lean76
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Oris era una de las marcas que tenía marcadas en Geneva Watch Days, y me quedé con las ganas porque no llegué a tiempo. De la marca solo pude ver este, en el Blue Box, el espacio de la Rotonde du Mont Blanc donde estaban representadas todas las marcas participantes, en la plaza que tenía enfrente del hotel. Es el ProPilot X Gonzo, la tercera colaboración de Oris con los Muppets después de Kermit en 2023 y Miss Piggy en 2025. Lleva el calibre 115, de cuerda manual, que viene del calibre 110 de 2014, el primero que Oris desarrolló en casa en 35 años; la marca dice que lo hizo junto a especialistas suizos. Usa un solo barrilete con un muelle que, estirado, mediría 1,8 metros, y eso le da diez días de marcha. El indicador de reserva de las 3 tampoco es normal. Al principio, con cuerda de sobra, la aguja apenas se mueve, y a medida que se acerca el final avanza cada vez más rápido, para que veas con más detalle cuánto te queda justo cuando importa. Lo consiguen con un engranaje de tornillo sin fin patentado por Oris. En esta versión, la esfera calada va en degradado de azul a rojo y amarillo, la reserva dice "10 GREAT DAYS" y la aguja tiene forma de guindilla. Y en el muelle, visible a las 11, han grabado con láser la cara de Gonzo, que va apareciendo a medida que das cuerda. Cuanta más cuerda, más Gonzo. Caja y brazalete de titanio, 44 mm de diámetro, 12,6 de grosor, 100 metros de resistencia al agua y 8.500 €.
En París, en WeLoveWatches, Oris volvía a estar en mi lista. Tuve que pasar varias veces por delante del stand hasta encontrarlo más libre, y esta vez me quité el pendiente.
La marca nació en 1904 en Hölstein, un pueblo del valle de Waldenburg, cerca de Basilea, y el nombre lo tomaron de un arroyo de la zona. De su historia me quedo con algo que no sabía: durante treinta años una ley le impidió mejorar sus propios relojes. En 1934 el gobierno suizo aprobó el Estatuto Relojero, que obligaba a pedir permiso para introducir tecnología nueva. Oris se quedó atrapada con el escape de áncora de pernos, el sistema barato de la época, en el que el áncora frena la rueda de escape con unos pasadores de acero en lugar de con rubíes. En 1956 contrataron a un abogado, Rolf Portmann, que se pasó diez años peleando contra esa norma hasta tumbarla. En 1966 salió el Oris Star, su primer reloj con escape de áncora suizo, que este año acaban de reeditar. A finales de los sesenta Oris tenía 800 empleados y fabricaba 1,2 millones de relojes y despertadores al año. En 1970 entró en ASUAG, lo que después sería Swatch Group, y con la crisis del cuarzo la plantilla pasó de 900 personas a unas pocas decenas. En 1982, Portmann y Ulrich W. Herzog encabezaron la compra de la empresa por sus directivos y decidieron abandonar el cuarzo para hacer solo relojes mecánicos, justo cuando el mercado iba en la dirección contraria. Desde entonces es independiente. Su consejero delegado, Rolf Studer, contó este año en una entrevista que a ellos también les han llegado ofertas de los grandes grupos y que la independencia forma parte de su manera de ser. Desde abril Studer dirige la empresa en solitario, con un comité de dirección de siete personas, y Claudine Gertiser, que ya era vicepresidenta del consejo, pasó a ser directora financiera. Quién tiene hoy el capital no lo he encontrado publicado en ningún sitio.
Hoy la gama se reparte en siete colecciones. Artelier es la de vestir, que este año han relanzado. Heritage recoge las reediciones de su archivo, como el Star Edition. Big Crown son los relojes de aviador que salen del modelo de 1938. Aquis es el diver moderno, y Divers, el de aire retro, con el Divers Sixty Five. ProPilot X es la línea más contemporánea, de diseño facetado, y ProPilot, la de aviación más clásica. El reloj que define a la marca es el Big Crown Pointer Date, que existe desde 1938. Lo pensaron para pilotos, y de ahí la corona sobredimensionada, que se podía girar con guantes de cuero puestos. La otra seña es la fecha. No hay ventanita con el número: la marca una cuarta aguja central, con la punta en media luna roja, que va recorriendo los 31 días impresos alrededor de la esfera. Este de esfera granate es el Oris x Cervo Volante, una colaboración con Cervo Volante, que hace correas de piel de ciervo. Tiene caja de acero de 40 mm y zafiro abombado por las dos caras, y por dentro va el calibre 754, que es un Sellita SW200 1 modificado por Oris, a 4 Hz y con 41 horas de reserva. Cuesta 2.250 €. El Big Crown Pointer Date de serie, con correa, sale por 1.950 €.
También lo tenían en gris, de la misma colaboración con Cervo Volante, en 38 mm, con el mismo calibre 754 y al mismo precio, 2.250 €.
Este es el Big Crown Pointer Date 80th Anniversary Edition, que Oris sacó por los ochenta años del modelo. Caja, bisel y corona son de bronce macizo, la esfera es verde, el fondo es de acero y el movimiento es el mismo 754. Nunca me he llevado bien con los relojes envejecidos de fábrica: prefiero que un reloj salga nuevo y se vaya gastando conmigo. El bronce hace exactamente eso, porque sale brillante y la pátina se la va poniendo el uso de cada uno. Por detrás asoma el rotor rojo, que Oris registró como marca en 2002 y que según la propia casa resume lo que quieren hacer: relojes mecánicos suizos con funciones útiles y a precios asequibles. Cuesta 2.400 € con correa de piel.
El Aquis es su diver, con 300 metros de resistencia al agua, y es el que estrenó en 2020 el calibre 400, que según la marca tardaron cinco años en desarrollar. Este en concreto es el Great Barrier Reef Limited Edition IV, una edición de 2.000 piezas con caja de acero de 43,5 mm, anillo de tungsteno con la escala de minutos y esfera en degradado azul. Es el cuarto de una serie con la que Oris apoya a Reef Restoration Foundation, una organización australiana sin ánimo de lucro que trabaja contra el blanqueamiento de los corales. Cuesta 3.900 €. Lo de "5 DAYS" en la esfera sale de dos barriletes conectados en serie, cada uno con dos días y medio de cuerda. Funcionan como dos depósitos de agua puestos uno detrás del otro: cuando se vacía el primero, empieza a tirar el segundo. La otra virtud es el magnetismo. Vivimos rodeados de imanes (el cierre de una funda de móvil, un altavoz, el portátil) y basta con que un reloj normal se acerque lo suficiente a uno para que algunas piezas de acero se queden imantadas y empiece a adelantar. Oris hizo de silicio la rueda de escape y el áncora y usó más de 30 componentes de materiales no ferrosos. Tras exponerlo a 2.250 gauss, el reloj se desvió menos de 10 segundos al día. La precisión que declaran va de 3 segundos de retraso a 5 de adelanto diarios, dentro de lo que exige un cronómetro aunque no lleve el certificado. Y si registras el reloj en MyOris, el registro gratuito de clientes que Oris tiene en su web, la garantía es de diez años, con revisiones recomendadas también cada diez. Un detalle técnico, el rotor gira sobre un cojinete de deslizamiento en lugar de sobre un rodamiento de bolas, una solución más simple y con menos piezas. Y aquí no hay rotor rojo.
Todos estos relojes llevan zafiro delante, y eso trae una pregunta que tiene más miga de lo que parece: si el cristal de zafiro es casi imposible de rayar, ¿por qué se rompe? La respuesta está en que dureza y tenacidad son cosas distintas. La dureza mide cuánto aguanta un material sin rayarse. El zafiro tiene un 9 en la escala de Mohs, y por encima solo está el diamante, con un 10. La tenacidad mide cuánto aguanta un golpe sin partirse, y ahí el zafiro flojea, porque no cede nada. Es lo mismo que pasa con un plato de porcelana y una olla de aluminio: al plato no lo rayas con un cuchillo, pero si se cae al suelo se rompe, mientras que la olla se abolla y sigue sirviendo. El propio servicio de ayuda de Oris lo reconoce: el zafiro es más sensible a los golpes que el cristal mineral. Quizá por eso Oris pone cristal mineral en el fondo de algunos Pointer Date con calibre 754, que es la cara que no va a recibir los golpes.
El que más me gustó fue este. Es el Big Crown Pointer Date Calibre 403 de 38 mm, con esfera azul medianoche y brazalete de eslabones en H, y con él se ve muy bien qué se paga con cada movimiento. El 403 es el 400 con segundero pequeño a las 6 y fecha por aguja. Lo estrenaron en 2021 en el Hölstein Edition, de 250 piezas, y cuesta 3.800 € con brazalete y 3.600 € con correa. Con correa, la escalera del Big Crown en la web española de Oris queda así: 1.950 € el de serie con el 754, 2.250 € la colaboración con Cervo Volante, 2.400 € el de bronce, 3.600 € el 403, 4.300 € el 473 (cuerda manual y también cinco días) y 6.150 € el 113. Del 754 al 403 se paga el motor: cinco días de reserva en lugar de 41 horas, antimagnetismo y diez años de garantía en lugar de los tres que da el Cervo Volante con MyOris. Son dos familias de calibres propios distintas: la serie 400, con dos barriletes y cinco días de reserva, y la serie 100, de cuerda manual, con un solo barrilete y diez días. Del 403 al 113 cambia lo que hace el reloj. El 403 da la hora y el día del mes, y se da cuerda solo con el movimiento de la muñeca. El 113 hay que darle cuerda a mano, pero aguanta diez días y lleva dentro una agenda completa: día de la semana, fecha, mes y número de semana del año, todo ajustable desde una sola corona y con el indicador de reserva no lineal en la esfera. Uno sabe qué día es; el otro sabe en qué semana del año estás.
Lo interesante de Oris como empresa es que juega en el tramo más difícil. Oris no publica sus cifras. Morgan Stanley y LuxeConsult estiman que facturó unos 52 millones de francos en 2025, con unas 34.000 piezas vendidas, un precio medio de 2.296 francos y alrededor de un 85% de las ventas a través de minoristas, lo que la coloca en el puesto 45 de las marcas suizas. Son estimaciones, y varias marcas han puesto en duda la metodología de ese informe, pero sirven para hacerse una idea. Vender casi todo a través de tiendas es como una bodega que vive de los restaurantes y no de su propio bar: llega a mucha gente, pero se queda con menos margen por botella. Studer reconoce en la misma entrevista que Estados Unidos supone alrededor de un cuarto de su negocio, que Oriente Medio pesa un 10% y está inestable, y que el año pasado tuvieron que subir un 13% los precios en Estados Unidos solo para compensar la fortaleza del franco. También dijo algo que me pareció muy honesto: que nadie necesita un reloj mecánico de 2.500 francos, y que a ese cliente hay que darle una razón para quererlo. En septiembre, en otra entrevista, Studer reconoció que vienen de tres años difíciles y aseguró que 2026 arrancó bien, con cada mes mejor que el anterior y claramente por encima del año pasado, aunque China sigue costando. Como Oris no publica cuentas, es lo que dice su consejero delegado, no un dato que se pueda comprobar. También dijo que no piensan bajar precios, porque nunca se sumaron a las subidas exageradas de otros.
Mi lectura es que Oris va por dos carriles. Por un lado, los calibres propios (la serie 400 y la familia del 110), que son la prueba de que saben hacer relojería de verdad. Por otro, los movimientos de base Sellita, que son los que permiten ofrecer relojes por debajo de 2.500 €. La comparación más limpia está en el Aquis: con el 733 de base Sellita cuesta 2.400 € con brazalete, y con el 400, 3.700 €. Este año ha movido los dos carriles. En el propio salieron el Gonzo con el 115 y el Hölstein Edition 2026, un Artelier de 250 piezas con el calibre 401 por 3.800 €, y acaban de renovar el ProPilot Calibre 111, el de diez días, ahora con caja de 43 mm y 13,2 de grosor, por 5.900 €. En el otro, el Star Edition, el ProPilot Bronze, el Artelier Date y el Aquis Kelp Forest, una edición de 1.000 piezas que acaban de sacar, con el 733, y el Artelier Complication con el 782, también de base Sellita. Lo entiendo, porque el propio Studer reconoce que convencer a un cliente por debajo de 2.500 francos puede ser más difícil que en la alta relojería. En la parte de entrada, Oris compite en precio y diseño con todos los que montan el mismo movimiento, y su ventaja técnica queda para quien paga unos 1.300 € más.
Aun así, me convence del todo. Al volver a casa me quedé un buen rato mirando la web de Oris, reloj por reloj, y no encontré uno que no me gustara: todos tienen algo propio. Es una marca que lleva más de 120 años haciendo relojes en el mismo pueblo, que sobrevivió al cuarzo apostando por la mecánica cuando nadie lo hacía, que se mantiene independiente y que, cuando decide hacer un movimiento propio, le pone diez años de garantía. Además tiene un diseño reconocible desde 1938 que no ha necesitado disfrazarse para seguir vivo. El Big Crown Pointer Date Calibre 403 de 38 mm en azul medianoche pasa a mi lista de futuribles.
En París, en WeLoveWatches, Oris volvía a estar en mi lista. Tuve que pasar varias veces por delante del stand hasta encontrarlo más libre, y esta vez me quité el pendiente.
La marca nació en 1904 en Hölstein, un pueblo del valle de Waldenburg, cerca de Basilea, y el nombre lo tomaron de un arroyo de la zona. De su historia me quedo con algo que no sabía: durante treinta años una ley le impidió mejorar sus propios relojes. En 1934 el gobierno suizo aprobó el Estatuto Relojero, que obligaba a pedir permiso para introducir tecnología nueva. Oris se quedó atrapada con el escape de áncora de pernos, el sistema barato de la época, en el que el áncora frena la rueda de escape con unos pasadores de acero en lugar de con rubíes. En 1956 contrataron a un abogado, Rolf Portmann, que se pasó diez años peleando contra esa norma hasta tumbarla. En 1966 salió el Oris Star, su primer reloj con escape de áncora suizo, que este año acaban de reeditar. A finales de los sesenta Oris tenía 800 empleados y fabricaba 1,2 millones de relojes y despertadores al año. En 1970 entró en ASUAG, lo que después sería Swatch Group, y con la crisis del cuarzo la plantilla pasó de 900 personas a unas pocas decenas. En 1982, Portmann y Ulrich W. Herzog encabezaron la compra de la empresa por sus directivos y decidieron abandonar el cuarzo para hacer solo relojes mecánicos, justo cuando el mercado iba en la dirección contraria. Desde entonces es independiente. Su consejero delegado, Rolf Studer, contó este año en una entrevista que a ellos también les han llegado ofertas de los grandes grupos y que la independencia forma parte de su manera de ser. Desde abril Studer dirige la empresa en solitario, con un comité de dirección de siete personas, y Claudine Gertiser, que ya era vicepresidenta del consejo, pasó a ser directora financiera. Quién tiene hoy el capital no lo he encontrado publicado en ningún sitio.
Hoy la gama se reparte en siete colecciones. Artelier es la de vestir, que este año han relanzado. Heritage recoge las reediciones de su archivo, como el Star Edition. Big Crown son los relojes de aviador que salen del modelo de 1938. Aquis es el diver moderno, y Divers, el de aire retro, con el Divers Sixty Five. ProPilot X es la línea más contemporánea, de diseño facetado, y ProPilot, la de aviación más clásica. El reloj que define a la marca es el Big Crown Pointer Date, que existe desde 1938. Lo pensaron para pilotos, y de ahí la corona sobredimensionada, que se podía girar con guantes de cuero puestos. La otra seña es la fecha. No hay ventanita con el número: la marca una cuarta aguja central, con la punta en media luna roja, que va recorriendo los 31 días impresos alrededor de la esfera. Este de esfera granate es el Oris x Cervo Volante, una colaboración con Cervo Volante, que hace correas de piel de ciervo. Tiene caja de acero de 40 mm y zafiro abombado por las dos caras, y por dentro va el calibre 754, que es un Sellita SW200 1 modificado por Oris, a 4 Hz y con 41 horas de reserva. Cuesta 2.250 €. El Big Crown Pointer Date de serie, con correa, sale por 1.950 €.
También lo tenían en gris, de la misma colaboración con Cervo Volante, en 38 mm, con el mismo calibre 754 y al mismo precio, 2.250 €.
Este es el Big Crown Pointer Date 80th Anniversary Edition, que Oris sacó por los ochenta años del modelo. Caja, bisel y corona son de bronce macizo, la esfera es verde, el fondo es de acero y el movimiento es el mismo 754. Nunca me he llevado bien con los relojes envejecidos de fábrica: prefiero que un reloj salga nuevo y se vaya gastando conmigo. El bronce hace exactamente eso, porque sale brillante y la pátina se la va poniendo el uso de cada uno. Por detrás asoma el rotor rojo, que Oris registró como marca en 2002 y que según la propia casa resume lo que quieren hacer: relojes mecánicos suizos con funciones útiles y a precios asequibles. Cuesta 2.400 € con correa de piel.
El Aquis es su diver, con 300 metros de resistencia al agua, y es el que estrenó en 2020 el calibre 400, que según la marca tardaron cinco años en desarrollar. Este en concreto es el Great Barrier Reef Limited Edition IV, una edición de 2.000 piezas con caja de acero de 43,5 mm, anillo de tungsteno con la escala de minutos y esfera en degradado azul. Es el cuarto de una serie con la que Oris apoya a Reef Restoration Foundation, una organización australiana sin ánimo de lucro que trabaja contra el blanqueamiento de los corales. Cuesta 3.900 €. Lo de "5 DAYS" en la esfera sale de dos barriletes conectados en serie, cada uno con dos días y medio de cuerda. Funcionan como dos depósitos de agua puestos uno detrás del otro: cuando se vacía el primero, empieza a tirar el segundo. La otra virtud es el magnetismo. Vivimos rodeados de imanes (el cierre de una funda de móvil, un altavoz, el portátil) y basta con que un reloj normal se acerque lo suficiente a uno para que algunas piezas de acero se queden imantadas y empiece a adelantar. Oris hizo de silicio la rueda de escape y el áncora y usó más de 30 componentes de materiales no ferrosos. Tras exponerlo a 2.250 gauss, el reloj se desvió menos de 10 segundos al día. La precisión que declaran va de 3 segundos de retraso a 5 de adelanto diarios, dentro de lo que exige un cronómetro aunque no lleve el certificado. Y si registras el reloj en MyOris, el registro gratuito de clientes que Oris tiene en su web, la garantía es de diez años, con revisiones recomendadas también cada diez. Un detalle técnico, el rotor gira sobre un cojinete de deslizamiento en lugar de sobre un rodamiento de bolas, una solución más simple y con menos piezas. Y aquí no hay rotor rojo.
Todos estos relojes llevan zafiro delante, y eso trae una pregunta que tiene más miga de lo que parece: si el cristal de zafiro es casi imposible de rayar, ¿por qué se rompe? La respuesta está en que dureza y tenacidad son cosas distintas. La dureza mide cuánto aguanta un material sin rayarse. El zafiro tiene un 9 en la escala de Mohs, y por encima solo está el diamante, con un 10. La tenacidad mide cuánto aguanta un golpe sin partirse, y ahí el zafiro flojea, porque no cede nada. Es lo mismo que pasa con un plato de porcelana y una olla de aluminio: al plato no lo rayas con un cuchillo, pero si se cae al suelo se rompe, mientras que la olla se abolla y sigue sirviendo. El propio servicio de ayuda de Oris lo reconoce: el zafiro es más sensible a los golpes que el cristal mineral. Quizá por eso Oris pone cristal mineral en el fondo de algunos Pointer Date con calibre 754, que es la cara que no va a recibir los golpes.
El que más me gustó fue este. Es el Big Crown Pointer Date Calibre 403 de 38 mm, con esfera azul medianoche y brazalete de eslabones en H, y con él se ve muy bien qué se paga con cada movimiento. El 403 es el 400 con segundero pequeño a las 6 y fecha por aguja. Lo estrenaron en 2021 en el Hölstein Edition, de 250 piezas, y cuesta 3.800 € con brazalete y 3.600 € con correa. Con correa, la escalera del Big Crown en la web española de Oris queda así: 1.950 € el de serie con el 754, 2.250 € la colaboración con Cervo Volante, 2.400 € el de bronce, 3.600 € el 403, 4.300 € el 473 (cuerda manual y también cinco días) y 6.150 € el 113. Del 754 al 403 se paga el motor: cinco días de reserva en lugar de 41 horas, antimagnetismo y diez años de garantía en lugar de los tres que da el Cervo Volante con MyOris. Son dos familias de calibres propios distintas: la serie 400, con dos barriletes y cinco días de reserva, y la serie 100, de cuerda manual, con un solo barrilete y diez días. Del 403 al 113 cambia lo que hace el reloj. El 403 da la hora y el día del mes, y se da cuerda solo con el movimiento de la muñeca. El 113 hay que darle cuerda a mano, pero aguanta diez días y lleva dentro una agenda completa: día de la semana, fecha, mes y número de semana del año, todo ajustable desde una sola corona y con el indicador de reserva no lineal en la esfera. Uno sabe qué día es; el otro sabe en qué semana del año estás.
Lo interesante de Oris como empresa es que juega en el tramo más difícil. Oris no publica sus cifras. Morgan Stanley y LuxeConsult estiman que facturó unos 52 millones de francos en 2025, con unas 34.000 piezas vendidas, un precio medio de 2.296 francos y alrededor de un 85% de las ventas a través de minoristas, lo que la coloca en el puesto 45 de las marcas suizas. Son estimaciones, y varias marcas han puesto en duda la metodología de ese informe, pero sirven para hacerse una idea. Vender casi todo a través de tiendas es como una bodega que vive de los restaurantes y no de su propio bar: llega a mucha gente, pero se queda con menos margen por botella. Studer reconoce en la misma entrevista que Estados Unidos supone alrededor de un cuarto de su negocio, que Oriente Medio pesa un 10% y está inestable, y que el año pasado tuvieron que subir un 13% los precios en Estados Unidos solo para compensar la fortaleza del franco. También dijo algo que me pareció muy honesto: que nadie necesita un reloj mecánico de 2.500 francos, y que a ese cliente hay que darle una razón para quererlo. En septiembre, en otra entrevista, Studer reconoció que vienen de tres años difíciles y aseguró que 2026 arrancó bien, con cada mes mejor que el anterior y claramente por encima del año pasado, aunque China sigue costando. Como Oris no publica cuentas, es lo que dice su consejero delegado, no un dato que se pueda comprobar. También dijo que no piensan bajar precios, porque nunca se sumaron a las subidas exageradas de otros.
Mi lectura es que Oris va por dos carriles. Por un lado, los calibres propios (la serie 400 y la familia del 110), que son la prueba de que saben hacer relojería de verdad. Por otro, los movimientos de base Sellita, que son los que permiten ofrecer relojes por debajo de 2.500 €. La comparación más limpia está en el Aquis: con el 733 de base Sellita cuesta 2.400 € con brazalete, y con el 400, 3.700 €. Este año ha movido los dos carriles. En el propio salieron el Gonzo con el 115 y el Hölstein Edition 2026, un Artelier de 250 piezas con el calibre 401 por 3.800 €, y acaban de renovar el ProPilot Calibre 111, el de diez días, ahora con caja de 43 mm y 13,2 de grosor, por 5.900 €. En el otro, el Star Edition, el ProPilot Bronze, el Artelier Date y el Aquis Kelp Forest, una edición de 1.000 piezas que acaban de sacar, con el 733, y el Artelier Complication con el 782, también de base Sellita. Lo entiendo, porque el propio Studer reconoce que convencer a un cliente por debajo de 2.500 francos puede ser más difícil que en la alta relojería. En la parte de entrada, Oris compite en precio y diseño con todos los que montan el mismo movimiento, y su ventaja técnica queda para quien paga unos 1.300 € más.
Aun así, me convence del todo. Al volver a casa me quedé un buen rato mirando la web de Oris, reloj por reloj, y no encontré uno que no me gustara: todos tienen algo propio. Es una marca que lleva más de 120 años haciendo relojes en el mismo pueblo, que sobrevivió al cuarzo apostando por la mecánica cuando nadie lo hacía, que se mantiene independiente y que, cuando decide hacer un movimiento propio, le pone diez años de garantía. Además tiene un diseño reconocible desde 1938 que no ha necesitado disfrazarse para seguir vivo. El Big Crown Pointer Date Calibre 403 de 38 mm en azul medianoche pasa a mi lista de futuribles.