lean76
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En el stand de Serica en WeLoveWatches me encontré con una esfera que conozco bien: la California, la misma que siempre me gustó en el Radiomir California de Panerai, aquí puesta en el 6190. Me lo probé junto con el Parade, y el resto de la gama lo vi en las bandejas.
Para quien no la conozca, Serica nació en París en 2019. La fundaron Jérôme Burgert y Gabriel Vachette, que venían de escribir sobre relojes en la revista Les Rhabilleurs. Diseñan en París y fabrican en Suiza. Lo primero que llama la atención es que las esferas no llevan logo: solo un “SERICA SWISS” diminuto a las 6 que hay que buscar con ganas. Burgert le explicó a Fratello que desde el principio quiso alejarse del marketing y que el producto hablara solo. En otra entrevista, con Watch Advice, reconocía que una marca joven no tiene dinero para hacerse oír como los grandes grupos. Leídas juntas, a mí las dos frases me cuadran: si no puedes gritar, haz un reloj que se reconozca sin leer nada. Esa es lectura mía; ellos lo plantean como una decisión de diseño.
Los divers estaban juntos en una bandeja. El 5303 fue el segundo reloj de la marca y es su diver: 39 mm, 300 metros, cronómetro y una caja interior de hierro dulce contra el magnetismo. Ese hierro hace de paraguas. El campo magnético se desvía por esa capa y no llega a la espiral, que es la pieza que más sufre cuando dejas el reloj junto a un altavoz o al imán de una funda de móvil. El bisel lleva dos aros que giran juntos: uno exterior de cerámica con los 60 minutos y otro interior de acero con 12 horas. Pones el punto luminoso sobre la aguja de los minutos y, por fuera, lees cuántos minutos llevas. Si lo pones sobre la aguja de las horas, por dentro lees cuántas horas han pasado. Sirve igual para el tiempo de una inmersión que para saber cuánto llevas en una reunión que no se acaba. De izquierda a derecha están el 5303 negro, el blanco y el de bisel azul cristal. El último, con ventana a las 3, es el 5330, que se presentó en marzo y es el primer Serica con fecha. Cuestan 1.590 euros el 5303 y 1.690 el 5330.
Al lado, en un soporte de madera, estaba el 8315, el GMT. Tiene 39 mm y un bisel de cerámica de una sola pieza en blanco y negro, que es probablemente lo más original que han dibujado. En lugar de la escala de 24 horas de siempre, el bisel va partido en dos mitades de 12 horas, una rotulada Ante Meridien y la otra Post Meridien. Además, el cambio de color no cae donde esperas, porque la marca quiso que el día se viera más largo que la noche. Dentro lleva el Soprod C125, también cronómetro, y aquí hay un detalle que conviene saber antes de comprar cualquier GMT. En los que se suelen llamar “de viajero”, al aterrizar mueves solo la aguja de la hora local, a saltos de una hora, y todo lo demás sigue en marcha. En los llamados “de oficina”, la aguja que salta es la del segundo huso, y para cambiar la hora local tienes que mover las agujas principales como en cualquier reloj. El C125 es de los segundos. Para quien llama cada día a otro país va perfecto. Para quien cambia de huso cada pocas semanas, como yo, es un pequeño fastidio en cada aeropuerto, y a mí me chirría un poco que se llame Travel Chronometer. Cuesta 1.890 euros.
Todos los Serica que vi llevan Soprod: el M100 en los de tres agujas y el C125, que es esa misma base con un módulo GMT encima. Soprod nació en 1966 en Tramelan, en el Jura bernés, cuando siete pequeños talleres se juntaron para fabricar componentes. Desde 2008 pertenece al Grupo Festina de Miguel Rodríguez. Según contó Europa Star, la compró para tener movimientos propios después de que Swatch Group anunciara recortes en los envíos a terceros. O sea, el motor de un reloj dibujado en París sale de una fábrica suiza que es de un grupo español. Que el proveedor tenga fábricas propias y sepa sacar calibres certificados le viene bien a Serica, y la propia marca cuenta que la certificación COSC la trabaja junto con Soprod. Lo que a mí me inquieta un poco es que toda la gama cuelgue de una sola familia de movimientos, y de un proveedor que además tiene sus propias marcas. Si Soprod subiera precios o mirara primero por su casa, no veo un plan B a la vista. Esto es opinión mía, y no sería la primera vez que sucede.
El Parade fue el otro que me puse. Salió a finales de 2024 y es el primer reloj de vestir de la marca. La caja tiene forma de estadio, dos semicírculos unidos por dos rectas como la planta de los estadios antiguos, y Serica asegura que esa forma nunca se había usado en relojería. Mide 35 por 41 mm y 8,3 de grosor, y aun así aguanta 100 metros. Lo consiguen con una construcción en sándwich: el bisel queda atrapado entre piezas de la caja y, al apretarlas, comprime más las juntas, igual que la tapa de un tarro aprieta la goma contra el borde. El que me probamos es el Linen Tobacco, de 2025, con la esfera texturizada como una tela de lino. La marca lo llama Tobacco y algunos medios lo describen como verde, pero con la luz de la feria a mí me pareció marrón tabaco sin discusión. Lleva doce índices aplicados a mano, solo horas y minutos, el mismo M100 y fondo cerrado. Cuesta 1.490 euros. En la muñeca parece más grande de lo que dicen las medidas por culpa del bisel ancho y plano, y llama la atención aunque no lleve nombre.
Sobre cómo vende, Serica tira sobre todo de venta directa: su web y su boutique de la rue de Turenne, en el Marais. Fuera de Francia tiene algún distribuidor autorizado, como la tienda de Time+Tide en Londres y Melbourne, pero en Japón, por ejemplo, la revista Chronos contaba en marzo que no tiene distribuidor. Me parece que esa venta directa explica buena parte de que un cronómetro de 200 metros cueste 1.090 euros, porque casi nunca hay una tienda llevándose su margen por el camino. La contrapartida es que el stock es problema suyo. Las cifras de producción no son públicas. Hoy el California aparece agotado en su web, aunque la ficha indica que alguna versión queda en la boutique de París, y Very Good Lord contaba este mes que el 5303 negro y el 5330 también se habían agotado. Luego están los encargos. Desde hace varios años hace una edición del 6190 para cada promoción de oficiales de la École de Guerre. Con la asociación de buzos desminadores de la Marina francesa sacó el 5303 PLD, cuyo bisel indica cuánto tiempo puedes trabajar a cada profundidad sin paradas de descompresión. Y este año hubo un 6190 TDM que, según Monochrome, cambia los números del California por números tailandeses. Me parece de lo más inteligente que hacen, porque le pone algo real detrás al aire militar del diseño.
Y el California. El primer Serica fue el 4512 de 2019, el que llevaba las letras W.W.W. (Wrist Watch Waterproof) en la esfera, y en 2023 dio paso al 6190, automático y cronómetro. Tiene 38 mm, 10,4 de grosor con el cristal, 46,5 de asa a asa y 200 metros. La esfera es de esmalte negro con números luminiscentes en relieve, romanos en la mitad de arriba, arábigos en la de abajo y barras en las cuatro posiciones principales. Es de esas esferas que parecen un error hasta que te la pones y ya no la quieres de otra forma. Lo levanté de la bandeja preparado para el peso de un reloj de 200 metros y la mano me subió sola. Puesto, es muy liviano, de los que a los cinco minutos olvidas que llevas. Se lo comenté a la persona de la marca y me dijo que sí, que buena parte es mérito del brazalete. El Bonklip nació en Inglaterra a finales de los años veinte, Rolex llegó a ofrecerlo en los treinta y Serica lo recuperó con proporciones propias. Está hecho de anillas y eslabones finos, y el cierre se engancha entre dos eslabones cualesquiera a lo largo de todo el brazalete. Funciona como un cinturón con agujeros de punta a punta: lo ajustas a tu medida exacta sin quitar eslabones ni pasar por el relojero. Dentro va el M100 certificado COSC. Para llevar ese nombre, el movimiento pasa 15 días seguidos de pruebas en el organismo oficial suizo, en varias posiciones y temperaturas, y tiene que quedarse en una media de entre 4 segundos de retraso y 6 de adelanto al día. Cuesta 1.090 euros, cuando lo hay.
El Radiomir California del que hablaba al principio es el PAM01349. Panerai saca esta esfera de su antigua referencia 3646, y en este caso la viste de verde degradado sobre una caja de 45 mm. Dentro lleva el P.5000 de manufactura, de cuerda manual y con 8 días de reserva, frente a las 42 horas del Soprod. Panerai lo vende como exclusivo de boutique y en España se anuncia a 12.800 euros, casi doce veces lo que el Serica. Juegan en ligas muy distintas, aunque la idea de la esfera sea la misma.
Con Serica tengo un par de reparos y ninguna duda de fondo. Los movimientos no los fabrica, pero los elige bien y los manda a certificar, y el diseño es tan suyo que no le hace falta el nombre en la esfera. Por entre 1.090 y 1.890 euros ofrece cifras de reloj profesional, y Burgert, cofundador, sigue firmando el diseño siete años después. Los reparos ya los he contado: que toda la casa dependa de Soprod y ese GMT de oficina con nombre de viajero. Ninguno de los dos me quita las ganas. El California me parece interesante, y ahora el único problema es pillarlo con stock.
Para quien no la conozca, Serica nació en París en 2019. La fundaron Jérôme Burgert y Gabriel Vachette, que venían de escribir sobre relojes en la revista Les Rhabilleurs. Diseñan en París y fabrican en Suiza. Lo primero que llama la atención es que las esferas no llevan logo: solo un “SERICA SWISS” diminuto a las 6 que hay que buscar con ganas. Burgert le explicó a Fratello que desde el principio quiso alejarse del marketing y que el producto hablara solo. En otra entrevista, con Watch Advice, reconocía que una marca joven no tiene dinero para hacerse oír como los grandes grupos. Leídas juntas, a mí las dos frases me cuadran: si no puedes gritar, haz un reloj que se reconozca sin leer nada. Esa es lectura mía; ellos lo plantean como una decisión de diseño.
Los divers estaban juntos en una bandeja. El 5303 fue el segundo reloj de la marca y es su diver: 39 mm, 300 metros, cronómetro y una caja interior de hierro dulce contra el magnetismo. Ese hierro hace de paraguas. El campo magnético se desvía por esa capa y no llega a la espiral, que es la pieza que más sufre cuando dejas el reloj junto a un altavoz o al imán de una funda de móvil. El bisel lleva dos aros que giran juntos: uno exterior de cerámica con los 60 minutos y otro interior de acero con 12 horas. Pones el punto luminoso sobre la aguja de los minutos y, por fuera, lees cuántos minutos llevas. Si lo pones sobre la aguja de las horas, por dentro lees cuántas horas han pasado. Sirve igual para el tiempo de una inmersión que para saber cuánto llevas en una reunión que no se acaba. De izquierda a derecha están el 5303 negro, el blanco y el de bisel azul cristal. El último, con ventana a las 3, es el 5330, que se presentó en marzo y es el primer Serica con fecha. Cuestan 1.590 euros el 5303 y 1.690 el 5330.
Al lado, en un soporte de madera, estaba el 8315, el GMT. Tiene 39 mm y un bisel de cerámica de una sola pieza en blanco y negro, que es probablemente lo más original que han dibujado. En lugar de la escala de 24 horas de siempre, el bisel va partido en dos mitades de 12 horas, una rotulada Ante Meridien y la otra Post Meridien. Además, el cambio de color no cae donde esperas, porque la marca quiso que el día se viera más largo que la noche. Dentro lleva el Soprod C125, también cronómetro, y aquí hay un detalle que conviene saber antes de comprar cualquier GMT. En los que se suelen llamar “de viajero”, al aterrizar mueves solo la aguja de la hora local, a saltos de una hora, y todo lo demás sigue en marcha. En los llamados “de oficina”, la aguja que salta es la del segundo huso, y para cambiar la hora local tienes que mover las agujas principales como en cualquier reloj. El C125 es de los segundos. Para quien llama cada día a otro país va perfecto. Para quien cambia de huso cada pocas semanas, como yo, es un pequeño fastidio en cada aeropuerto, y a mí me chirría un poco que se llame Travel Chronometer. Cuesta 1.890 euros.
Todos los Serica que vi llevan Soprod: el M100 en los de tres agujas y el C125, que es esa misma base con un módulo GMT encima. Soprod nació en 1966 en Tramelan, en el Jura bernés, cuando siete pequeños talleres se juntaron para fabricar componentes. Desde 2008 pertenece al Grupo Festina de Miguel Rodríguez. Según contó Europa Star, la compró para tener movimientos propios después de que Swatch Group anunciara recortes en los envíos a terceros. O sea, el motor de un reloj dibujado en París sale de una fábrica suiza que es de un grupo español. Que el proveedor tenga fábricas propias y sepa sacar calibres certificados le viene bien a Serica, y la propia marca cuenta que la certificación COSC la trabaja junto con Soprod. Lo que a mí me inquieta un poco es que toda la gama cuelgue de una sola familia de movimientos, y de un proveedor que además tiene sus propias marcas. Si Soprod subiera precios o mirara primero por su casa, no veo un plan B a la vista. Esto es opinión mía, y no sería la primera vez que sucede.
El Parade fue el otro que me puse. Salió a finales de 2024 y es el primer reloj de vestir de la marca. La caja tiene forma de estadio, dos semicírculos unidos por dos rectas como la planta de los estadios antiguos, y Serica asegura que esa forma nunca se había usado en relojería. Mide 35 por 41 mm y 8,3 de grosor, y aun así aguanta 100 metros. Lo consiguen con una construcción en sándwich: el bisel queda atrapado entre piezas de la caja y, al apretarlas, comprime más las juntas, igual que la tapa de un tarro aprieta la goma contra el borde. El que me probamos es el Linen Tobacco, de 2025, con la esfera texturizada como una tela de lino. La marca lo llama Tobacco y algunos medios lo describen como verde, pero con la luz de la feria a mí me pareció marrón tabaco sin discusión. Lleva doce índices aplicados a mano, solo horas y minutos, el mismo M100 y fondo cerrado. Cuesta 1.490 euros. En la muñeca parece más grande de lo que dicen las medidas por culpa del bisel ancho y plano, y llama la atención aunque no lleve nombre.
Sobre cómo vende, Serica tira sobre todo de venta directa: su web y su boutique de la rue de Turenne, en el Marais. Fuera de Francia tiene algún distribuidor autorizado, como la tienda de Time+Tide en Londres y Melbourne, pero en Japón, por ejemplo, la revista Chronos contaba en marzo que no tiene distribuidor. Me parece que esa venta directa explica buena parte de que un cronómetro de 200 metros cueste 1.090 euros, porque casi nunca hay una tienda llevándose su margen por el camino. La contrapartida es que el stock es problema suyo. Las cifras de producción no son públicas. Hoy el California aparece agotado en su web, aunque la ficha indica que alguna versión queda en la boutique de París, y Very Good Lord contaba este mes que el 5303 negro y el 5330 también se habían agotado. Luego están los encargos. Desde hace varios años hace una edición del 6190 para cada promoción de oficiales de la École de Guerre. Con la asociación de buzos desminadores de la Marina francesa sacó el 5303 PLD, cuyo bisel indica cuánto tiempo puedes trabajar a cada profundidad sin paradas de descompresión. Y este año hubo un 6190 TDM que, según Monochrome, cambia los números del California por números tailandeses. Me parece de lo más inteligente que hacen, porque le pone algo real detrás al aire militar del diseño.
Y el California. El primer Serica fue el 4512 de 2019, el que llevaba las letras W.W.W. (Wrist Watch Waterproof) en la esfera, y en 2023 dio paso al 6190, automático y cronómetro. Tiene 38 mm, 10,4 de grosor con el cristal, 46,5 de asa a asa y 200 metros. La esfera es de esmalte negro con números luminiscentes en relieve, romanos en la mitad de arriba, arábigos en la de abajo y barras en las cuatro posiciones principales. Es de esas esferas que parecen un error hasta que te la pones y ya no la quieres de otra forma. Lo levanté de la bandeja preparado para el peso de un reloj de 200 metros y la mano me subió sola. Puesto, es muy liviano, de los que a los cinco minutos olvidas que llevas. Se lo comenté a la persona de la marca y me dijo que sí, que buena parte es mérito del brazalete. El Bonklip nació en Inglaterra a finales de los años veinte, Rolex llegó a ofrecerlo en los treinta y Serica lo recuperó con proporciones propias. Está hecho de anillas y eslabones finos, y el cierre se engancha entre dos eslabones cualesquiera a lo largo de todo el brazalete. Funciona como un cinturón con agujeros de punta a punta: lo ajustas a tu medida exacta sin quitar eslabones ni pasar por el relojero. Dentro va el M100 certificado COSC. Para llevar ese nombre, el movimiento pasa 15 días seguidos de pruebas en el organismo oficial suizo, en varias posiciones y temperaturas, y tiene que quedarse en una media de entre 4 segundos de retraso y 6 de adelanto al día. Cuesta 1.090 euros, cuando lo hay.
El Radiomir California del que hablaba al principio es el PAM01349. Panerai saca esta esfera de su antigua referencia 3646, y en este caso la viste de verde degradado sobre una caja de 45 mm. Dentro lleva el P.5000 de manufactura, de cuerda manual y con 8 días de reserva, frente a las 42 horas del Soprod. Panerai lo vende como exclusivo de boutique y en España se anuncia a 12.800 euros, casi doce veces lo que el Serica. Juegan en ligas muy distintas, aunque la idea de la esfera sea la misma.
Con Serica tengo un par de reparos y ninguna duda de fondo. Los movimientos no los fabrica, pero los elige bien y los manda a certificar, y el diseño es tan suyo que no le hace falta el nombre en la esfera. Por entre 1.090 y 1.890 euros ofrece cifras de reloj profesional, y Burgert, cofundador, sigue firmando el diseño siete años después. Los reparos ya los he contado: que toda la casa dependa de Soprod y ese GMT de oficina con nombre de viajero. Ninguno de los dos me quita las ganas. El California me parece interesante, y ahora el único problema es pillarlo con stock.
Qué interesantes estos hilos, compañero. 