- Callejear por Saint-Germain-des-Prés y pasear por los jardines del Luxemburgo, recordando las andanzas de d'Artagnan.
- Bajar por la Rue de Seine, desviarse por la Rue de Buci y comer en el Atlas (hacen una terrina de jabalí que quita el sentío) o un bocadillo de paté en los puestos callejeros, seguir bajando hacia el Sena, cruzar a la Île de la Cité, ver Notre-Dame (hay que entrar aunque sólo sea para ver el rosetón, es gratuito pero se requiere reservar turno online), cruzar por el Pont des Arts, el de madera (y el de los putos candados, sí). Te diría que desviarte a la izquierda para patearos el Louvre, pero eso sólo ya ocupa casi una semana, así que tirar pa la derecha y admirad las gárgolas de Saint Séverin, antes de patearos el Marais (la Judería) y la plaza de los Vosgos.
- Coger el Metro y subir a Montmartre (la estación está a una profundidad acojonante, casi te tienes que pillar un bocata pa subir en el ascensor), ver París desde las escaleras del Sacré-Coeur y quedarte atontao ante los puestos callejeros de los pintores (ojo, que inguno es Rembrandt, pero saldréis aficionaos al impresionismo).
- Bajar a la Ópera Garnier, visitarla y quedarte alelao, que parece un escenario de Harry Potter.
- Al final, y si no hay más remedio, bajar hasta el Sena, pillar un Bateau-Mouche, y desembarcar en la Torre Eiffel. A mí me gusta más la base (ahí es cuando te das cuenta de que es enorme, nada que ver con lo que te habías imaginado) que hacer colas para subir (aunque, como decía el Pérez-Reverte, tenga la ventaja de ser el único sitio de París desde donde no puede verse la Torre Eiffel ).
Creo que pa un día ya está bien