lean76
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Cuando quise pedir cita con Czapek para Geneva Watch Days ya no quedaba ni un hueco, así que me presenté directamente en su flagship nueva del Quai des Bergues 27. No había nadie libre para enseñarme nada, pero me dejaron ver, tocar y fotografiar todo lo que quise, aunque no pude probarme ninguno. Lo que vi me pareció de otro nivel. Justo al lado, en esa misma calle, François Czapek y Antoine Norbert de Patek fundaron Patek, Czapek & Cie en 1839. Sí, ese Patek. Czapek había nacido en Bohemia, pero los dos eran emigrados polacos que habían huido a Ginebra después del levantamiento contra Rusia. La sociedad duró seis años, y después Patek se asoció con el relojero francés Jean Adrien Philippe. En 1851 su nueva empresa se llamó Patek, Philippe & Cie. Czapek siguió por su lado con Czapek & Cie, abrió tiendas en París y en Varsovia y llegó a ser relojero de la corte de Napoleón III. Hacia 1869 su casa cambió de manos y nadie sabe muy bien por qué. Ni siquiera se conoce la fecha en que murió. Hay quien habla de problemas de salud o de dinero, pero no encontré ninguna fuente que me diera confianza para publicarlo. Durante un tiempo hubo relojes firmados por un sucesor en París, y después el nombre se quedó dormido. Más de un siglo más tarde, Xavier de Roquemaurel, Harry Guhl y el relojero Sébastien Follonier lo recuperaron y presentaron la primera colección en 2015. La financiaron en parte con un crowdfunding en el que los coleccionistas entraban como accionistas. De haberlo sabido...
Esa primera colección es el Quai des Bergues. Sale de un reloj de bolsillo de Czapek de hacia 1850, el número 3430, y de ahí vienen los romanos alargados, las agujas finas y los dos submarcadores fuera de sitio, a las 7:30 y a las 4:30. El de las 4:30 indica la reserva de marcha con los días de la semana, de domingo a sábado, porque está pensado para darle cuerda una vez por semana. Lo mueve el SXH1, de cuerda manual, que desarrollaron con Chronode, la empresa de Jean François Mojon: dos barriletes, 3 Hz, 160 componentes y 7 días de reserva. En 2016 el Quai des Bergues nº 33bis ganó el Premio del Público del GPHG. El grado de detalle, el diseño exquisito de las agujas. Me encanta.
La esfera del Place Vendôme tiene una profundidad tremenda, con planos a distintas alturas, y eso se aprecia de cerca mucho más que en cualquier foto. A las 7:30 está el tourbillon suspendido de 60 segundos. A las 4:30 va la segunda zona horaria, en un sector en abanico, y a las 6 el indicador de día y noche. La reserva de marcha queda bajo las 12. El calibre es el SXH2, de cuerda manual, también hecho con Chronode, el taller de Le Locle especializado en realizar movimientos mecánicos y complicaciones para otras marcas, con 240 componentes, 3 Hz y 60 horas de reserva. Fue la segunda colección, de 2017, y toma el nombre de la plaza de París donde François Czapek tuvo tienda.
El verde del Faubourg de Cracovie no se queda quieto: según cómo le da la luz pasa de un tono casi oscuro a uno muy vivo. Es el Crossroads Victory Green, de enero de este año y limitado a 18 piezas. Metalem, el fabricante suizo de esferas con sede también en Le Locle, le hace la esfera en una aleación de oro, platino, paladio y plata, y el guilloché parte del Double Soleil del Quai des Bergues, pero con el trazo más recto y más profundo, para que recuerde a la banda de rodadura de un neumático de carreras. La caja es de acero de 41,5 mm. Dentro lleva el SXH3, un cronógrafo automático integrado que Vaucher Manufacture Fleurier desarrolló para Czapek, con rueda de pilares, embrague vertical, 5 Hz, 65 horas de reserva y certificado COSC. Los minutos del cronógrafo se cuentan a las 3 y las horas a las 9. Es la tercera colección de la marca, de 2018, y se llama así por la tercera tienda de François Czapek, la de Varsovia.
En azul, con la misma caja y el mismo calibre, y correa de piel negra.
Roquemaurel dice que la Antártida es el mejor sitio del planeta para mirar estrellas, y con esa excusa llevaron la aventurina al Antarctique en 2024. Ya la habían usado en el Midnight in Geneva de 2019. El Antarctique es su línea deportiva de brazalete integrado, con los eslabones centrales pulidos en forma de C, y con ella llegó en 2020 el SXH5, el primer calibre que Czapek diseñó partiendo de cero: automático, con micro rotor de platino 950 reciclado, 4 Hz y 60 horas. Este era en oro, con una esfera que parece un cielo de noche cerrada.
El guilloché del Antarctique Tourbillon tiene truco. En uno clásico, todas las líneas que talla el torno salen de un mismo punto. En este, que Czapek bautizó Singularité por los agujeros negros, ese punto de partida se mueve un poco con cada pasada. Por eso la esfera parece un remolino que te arrastra hacia el centro. Lo hace Metalem. El reloj se presentó en Watches and Wonders 2025 y lleva el calibre 9, el primero de la marca diseñado, construido y mecanizado en su mayor parte en casa: automático, con tourbillon volante de 60 segundos, 3 Hz, 72 horas de reserva y 157 componentes. El rotor es de oro rojo 5N, grabado a mano por Michèle Rothen. Caja de acero de 40,5 mm por 11,5 de grosor.
El Time Jumper tiene tapa. Es de media saboneta, como en los relojes de bolsillo, con un guilloché de Metalem que lleva el Singularité un paso más allá hasta simular un agujero negro. En el centro tiene una lupa, y para abrirla hay un pulsador ovalado a las 6. La caja de 40,5 mm la fabrica AB Concept, y la diseñaron con Thomas Funder con forma de platillo volante, porque a Roquemaurel la ciencia ficción le fascinaba de adolescente. Lo sacaron en noviembre de 2025 por los diez años del relanzamiento. Con la tapa cerrada, por la lupa solo asoma la hora, que es saltante. En un reloj normal la aguja de las horas avanza poco a poco y a las tres y media se queda a medio camino entre el 3 y el 4. Aquí la hora la marca un número que aguanta quieto sesenta minutos y cambia de golpe al cerrar la vuelta. Además cuenta de 0 a 23, y las cifras salen de dos discos de zafiro superpuestos, uno con las unidades y otro con las decenas, que se combinan para formar el número. El mecanismo está pendiente de patente. Los minutos corren aparte, en un anillo exterior que gira sin parar, y no hay segundero. El calibre 10.1 es automático, con rotor central de platino 950 reciclado y esqueletado, 4 Hz, 60 horas de reserva y 275 componentes. El 75% se mecaniza en casa. Habrá 180 en total, uno por cada año desde 1845: 100 en acero y 30 en oro amarillo 3N, el amarillo clásico del que hablé en el hilo de Laurent Ferrier, y el resto se reserva para proyectos especiales. El de la foto es de oro.
Al lado tenían el calibre 10 desmontado en una vitrina, con el disco de los minutos y la placa negra del movimiento en el centro y el resto de piezas repartidas en círculos alrededor.
Y un panel con todos sus calibres, del SXH1 de 2015 al 10.1 de 2025. Entre medias está el calibre 8, de doble escape, que hicieron con Bernhard Lederer.
Diez años después de un crowdfunding, Czapek mecaniza en casa tres cuartas partes de su último calibre. Los primeros movimientos los desarrolló con Chronode y Vaucher, y la marca lo cuenta sin problema: defiende el établissage y dice quién le hace la caja y quién la esfera. El établissage es el modelo tradicional suizo en el que una casa diseña sus relojes, encarga las piezas a talleres especializados (cajas, esferas, a veces movimientos) y los monta. Es lo contrario de la manufactura integrada, que lo fabrica todo dentro. Lo que comentábamos hace unos días en el post de Doxa. Me convence del todo. Czapek ya estaba en mi lista antes del viaje, y el Quai des Bergues todo azul, con esfera y correa a juego, es el que me traje apuntado, total, soñar no cuesta nada.
Esa primera colección es el Quai des Bergues. Sale de un reloj de bolsillo de Czapek de hacia 1850, el número 3430, y de ahí vienen los romanos alargados, las agujas finas y los dos submarcadores fuera de sitio, a las 7:30 y a las 4:30. El de las 4:30 indica la reserva de marcha con los días de la semana, de domingo a sábado, porque está pensado para darle cuerda una vez por semana. Lo mueve el SXH1, de cuerda manual, que desarrollaron con Chronode, la empresa de Jean François Mojon: dos barriletes, 3 Hz, 160 componentes y 7 días de reserva. En 2016 el Quai des Bergues nº 33bis ganó el Premio del Público del GPHG. El grado de detalle, el diseño exquisito de las agujas. Me encanta.
La esfera del Place Vendôme tiene una profundidad tremenda, con planos a distintas alturas, y eso se aprecia de cerca mucho más que en cualquier foto. A las 7:30 está el tourbillon suspendido de 60 segundos. A las 4:30 va la segunda zona horaria, en un sector en abanico, y a las 6 el indicador de día y noche. La reserva de marcha queda bajo las 12. El calibre es el SXH2, de cuerda manual, también hecho con Chronode, el taller de Le Locle especializado en realizar movimientos mecánicos y complicaciones para otras marcas, con 240 componentes, 3 Hz y 60 horas de reserva. Fue la segunda colección, de 2017, y toma el nombre de la plaza de París donde François Czapek tuvo tienda.
El verde del Faubourg de Cracovie no se queda quieto: según cómo le da la luz pasa de un tono casi oscuro a uno muy vivo. Es el Crossroads Victory Green, de enero de este año y limitado a 18 piezas. Metalem, el fabricante suizo de esferas con sede también en Le Locle, le hace la esfera en una aleación de oro, platino, paladio y plata, y el guilloché parte del Double Soleil del Quai des Bergues, pero con el trazo más recto y más profundo, para que recuerde a la banda de rodadura de un neumático de carreras. La caja es de acero de 41,5 mm. Dentro lleva el SXH3, un cronógrafo automático integrado que Vaucher Manufacture Fleurier desarrolló para Czapek, con rueda de pilares, embrague vertical, 5 Hz, 65 horas de reserva y certificado COSC. Los minutos del cronógrafo se cuentan a las 3 y las horas a las 9. Es la tercera colección de la marca, de 2018, y se llama así por la tercera tienda de François Czapek, la de Varsovia.
En azul, con la misma caja y el mismo calibre, y correa de piel negra.
Roquemaurel dice que la Antártida es el mejor sitio del planeta para mirar estrellas, y con esa excusa llevaron la aventurina al Antarctique en 2024. Ya la habían usado en el Midnight in Geneva de 2019. El Antarctique es su línea deportiva de brazalete integrado, con los eslabones centrales pulidos en forma de C, y con ella llegó en 2020 el SXH5, el primer calibre que Czapek diseñó partiendo de cero: automático, con micro rotor de platino 950 reciclado, 4 Hz y 60 horas. Este era en oro, con una esfera que parece un cielo de noche cerrada.
El guilloché del Antarctique Tourbillon tiene truco. En uno clásico, todas las líneas que talla el torno salen de un mismo punto. En este, que Czapek bautizó Singularité por los agujeros negros, ese punto de partida se mueve un poco con cada pasada. Por eso la esfera parece un remolino que te arrastra hacia el centro. Lo hace Metalem. El reloj se presentó en Watches and Wonders 2025 y lleva el calibre 9, el primero de la marca diseñado, construido y mecanizado en su mayor parte en casa: automático, con tourbillon volante de 60 segundos, 3 Hz, 72 horas de reserva y 157 componentes. El rotor es de oro rojo 5N, grabado a mano por Michèle Rothen. Caja de acero de 40,5 mm por 11,5 de grosor.
El Time Jumper tiene tapa. Es de media saboneta, como en los relojes de bolsillo, con un guilloché de Metalem que lleva el Singularité un paso más allá hasta simular un agujero negro. En el centro tiene una lupa, y para abrirla hay un pulsador ovalado a las 6. La caja de 40,5 mm la fabrica AB Concept, y la diseñaron con Thomas Funder con forma de platillo volante, porque a Roquemaurel la ciencia ficción le fascinaba de adolescente. Lo sacaron en noviembre de 2025 por los diez años del relanzamiento. Con la tapa cerrada, por la lupa solo asoma la hora, que es saltante. En un reloj normal la aguja de las horas avanza poco a poco y a las tres y media se queda a medio camino entre el 3 y el 4. Aquí la hora la marca un número que aguanta quieto sesenta minutos y cambia de golpe al cerrar la vuelta. Además cuenta de 0 a 23, y las cifras salen de dos discos de zafiro superpuestos, uno con las unidades y otro con las decenas, que se combinan para formar el número. El mecanismo está pendiente de patente. Los minutos corren aparte, en un anillo exterior que gira sin parar, y no hay segundero. El calibre 10.1 es automático, con rotor central de platino 950 reciclado y esqueletado, 4 Hz, 60 horas de reserva y 275 componentes. El 75% se mecaniza en casa. Habrá 180 en total, uno por cada año desde 1845: 100 en acero y 30 en oro amarillo 3N, el amarillo clásico del que hablé en el hilo de Laurent Ferrier, y el resto se reserva para proyectos especiales. El de la foto es de oro.
Al lado tenían el calibre 10 desmontado en una vitrina, con el disco de los minutos y la placa negra del movimiento en el centro y el resto de piezas repartidas en círculos alrededor.
Y un panel con todos sus calibres, del SXH1 de 2015 al 10.1 de 2025. Entre medias está el calibre 8, de doble escape, que hicieron con Bernhard Lederer.
Diez años después de un crowdfunding, Czapek mecaniza en casa tres cuartas partes de su último calibre. Los primeros movimientos los desarrolló con Chronode y Vaucher, y la marca lo cuenta sin problema: defiende el établissage y dice quién le hace la caja y quién la esfera. El établissage es el modelo tradicional suizo en el que una casa diseña sus relojes, encarga las piezas a talleres especializados (cajas, esferas, a veces movimientos) y los monta. Es lo contrario de la manufactura integrada, que lo fabrica todo dentro. Lo que comentábamos hace unos días en el post de Doxa. Me convence del todo. Czapek ya estaba en mi lista antes del viaje, y el Quai des Bergues todo azul, con esfera y correa a juego, es el que me traje apuntado, total, soñar no cuesta nada.
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