P
Pedrules
Quasi-forer@
Sin verificar
Buenas tardes jóvenes,
Mi Longines HydroConquest se aproxima ya a la respetable mayoría de edad; apenas le restan dos meses para conmemorar sus dieciocho años de servicio ininterrumpido. Adquirido originalmente en marzo de 2008, ha demostrado una nobleza técnica admirable: en casi dos décadas, solo ha visitado el taller en una ocasión, durante la exhaustiva revisión completa que le brindé en abril de 2023.
A lo largo de este tiempo, mi colección ha sido un escenario de constantes mudanzas. Diversas piezas han rotado por mi muñeca, pero el inevitable paso de los años ha ido depurando mis preferencias; me he desprendido de casi todos mis relojes, conservando únicamente este Hydro y un par de piezas más que guardan un significado especial.
De un tiempo a esta parte, nuestra relación se ha vuelto íntima y cotidiana. Se ha convertido en mi fiel escudero de diario; no nos separamos ni en las horas de sueño. Solo consiento que abandone mi muñeca durante mis sesiones de natación o en aquellos lances de bricolaje donde el riesgo de un roce fortuito —ese temido "restregón" que mancille su acero— me obliga a la prudencia.
Recientemente, impulsado por una curiosidad casi científica, decidí auditar su precisión. Los resultados me han dejado perplejo: tras quince días de uso ininterrumpido, sin el auxilio de las variaciones posicionales de la mesita de noche, el reloj ha acumulado un retraso de apenas 26 segundos.
Esta cifra me permite realizar una lectura clara: nos hallamos ante un movimiento de una estabilidad extraordinaria. La ausencia de saltos erráticos no hace sino confirmar que la intervención técnica de 2023 fue ejecutada con una maestría y una calidad fuera de toda duda. Es reconfortante saber que, tras dieciocho años, el corazón de este veterano sigue latiendo con la puntualidad de un joven aspirante.
Mi Longines HydroConquest se aproxima ya a la respetable mayoría de edad; apenas le restan dos meses para conmemorar sus dieciocho años de servicio ininterrumpido. Adquirido originalmente en marzo de 2008, ha demostrado una nobleza técnica admirable: en casi dos décadas, solo ha visitado el taller en una ocasión, durante la exhaustiva revisión completa que le brindé en abril de 2023.
A lo largo de este tiempo, mi colección ha sido un escenario de constantes mudanzas. Diversas piezas han rotado por mi muñeca, pero el inevitable paso de los años ha ido depurando mis preferencias; me he desprendido de casi todos mis relojes, conservando únicamente este Hydro y un par de piezas más que guardan un significado especial.
De un tiempo a esta parte, nuestra relación se ha vuelto íntima y cotidiana. Se ha convertido en mi fiel escudero de diario; no nos separamos ni en las horas de sueño. Solo consiento que abandone mi muñeca durante mis sesiones de natación o en aquellos lances de bricolaje donde el riesgo de un roce fortuito —ese temido "restregón" que mancille su acero— me obliga a la prudencia.
Recientemente, impulsado por una curiosidad casi científica, decidí auditar su precisión. Los resultados me han dejado perplejo: tras quince días de uso ininterrumpido, sin el auxilio de las variaciones posicionales de la mesita de noche, el reloj ha acumulado un retraso de apenas 26 segundos.
Esta cifra me permite realizar una lectura clara: nos hallamos ante un movimiento de una estabilidad extraordinaria. La ausencia de saltos erráticos no hace sino confirmar que la intervención técnica de 2023 fue ejecutada con una maestría y una calidad fuera de toda duda. Es reconfortante saber que, tras dieciocho años, el corazón de este veterano sigue latiendo con la puntualidad de un joven aspirante.