lean76
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Milus me la presentó una señora suiza, con muchísimo detalle. La marca es de Biel y su sede sigue en la Route de Reuchenette, la misma calle donde Paul William Junod la fundó en 1919. Vuelvo a WeLoveWatches con otra de las marcas que tenía marcadas en la lista, y esta vez con una historia que va más allá de los relojes: la de una marca que se perdió por apuntar demasiado alto y que ahora intenta volver al sitio del que nunca debió salir.
Lo primero que sacó fue un kit. Era una cajita sellada con un reloj suizo, una correa de tela enrollada, dos anillos, una cadena y un colgante de oro. La Marina de Estados Unidos se la daba a sus pilotos para que, si caían en un sitio desconocido, tuvieran con qué negociar ayuda, información o directamente la vida. Cada caja llevaba su número de serie estampado, y el reloj era un Milus Snow Star. La marca sitúa la historia en los años cuarenta, en la guerra del Pacífico. El museo de la Marina estadounidense cataloga un kit con ese mismo contenido como del Sudeste Asiático, y alguna casa de subastas especializada lo asocia con la época de Vietnam. Sea cual sea la guerra, Milus se enteró décadas más tarde, cuando empezaron a aparecer kits en subastas. En la foto, que es de la web de Milus, está el kit junto al Snow Star actual: la caja, los índices aplicados y la fecha a las 3 se reconocen de uno a otro.
Para entender la marca hay que mirar quién la ha tenido en las manos. Junod la fundó con una idea muy concreta: un reloj sólido y a la vez elegante, que cualquiera quisiera tener. Su familia la llevó así durante tres generaciones. En 2003 la compró Peace Mark, un grupo de Hong Kong, que la relanzó en Baselworld 2004 y la llevó al lujo de prestigio, con relojes de entre 5.000 y 30.000 francos. La marca acabó, en palabras de Swissinfo, en estado de muerte clínica. En 2016 la compró Luc Tissot, de la familia que dio nombre a Tissot, que fue bastante claro sobre lo que había pasado: un error estratégico grave, porque Milus siempre había vendido relojes bonitos de entre 1.000 y 2.000 francos. Él la llama una startup de cien años.
Ese es el plan desde el centenario de 2019: volver al ADN original con tres familias, Snow Star, Archimèdes y LAB 01, y precios que en su web europea van de 1.270 a 2.900 €. El modelo de negocio es ligero. Milus diseña y desarrolla en Biel, y la producción y el servicio los hace con socios industriales del Jura. Vende online desde el relanzamiento, combinado con distribuidores físicos: en España la vi el sábado pasado en World Watch Museum, por ejemplo. El objetivo que se marcó Tissot fue de 5.000 relojes al año; no he encontrado cifras posteriores que digan si lo alcanzaron. El Snow Star es el que sostiene todo esto. Mide 39 mm de diámetro, 9,45 de grosor y 47,7 de asa a asa, con 100 metros de hermeticidad. Lleva cristal de zafiro abombado, agujas dauphine facetadas y la fecha a las 3 en rojo, que es lo primero que se ve. Me contó que la caja es de acero 904L, el mismo tipo que usa Rolex. Casi toda la industria trabaja con 316L. El 904L lleva más cromo y molibdeno y viene de la industria química y aeroespacial, donde lo importante es que nada lo corroa; además admite un pulido muy vivo. Rolex lo usa desde 1985 con nombre propio, Oystersteel. Milus lo ha convertido en su argumento diferencial.
Bajo el logo, la esfera dice Instant Date. Un reloj con fecha instantánea cambia de día de golpe a medianoche, como quien pasa la página de un calendario. Muchos relojes la van cambiando poco a poco durante horas, y en su momento que no lo hiciera era un argumento de venta. Hoy el texto es un guiño a aquellos Snow Star, porque el movimiento actual no tiene nada especial en ese punto. Queda bien igual y es herencia. El calibre es un ETA 2892 A2 en grado Top: automático, 21 rubíes, 4 Hz y 42 horas de reserva. Lleva perlado, caracolado, tornillos azulados y un rotor calado con el logo. Es el hermano fino y más cuidado del 2824, y aBlogtoWatch apunta que se ve sobre todo en relojes más caros. Aquí está la otra pata de la propuesta: un movimiento de gama alta dentro de la oferta industrial, decorado y a la vista. En correa, el Snow Star cuesta 2.090 €. El Supreme 904 añade un brazalete de tres eslabones en el mismo acero, pulido y cepillado, con un sistema que permite soltarlo con un botón. Lo hay en plata, azul, verde y negro, por 2.320 €.
Este es el azul, el que me puse, y me encantó.
La segunda familia es el Archimèdes, que se inspira en dos divers históricos de la casa: el 666 de los sesenta y el Super Compressor de los setenta. El nombre Super Compressor venía de una caja que patentó a mediados de los cincuenta EPSA, un fabricante suizo de cajas, y que montaron muchas marcas. Cuanto más bajaba el reloj, mejor cerraba, porque la presión del agua apretaba el fondo contra la junta. Es lo mismo que pasa con el tapón de una bañera llena: cuanta más agua tiene encima, más cuesta levantarlo. Esos relojes solían llevar el bisel de buceo por dentro, bajo el cristal, con una segunda corona para girarlo, y la estética tuvo tanto éxito que muchos divers de la época la adoptaron aunque la caja no fuera de EPSA. No he podido confirmar si el Milus original llevaba una caja EPSA de verdad, y el Archimèdes actual no presume del mecanismo: lo que recupera es la cara. En el foro hay un hilo excelente de @jorgesdb que cuenta con mucho detalle la historia de esa caja, súper interesante y muy recomendable: https://relojes-especiales.com/threads/historia-de-las-legendarias-cajas-epsa-cuanto-más-profundo-más-herméticas.603160/
El Archimèdes conserva esa cara: dos coronas, bisel interior bidireccional con escala de 60 minutos y agujas broad arrow. La caja es de 41 mm y 11,90 de grosor, en 316L, con zafiro muy abombado, válvula de helio a las 9 y 300 metros. Por dentro lleva el mismo ETA 2892 A2 Top. En correa cuesta 2.350 €, y en brazalete 2.590 €. El de la foto es el Gravel Black: esfera en degradado de gris a negro, lumen beige y correa de piel marrón. La versión naranja, Orange Coral, fue nominada al GPHG 2021 en la categoría de divers, lo que no está mal para una marca que pocos años antes estaba desahuciada. El lumen beige y la esfera que oscurece hacia el borde buscan que el reloj parezca tener medio siglo.
El LAB 01 es la puerta de entrada y el que más se aleja del archivo militar. Parte de los diseños de Milus de los noventa, y su rasgo distintivo es la esfera, de fibra de vidrio a la vista y hecha en exclusiva para la marca. La fibra de vidrio son hilos finísimos de vidrio atrapados en resina, el mismo material de muchos cascos de barco y de las sillas de Charles y Ray Eames, a quienes Milus dedica el guiño. La asesora me contó que en la marca se preguntaron si se podía hacer una esfera así, y se respondió ella misma, muy convencida: sí, se puede. Me explicó que el material les permite jugar mucho con formas y colores, y de momento lo usan en tres: gris claro, gris oscuro y azul. Aquí la dejan sin pintar, así que las hebras se ven y cada esfera las tiene colocadas a su manera: no hay dos iguales. Mide 40 mm y 9,5 de grosor, en acero 316L, con zafiro plano y 30 metros. Dentro lleva un Sellita SW200 automático, de 26 rubíes y 38 horas de reserva. En malla milanesa cuesta 1.270 €. Su función en la gama es clara: un reloj de diseño para quien todavía no conoce la marca y no va a empezar por el Snow Star.
Alrededor del fondo hay una pregunta grabada: Are you Milus enough? Me lo probé y no supe qué contestar.
El cierre de la malla lleva grabado el logo de la casa.
Me fui con la sensación de haber visto una marca seria, de las que hacen bien las cosas sin hacer ruido, y lo que encontré después la sostiene. Su historia se puede contrastar en un museo de la Marina americana. Sigue en la misma calle de Biel. Pone 904L donde casi todos ponen 316L, y por 2.320 € deja ver un ETA 2892 decorado a través del fondo. Lo que más me llama la atención es el error de los dueños anteriores. Quisieron fabricar una marca de lujo, con relojes de hasta 30.000 francos, teniendo en las manos algo mucho más difícil de comprar: un ADN que ya funcionaba, el de relojes sólidos, bonitos y razonables, y una historia como la del kit que muy pocas marcas pueden contar. Ahora la estrategia encaja con lo que el producto puede defender, y eso en esta industria no es tan habitual. El riesgo está en otro sitio. Swissinfo ya avisaba de que la gama media suiza independiente está llena de competencia, y ahí el nombre pesa. aBlogtoWatch pedía hace tiempo una renovación del Snow Star, porque la marca se limita a sacar colores nuevos del mismo reloj, y es la reserva que comparto. Con una marca tan pequeña, el catálogo tiene que dar motivos para volver. Aun así me convence, y el Supreme azul entra en mi lista. Hay marcas que tienen que inventarse una historia para vender relojes. Milus tuvo la suya durante décadas metida en una caja sellada de la Marina americana, y ni siquiera lo sabía.
Lo primero que sacó fue un kit. Era una cajita sellada con un reloj suizo, una correa de tela enrollada, dos anillos, una cadena y un colgante de oro. La Marina de Estados Unidos se la daba a sus pilotos para que, si caían en un sitio desconocido, tuvieran con qué negociar ayuda, información o directamente la vida. Cada caja llevaba su número de serie estampado, y el reloj era un Milus Snow Star. La marca sitúa la historia en los años cuarenta, en la guerra del Pacífico. El museo de la Marina estadounidense cataloga un kit con ese mismo contenido como del Sudeste Asiático, y alguna casa de subastas especializada lo asocia con la época de Vietnam. Sea cual sea la guerra, Milus se enteró décadas más tarde, cuando empezaron a aparecer kits en subastas. En la foto, que es de la web de Milus, está el kit junto al Snow Star actual: la caja, los índices aplicados y la fecha a las 3 se reconocen de uno a otro.
Para entender la marca hay que mirar quién la ha tenido en las manos. Junod la fundó con una idea muy concreta: un reloj sólido y a la vez elegante, que cualquiera quisiera tener. Su familia la llevó así durante tres generaciones. En 2003 la compró Peace Mark, un grupo de Hong Kong, que la relanzó en Baselworld 2004 y la llevó al lujo de prestigio, con relojes de entre 5.000 y 30.000 francos. La marca acabó, en palabras de Swissinfo, en estado de muerte clínica. En 2016 la compró Luc Tissot, de la familia que dio nombre a Tissot, que fue bastante claro sobre lo que había pasado: un error estratégico grave, porque Milus siempre había vendido relojes bonitos de entre 1.000 y 2.000 francos. Él la llama una startup de cien años.
Ese es el plan desde el centenario de 2019: volver al ADN original con tres familias, Snow Star, Archimèdes y LAB 01, y precios que en su web europea van de 1.270 a 2.900 €. El modelo de negocio es ligero. Milus diseña y desarrolla en Biel, y la producción y el servicio los hace con socios industriales del Jura. Vende online desde el relanzamiento, combinado con distribuidores físicos: en España la vi el sábado pasado en World Watch Museum, por ejemplo. El objetivo que se marcó Tissot fue de 5.000 relojes al año; no he encontrado cifras posteriores que digan si lo alcanzaron. El Snow Star es el que sostiene todo esto. Mide 39 mm de diámetro, 9,45 de grosor y 47,7 de asa a asa, con 100 metros de hermeticidad. Lleva cristal de zafiro abombado, agujas dauphine facetadas y la fecha a las 3 en rojo, que es lo primero que se ve. Me contó que la caja es de acero 904L, el mismo tipo que usa Rolex. Casi toda la industria trabaja con 316L. El 904L lleva más cromo y molibdeno y viene de la industria química y aeroespacial, donde lo importante es que nada lo corroa; además admite un pulido muy vivo. Rolex lo usa desde 1985 con nombre propio, Oystersteel. Milus lo ha convertido en su argumento diferencial.
Bajo el logo, la esfera dice Instant Date. Un reloj con fecha instantánea cambia de día de golpe a medianoche, como quien pasa la página de un calendario. Muchos relojes la van cambiando poco a poco durante horas, y en su momento que no lo hiciera era un argumento de venta. Hoy el texto es un guiño a aquellos Snow Star, porque el movimiento actual no tiene nada especial en ese punto. Queda bien igual y es herencia. El calibre es un ETA 2892 A2 en grado Top: automático, 21 rubíes, 4 Hz y 42 horas de reserva. Lleva perlado, caracolado, tornillos azulados y un rotor calado con el logo. Es el hermano fino y más cuidado del 2824, y aBlogtoWatch apunta que se ve sobre todo en relojes más caros. Aquí está la otra pata de la propuesta: un movimiento de gama alta dentro de la oferta industrial, decorado y a la vista. En correa, el Snow Star cuesta 2.090 €. El Supreme 904 añade un brazalete de tres eslabones en el mismo acero, pulido y cepillado, con un sistema que permite soltarlo con un botón. Lo hay en plata, azul, verde y negro, por 2.320 €.
Este es el azul, el que me puse, y me encantó.
La segunda familia es el Archimèdes, que se inspira en dos divers históricos de la casa: el 666 de los sesenta y el Super Compressor de los setenta. El nombre Super Compressor venía de una caja que patentó a mediados de los cincuenta EPSA, un fabricante suizo de cajas, y que montaron muchas marcas. Cuanto más bajaba el reloj, mejor cerraba, porque la presión del agua apretaba el fondo contra la junta. Es lo mismo que pasa con el tapón de una bañera llena: cuanta más agua tiene encima, más cuesta levantarlo. Esos relojes solían llevar el bisel de buceo por dentro, bajo el cristal, con una segunda corona para girarlo, y la estética tuvo tanto éxito que muchos divers de la época la adoptaron aunque la caja no fuera de EPSA. No he podido confirmar si el Milus original llevaba una caja EPSA de verdad, y el Archimèdes actual no presume del mecanismo: lo que recupera es la cara. En el foro hay un hilo excelente de @jorgesdb que cuenta con mucho detalle la historia de esa caja, súper interesante y muy recomendable: https://relojes-especiales.com/threads/historia-de-las-legendarias-cajas-epsa-cuanto-más-profundo-más-herméticas.603160/
El Archimèdes conserva esa cara: dos coronas, bisel interior bidireccional con escala de 60 minutos y agujas broad arrow. La caja es de 41 mm y 11,90 de grosor, en 316L, con zafiro muy abombado, válvula de helio a las 9 y 300 metros. Por dentro lleva el mismo ETA 2892 A2 Top. En correa cuesta 2.350 €, y en brazalete 2.590 €. El de la foto es el Gravel Black: esfera en degradado de gris a negro, lumen beige y correa de piel marrón. La versión naranja, Orange Coral, fue nominada al GPHG 2021 en la categoría de divers, lo que no está mal para una marca que pocos años antes estaba desahuciada. El lumen beige y la esfera que oscurece hacia el borde buscan que el reloj parezca tener medio siglo.
El LAB 01 es la puerta de entrada y el que más se aleja del archivo militar. Parte de los diseños de Milus de los noventa, y su rasgo distintivo es la esfera, de fibra de vidrio a la vista y hecha en exclusiva para la marca. La fibra de vidrio son hilos finísimos de vidrio atrapados en resina, el mismo material de muchos cascos de barco y de las sillas de Charles y Ray Eames, a quienes Milus dedica el guiño. La asesora me contó que en la marca se preguntaron si se podía hacer una esfera así, y se respondió ella misma, muy convencida: sí, se puede. Me explicó que el material les permite jugar mucho con formas y colores, y de momento lo usan en tres: gris claro, gris oscuro y azul. Aquí la dejan sin pintar, así que las hebras se ven y cada esfera las tiene colocadas a su manera: no hay dos iguales. Mide 40 mm y 9,5 de grosor, en acero 316L, con zafiro plano y 30 metros. Dentro lleva un Sellita SW200 automático, de 26 rubíes y 38 horas de reserva. En malla milanesa cuesta 1.270 €. Su función en la gama es clara: un reloj de diseño para quien todavía no conoce la marca y no va a empezar por el Snow Star.
Alrededor del fondo hay una pregunta grabada: Are you Milus enough? Me lo probé y no supe qué contestar.
El cierre de la malla lleva grabado el logo de la casa.
Me fui con la sensación de haber visto una marca seria, de las que hacen bien las cosas sin hacer ruido, y lo que encontré después la sostiene. Su historia se puede contrastar en un museo de la Marina americana. Sigue en la misma calle de Biel. Pone 904L donde casi todos ponen 316L, y por 2.320 € deja ver un ETA 2892 decorado a través del fondo. Lo que más me llama la atención es el error de los dueños anteriores. Quisieron fabricar una marca de lujo, con relojes de hasta 30.000 francos, teniendo en las manos algo mucho más difícil de comprar: un ADN que ya funcionaba, el de relojes sólidos, bonitos y razonables, y una historia como la del kit que muy pocas marcas pueden contar. Ahora la estrategia encaja con lo que el producto puede defender, y eso en esta industria no es tan habitual. El riesgo está en otro sitio. Swissinfo ya avisaba de que la gama media suiza independiente está llena de competencia, y ahí el nombre pesa. aBlogtoWatch pedía hace tiempo una renovación del Snow Star, porque la marca se limita a sacar colores nuevos del mismo reloj, y es la reserva que comparto. Con una marca tan pequeña, el catálogo tiene que dar motivos para volver. Aun así me convence, y el Supreme azul entra en mi lista. Hay marcas que tienen que inventarse una historia para vender relojes. Milus tuvo la suya durante décadas metida en una caja sellada de la Marina americana, y ni siquiera lo sabía.
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