6aly
Habitual
Sin verificar
Cuando a mi sobrino-nieto le decía que yo también fui niño como él, no daba crédito. Me soltaba un “ya te has inventado otra” mientras me miraba con esa cara de “sí, claro… y seguro que conviviste con los dinosaurios”.
Siempre convencido de que vivo de mis “fantásticas” historias.
—Claro, no es inventado —le decía—, es totalmente real… puedes preguntarle a la IA 😉
Aquella tarde lo hizo.
La casa estaba en silencio, de ese silencio espeso que tienen las horas después de comer, cuando hasta el reloj parece latir más despacio. Yo estaba en la cocina cuando lo oí llamarme. No gritaba, pero había algo en su voz… algo que no supe reconocer al principio.
—Tío…
Volví al salón y lo encontré muy quieto, con la pantalla encendida reflejándole en los ojos.
—Dice cosas de ti —murmuró.
Sonreí, pensando que sería algún resumen torpe, alguna historia mal contada.
—Claro —respondí—, ya te dije que—
—No —me interrumpió—. Cosas que tú no me has contado.
Entonces sí que me acerqué.
En la pantalla había párrafos y más párrafos. Fechas que no recordaba. Lugares que juraría no haber pisado nunca… y, sin embargo, algo en ellos me resultaba incómodamente familiar, como un sueño olvidado que insiste en volver.
—Mira esto —dijo, señalando una línea.
Leí despacio.
Y, por un instante, el salón desapareció.
El olor a madera vieja, la luz filtrándose entre persianas torcidas… y una voz —mi voz, pero más joven— diciendo exactamente las mismas palabras que acababa de leer.
Parpadeé. Todo volvió a su sitio.
—Eso… —empecé— no puede ser.
Mi sobrino-nieto no dijo nada. Solo me miraba, ya sin rastro de burla.
—Oye… —susurró—, ¿seguro que te acuerdas de todo lo que has vivido?
No supe qué contestar.
Porque, mientras volvía a mirar la pantalla, tuve la extraña sensación de que aquellas “historias inventadas” no las estaba recordando…
sino que alguien —o algo— las estaba recordando por mí.