lean76
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El stand de Formex, en WeLoveWatches en Paris, estaba bastante lleno cuando pasé por allí, así que me planté en una punta y desde allí fui pidiendo a una de las dos chicas que presentaban la colección que me acercara los relojes del otro extremo. Así pude probármelos todos. Venía del stand de Atelier Wen, que tenía literalmente tres relojes sobre el mostrador, y el de Formex estaba lleno de relojes. Fue una sensación rara. A primera vista parecía un catálogo enorme, pero cuando empecé a mirarlos con calma me di cuenta de que con tres o cuatro ya los había visto todos. Al revisar la web se entiende por qué. Hoy aparecen 63 referencias, pero 33 de ellas son el mismo reloj, el Essence, repetido en 39 y 41 mm, en carbono con cerámica, en versiones esqueleto y en una lista larga de esferas. En total hay cinco diseños, algo menos de los que manejan Yema, Baltic o Vulcain, pero lo que se nota en el mostrador es esa repetición del Essence. Los precios se estiran mucho, desde los 950 euros del AirField hasta los 7.600 del Aria.
La empezaron en Biel en 1999 dos hermanos, relojeros los dos y muy aficionados a las carreras. En 2016 dejaron de vender en tiendas y pasaron a hacerlo por su web, y hoy tienen también algunos distribuidores. La misma familia es dueña de Cadranor, donde se fabrican sus esferas, que a su vez es empresa hermana de Dexel, especialista en cajas y brazaletes. Me puse primero el AirField Tarmac Grey, recién presentado, con entregas a partir de finales de octubre. Por fuera es un Field con otra cara. Comparten la caja de titanio grado 2 de 40 mm, con 10,6 de grosor y 46,6 de asa a asa, la corona a rosca y los 150 metros, y también el movimiento, un Sellita SW200 2 a 4 Hz con 26 rubíes y 65 horas de reserva. El titanio sin alear pesa poco pero se marca con facilidad. Formex le aplica un tratamiento que endurece solo la capa exterior y la deja unas seis veces más dura. Viene a ser la corteza del pan, dura por fuera, y la caja sigue pesando 54 gramos. La esfera tiene un granulado fino estampado. Los números están hundidos y rellenos uno a uno de Super LumiNova, hay un triángulo con dos puntos a las 12 y el segundero, rojo en la punta, termina en una avioneta que hace de contrapeso. En la foto se ve bien. Con correa de velcro cuesta 950 euros, y 1.075 con piel y el cierre de carbono con microajuste. Para lo que trae, me parece un precio razonable.
Del Essence, que es el que más venden, me enseñaron la caja en movimiento, porque es de esas cosas que en foto no se entienden. Va en dos piezas. Por fuera hay un marco con las asas y los flancos. Dentro, una cápsula con el cristal, la esfera, el movimiento, el fondo y la corona, que flota sujeta por cuatro muelles escondidos bajo los cuatro tornillos del bisel. Al girar la muñeca, la cápsula se separa del marco, y como cada muelle trabaja por su cuenta, puede subir una sola esquina. Me explicaron que así el reloj sigue el movimiento de la muñeca cuando la doblas, y que por eso resulta más cómodo que una caja rígida. Lo ideó Hans Peter Grädel, uno de los dos hermanos fundadores, y la idea salió de su afición por los coches y las motos de carreras. Según la marca, además amortigua los golpes que le llegarían al movimiento. Las rayas horizontales de la esfera las hace una fresadora CNC, raya por raya, antes de pintarla. Dentro lleva un Sellita SW200 1 con certificado de cronómetro del COSC.
Y después me pasaron el Aria, el finito. Lo presentaron a finales de mayo y es el primer reloj de la marca con brazalete integrado. Caja de titanio grado 5 de 40 mm y 6,9 de grosor contando los dos cristales, 45,45 de asa a asa y 78 gramos con el brazalete. El AirField que me había quitado un minuto antes mide 10,6. La esfera sale de una sola pieza de latón estampado, lacada en mate y algo hundida hacia el centro. Los índices quedan un poco levantados, cada uno sobre su peana, y el segundero pequeño de las 6 va rebajado. El azul, Denso Blue, es un marino de acabado muy mate. También lo hacen en verde y en gris, pero el azul es el que más me gustó.
Para bajar tanto de grosor, el movimiento lleva microrrotor, y una masa tan pequeña carga poco. Formex y Horage lo resolvieron haciéndola de tungsteno, que para el mismo tamaño pesa más del doble que el acero. Según la marca, carga alrededor de un 55% mejor, y una hora en la muñeca basta para sumar hasta diez horas de reserva.
Formex llama al FX01 su primer calibre de manufactura. Hay que matizarlo, porque quien lo desarrolla y lo fabrica, en exclusiva para ellos, es Horage, partiendo de su K2. Tiene 30 mm de diámetro y 2,9 de alto, 25 rubíes, 3,5 Hz y 72 horas de reserva, y cada unidad pasa por el COSC. Espiral, rueda de escape y áncora son de silicio, que no se magnetiza. Hay un detalle muy fino en la puesta en hora. Entre engranajes siempre queda un mínimo juego, y por eso la aguja de minutos puede moverse un pelín al soltar la corona. Aquí un piñón flexible absorbe ese juego y la aguja se queda donde la dejas. Los puentes van con baño galvánico de oro negro y cepillado vertical, con algunos huecos texturizados con láser.
El brazalete también es de titanio, con eslabones cepillados a mano y los biseles pulidos. En el cierre está el microajuste patentado de la casa, que alarga 3 o 6 mm con el reloj puesto y sin abrir nada.
El Aria cuesta 7.600 euros, y las 100 piezas numeradas de la primera serie, la Founders Edition, se vendieron enteras en preventa, con entregas a partir de septiembre. La marca dice que abrirá la reserva de una segunda tanda antes de que acabe el año.
Formex me gusta por las soluciones que mete en relojes de precio contenido. La caja suspendida o el cierre que se ajusta sin quitarte el reloj tienen detrás ingeniería pensada para el uso diario, y todo sale de una familia que fabrica sus propias esferas. Lo que no termino de decidir es si estirar tanto el Essence es una virtud o un defecto. Un diseño que funciona merece explotarse, pero en el mostrador acaba pareciendo que todo es lo mismo. El Aria es otra cosa. Diseño atractivo, microrrotor, 6,9 mm y titanio en caja y brazalete. Me pareció divino. Pero 7.600 euros es mucho dinero para un Formex. Es el reloj más caro de su catálogo y el que estrena calibre, aunque lo fabrique Horage, y a ese precio la marca también cuenta. De momento lo dejo fuera.
De los cien que se vendieron, me pregunto cuántos habrán acabado en España y cuántos podremos ver en nuestras calles.
(próximo hilo: Vulcain)
La empezaron en Biel en 1999 dos hermanos, relojeros los dos y muy aficionados a las carreras. En 2016 dejaron de vender en tiendas y pasaron a hacerlo por su web, y hoy tienen también algunos distribuidores. La misma familia es dueña de Cadranor, donde se fabrican sus esferas, que a su vez es empresa hermana de Dexel, especialista en cajas y brazaletes. Me puse primero el AirField Tarmac Grey, recién presentado, con entregas a partir de finales de octubre. Por fuera es un Field con otra cara. Comparten la caja de titanio grado 2 de 40 mm, con 10,6 de grosor y 46,6 de asa a asa, la corona a rosca y los 150 metros, y también el movimiento, un Sellita SW200 2 a 4 Hz con 26 rubíes y 65 horas de reserva. El titanio sin alear pesa poco pero se marca con facilidad. Formex le aplica un tratamiento que endurece solo la capa exterior y la deja unas seis veces más dura. Viene a ser la corteza del pan, dura por fuera, y la caja sigue pesando 54 gramos. La esfera tiene un granulado fino estampado. Los números están hundidos y rellenos uno a uno de Super LumiNova, hay un triángulo con dos puntos a las 12 y el segundero, rojo en la punta, termina en una avioneta que hace de contrapeso. En la foto se ve bien. Con correa de velcro cuesta 950 euros, y 1.075 con piel y el cierre de carbono con microajuste. Para lo que trae, me parece un precio razonable.
Del Essence, que es el que más venden, me enseñaron la caja en movimiento, porque es de esas cosas que en foto no se entienden. Va en dos piezas. Por fuera hay un marco con las asas y los flancos. Dentro, una cápsula con el cristal, la esfera, el movimiento, el fondo y la corona, que flota sujeta por cuatro muelles escondidos bajo los cuatro tornillos del bisel. Al girar la muñeca, la cápsula se separa del marco, y como cada muelle trabaja por su cuenta, puede subir una sola esquina. Me explicaron que así el reloj sigue el movimiento de la muñeca cuando la doblas, y que por eso resulta más cómodo que una caja rígida. Lo ideó Hans Peter Grädel, uno de los dos hermanos fundadores, y la idea salió de su afición por los coches y las motos de carreras. Según la marca, además amortigua los golpes que le llegarían al movimiento. Las rayas horizontales de la esfera las hace una fresadora CNC, raya por raya, antes de pintarla. Dentro lleva un Sellita SW200 1 con certificado de cronómetro del COSC.
Y después me pasaron el Aria, el finito. Lo presentaron a finales de mayo y es el primer reloj de la marca con brazalete integrado. Caja de titanio grado 5 de 40 mm y 6,9 de grosor contando los dos cristales, 45,45 de asa a asa y 78 gramos con el brazalete. El AirField que me había quitado un minuto antes mide 10,6. La esfera sale de una sola pieza de latón estampado, lacada en mate y algo hundida hacia el centro. Los índices quedan un poco levantados, cada uno sobre su peana, y el segundero pequeño de las 6 va rebajado. El azul, Denso Blue, es un marino de acabado muy mate. También lo hacen en verde y en gris, pero el azul es el que más me gustó.
Para bajar tanto de grosor, el movimiento lleva microrrotor, y una masa tan pequeña carga poco. Formex y Horage lo resolvieron haciéndola de tungsteno, que para el mismo tamaño pesa más del doble que el acero. Según la marca, carga alrededor de un 55% mejor, y una hora en la muñeca basta para sumar hasta diez horas de reserva.
Formex llama al FX01 su primer calibre de manufactura. Hay que matizarlo, porque quien lo desarrolla y lo fabrica, en exclusiva para ellos, es Horage, partiendo de su K2. Tiene 30 mm de diámetro y 2,9 de alto, 25 rubíes, 3,5 Hz y 72 horas de reserva, y cada unidad pasa por el COSC. Espiral, rueda de escape y áncora son de silicio, que no se magnetiza. Hay un detalle muy fino en la puesta en hora. Entre engranajes siempre queda un mínimo juego, y por eso la aguja de minutos puede moverse un pelín al soltar la corona. Aquí un piñón flexible absorbe ese juego y la aguja se queda donde la dejas. Los puentes van con baño galvánico de oro negro y cepillado vertical, con algunos huecos texturizados con láser.
El brazalete también es de titanio, con eslabones cepillados a mano y los biseles pulidos. En el cierre está el microajuste patentado de la casa, que alarga 3 o 6 mm con el reloj puesto y sin abrir nada.
El Aria cuesta 7.600 euros, y las 100 piezas numeradas de la primera serie, la Founders Edition, se vendieron enteras en preventa, con entregas a partir de septiembre. La marca dice que abrirá la reserva de una segunda tanda antes de que acabe el año.
Formex me gusta por las soluciones que mete en relojes de precio contenido. La caja suspendida o el cierre que se ajusta sin quitarte el reloj tienen detrás ingeniería pensada para el uso diario, y todo sale de una familia que fabrica sus propias esferas. Lo que no termino de decidir es si estirar tanto el Essence es una virtud o un defecto. Un diseño que funciona merece explotarse, pero en el mostrador acaba pareciendo que todo es lo mismo. El Aria es otra cosa. Diseño atractivo, microrrotor, 6,9 mm y titanio en caja y brazalete. Me pareció divino. Pero 7.600 euros es mucho dinero para un Formex. Es el reloj más caro de su catálogo y el que estrena calibre, aunque lo fabrique Horage, y a ese precio la marca también cuenta. De momento lo dejo fuera.
De los cien que se vendieron, me pregunto cuántos habrán acabado en España y cuántos podremos ver en nuestras calles.
(próximo hilo: Vulcain)