+1
Y además, Richard H. Thaler ganó el Nobel de Economía en 2017 al demostrar que las personas no siempre actúan como el "homo economicus" (un ser perfectamente racional que maximiza beneficios). En cambio, toman decisiones basadas en sesgos, falta de autocontrol y emociones
En román paladino, además, a veces, se junta el hambre con las ganas de comer.
El Nobel de Thaler fue, en cierto modo, la economía reconociendo oficialmente lo que la filosofía llevaba décadas señalando: que el
homo economicus es una ficción útil pero peligrosa cuando se confunde con una descripción real del ser humano.
Thaler demostró que fallamos en el cálculo racional desde dentro: los sesgos, el presente inmediato, la aversión a la pérdida, el efecto dotación... Todo eso nos hace desviarnos sistemáticamente del agente maximizador que los modelos clásicos presuponían. Es decir, somos malos economistas de nosotros mismos.
Thaler vino a demostrar lo que cualquiera que haya intentado hacer dieta, ahorrar dinero o dejar de procrastinar ya sabía: que las personas no tomamos decisiones como calculadoras. Tomamos decisiones como personas, con todo lo que eso implica: impulsos, miedos, inercias, el "ya mañana empiezo" y el "total, por uno no pasa nada".
Pero hay un nivel más profundo del problema, que va más allá incluso de Thaler, y que ilustra perfectamente una historia que yo leí a John Searle sobre Robert McNamara, secretario de Defensa con Kennedy durante la guerra de Vietnam, aunque creo que él mismo la contaba en un documental sobre sí mismo que se filmo hará una década o así.
McNamara, que venía del mundo empresarial y creía fervientemente en la gestión cuantitativa, aplicó al conflicto una lógica de coste-beneficio rigurosa. Los analistas de su departamento calculaban el
bodycount, el ritmo de destrucción de recursos enemigos y el coste económico acumulado para Vietnam del Norte. El razonamiento era impecable dentro de sus propios términos: en algún punto, las pérdidas superarían los beneficios esperados, y un actor racional dejaría de combatir. "Solo necesitamos que actúen de manera racional", venían a decir.
Pero no ocurrió.
Porque el error de McNamara no era solo que los vietnamitas tuviesen sesgos irracionales —el error de Thaler—, sino algo más grave: estaba usando la regla equivocada para medir algo que no tenía esa dimensión. Vietnam del Norte no estaba en una negociación de coste-beneficio. Estaba en una lucha por la mera existencia como pueblo (como ahora mismo el Irán de los ayatolás), en la continuación de una resistencia que llevaba décadas enfrentando a China, a Francia, a Japón... Para ellos la pregunta no era "¿nos sale rentable seguir?" sino "¿existimos o nos extinguimos?". Y eso no tiene precio en ningún modelo económico que valga.
Así que tenemos dos límites distintos del
homo economicus:
El que señala Thaler: las personas fallan en ser racionales incluso dentro de sus propios objetivos, esto es, se equivocan de cálculo.
Y el que señala la historia de McNamara: a veces el modelo de racionalidad económica ni siquiera es el marco correcto para entender lo que mueve a las personas. No es que fallen en el cálculo, es que están jugando a otro juego completamente distinto, con una lógica que la ecuación no puede capturar.
O en román paladino, como decías: una cosa es no ser buen matemático, y otra muy distinta es que el problema que tienes delante ni tan siquiera sea un problema de matemáticas.