos conocéis el pasaje, es buenísimo. Una de mis citas favoritas. La segunda es que Plauto, según cómo lo recoge Aulo Gelio, no usa la palabra horologium sino solarium.

¡Que los dioses den muerte a quien inventó las horas y a quien colocó aquí por primera vez un reloj de sol!; porque a mí, desgraciado, me despedaza el día pedazo a pedazo. Cuando era niño mi reloj era mi estómago, un reloj mejor y más exacto que todos estos: en cualquier sitio decía que era la hora de comer, salvo cuando no había nada. Pero ahora, aunque haya, no se come más que si al sol le da la gana. La ciudad se ha llenado hasta tal punto de relojes que la mayor parte del pueblo, ya en los huesos, se arrastra hambriento. (Trad. Manuel-Antonio Marcos Casquero y Avelino Domínguez García).​

El fragmento es muy cachondo. Plauto es muy divertido y muy inteligente. Sin duda, merece la pena leerlo.
Pongo también el pasaje en latín para que se aprecia que horologium no aparece:

ut illum di perdant, primus qui horas repperit,
quique adeo primus statuit hic solarium!
qui mihi conminuit misero articulatim diem.
Nam me puero venter erat solarium
multo omnium istorum optimum et verissimum:
ubi is te monebat, esses, nisi cum nihil erat.
Nunc etiam quod est, non estur, nisi soli libet;
itaque adeo iam oppletum oppidum est solariis,
maior pars populi aridi reptant fame.
---

Disculpad que me sobreescriba en el hilo. Consulté las normas del foro y no me pareció ver que estuviera prohibido. Si alguien más participara, sería estupendo. De momento, yo voy volcando los fragmentos para que aquí quede a disposición de futuros lectores del foro. Me pareció una información interesante para enriquecer el foro. Si aburriera o cansara, os pediría disculpas y, por supuesto, pararía 🙏🏼
 
Atrás
Arriba Pie