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Byrne en GWD 2026

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Ordenando el teléfono aparecieron tres fotos de Geneva Watch Days que se me habían quedado fuera de la serie, cuando yo ya la daba por cerrada. Son de Byrne, y me atendió Claire Cohen, que fundó la marca con su marido, John Byrne.

La idea nació en 2015, en la Ópera Garnier de París, durante una función de Apollo, el ballet de Balanchine. A John le llamó la atención la velocidad con la que los bailarines cambiaban de aspecto, y de ahí salió la idea de un reloj con cuatro caras. John llegaba a esto desde el taller. Durante veinticinco años llevó un servicio técnico autorizado en París, donde restauraba y reparaba relojes de Rolex, Audemars Piguet o Breitling. Claire venía del lado contrario del mostrador: fue directora de tiendas en marcas de lujo y da clases en el Institut Français de la Mode. Presentaron la marca en Geneva Watch Days en 2022, así que la feria tiene algo de cumpleaños para la marca.
Lo que más me remarcaron es que la complicación es única. Se llama Gyro Dial, y la marca la tiene patentada. Los índices de las 12, las 3, las 6 y las 9 son prismas de cuatro caras. Una vez al día giran los cuatro a la vez y cambian el aspecto del reloj: números romanos, árabes, unos números fantasma casi invisibles o el diseño que toque en cada modelo. También permiten personalizarlos. En los modelos con calibre automático, el cambio ocurre a medianoche o a mediodía, según cómo lo ajustes, y también se puede provocar a mano desde la corona. Cada prisma gira sobre un eje tumbado, en ángulo recto con el resto de las ruedas del movimiento. Va conectado a un engranaje central mediante una ruedecita vertical. Es el principio de la batidora de manivela de toda la vida: tú giras en un plano y las varillas dan vueltas en otro. Lo complicado era la velocidad. Una fecha corriente puede tardar horas en pasar de un día al siguiente, y aquí el cambio tenía que ser instantáneo. Los cuatro cubos saltan de golpe, quedan a ras de la esfera y se oye un clic suave.
Lo de complicación única, con un matiz que seguramente alguien del foro va a señalar. Louis Vuitton presentó en 2009 su Spin Time, que también tiene patentado. Lleva doce cubos numerados alrededor de la esfera, que giran cada hora para señalar la hora en curso. La diferencia está en el uso: en Louis Vuitton cada cubo es una hora, y en Byrne los cubos cambian la cara entera del reloj.

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Por detrás de los movimientos hay una historia de empresa interesante. En la web de la marca los calibres aparecen como propios, y son exclusivos y diseñados para ellos. Pero quien los fabrica es Le Temps Manufactures, en Fleurier. Claire Cohen contó a Europa Star en 2024 que recorrieron Suiza entera hasta encontrarlos, que ya habían trabajado con Ressence y que les fabrican todo menos las cajas. Las cajas de titanio las hace Boucledor, un fabricante de hebillas y cierres que tiene en su grupo una empresa especializada en titanio. El de la corona arriba es el Gyro Dial Meca, que salió en 2024 y abrió una colección permanente. Caja de titanio grado 5, 12 mm de grosor y 50 metros de resistencia al agua. La ficha de la marca indica 36 por 38 mm, con 38 contando las asas. La corona va a las 12, como en un reloj de bolsillo; explican que es un guiño a los años en que John reparaba relojes de bolsillo. Como todas las coronas de la marca, lleva grabado un 1, el primer puesto del podio. La esfera está calada y deja ver la mecánica de los cubos sobre una platina azul que llaman Meteorized, conseguida con un baño de rodio. Dentro va el calibre 5557, de cuerda manual, con 243 componentes, 39 rubíes, 4 Hz y 60 horas de reserva. Se llena con unas quince vueltas de corona.
Ese calibre tiene una solución técnica que conviene explicar: el barrilete no tiene tope. En un manual corriente, cuando el muelle está lleno notas que la corona se planta y tienes que parar. Aquí el muelle va sujeto con una brida deslizante, como en los automáticos. Cuando llega al máximo, resbala dentro del barrilete y la corona sigue girando sin forzar nada. Funciona igual que el embrague de un atornillador eléctrico, que salta cuando el tornillo ya está apretado en lugar de pasarlo de rosca. En la web de la marca cuesta 25.000 francos suizos sin impuestos; en euros lo comunicaron a 25.850, también sin impuestos.

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El Star tiene una historia que no conocía. En 2005 John restauró un reloj de bolsillo de Vacheron Constantin comprado en India, que se cree perteneció a un Papa, con un mapa de Italia en esmalte champlevé. Tuvo que rehacer las partes de esmalte perdidas, entre ellas toda la zona de las 12. Después ese reloj acabó en el museo de Vacheron Constantin. Para sus doscientos años, Byrne hizo el Star. Caja de titanio grado 5 de 38 mm y 11,4 de grosor, más redonda que la del resto de la colección. Calibre 5558 de cuerda manual, con 274 componentes, 35 rubíes, 4 Hz y un mínimo de 66 horas de reserva. Cuatro vueltas de corona dan para un día entero. Tiene dos complicaciones que funcionan por separado. La primera es un horario mundial de 12 horas. En el centro gira un disco con doce ciudades separadas por dos horas cada una, que da una vuelta completa cada 12 horas. Se ajusta con un pulsador en el lateral, cerca de las 8: cada pulsación mueve el disco una hora, hasta que tu ciudad queda alineada con la aguja horaria. La segunda la llaman Time Flow, y aquí los cubos tienen función. Cada cubo lleva cuatro ciudades, dieciséis en total. Claire me contó que eligieron ciudades que fueron importantes en sus vidas, y nos fue contando una pequeña historia de cada una. Los cubos cambian cada seis horas, y cada cara tiene un color: celeste para la mañana, turquesa para el mediodía, azul oscuro para el atardecer y un cielo estrellado dorado para la noche. Los cubos no dicen la hora de esas ciudades; solo cuentan en qué momento del día están. En mi foto, Nueva York está en celeste, Río en turquesa, Oslo en azul oscuro y Dubái en dorado. La esfera no tiene marcas de minutos ni segundero. En la web de la marca cuesta 32.500 francos suizos sin impuestos.

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El verde es el motivo por el que la marca fue a Ginebra este año: un estuche con dos relojes de fútbol. Uno se llama All Number 10 in my Team, por una canción de Booba que a John le gustaba repetir. El otro, el de mi foto, es Les Grandes Finales. Cada una de sus cuatro caras recuerda una de las últimas cuatro finales del Mundial: 2014, 2018, 2022 y 2026. Las banderas de los finalistas van a las 3 y a las 9, el marcador a las 12 y a las 6, y el ganador siempre a la izquierda con una estrellita dorada. Cuando el partido no se decidió en los noventa minutos, el resultado de la definición aparece en pequeño debajo del principal. En la cara de mi foto se ve el 3 a 3 de Lusail y, en pequeño, el 4 a 2 de los penaltis. Argentina sale en tres de las cuatro caras y gana solo una. Igualmente, tres finales en cuatro Mundiales seguidos no es algo que se vea todos los días, y en cada una de esas finales ganó el mejor, sin ninguna duda. Salvo en 2014, claro. Es la primera vez que la marca usa micropintura en sus cubos. En el prototipo número 1, las banderas están pintadas a mano. En las piezas 2 a 26 se pasan por transferencia: el dibujo se prepara aparte y se traslada a la superficie, en lugar de pintarse directamente encima. La correa es de Jean Rousseau y lleva grabadas por dentro las cuatro sedes: Río de Janeiro, Moscú, Lusail y Nueva York. Los dos relojes montan el calibre automático 5555, con 261 componentes, y solo se venden juntos. Son 26 estuches, 52 relojes, dentro de un balón que se abre con un pulsador. Cada estuche cuesta 45.000 francos suizos sin impuestos, y el número 1, con los dos prototipos y un acabado especial, 60.000.

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El comunicado de ese estuche dice algo que no se puede pasar por alto. John Byrne murió en mayo de este año, y la marca lo comunicó el 12 de mayo. Desde entonces la dirige Claire Cohen, que ya era la presidenta.
Sobre los números de la empresa, en 2024 Claire Cohen contó a Europa Star que habían vendido 200 relojes en un año y medio, que querían llegar a 1.000 en cuatro o cinco años y no pasar nunca de 5.000. Contó también que habían pagado por adelantado a los proveedores y tenían asegurados dos años de producción. Entre un 15 y un 20% de lo que fabricaban eran piezas personalizadas, que es para lo que existe el configurador de su web. Venden a través de un grupo corto de tiendas a las que dan exclusividad en su mercado. Hoy su lista incluye Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Japón, India y tres países del Golfo, además de una tienda temporal propia en Ginebra. España no está en esa lista. En esa misma entrevista prometieron una complicación para 2025, y llegó con el Star. También prometieron una gran complicación en los tres años siguientes, que todavía no ha aparecido. Los precios han subido rápido. El primer Gyro Dial salió en 2022 a 16.000 francos suizos, y hoy el 311 está en la web a 18.000. Por encima vienen el Meca, el Star y el estuche, que sale a 22.500 por reloj. Mi lectura es que la marca está subiendo de escalón a la vez que depende de una sola manufactura para casi todo. Si Le Temps Manufactures tuviera un problema, Byrne no tendría a quién llamar. Eso no es un reproche, porque así funcionan muchos independientes, pero es el punto débil del modelo.
Una marca interesante, en sus primeros años, con una identidad propia, una visión de largo plazo, posicionada en precios altos, para ir siguiendo y ver que pasa. Ojalá les vaya bien.
 
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