Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.
Tengo que empezar confesando algo que no me deja especialmente en buen lugar y que, precisamente por eso, merece ser dicho desde el principio. Ni Hamilton ni el Khaki Field han sido nunca santos de mi devoción. Es más, durante años les tuve una tirria silenciosa y algo injusta, de esas que nacen de una arrogante ignorancia y que se quedan ahí sin haber tenido ellos ninguna culpa. Los veía todos iguales, repetidos hasta la saciedad, omnipresentes en recomendaciones, aquí en el foro... como si el mundo de la relojería de campo se hubiese detenido en un único molde y alguien se hubiese dedicado a fotocopiarlo sin descanso.
Error mío, está claro. Error, pero de manual, de esos que uno solo reconoce cuando decide dejar de opinar desde la barrera y se mete de verdad en el fango, que es donde suelen estar las respuestas incómodas y, a veces, los flechazos tardíos.
Así que, en señal de respeto al reloj, a la marca y a quien lea esto con la misma mezcla de curiosidad y escepticismo con la que yo empecé, decidí documentarme a fondo. Leer, comparar, desmontar mitos, revisar la historia, la técnica y el contexto. Y lo confieso sin pudor: cuanto más renunciaba mentalmente al Khaki Field, más empezaba a entender por qué tanta gente le es fiel con una convicción que roza lo militante. Hay errores que se pagan caros... y el mío terminó en una muñeca, pero eso lo dejo para el final, que aquí hemos venido a hacer las cosas con un mínimo de suspense y algo de dignidad narrativa.
Pido perdón por anticipado, porque con seguridad habrá en este humilde texto muchos errores, imprecisiones y omisión de infinidad de datos que todos echaréis en falta. Y vayan también mis disculpas por si, sin pretenderlo, hiero el hilillo sensiblero de algún respetable amigo contertulio. Se ha escrito mucho en este foro sobre este reloj y creo que con perspectivas diferentes. Si alguien lo considera inapropiado por algún motivo, no habrá inconveniente en cerrarlo.
Sepamos de antemano que si uno se mete en el mundo del Khaki Field pensando que va a encontrar simplemente “un reloj militar con pinta de duro”, lo primero que conviene hacer es bajarle un punto al entusiasmo, servirse un buen café, retroceder varias décadas y salirse del imaginario militar domesticado que hoy se vende con correas de nailon impolutas y con fotos con el fondo de un bosque perfectamente desenfocado.
Desafortunadamente para algunos, esta historia no empieza en la muñeca sudada de un marine estadounidense saltando desde un helicóptero sobre un pantano vietnamita. No, Hamilton nace en 1892 en Pensilvania, entre raíles y dentro del bolsillo de un maquinista ferroviario.
Ver el archivos adjunto 3433027Ver el archivos adjunto 3433029
Anuncios publicitarios de "El cronometrador de los ferrocarriles de América". Vía Rail Times.
Siento haberos decepcionado, pero en aquel entonces había algo prioritario que resolver: los trenes no podían chocar y los señores de Hamilton se esforzaron en fabricar relojes que fueran más fiables que el humano que los consultaba desde una locomotora. Al diablo el glamour y las complicaciones exóticas; quisieron relojes exactos, hechos a base de calibres robustos, tolerancias estrictas y controles de calidad obsesivos.
Ver el archivos adjunto 3433033
Ver el archivos adjunto 3433036
Ver el archivos adjunto 3433031
El Hamilton Grado 992, fue apodado "El reloj de la precisión ferroviaria" y nació en respuesta directa a desastres ferroviarios (algo que, dolorosamente, tenemos cerca) por falta de sincronización.
Así que fue ese propósito, tan desprovisto de romanticismo hollywoodiense, el verdadero germen del Khaki Field. No, amigos, no se trataba de heroísmo americano; se trataba de responsabilidad. Y ese carácter técnico de instrumento serio, permanece aún muy vivo a día de hoy. Ya sabéis que, en relojería, como en casi todo lo que está bien pensado, lo sencillo suele ser el resultado final de muchas decisiones correctas tomadas durante mucho tiempo por gente que no estaba intentando impresionar a nadie. Es cierto que esto no vende épica americana ni entradas para el cine, pero construye coherencia. Y la coherencia, aunque no haga ruido, aguanta años y años sin despeinarse.
Durante aquellas primeras décadas del siglo veinte, el reloj de pulsera masculino no tenía el prestigio que le damos hoy. Qué va. Mientras que muchos hombres seguían usando reloj de bolsillo, el de muñeca se asociaba más a relojería femenina o a extravagancias modernas. Y un día, estalla la Primera Guerra Mundial y se encarga, ella solita, de desmontar esa idea sin preguntar, con rapidez y sin la más mínima delicadeza. Acabó resultando que en una trinchera no era especialmente práctico sacar un reloj del chaleco mientras sujetas un fusil, cargas con todo el equipo, estás de barro hasta los ojos y considerablemente lleno de nervios. Así que el personal, que ya no estaba tan flamenquete, decidió colaborar adaptando pequeños relojes de bolsillo soldándoles unas asas y sujetándolos con correas de cuero. Señoras, señores: nacía el reloj de trinchera. Es verdad que quizá no fueran tan elegantes (aunque ahora parezca que sí), pero os aseguro que en aquel momento no pretendían serlo; tan solo tenían que funcionar. Y cuando algo funciona en condiciones extremas, el mundo civil acaba copiándolo, aunque luego lo llamen “estilo” (o con algún vocablo peor de origen anglo)
A medida que avanzaba la experiencia en el frente, comenzaron a aplicarse ciertas especificaciones técnicas destinadas a asistir al pobre soldado y a estos relojes de trinchera se les comenzaron a exigir que tuvieran, aparte de asas, pintura de radio para legibilidad nocturna y esferas de metal pintado con números bien grandotes.
Ver el archivos adjunto 3433039
Hamilton & Co. Modelo Impervious
Fuente: Interné
En el entorno militar estadounidense se formalizan especificaciones concretas para relojes de pulsera de servicio. Ya no basta con que el reloj sea robusto y legible; tiene que cumplir requisitos definidos de resistencia, precisión, legibilidad nocturna, facilidad de mantenimiento y comportamiento bajo condiciones adversas. Aquí aparecen las famosas especificaciones militares que luego los aficionados recitan como si fueran matrículas de coches clásicos, pero que en su origen eran simplemente pliegos de condiciones con mala leche, como dictadas por un cuñao vengativo y receloso.
La Segunda Guerra Mundial ya no dejó espacio para medias tintas. Hamilton detuvo su producción para los alegres urbanitas del momento (chafando regalos de cumple y de Papá Noel) y se volcó en fabricar relojes e instrumentos para las fuerzas armadas estadounidenses. Su gobierno se puso serio y a golpe de especificaciones varias (diferentes para Tierra, Mar y Aire) somete a sus proveedores a serias exigencias. Aquí la cosa ya deja de ser adaptación para pasar a ser especificación. El reloj ya no se diseña “para que funcione” y empieza a diseñarse “para que cumpla requisitos”. Y cuando hay requisitos militares de por medio, no queda nada que rascar para el diseñador creativo. Todo tiene motivo, función y justificación operativa y todo esto supone una prueba más de que el Khaki nunca fue un reloj de postureo, por mucho que hoy se lleve con camisa blanca de puños bien planchados.
Entre las especificaciones más influyentes para el linaje Field, existieron las de propósito general de campaña (no quiero ni pensar cómo se diría en inglés americano), donde se fijan elementos que hoy nos parecen “rasgos de estilo” y que en realidad eran respuestas técnicas: esfera negra o muy oscura para maximizar contraste; numerales grandes, arábigos, sin florituras tipográficas; material luminiscente generoso en agujas e índices para lectura nocturna real, no testimonial; segundero visible y claramente distinguible.
Algo más tarde, tras la creación de la Fuerza Aérea de EE. UU., se estandarizan de forma masiva códigos visuales y técnicos especialmente para pilotos y navegantes que mal no le vinieron para la guerra de Corea. Para nuestros amigos de infantería, llegaría la estandarización de algo memorable y que, aunque ya lo usaron en otros ejércitos, fue obligatorio por primera vez para garantizar la precisión operativa de los soldaditos de a pie. Se trataba de una función que consistía en la parada del segundero al extraer la corona, lo que muchos llaman “hacking”, que no suena elegante pero funciona de p**a madre.
Conviene detenerse un segundo en esa parada de segundero (risas), porque aquí se ve cómo la relojería se pone firme. Resulta que, al sacar la corona, un pequeño sistema de palanca bloquea el volante y detiene el movimiento. El reloj queda congelado. ¿Y para qué sirve? Para sincronizar varios relojes al segundo exacto. En una operación coordinada, todos los soldados americanos sacan la corona de su Khaki, esperan la señal del Patton de turno y así todos arrancan la misión a la vez. Hoy parece un gesto casi romántico o útil para sincronizarlo con el reloj de nuestro microondas, pero en su momento era pura coordinación de equipo. Si un reloj militar no permitía sincronización exacta, era menos útil. Así de simple y así de poco poético.
¿Os imagináis cómo lo hacíamos por aquí? No nos hacía falta ni reloj:
-A la de una... a la de dos... ¡y a la de tres! Ni Gila, oiga.
Ver el archivos adjunto 3433040
Relojes Hamilton fabricados para el ejército estadounidense
Fuente: Interné
Poco después, para la guerra de Vietnam y bajo la especificación más famosa de todas, se define el ADN del Hamilton Khaki Field actual. Se crea un reloj preciso, barato y producido en masa al que se le aplican avances y se vuelven obligatorias otras características conocidas. Ninguno de estos cambios estéticos y de mejora de la visibilidad se produjo porque un iluminado quisiera crear un súper ventas, sino porque alguien tendría que ayudar a esos pobres uniformados.
En primer lugar, obligaron a usar tritio en lugar de radio, de modo que protegían de la radiación a los inocentes portadores del relojito fosforito. También quisieron ayudar a ese pobre combatiente de infantería cagado de miedo que necesitaba leer la hora rápido, en muy malas condiciones, arreciíto de frío, con menos luz que un plexi ahumado en un pub de citas y, si fuera posible, sin regalar su posición a nadie con un reflejo traicionero de su bisel. Porque sí, una caja pulida queda preciosa en esas fotos que subimos al foro todos los días, pero también puede hacer muy feliz a alguien del bando contrario que te apunta con una mira telescópica y con más mala leche que mi suegra cuando se me olvida el día de su santo. De ahí las cajas mate, arenadas o granalladas (menudo palabro que he descubierto), que dispersan la luz en lugar de devolverla como hace un espejito chivato. Como veis, no se trataba de lentejuelas en la fashion week, sino que se trataba de pura y mera supervivencia aplicada. Que hoy en día nos guste estéticamente es, como comprenderéis, un pelín secundario.
Y aquí entramos en uno de esos detalles que muchos ven pero que pocos se paran a pensar: la famosa doble escala de doce y veinticuatro horas. Usada con anterioridad por pilotos (e incluso mucho antes en las trincheras), la numeración 1-12 y 13-24 se vuelve de obligado cumplimiento. Vista de lejos parece simplemente un adorno concéntrico con numeritos pequeños dentro de los grandes: Ains, chico, qué chulo tu reloj. Pues no, no es eso. Es la traducción directa del formato horario militar, donde no existen las tres de la tarde sino las 15:00 horas. En operaciones coordinadas, ambigüedad cero, amigos. La escala interior permite leer el horario de veinticuatro horas de un vistazo sin conversión mental, que cuando estás cómodo en el sofá parece trivial, pero cuando estás bajo presión y medio congelao, deja de serlo bastante rápido. Que no, que no es estética “vintach”, sino el lenguaje operativo impreso en la esfera:
-Quillo, Juan, ¿a qué hora nos vemos en la cantina?
-A las tres de la tarde, Pepe.
...Pues... como que no. Tenía que quedar algo así:
-Mike, ¿punto de encuentro?
-15 Horas en el hangar, John.
Así, sí. Fuck!
Algo parecido ocurre con el triángulo luminoso a las 12, que también se estandariza. Mucha gente cree que es un guiño decorativo, un capricho heredado... Pero, en realidad, es un marcador direccional inmediato. En condiciones de baja visibilidad o lectura rápida, el triángulo ofrece una referencia inequívoca de orientación del dial. No se confunde con un número, no se confunde con un índice redondo. Es un punto de anclaje visual. Medio segundo ahorrado cada vez que miras la hora no parece gran cosa hasta que dependes de medio segundo repetido muchas veces. Que me lo digan a mí cada viernes esperando que llegue la hora de irme a casa.
En ese mismo periodo, se consolidó también el concepto de legibilidad jerárquica en la esfera, que, aunque suene largo, frío y crudo, es algo muy lógico y que se ha convertido en una de las señas de identidad del Field. A menudo se malinterpreta como simple estética retro, pero la información se organiza por prioridad visual. Horas principales dominantes, minutería clara y periférica, escala de veinticuatro horas secundaria pero accesible... Nada compite con nada. No hay distracciones. No hay textos innecesarios. Es diseño gráfico aplicado a supervivencia práctica. Como me dice mi jefe: ¡foco, foco, foco! Si, hoy en día, un diseñador moderno propusiera algo parecido, le daban un premio de los gordos. Adiós Swarovski, adiós Dolce & Gabbana. Aquí lo hicieron porque hacía falta. Y punto. O en punto.
Si seguimos avanzando en el tiempo, veremos que nuestros ya viejos amigos de Hamilton también fabricaron piezas para Reino Unido. Su curiosa especificación obligaba a marcar todas las piezas con la famosa Broad Arrow que la corona británica utilizaba para decir que "esto es mío". También, por otros códigos, se vieron obligados a utilizar una caja monobloque, que permitía acceder al movimiento por el cristal y así mejorar la impermeabilidad y resistencia. Se ve que sabían que en Londres llovía más que en Pensilvania.
Ver el archivos adjunto 3433234Ver el archivos adjunto 3433223
(1) Hamilton 6B, también denominado “Mark XI”, ya que se fabricó con el mismo estilo y las mismas especificaciones que fabricaron otras marcas que todos conocemos. (2) W10 de la Marina Real. Nueva caja monocasco con forma de tonel para mayor resistencia. Ambos con la grabación de la Broad Arrow (Flecha Ancha), también conocida por Pata de Gallo.
Fuente: thewatchspotblog.com y anordain.com
Pues bien, si uno junta precisión ferroviaria, adopción de pulsera por necesidad bélica y especificación militar estricta, empieza a entender que el Khaki Field no nace como estilo sino como consecuencia. Primero fue herramienta, luego objeto de afición. Y conviene no olvidar ese orden, porque explica muchas de las decisiones de diseño que vamos a ir destripando poco a poco, con calma.
Una vez entendido que Hamilton llega al reloj de campaña no por moda sino por evolución natural desde la precisión ferroviaria y el suministro militar, toca ver cuándo ese reloj de “instrumento útil” empieza a adquirir rasgos reconocibles como familia. No como modelo suelto, sino como estirpe relojil. El Khaki Field moderno no es un diseño aislado: es el descendiente civilizado de una cadena de relojes de dotación con apellido técnico y normas muy poco negociables. ¡Se sienten, coño!
Vamos con las cajas, que, además de mates, tienden a formas sencillas, con superficies continuas y asas funcionales. Nada de biseles pulidos con brillo de escaparate ni geometrías que acumulen reflejos. Diámetros contenidos según estándares de la época, que hoy llamaríamos pequeños con cierto desdén, pero con proporciones muy medidas entre diámetro y longitud de asas. Y este detalle es importante, porque incluso en relojes históricos de caja reducida ya se buscaba estabilidad en muñeca y correcta distribución de masa. Aquí, el tamaño también importaba, aunque en ese caso, mejor si fuera un poquito pequeño. Ejem.
Ver el archivos adjunto 3433253
Hamilton de la 2ª GM (i) con caja de metal base cromado de unos 30-32 mm, con un bisel redondeado y prominente que ayuda a sellar el cristal de plexiglás abombado. Asas delgadas y curvas, diseñadas para pasadores de muelle. Corona de dimensiones generosas y estriado profundo para facilitar el remonte manual incluso con guantes. Todo antes de estandarizarse el dial negro, el segundero central y la caja mate. A su lado, un Khaki Field moderno de 38 mm.
En cuanto a movimientos, la base era mecánica manual. No por sonar a auténticos, qué va, sino porque era lo que había y lo que ofrecía fiabilidad comprobada y con un mantenimiento relativamente sencillo. No vamos a extendernos ahora en ello, porque daría para varias vidas. ¡La suerte es que aún no había cuarzo!:
-Sargentoooo.
-Diga, soldado García.
-Ains, que mi reló se ma quedao sin pila...
...Ya te digo.
Ver el archivos adjunto 3433267
Hamilton de la 2ª GM con cal.987s. 17 joyas, unas 40 horas de autonomía, 18.000 alternancias y función "hacking"; hacking te pillo, hacking te mato.
Sí, aquello eran movimientos de cuerda manual con arquitectura robusta, frecuencia estable para su tiempo y tolerancias aceptables bajo uso intensivo. Nada exótico ni delicado; aquello era carne perro. Ah, y eso de darle cuerda diaria no era un hermoso ritual, sino un padrenuestro que podía salvarte la vida. Si no dabas cuerda, no funcionaba. Yastá. Y, curiosamente, esa obligación diaria forzaba que mantuvieras relación con el objeto, algo que décadas después muchos aficionados redescubriríamos con cara de revelación mística.
Con el paso de los años y la evolución tecnológica, Hamilton (ya en su etapa de integración industrial y posterior traslado de producción a Suiza) empieza a reinterpretar ese lenguaje de reloj de campo para uso civil. Aquí es donde nace formalmente la familia Khaki como línea identificable, no como reloj de contrato, sino como colección inspirada en ese legado instrumental. Y es importante entender que no es copia literal de un único modelo histórico, sino síntesis de rasgos funcionales repetidos a lo largo de varias generaciones de relojes de servicio. Señores, hay que hacer caja, y no me refiero a la granallada...
El Khaki Field moderno, por tanto, no es una reedición puntual, sino una destilación (¡hip!). El reloj toma la gramática visual militar, la ergonomía bien testada, la lógica de legibilidad y la traslada a un reloj contemporáneo con materiales actuales, controles de calidad modernos y calibres evolucionados. Es cierto que cambia el contexto de uso, pero sin traicionar la lógica de su origen. Y cuando la cosa se hace bien, se nota. Cuando se hace mal, también, pero ahí no vamos a señalar con el dedo... todavía.
A partir de aquí entramos ya en la bifurcación clara del árbol genealógico moderno: cómo Hamilton construye la familia Khaki Field por ramas, cómo aparecen variantes mecánicas, automáticas, interpretaciones más puristas, otras más comerciales, cambios de calibre, de reserva de marcha, de materiales y de lectura visual... Y lo interesante no es solo qué cambia, sino por qué cambia y qué aporta cada decisión. En ese bonito juego tienen que permanecer pilares claros que no se negocian: legibilidad dominante, contraste alto, información jerarquizada, caja funcional sin brillos teatrales, y lectura horaria inequívoca.
Ya hemos dicho que el Khaki Field moderno no nace como capricho de diseñador con nostalgia vintage, sino como consecuencia lógica de una tradición de relojería instrumental. Esa continuidad es importante porque explica por qué este reloj, incluso hoy, cuando se vende en un bonito CO y con correas de piel auténtica, sigue teniendo alma de herramienta. Puede que ahora combine con camisa con gemelos y volantes de coches con cuatro aritos, pero su gramática sigue siendo de campo (oggg, qué gustazo no tener que decir simpre "field")
Ver el archivos adjunto 3433285
Prestada de hamiltonwatch.com. Luego la devuelvo.
La rama más directa, la que muchos consideran el heredero espiritual sin pamplinas, es el Khaki Field Mechanical contemporáneo. Cuerda manual, esfera limpia, sin ventana de fecha, proporciones contenidas y sensación de instrumento puro. Aquí Hamilton toma la decisión consciente de no “modernizar” en exceso la experiencia. Dar cuerda cada día no es una molestia, es parte del carácter y una reafirmación. Mecánicamente, estos modelos pasan de montar movimientos ETA manuales clásicos a la familia de calibres H desarrollada sobre base ETA modificada para el grupo, concretamente el H-50 en las versiones de cuerda manual. La modificación clave no es cosmética: sino como medida para la reducción de frecuencia de oscilación y optimización del tren de engranajes (me ha salido de carrerilla). Concretamente, pasa de 28.800 alternancias por hora (4Hz) a 21.600 alternancias por hora (3Hz). Esto es lo que permite que el muelle real, siendo más largo y fino, estire la energía, de modo que la reserva de marcha se ve ampliada hasta un total de unas ochenta horas. Traducido: menos alternancias por hora, más autonomía. El segundero se mueve con un paso ligeramente más marcado, menos “sedoso” que un cuatro hercios, pero a cambio puedes olvidarte del reloj dos días y medio sin que muera. ¿Sacrificio o mejora? Depende de si miras con lupa o con agenda. Técnicamente es una decisión coherente, ¿verdad?
Ver el archivos adjunto 3433050
Hamilton GG-W-113 original de la Guerra de Vietnam
La escala de doce y veinticuatro horas sigue ahí, y conviene repetirlo con claridad meridiana porque muchos las siguen mirando sin entenderla: la escala principal marca horas civiles y la interior marca equivalentes militares, ¡ar! Si permanece en el tiempo, digo yo que será por algo. Lo mismo ocurre con el triángulo a las doce...
Las agujas en esta rama suelen ser del tipo jeringuilla, con cuerpo ancho para alojar material luminiscente y punta afinada que permite lectura precisa sobre la minutería periférica. Se entiende que cuanta más superficie luminosa útil sin perder definición de punta, mejor lectura nocturna y de mayor precisión. Es matemática simple y bien resuelta, por cierto.
Ver el archivos adjunto 3433273
Hamilton GG-W-113 original de la Guerra de Vietnam
La caja mantiene ese acabado mate, arenado, granallado, satinado, no reflectante... ogg, cuánto sé. Es superficie microtexturizada que dispersa la luz en lugar de devolverla. Por tanto, es más discreto, no brilla, no canta, no molesta. Además, este tipo de acabado disimula mejor microarañazos de uso real, aunque una marca en un reloj de campo sea como una cicatriz para un torero... puro orgullo. Guau.
Ver el archivos adjunto 3433276
Hamilton GG-W-113 original de la Guerra de Vietnam
Ver el archivos adjunto 3433293
Ahora sí, el Hamilton Khaki Field Mechanical 38 mm actual.
La siguiente gran rama es el Khaki Field Automatic. Aquí Hamilton adapta el lenguaje de campo a la comodidad moderna del automático, intentando llevarlo del campo de batalla a la oficina. Rotor de carga, masa oscilante visible en muchas versiones gracias a fondo transparente (mira, niña, qué bonito es por dentro), y presencia habitual de ventana de fecha. Aparecen claramente las primeras concesiones al usuario civil (y con dinero)
Ver el archivos adjunto 3433304
Trasera vista del Hamilton Khaki Field Automatic 42 mm
Técnicamente, estos modelos migran desde el clásico ETA 2824-2 hacia el calibre H-10, evolución con la misma filosofía que el H-50: frecuencia reducida y reserva ampliada a unas ochenta horas, junto con incorporación de espiral de aleación antimagnética tipo Nivachron en muchas series recientes. ¿Qué aporta esto? Mayor resistencia a campos magnéticos cotidianos, que hoy están en altavoces, tablets, cierres de bolso (fíjate aquí mi problema) y medio escritorio moderno. Menos riesgo de que el reloj se vuelva loco adelantando minutos por magnetización accidental. Aquí, quizá, no sea solo marketing, sino también adaptación al entorno tecnológico actual.
Ver el archivos adjunto 3433296
Hamilton Khaki Field Automatic 38 mm Call of Duty
En esta rama automática también cambian con frecuencia las tipologías de agujas. Aparecen agujas tipo espada o lápiz, más rectas, más contemporáneas en apariencia, con buena superficie luminosa pero tal vez menos carácter histórico que la jeringuilla. Aquí ya entran decisiones de equilibrio entre herencia y mercado. No lo considero traición, sino, más bien, una especie de evolución y supervivencia.
Ver el archivos adjunto 3433300
Hamilton Khaki Field Automatic 38 mm versión verdequetequieroverde
Otra bifurcación interesante es el Khaki Field King, reconocible por la indicación de día completo a las doce. Día escrito, no abreviado. Visualmente rompe la pureza militar estricta, pero crea identidad propia. Es una reinterpretación civil con personalidad fuerte. Técnicamente comparte arquitectura de movimiento con la rama automática correspondiente a su generación, pero funcionalmente introduce complicación de calendario más visible. Hay quien lo considera el primo elegante del soldado, aunque también hay quien lo mira con la ceja levantada. Ambas posturas son legítimas y animan el debate, que también forma parte del encanto de esta afición, ¿o no?
Ver el archivos adjunto 3433301
Hamilton Khaki Field King Automatic 38 mm dial claro con día completo. Mucho más bonito el SATURDAY que el MONDAY
La rama Pioneer recoge inspiración de relojes históricos de observador y aviación temprana, con biseles estriados tipo moneda y, en muchos casos, agujas catedral de gran superficie luminosa segmentada. Estas agujas no son barrocas porque sí: su diseño esqueletizado con cámaras de lume reduce tensiones del material luminiscente y mejora estabilidad con el tiempo. Mucha gente piensa que son puro romanticismo, pero tienen su ingeniería detrás.
Ver el archivos adjunto 3433305
Hamilton Khaki Field Pioneer Automatic dial claro
Luego aparece la subrama que disparó búsquedas en internet como si fueran a regalar los relojes y que muchos de los foreros estaban esperando: el Murph. Ea, ya lo tenéis aquí. Como sabéis, este modelo nace como pieza vinculada a una película, sí, pero su éxito no se sostiene solo por el cine, amigos. Combina caja de Field, ausencia de fecha, agujas catedral y esfera muy limpia. Es, en términos genealógicos, un híbrido bien resuelto entre pureza de campo y estética de observador clásico. Mecánicamente se apoya en la plataforma automática moderna de Hamilton con sus mejoras de reserva y materiales. Aquí vemos cómo una edición con origen narrativo puede integrarse técnicamente sin romper coherencia de familia. Y allá que vamos todos a sacar la tarjeta de crédito...
Ver el archivos adjunto 3433309
Hamilton Khaki Field Murph Automatic 38 mm, el fundetarjetas y no es para menos
Por otro lado, materiales de caja también han generado subramas claras. Por ejemplo, las versiones en titanio que reducen la masa significativamente. Personalmente, no me agrada la experiencia de este material, pero es cierto que casi da la sensación de que el reloj desaparece de la muñeca, lo que en uso prolongado habrá quien lo agradece. Yo no. Lo que sí, es que el titanio ofrece excelente relación resistencia-peso y buena tolerancia a la corrosión. También cambia la percepción táctil y térmica, porque el titanio transmite menos frío que el acero. Detalles que el usuario diario nota más que el coleccionista de vitrina.
Ver el archivos adjunto 3433316
Versión Titanium
Cómo no, el bronce también llegó al Khaki, introduciendo otra filosofía. No es un material neutro o estable: envejece, se oxida superficialmente, desarrolla pátina... Cada reloj evoluciona distinto según su uso y entorno. Es lo opuesto a la obsesión por mantener “como nuevo”. Aquí el reloj cuenta su vida con el aspecto de su caja. En cuanto a la técnica, el bronce requiere control en aleación para evitar reacciones indeseadas con pieles sensibles y entorno, pero bien formulado funciona de maravilla. No es tradicional de dotación militar moderna, pero sí podría resultar coherente con cierto espíritu herramienta que... oye, permite tener sus marcas. Aceptamos pulpo.
Ver el archivos adjunto 3433319
Y sí, existe la rama de cuarzo. Prometo no hacer sangre y considero conveniente tratarlo con respeto técnico, aunque a algunos nos despierte menos entusiasmo emocional. El cuarzo aporta precisión superior, coste menor, mantenimiento casi nulo y robustez frente a golpes que detendrían un mecánico. Para uso puramente instrumental, es difícil discutirle eficacia. Ahora bien, en un reloj cuyo valor reside en buena parte en su herencia mecánica y en la interacción diaria con el movimiento, el cuarzo pierde, por decirlo de alguna manera, narrativa. Funciona perfecto, pero conmueve menos. Ya sé que no es pecado, pero tampoco es poesía. Y especialmente en esta familia, la poesía importa, creo yo.
Ver el archivos adjunto 3433321
El cristal también tiene su miga. Los relojes de campaña originales montaban plexiglás: barato, ligero, no se astillaba en fragmentos peligrosos y se podía pulir en condiciones precarias. El Khaki Field moderno adopta zafiro sintético, que es objetivamente superior frente a rayado y estabilidad. Mejora técnica clara, sin discusión posible.
Ahora bien, el tratamiento antirreflejo en muchos Khaki Field actuales es o inexistente o muy limitado (normalmente solo interno) y aquí Hamilton juega un poco a la ambigüedad romántica y, a mi entender, se equivoca. Por un lado, se sugiere fidelidad histórica, sí, pero por otro hay ahí un ahorro de coste disimulado. ¡Mister Hamilton, que aquí no nos chupamos el dedo! ¿Qué cuál es el resultado práctico de todo esto? Pues que, según el ángulo de luz que le esté dando a tu pieza, cuando vayas a mirar la hora no solo confirmas el minuto… también puedes repasar el estado general de tu cara y confirmar también que persisten esas ojeras de un trasnoche indisimulable. No es drama, pero, a la vista está, tampoco invisible. Y en un reloj cuya religión ha sido la legibilidad, uno podría pedir un poquito más de honestidad y de fe aplicada. Tenía que decirse y se dijo.
Correas y brazaletes completan el sistema funcional. La correa textil tipo una sola pieza con paso inferior (popularmente asociada a uso militar) ofrece seguridad extra: si falla un pasador, el reloj no cae. Solución simple, brillante y barata. El brazalete metálico aporta continuidad estructural y mayor resistencia al desgaste, aunque visualmente desplaza al reloj un paso hacia lo civil. La piel aporta comodidad y carácter, pero exige rodaje. Aunque al principio parezca recia e indomable, acaba abrazando tu muñeca. Como muchas buenas cosas, necesita tiempo.
Ver el archivos adjunto 3433525
Versión de cuarzo con caja de acero y PVD negro y correa de caucho negra
Si uno observa todo el árbol, desde los relojes ferroviarios de bolsillo hasta el Khaki Field contemporáneo con espiral antimagnética y ochenta horas de reserva, la línea no es recta pero sí me parece bastante coherente. Precisión instrumental, legibilidad prioritaria, construcción honesta y adaptación tecnológica sin perder acento funcional. No es el reloj más caro, ni el más complejo, ni el más presumido, pero rara vez intentará ser algo que no es. Y hoy en día, mantenerse fuera del postureo, es una virtud poco común.
Y como toda historia de reloj que se investiga demasiado acaba, inevitablemente, en la muñeca, llegó el momento de elegir. No he elegido el modelo más purista, ni el más ortodoxo, ni el que aprobaría el tribunal supremo del dogma field. Ha sido este Pioneer mecánico el que me ha dado el tortazo. Combina esa mezcla de instrumento y guiño clásico que me envenenó hasta las trancas y a primera vista. Sus 40 milímetros encajan bien en mi muñeca, aunque no negaré que, si me dieran a elegir, le hubiera quitado uno o dos... Pero claro, puestos a exigir, también él podría haber buscado una muñeca más joven que lo saque más de marcha y perreo. Empate técnico.
Ver el archivos adjunto 3433337
Ver el archivos adjunto 3433336
Ver el archivos adjunto 3433339
Agradezco especialmente la ausencia de fecha, porque me aporta una simetría casi intacta, una lectura bien limpia y cero ventanitas rompiendo el discurso del dial. El remonte manual, lejos de ser una incomodidad, introduce esa pequeña liturgia diaria que te obliga a recordar que llevas algo mecánico vivo. Ya os digo que no es el más fiel al rigor histórico, pero tampoco soy yo el más coherente de los aficionados. Tiene concesiones modernas, y yo también; el reloj no es perfecto, y yo menos todavía. Y quizás sea por eso por lo que encajamos. Los relojes impecables se admiran, los que tienen carácter (y alguna contradicción) se llevan.
Ver el archivos adjunto 3433338
Ver el archivos adjunto 3433341
Para finalizar, que ya es hora, deciros que estoy seguro de que hay millones de datos y versiones que se me habrán escapado, matices que mejorar y detalles que afinar (la relojería seria no se termina, se revisa) así que cualquier aportación bien argumentada será bienvenida.
Si entre todos conseguimos convertir este hilo en un repositorio vivo de conocimiento y de piezas reales en muñeca, mejor que mejor. Yo, desde luego, ya he puesto mi Hamilton Khaki Field y, quién sabe, igual no será el último.
Abrazos para todos. Y todas.

En primer lugar por el súper post de redención (nunca es tarde, y menos aún si se hace de esta manera), y en segundo lugar por el precioso reloj. Chulísimo el Pioneer, con esa esfera, sin fecha, preciosas agujas catedral… aunque yo juraría que era de 42mm… 
Fantástico hilo compañero, solo un pequeño apunte sobre los Hamilton de bolsillo que enseñas, ya que son mis relojes, creo que puedo permitírmelo. El calibre que enseñas no corresponde a la primera imagen del Hamilton 992E sino al Hamilton 920, que fue el primer reloj de vestir que lanzó al mercado la compañía. Ni por su tamaño, ni por su esfera y ni por la forma de ponerlo en hora, no podría ser un reloj ferroviario, pues no cumplía los requisitos de la normativa vigente en la época. Sin embargo, sus especificaciones técnicas y de ajuste eran superiores a la de sus "hermanos mayores ferroviarios" y a la par, bastante más caros alojados en cajas de oro considerablemente más pequeñas. He aquí el susodicho.Tengo que empezar confesando algo que no me deja especialmente en buen lugar y que, precisamente por eso, merece ser dicho desde el principio. Ni Hamilton ni el Khaki Field han sido nunca santos de mi devoción. Es más, durante años les tuve una tirria silenciosa y algo injusta, de esas que nacen de una arrogante ignorancia y que se quedan ahí sin haber tenido ellos ninguna culpa. Los veía todos iguales, repetidos hasta la saciedad, omnipresentes en recomendaciones, aquí en el foro... como si el mundo de la relojería de campo se hubiese detenido en un único molde y alguien se hubiese dedicado a fotocopiarlo sin descanso.
Error mío, está claro. Error, pero de manual, de esos que uno solo reconoce cuando decide dejar de opinar desde la barrera y se mete de verdad en el fango, que es donde suelen estar las respuestas incómodas y, a veces, los flechazos tardíos.
Así que, en señal de respeto al reloj, a la marca y a quien lea esto con la misma mezcla de curiosidad y escepticismo con la que yo empecé, decidí documentarme a fondo. Leer, comparar, desmontar mitos, revisar la historia, la técnica y el contexto. Y lo confieso sin pudor: cuanto más renunciaba mentalmente al Khaki Field, más empezaba a entender por qué tanta gente le es fiel con una convicción que roza lo militante. Hay errores que se pagan caros... y el mío terminó en una muñeca, pero eso lo dejo para el final, que aquí hemos venido a hacer las cosas con un mínimo de suspense y algo de dignidad narrativa.
Pido perdón por anticipado, porque con seguridad habrá en este humilde texto muchos errores, imprecisiones y omisión de infinidad de datos que todos echaréis en falta. Y vayan también mis disculpas por si, sin pretenderlo, hiero el hilillo sensiblero de algún respetable amigo contertulio. Se ha escrito mucho en este foro sobre este reloj y creo que con perspectivas diferentes. Si alguien lo considera inapropiado por algún motivo, no habrá inconveniente en cerrarlo.
Sepamos de antemano que si uno se mete en el mundo del Khaki Field pensando que va a encontrar simplemente “un reloj militar con pinta de duro”, lo primero que conviene hacer es bajarle un punto al entusiasmo, servirse un buen café, retroceder varias décadas y salirse del imaginario militar domesticado que hoy se vende con correas de nailon impolutas y con fotos con el fondo de un bosque perfectamente desenfocado.
Desafortunadamente para algunos, esta historia no empieza en la muñeca sudada de un marine estadounidense saltando desde un helicóptero sobre un pantano vietnamita. No, Hamilton nace en 1892 en Pensilvania, entre raíles y dentro del bolsillo de un maquinista ferroviario.
Ver el archivos adjunto 3433027Ver el archivos adjunto 3433029
Anuncios publicitarios de "El cronometrador de los ferrocarriles de América". Vía Rail Times.
Siento haberos decepcionado, pero en aquel entonces había algo prioritario que resolver: los trenes no podían chocar y los señores de Hamilton se esforzaron en fabricar relojes que fueran más fiables que el humano que los consultaba desde una locomotora. Al diablo el glamour y las complicaciones exóticas; quisieron relojes exactos, hechos a base de calibres robustos, tolerancias estrictas y controles de calidad obsesivos.
Ver el archivos adjunto 3433033
Ver el archivos adjunto 3433036
Ver el archivos adjunto 3433031
El Hamilton Grado 992, fue apodado "El reloj de la precisión ferroviaria" y nació en respuesta directa a desastres ferroviarios (algo que, dolorosamente, tenemos cerca) por falta de sincronización.
Así que fue ese propósito, tan desprovisto de romanticismo hollywoodiense, el verdadero germen del Khaki Field. No, amigos, no se trataba de heroísmo americano; se trataba de responsabilidad. Y ese carácter técnico de instrumento serio, permanece aún muy vivo a día de hoy. Ya sabéis que, en relojería, como en casi todo lo que está bien pensado, lo sencillo suele ser el resultado final de muchas decisiones correctas tomadas durante mucho tiempo por gente que no estaba intentando impresionar a nadie. Es cierto que esto no vende épica americana ni entradas para el cine, pero construye coherencia. Y la coherencia, aunque no haga ruido, aguanta años y años sin despeinarse.
Durante aquellas primeras décadas del siglo veinte, el reloj de pulsera masculino no tenía el prestigio que le damos hoy. Qué va. Mientras que muchos hombres seguían usando reloj de bolsillo, el de muñeca se asociaba más a relojería femenina o a extravagancias modernas. Y un día, estalla la Primera Guerra Mundial y se encarga, ella solita, de desmontar esa idea sin preguntar, con rapidez y sin la más mínima delicadeza. Acabó resultando que en una trinchera no era especialmente práctico sacar un reloj del chaleco mientras sujetas un fusil, cargas con todo el equipo, estás de barro hasta los ojos y considerablemente lleno de nervios. Así que el personal, que ya no estaba tan flamenquete, decidió colaborar adaptando pequeños relojes de bolsillo soldándoles unas asas y sujetándolos con correas de cuero. Señoras, señores: nacía el reloj de trinchera. Es verdad que quizá no fueran tan elegantes (aunque ahora parezca que sí), pero os aseguro que en aquel momento no pretendían serlo; tan solo tenían que funcionar. Y cuando algo funciona en condiciones extremas, el mundo civil acaba copiándolo, aunque luego lo llamen “estilo” (o con algún vocablo peor de origen anglo)
A medida que avanzaba la experiencia en el frente, comenzaron a aplicarse ciertas especificaciones técnicas destinadas a asistir al pobre soldado y a estos relojes de trinchera se les comenzaron a exigir que tuvieran, aparte de asas, pintura de radio para legibilidad nocturna y esferas de metal pintado con números bien grandotes.
Ver el archivos adjunto 3433039
Hamilton & Co. Modelo Impervious
Fuente: Interné
En el entorno militar estadounidense se formalizan especificaciones concretas para relojes de pulsera de servicio. Ya no basta con que el reloj sea robusto y legible; tiene que cumplir requisitos definidos de resistencia, precisión, legibilidad nocturna, facilidad de mantenimiento y comportamiento bajo condiciones adversas. Aquí aparecen las famosas especificaciones militares que luego los aficionados recitan como si fueran matrículas de coches clásicos, pero que en su origen eran simplemente pliegos de condiciones con mala leche, como dictadas por un cuñao vengativo y receloso.
La Segunda Guerra Mundial ya no dejó espacio para medias tintas. Hamilton detuvo su producción para los alegres urbanitas del momento (chafando regalos de cumple y de Papá Noel) y se volcó en fabricar relojes e instrumentos para las fuerzas armadas estadounidenses. Su gobierno se puso serio y a golpe de especificaciones varias (diferentes para Tierra, Mar y Aire) somete a sus proveedores a serias exigencias. Aquí la cosa ya deja de ser adaptación para pasar a ser especificación. El reloj ya no se diseña “para que funcione” y empieza a diseñarse “para que cumpla requisitos”. Y cuando hay requisitos militares de por medio, no queda nada que rascar para el diseñador creativo. Todo tiene motivo, función y justificación operativa y todo esto supone una prueba más de que el Khaki nunca fue un reloj de postureo, por mucho que hoy se lleve con camisa blanca de puños bien planchados.
Entre las especificaciones más influyentes para el linaje Field, existieron las de propósito general de campaña (no quiero ni pensar cómo se diría en inglés americano), donde se fijan elementos que hoy nos parecen “rasgos de estilo” y que en realidad eran respuestas técnicas: esfera negra o muy oscura para maximizar contraste; numerales grandes, arábigos, sin florituras tipográficas; material luminiscente generoso en agujas e índices para lectura nocturna real, no testimonial; segundero visible y claramente distinguible.
Algo más tarde, tras la creación de la Fuerza Aérea de EE. UU., se estandarizan de forma masiva códigos visuales y técnicos especialmente para pilotos y navegantes que mal no le vinieron para la guerra de Corea. Para nuestros amigos de infantería, llegaría la estandarización de algo memorable y que, aunque ya lo usaron en otros ejércitos, fue obligatorio por primera vez para garantizar la precisión operativa de los soldaditos de a pie. Se trataba de una función que consistía en la parada del segundero al extraer la corona, lo que muchos llaman “hacking”, que no suena elegante pero funciona de p**a madre.
Conviene detenerse un segundo en esa parada de segundero (risas), porque aquí se ve cómo la relojería se pone firme. Resulta que, al sacar la corona, un pequeño sistema de palanca bloquea el volante y detiene el movimiento. El reloj queda congelado. ¿Y para qué sirve? Para sincronizar varios relojes al segundo exacto. En una operación coordinada, todos los soldados americanos sacan la corona de su Khaki, esperan la señal del Patton de turno y así todos arrancan la misión a la vez. Hoy parece un gesto casi romántico o útil para sincronizarlo con el reloj de nuestro microondas, pero en su momento era pura coordinación de equipo. Si un reloj militar no permitía sincronización exacta, era menos útil. Así de simple y así de poco poético.
¿Os imagináis cómo lo hacíamos por aquí? No nos hacía falta ni reloj:
-A la de una... a la de dos... ¡y a la de tres! Ni Gila, oiga.
Ver el archivos adjunto 3433040
Relojes Hamilton fabricados para el ejército estadounidense
Fuente: Interné
Poco después, para la guerra de Vietnam y bajo la especificación más famosa de todas, se define el ADN del Hamilton Khaki Field actual. Se crea un reloj preciso, barato y producido en masa al que se le aplican avances y se vuelven obligatorias otras características conocidas. Ninguno de estos cambios estéticos y de mejora de la visibilidad se produjo porque un iluminado quisiera crear un súper ventas, sino porque alguien tendría que ayudar a esos pobres uniformados.
En primer lugar, obligaron a usar tritio en lugar de radio, de modo que protegían de la radiación a los inocentes portadores del relojito fosforito. También quisieron ayudar a ese pobre combatiente de infantería cagado de miedo que necesitaba leer la hora rápido, en muy malas condiciones, arreciíto de frío, con menos luz que un plexi ahumado en un pub de citas y, si fuera posible, sin regalar su posición a nadie con un reflejo traicionero de su bisel. Porque sí, una caja pulida queda preciosa en esas fotos que subimos al foro todos los días, pero también puede hacer muy feliz a alguien del bando contrario que te apunta con una mira telescópica y con más mala leche que mi suegra cuando se me olvida el día de su santo. De ahí las cajas mate, arenadas o granalladas (menudo palabro que he descubierto), que dispersan la luz en lugar de devolverla como hace un espejito chivato. Como veis, no se trataba de lentejuelas en la fashion week, sino que se trataba de pura y mera supervivencia aplicada. Que hoy en día nos guste estéticamente es, como comprenderéis, un pelín secundario.
Y aquí entramos en uno de esos detalles que muchos ven pero que pocos se paran a pensar: la famosa doble escala de doce y veinticuatro horas. Usada con anterioridad por pilotos (e incluso mucho antes en las trincheras), la numeración 1-12 y 13-24 se vuelve de obligado cumplimiento. Vista de lejos parece simplemente un adorno concéntrico con numeritos pequeños dentro de los grandes: Ains, chico, qué chulo tu reloj. Pues no, no es eso. Es la traducción directa del formato horario militar, donde no existen las tres de la tarde sino las 15:00 horas. En operaciones coordinadas, ambigüedad cero, amigos. La escala interior permite leer el horario de veinticuatro horas de un vistazo sin conversión mental, que cuando estás cómodo en el sofá parece trivial, pero cuando estás bajo presión y medio congelao, deja de serlo bastante rápido. Que no, que no es estética “vintach”, sino el lenguaje operativo impreso en la esfera:
-Quillo, Juan, ¿a qué hora nos vemos en la cantina?
-A las tres de la tarde, Pepe.
...Pues... como que no. Tenía que quedar algo así:
-Mike, ¿punto de encuentro?
-15 Horas en el hangar, John.
Así, sí. Fuck!
Algo parecido ocurre con el triángulo luminoso a las 12, que también se estandariza. Mucha gente cree que es un guiño decorativo, un capricho heredado... Pero, en realidad, es un marcador direccional inmediato. En condiciones de baja visibilidad o lectura rápida, el triángulo ofrece una referencia inequívoca de orientación del dial. No se confunde con un número, no se confunde con un índice redondo. Es un punto de anclaje visual. Medio segundo ahorrado cada vez que miras la hora no parece gran cosa hasta que dependes de medio segundo repetido muchas veces. Que me lo digan a mí cada viernes esperando que llegue la hora de irme a casa.
En ese mismo periodo, se consolidó también el concepto de legibilidad jerárquica en la esfera, que, aunque suene largo, frío y crudo, es algo muy lógico y que se ha convertido en una de las señas de identidad del Field. A menudo se malinterpreta como simple estética retro, pero la información se organiza por prioridad visual. Horas principales dominantes, minutería clara y periférica, escala de veinticuatro horas secundaria pero accesible... Nada compite con nada. No hay distracciones. No hay textos innecesarios. Es diseño gráfico aplicado a supervivencia práctica. Como me dice mi jefe: ¡foco, foco, foco! Si, hoy en día, un diseñador moderno propusiera algo parecido, le daban un premio de los gordos. Adiós Swarovski, adiós Dolce & Gabbana. Aquí lo hicieron porque hacía falta. Y punto. O en punto.
Si seguimos avanzando en el tiempo, veremos que nuestros ya viejos amigos de Hamilton también fabricaron piezas para Reino Unido. Su curiosa especificación obligaba a marcar todas las piezas con la famosa Broad Arrow que la corona británica utilizaba para decir que "esto es mío". También, por otros códigos, se vieron obligados a utilizar una caja monobloque, que permitía acceder al movimiento por el cristal y así mejorar la impermeabilidad y resistencia. Se ve que sabían que en Londres llovía más que en Pensilvania.
Ver el archivos adjunto 3433234Ver el archivos adjunto 3433223
(1) Hamilton 6B, también denominado “Mark XI”, ya que se fabricó con el mismo estilo y las mismas especificaciones que fabricaron otras marcas que todos conocemos. (2) W10 de la Marina Real. Nueva caja monocasco con forma de tonel para mayor resistencia. Ambos con la grabación de la Broad Arrow (Flecha Ancha), también conocida por Pata de Gallo.
Fuente: thewatchspotblog.com y anordain.com
Pues bien, si uno junta precisión ferroviaria, adopción de pulsera por necesidad bélica y especificación militar estricta, empieza a entender que el Khaki Field no nace como estilo sino como consecuencia. Primero fue herramienta, luego objeto de afición. Y conviene no olvidar ese orden, porque explica muchas de las decisiones de diseño que vamos a ir destripando poco a poco, con calma.
Una vez entendido que Hamilton llega al reloj de campaña no por moda sino por evolución natural desde la precisión ferroviaria y el suministro militar, toca ver cuándo ese reloj de “instrumento útil” empieza a adquirir rasgos reconocibles como familia. No como modelo suelto, sino como estirpe relojil. El Khaki Field moderno no es un diseño aislado: es el descendiente civilizado de una cadena de relojes de dotación con apellido técnico y normas muy poco negociables. ¡Se sienten, coño!
Vamos con las cajas, que, además de mates, tienden a formas sencillas, con superficies continuas y asas funcionales. Nada de biseles pulidos con brillo de escaparate ni geometrías que acumulen reflejos. Diámetros contenidos según estándares de la época, que hoy llamaríamos pequeños con cierto desdén, pero con proporciones muy medidas entre diámetro y longitud de asas. Y este detalle es importante, porque incluso en relojes históricos de caja reducida ya se buscaba estabilidad en muñeca y correcta distribución de masa. Aquí, el tamaño también importaba, aunque en ese caso, mejor si fuera un poquito pequeño. Ejem.
Ver el archivos adjunto 3433253
Hamilton de la 2ª GM (i) con caja de metal base cromado de unos 30-32 mm, con un bisel redondeado y prominente que ayuda a sellar el cristal de plexiglás abombado. Asas delgadas y curvas, diseñadas para pasadores de muelle. Corona de dimensiones generosas y estriado profundo para facilitar el remonte manual incluso con guantes. Todo antes de estandarizarse el dial negro, el segundero central y la caja mate. A su lado, un Khaki Field moderno de 38 mm.
En cuanto a movimientos, la base era mecánica manual. No por sonar a auténticos, qué va, sino porque era lo que había y lo que ofrecía fiabilidad comprobada y con un mantenimiento relativamente sencillo. No vamos a extendernos ahora en ello, porque daría para varias vidas. ¡La suerte es que aún no había cuarzo!:
-Sargentoooo.
-Diga, soldado García.
-Ains, que mi reló se ma quedao sin pila...
...Ya te digo.
Ver el archivos adjunto 3433267
Hamilton de la 2ª GM con cal.987s. 17 joyas, unas 40 horas de autonomía, 18.000 alternancias y función "hacking"; hacking te pillo, hacking te mato.
Sí, aquello eran movimientos de cuerda manual con arquitectura robusta, frecuencia estable para su tiempo y tolerancias aceptables bajo uso intensivo. Nada exótico ni delicado; aquello era carne perro. Ah, y eso de darle cuerda diaria no era un hermoso ritual, sino un padrenuestro que podía salvarte la vida. Si no dabas cuerda, no funcionaba. Yastá. Y, curiosamente, esa obligación diaria forzaba que mantuvieras relación con el objeto, algo que décadas después muchos aficionados redescubriríamos con cara de revelación mística.
Con el paso de los años y la evolución tecnológica, Hamilton (ya en su etapa de integración industrial y posterior traslado de producción a Suiza) empieza a reinterpretar ese lenguaje de reloj de campo para uso civil. Aquí es donde nace formalmente la familia Khaki como línea identificable, no como reloj de contrato, sino como colección inspirada en ese legado instrumental. Y es importante entender que no es copia literal de un único modelo histórico, sino síntesis de rasgos funcionales repetidos a lo largo de varias generaciones de relojes de servicio. Señores, hay que hacer caja, y no me refiero a la granallada...
El Khaki Field moderno, por tanto, no es una reedición puntual, sino una destilación (¡hip!). El reloj toma la gramática visual militar, la ergonomía bien testada, la lógica de legibilidad y la traslada a un reloj contemporáneo con materiales actuales, controles de calidad modernos y calibres evolucionados. Es cierto que cambia el contexto de uso, pero sin traicionar la lógica de su origen. Y cuando la cosa se hace bien, se nota. Cuando se hace mal, también, pero ahí no vamos a señalar con el dedo... todavía.
A partir de aquí entramos ya en la bifurcación clara del árbol genealógico moderno: cómo Hamilton construye la familia Khaki Field por ramas, cómo aparecen variantes mecánicas, automáticas, interpretaciones más puristas, otras más comerciales, cambios de calibre, de reserva de marcha, de materiales y de lectura visual... Y lo interesante no es solo qué cambia, sino por qué cambia y qué aporta cada decisión. En ese bonito juego tienen que permanecer pilares claros que no se negocian: legibilidad dominante, contraste alto, información jerarquizada, caja funcional sin brillos teatrales, y lectura horaria inequívoca.
Ya hemos dicho que el Khaki Field moderno no nace como capricho de diseñador con nostalgia vintage, sino como consecuencia lógica de una tradición de relojería instrumental. Esa continuidad es importante porque explica por qué este reloj, incluso hoy, cuando se vende en un bonito CO y con correas de piel auténtica, sigue teniendo alma de herramienta. Puede que ahora combine con camisa con gemelos y volantes de coches con cuatro aritos, pero su gramática sigue siendo de campo (oggg, qué gustazo no tener que decir simpre "field")
Ver el archivos adjunto 3433285
Prestada de hamiltonwatch.com. Luego la devuelvo.
La rama más directa, la que muchos consideran el heredero espiritual sin pamplinas, es el Khaki Field Mechanical contemporáneo. Cuerda manual, esfera limpia, sin ventana de fecha, proporciones contenidas y sensación de instrumento puro. Aquí Hamilton toma la decisión consciente de no “modernizar” en exceso la experiencia. Dar cuerda cada día no es una molestia, es parte del carácter y una reafirmación. Mecánicamente, estos modelos pasan de montar movimientos ETA manuales clásicos a la familia de calibres H desarrollada sobre base ETA modificada para el grupo, concretamente el H-50 en las versiones de cuerda manual. La modificación clave no es cosmética: sino como medida para la reducción de frecuencia de oscilación y optimización del tren de engranajes (me ha salido de carrerilla). Concretamente, pasa de 28.800 alternancias por hora (4Hz) a 21.600 alternancias por hora (3Hz). Esto es lo que permite que el muelle real, siendo más largo y fino, estire la energía, de modo que la reserva de marcha se ve ampliada hasta un total de unas ochenta horas. Traducido: menos alternancias por hora, más autonomía. El segundero se mueve con un paso ligeramente más marcado, menos “sedoso” que un cuatro hercios, pero a cambio puedes olvidarte del reloj dos días y medio sin que muera. ¿Sacrificio o mejora? Depende de si miras con lupa o con agenda. Técnicamente es una decisión coherente, ¿verdad?
Ver el archivos adjunto 3433050
Hamilton GG-W-113 original de la Guerra de Vietnam
La escala de doce y veinticuatro horas sigue ahí, y conviene repetirlo con claridad meridiana porque muchos las siguen mirando sin entenderla: la escala principal marca horas civiles y la interior marca equivalentes militares, ¡ar! Si permanece en el tiempo, digo yo que será por algo. Lo mismo ocurre con el triángulo a las doce...
Las agujas en esta rama suelen ser del tipo jeringuilla, con cuerpo ancho para alojar material luminiscente y punta afinada que permite lectura precisa sobre la minutería periférica. Se entiende que cuanta más superficie luminosa útil sin perder definición de punta, mejor lectura nocturna y de mayor precisión. Es matemática simple y bien resuelta, por cierto.
Ver el archivos adjunto 3433273
Hamilton GG-W-113 original de la Guerra de Vietnam
La caja mantiene ese acabado mate, arenado, granallado, satinado, no reflectante... ogg, cuánto sé. Es superficie microtexturizada que dispersa la luz en lugar de devolverla. Por tanto, es más discreto, no brilla, no canta, no molesta. Además, este tipo de acabado disimula mejor microarañazos de uso real, aunque una marca en un reloj de campo sea como una cicatriz para un torero... puro orgullo. Guau.
Ver el archivos adjunto 3433276
Hamilton GG-W-113 original de la Guerra de Vietnam
Ver el archivos adjunto 3433293
Ahora sí, el Hamilton Khaki Field Mechanical 38 mm actual.
La siguiente gran rama es el Khaki Field Automatic. Aquí Hamilton adapta el lenguaje de campo a la comodidad moderna del automático, intentando llevarlo del campo de batalla a la oficina. Rotor de carga, masa oscilante visible en muchas versiones gracias a fondo transparente (mira, niña, qué bonito es por dentro), y presencia habitual de ventana de fecha. Aparecen claramente las primeras concesiones al usuario civil (y con dinero)
Ver el archivos adjunto 3433304
Trasera vista del Hamilton Khaki Field Automatic 42 mm
Técnicamente, estos modelos migran desde el clásico ETA 2824-2 hacia el calibre H-10, evolución con la misma filosofía que el H-50: frecuencia reducida y reserva ampliada a unas ochenta horas, junto con incorporación de espiral de aleación antimagnética tipo Nivachron en muchas series recientes. ¿Qué aporta esto? Mayor resistencia a campos magnéticos cotidianos, que hoy están en altavoces, tablets, cierres de bolso (fíjate aquí mi problema) y medio escritorio moderno. Menos riesgo de que el reloj se vuelva loco adelantando minutos por magnetización accidental. Aquí, quizá, no sea solo marketing, sino también adaptación al entorno tecnológico actual.
Ver el archivos adjunto 3433296
Hamilton Khaki Field Automatic 38 mm Call of Duty
En esta rama automática también cambian con frecuencia las tipologías de agujas. Aparecen agujas tipo espada o lápiz, más rectas, más contemporáneas en apariencia, con buena superficie luminosa pero tal vez menos carácter histórico que la jeringuilla. Aquí ya entran decisiones de equilibrio entre herencia y mercado. No lo considero traición, sino, más bien, una especie de evolución y supervivencia.
Ver el archivos adjunto 3433300
Hamilton Khaki Field Automatic 38 mm versión verdequetequieroverde
Otra bifurcación interesante es el Khaki Field King, reconocible por la indicación de día completo a las doce. Día escrito, no abreviado. Visualmente rompe la pureza militar estricta, pero crea identidad propia. Es una reinterpretación civil con personalidad fuerte. Técnicamente comparte arquitectura de movimiento con la rama automática correspondiente a su generación, pero funcionalmente introduce complicación de calendario más visible. Hay quien lo considera el primo elegante del soldado, aunque también hay quien lo mira con la ceja levantada. Ambas posturas son legítimas y animan el debate, que también forma parte del encanto de esta afición, ¿o no?
Ver el archivos adjunto 3433301
Hamilton Khaki Field King Automatic 38 mm dial claro con día completo. Mucho más bonito el SATURDAY que el MONDAY
La rama Pioneer recoge inspiración de relojes históricos de observador y aviación temprana, con biseles estriados tipo moneda y, en muchos casos, agujas catedral de gran superficie luminosa segmentada. Estas agujas no son barrocas porque sí: su diseño esqueletizado con cámaras de lume reduce tensiones del material luminiscente y mejora estabilidad con el tiempo. Mucha gente piensa que son puro romanticismo, pero tienen su ingeniería detrás.
Ver el archivos adjunto 3433305
Hamilton Khaki Field Pioneer Automatic dial claro
Luego aparece la subrama que disparó búsquedas en internet como si fueran a regalar los relojes y que muchos de los foreros estaban esperando: el Murph. Ea, ya lo tenéis aquí. Como sabéis, este modelo nace como pieza vinculada a una película, sí, pero su éxito no se sostiene solo por el cine, amigos. Combina caja de Field, ausencia de fecha, agujas catedral y esfera muy limpia. Es, en términos genealógicos, un híbrido bien resuelto entre pureza de campo y estética de observador clásico. Mecánicamente se apoya en la plataforma automática moderna de Hamilton con sus mejoras de reserva y materiales. Aquí vemos cómo una edición con origen narrativo puede integrarse técnicamente sin romper coherencia de familia. Y allá que vamos todos a sacar la tarjeta de crédito...
Ver el archivos adjunto 3433309
Hamilton Khaki Field Murph Automatic 38 mm, el fundetarjetas y no es para menos
Por otro lado, materiales de caja también han generado subramas claras. Por ejemplo, las versiones en titanio que reducen la masa significativamente. Personalmente, no me agrada la experiencia de este material, pero es cierto que casi da la sensación de que el reloj desaparece de la muñeca, lo que en uso prolongado habrá quien lo agradece. Yo no. Lo que sí, es que el titanio ofrece excelente relación resistencia-peso y buena tolerancia a la corrosión. También cambia la percepción táctil y térmica, porque el titanio transmite menos frío que el acero. Detalles que el usuario diario nota más que el coleccionista de vitrina.
Ver el archivos adjunto 3433316
Versión Titanium
Cómo no, el bronce también llegó al Khaki, introduciendo otra filosofía. No es un material neutro o estable: envejece, se oxida superficialmente, desarrolla pátina... Cada reloj evoluciona distinto según su uso y entorno. Es lo opuesto a la obsesión por mantener “como nuevo”. Aquí el reloj cuenta su vida con el aspecto de su caja. En cuanto a la técnica, el bronce requiere control en aleación para evitar reacciones indeseadas con pieles sensibles y entorno, pero bien formulado funciona de maravilla. No es tradicional de dotación militar moderna, pero sí podría resultar coherente con cierto espíritu herramienta que... oye, permite tener sus marcas. Aceptamos pulpo.
Ver el archivos adjunto 3433319
Y sí, existe la rama de cuarzo. Prometo no hacer sangre y considero conveniente tratarlo con respeto técnico, aunque a algunos nos despierte menos entusiasmo emocional. El cuarzo aporta precisión superior, coste menor, mantenimiento casi nulo y robustez frente a golpes que detendrían un mecánico. Para uso puramente instrumental, es difícil discutirle eficacia. Ahora bien, en un reloj cuyo valor reside en buena parte en su herencia mecánica y en la interacción diaria con el movimiento, el cuarzo pierde, por decirlo de alguna manera, narrativa. Funciona perfecto, pero conmueve menos. Ya sé que no es pecado, pero tampoco es poesía. Y especialmente en esta familia, la poesía importa, creo yo.
Ver el archivos adjunto 3433321
El cristal también tiene su miga. Los relojes de campaña originales montaban plexiglás: barato, ligero, no se astillaba en fragmentos peligrosos y se podía pulir en condiciones precarias. El Khaki Field moderno adopta zafiro sintético, que es objetivamente superior frente a rayado y estabilidad. Mejora técnica clara, sin discusión posible.
Ahora bien, el tratamiento antirreflejo en muchos Khaki Field actuales es o inexistente o muy limitado (normalmente solo interno) y aquí Hamilton juega un poco a la ambigüedad romántica y, a mi entender, se equivoca. Por un lado, se sugiere fidelidad histórica, sí, pero por otro hay ahí un ahorro de coste disimulado. ¡Mister Hamilton, que aquí no nos chupamos el dedo! ¿Qué cuál es el resultado práctico de todo esto? Pues que, según el ángulo de luz que le esté dando a tu pieza, cuando vayas a mirar la hora no solo confirmas el minuto… también puedes repasar el estado general de tu cara y confirmar también que persisten esas ojeras de un trasnoche indisimulable. No es drama, pero, a la vista está, tampoco invisible. Y en un reloj cuya religión ha sido la legibilidad, uno podría pedir un poquito más de honestidad y de fe aplicada. Tenía que decirse y se dijo.
Correas y brazaletes completan el sistema funcional. La correa textil tipo una sola pieza con paso inferior (popularmente asociada a uso militar) ofrece seguridad extra: si falla un pasador, el reloj no cae. Solución simple, brillante y barata. El brazalete metálico aporta continuidad estructural y mayor resistencia al desgaste, aunque visualmente desplaza al reloj un paso hacia lo civil. La piel aporta comodidad y carácter, pero exige rodaje. Aunque al principio parezca recia e indomable, acaba abrazando tu muñeca. Como muchas buenas cosas, necesita tiempo.
Ver el archivos adjunto 3433525
Versión de cuarzo con caja de acero y PVD negro y correa de caucho negra
Si uno observa todo el árbol, desde los relojes ferroviarios de bolsillo hasta el Khaki Field contemporáneo con espiral antimagnética y ochenta horas de reserva, la línea no es recta pero sí me parece bastante coherente. Precisión instrumental, legibilidad prioritaria, construcción honesta y adaptación tecnológica sin perder acento funcional. No es el reloj más caro, ni el más complejo, ni el más presumido, pero rara vez intentará ser algo que no es. Y hoy en día, mantenerse fuera del postureo, es una virtud poco común.
Y como toda historia de reloj que se investiga demasiado acaba, inevitablemente, en la muñeca, llegó el momento de elegir. No he elegido el modelo más purista, ni el más ortodoxo, ni el que aprobaría el tribunal supremo del dogma field. Ha sido este Pioneer mecánico el que me ha dado el tortazo. Combina esa mezcla de instrumento y guiño clásico que me envenenó hasta las trancas y a primera vista. Sus 40 milímetros encajan bien en mi muñeca, aunque no negaré que, si me dieran a elegir, le hubiera quitado uno o dos... Pero claro, puestos a exigir, también él podría haber buscado una muñeca más joven que lo saque más de marcha y perreo. Empate técnico.
Ver el archivos adjunto 3433337
Ver el archivos adjunto 3433336
Ver el archivos adjunto 3433339
Agradezco especialmente la ausencia de fecha, porque me aporta una simetría casi intacta, una lectura bien limpia y cero ventanitas rompiendo el discurso del dial. El remonte manual, lejos de ser una incomodidad, introduce esa pequeña liturgia diaria que te obliga a recordar que llevas algo mecánico vivo. Ya os digo que no es el más fiel al rigor histórico, pero tampoco soy yo el más coherente de los aficionados. Tiene concesiones modernas, y yo también; el reloj no es perfecto, y yo menos todavía. Y quizás sea por eso por lo que encajamos. Los relojes impecables se admiran, los que tienen carácter (y alguna contradicción) se llevan.
Ver el archivos adjunto 3433338
Ver el archivos adjunto 3433341
Para finalizar, que ya es hora, deciros que estoy seguro de que hay millones de datos y versiones que se me habrán escapado, matices que mejorar y detalles que afinar (la relojería seria no se termina, se revisa) así que cualquier aportación bien argumentada será bienvenida.
Si entre todos conseguimos convertir este hilo en un repositorio vivo de conocimiento y de piezas reales en muñeca, mejor que mejor. Yo, desde luego, ya he puesto mi Hamilton Khaki Field y, quién sabe, igual no será el último.
Abrazos para todos. Y todas.
www.safonagastrocrono.club
y que detalla minuciosamente el camino seguido. Me ha sorprendido especialmente conocer ese Khaki en colaboración con Engineered Garments,de titanio y 36 mm. 
