lean76
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Sigo contando mis dos días en Geneva Watch Days. Las casas que visité parecen muchas, pero quedaron muchísimas sin visitar. El año que viene vale la pena quedarse más días.
Esta vez cuento la visita a Universal Genève, y aquí la historia empieza con un portazo, educado pero portazo. Fui el sábado sin cita, como había hecho con casi todas las marcas, y en la puerta me dijeron que solo se entraba con cita. Pedí una para el día siguiente por la mañana y volví. Estaban en un edificio histórico del Quai Wilson, en la esquina con la Rue du Léman, frente al lago. Al último piso se subía en un ascensor de madera muy antiguo y tan pequeño que solo entraban dos personas. Fue la visita más formal de todo el evento. Un chico español y yo llegamos sobre la hora y la presentación ya había empezado. Puntualidad suiza. Éramos seis invitados en ese turno y nos sirvieron café. La presentación la hacía Lukas Gopp, diseñador de la marca. Según su perfil de LinkedIn, pasó por IWC y por Ralph Lauren, fue jefe de diseño de producto en Audemars Piguet y después cofundó Gorilla Watches con Octavio García, también salido de Audemars Piguet. En ese mismo perfil figura como diseñador principal de los Polerouter, los Cabriolet y los Dioramic del relanzamiento. Fue explicando su propio trabajo pieza por pieza, con mucho detalle.
Empezó con un repaso breve a la historia. La fundaron Numa Émile Descombes y Ulysse Georges Perret en 1894 en Le Locle, y en 1919 se mudaron a Ginebra. Lukas insistió mucho en una idea: la marca nunca dejó de trabajar. Lo que pasó fue que cambió de manos. En 1989 la compró Stelux, de Hong Kong, que siguió sacando relojes inspirados en modelos antiguos, como el Janus que hicieron por el centenario. En 2023 la compraron Partners Group y CVC, los mismos dueños de Breitling, y pusieron al frente a Georges Kern, que también dirige Breitling. Para ser justos, en su propia web reconocen casi cuatro décadas de estancamiento. Seguir abierto y estar despierto son dos cosas distintas. Kern la llama la bella durmiente de la relojería.
Después pasamos a un tablero con fotos de toda la colección. Hace décadas que a Universal Genève la llaman "Le Couturier de la Montre", el modisto del reloj, y así la siguen llamando hoy. Durante la presentación lo repitieron varias veces, y ese ADN sigue ahí, porque organizan el catálogo como una casa de moda. El Prêt à Porter es la colección permanente: Polerouter, Compax, Cabriolet y Disco Mini. Las Capsule cambian cada temporada, y esta temporada el tema es el color. Las Signature son ediciones limitadas en el tiempo, que por ahora son el Disco Volante y el Dioramic. Y la Couture es alta joyería, con esmeraldas, zafiros y rubíes. Sacaron todo de golpe, cuatro colecciones a la vez, y Kern ha dicho que fue una decisión deliberada para que nadie reduzca la marca a un solo modelo.
En las vitrinas tenían piezas históricas. A la izquierda, un Polerouter de hacia 1954. SAS, la aerolínea Scandinavian Airlines System, le pidió a la marca un reloj para sus tripulaciones en la ruta entre Copenhague y Los Ángeles por encima del Polo Norte, de ahí el nombre Polerouter, y el encargo acabó en manos de un diseñador de 23 años llamado Gérald Genta. Fue su primer gran diseño, mucho antes del Royal Oak y del Nautilus, y estaba pensado para resistir los campos magnéticos. Las primeras unidades llevaban un automático bumper, el mismo sistema que el Movado de los años 50 de mi padre. En un bumper el peso no da la vuelta completa, va y viene rebotando entre dos muelles. Si nunca lo habéis escuchado, buscad uno para oírlo: suena como si tuviera algo roto dentro. Poco después lo sustituyeron por el Microtor, del que hablo más abajo. Fijaos en la esfera: lleva el logo de SAS y no tiene la cruz central, que llegó después. A la derecha, un Compax de 1966. A mediados de los 60, Nina Rindt, la mujer del piloto de F1 Jochen Rindt, llevaba en los circuitos un Compax con esfera blanca y contadores negros, montado en una correa bund ancha de cuero. Desde entonces ese reloj se llama "Nina". El de la foto es la versión invertida, esfera negra con contadores claros, y los coleccionistas la llaman "Evil Nina".
En otra vitrina estaba un Cabriolet de hacia 1935. Lo patentaron en 1933 con el nombre de Ideo y fue de los primeros relojes reversibles. La caja gira sobre una bisagra y la esfera queda mirando hacia la muñeca, protegida. La gente empezó a llamarlo Cabriolet, como los coches descapotables, y el nombre se quedó. Al lado, un Secret Watch de los años 50: un brazalete de oro trenzado con una tapa que esconde la esfera.
Después trajeron unos pocos relojes para probar, aunque había muchos más en las vitrinas. Los precios que pongo son los de la web de la marca para Estados Unidos, sin impuestos. El primero que me puse fue el Polerouter Date azul. Caja de acero de 39 mm por 9,5 de grosor y 47,6 de asa a asa, 100 metros. La esfera combina dos acabados, rayos de sol y cepillado circular, que van alternando por cuadrantes según la cruz. Las asas retorcidas son las del diseño de Genta, y en mano son lo que más llama la atención. Cuesta 18.400 dólares.
El brazalete es de cuatro ladrillos y recupera los brazaletes tipo ladrillo que hacía Gay Frères para los primeros Polerouter. Eslabones cepillados, cierre de mariposa con la U del logo.
Por detrás se ve el calibre UG 110, de manufactura, automático, 32 mm de diámetro por solo 3,8 de grosor, 4 Hz y unas 72 horas de reserva. Aquí está la gracia de la marca. En un automático normal, el peso que da cuerda es una media luna montada encima de todo el movimiento, como una tapa, y suma altura. En un Microtor el peso va encajado dentro del propio movimiento, así que todo queda más plano. Universal Genève construyó su fama con esto: en 1966 presentó el calibre 66, el automático más fino del mundo, un récord que mantuvo hasta 1978. En el UG 110 el peso es más grande que en los Microtor clásicos, y aun así el movimiento se queda en 3,8 mm. Es de oro rosa de 22 quilates, gira sobre rodamientos de bolitas, como la rueda de un patín, y es unidireccional. Es el fondo más bonito que vi en esos días.
Después me probé el Polerouter de 37 mm, negro, con correa de aligátor. Mide 9,35 de grosor y 46,2 de asa a asa, y lleva el mismo calibre sin fecha. En la esfera solo pone "Microtor". Recupera las esferas "Microtor only" de las primeras referencias, que entre los coleccionistas de Polerouter son bastante buscadas porque hay pocas. Sin la ventana de fecha, la cruz queda perfectamente simétrica. Cuesta 16.100 dólares.
El Compax en oro rosa de 18 quilates con esfera azul medianoche. Mide 39,5 mm por 12,45 de grosor, con inserto cerámico en el bisel taquimétrico. El Compax original es de 1936 y fue el primer cronógrafo de pulsera de la marca con contador de horas. El de ahora monta el UG 200, un cronógrafo automático con Microtor y 72 horas de reserva. Lleva dos soluciones que se buscan en un buen cronógrafo. Un cronógrafo hace tres cosas: arrancar, parar y volver a cero. La rueda de pilares es una ruedita con forma de corona que gira un poquito cada vez que aprietas el pulsador, y según lo que quede enfrente, el cronógrafo arranca, para o vuelve a cero. Y para que la aguja arranque hay que conectarla al motor del reloj. El embrague vertical lo hace como el de un coche, con dos discos que se juntan de frente, y así la aguja sale suave, sin dar un saltito al arrancar. Cuesta 43.712 dólares.
Este es el Disco Volante en oro rosa, de la línea Signature. Los coleccionistas pusieron ese apodo, "platillo volante" en italiano, a unos Uni Compax antiguos sin asas, por su perfil redondo. Este mide 45 mm, con la caja escalonada, un anillo exterior de acanalado concéntrico y un cristal de zafiro abombado que exagera a propósito esa forma de platillo. Dentro lleva también el UG 200. Cuesta 50.715 dólares.
En las vitrinas estaba el resto. Aquí, un Polerouter Date en acero y un Compax panda en acero con correa de piel marrón. Este Compax viene de serie con correa bund y cuesta 17.825 dólares. El que está del otro lado de la vitrina es Lukas.
Tres de las Capsule de esta temporada. A la izquierda, un Polerouter Camaïeu Berry en oro rosa con caja y bisel de diamantes, en el que cada cuarto de la esfera va en un tono distinto del mismo color, por 46.368 dólares. En el centro, un Polerouter Hardstone con esfera de lapislázuli y caja de oro rosa. A la derecha, un Compax Capsule en acero con esfera lacada que imita el lino, y una correa de cuero tratada para parecer tela vaquera, por 21.275 dólares.
El Disco Mini en oro rosa, de 28 mm, con bisel Clous de Paris, esfera de nácar y brazalete de bolas, que se puede cambiar por correas de piel o de tweed. Es de cuarzo y es la línea más pensada para mujer. Cuesta 27.025 dólares. Al lado, el Cabriolet en oro rosa con esfera negra y brazalete de nueve filas. La caja mide 24,2 por 45 mm y 8 de grosor, y para girarla tiene un pulsador a las 6. Los números usan Bifur, una tipografía que diseñó en 1929 el cartelista francés Cassandre, el mismo que dibujó el logo de Yves Saint Laurent. Lleva el UG 111, de cuerda manual, 3 Hz y 72 horas. Con el brazalete de oro cuesta 44.245 dólares.
Y este es el Cabriolet De Lempicka. Lo que se ve es el fondo de la caja girada, con una miniatura pintada a mano de un cuadro de Tamara de Lempicka. Las pinta Isabelle Villa, en colaboración oficial con el legado de la pintora. Hay tres cuadros, Portrait of Mrs Bush, Tamara in Green Bugatti y Docteur Boucard, y solo cinco piezas de cada uno. El de la foto es Mrs Bush. La esfera es verde azulado lacada y la caja, de oro rojo de 18 quilates. Cuesta 58.650 dólares. Aquí el reloj gira para enseñarte un cuadro, cuando el original de 1933 giraba para que no se rayara el cristal.
Para cerrar nos invitaron a una copa de champagne en la terraza, y desde allí se veía el Mont Blanc con nieve, por encima del lago.
Me quedo con la sensación de que se lo han tomado en serio: tres calibres de manufactura nuevos, una colección entera de golpe y un respeto evidente por los códigos de Genta. La otra cara son los precios, que no están al alcance de cualquiera. Mi favorito absoluto es el Polerouter Date azul en brazalete, el primero que me probé y que me pareció realmente espectacular. La marca suele recordar algo que contó Evelyn, la viuda de Genta: cuando Gérald hablaba de su carrera, siempre empezaba por el Polerouter. En mano se entiende por qué. Es uno de los que quiero tener, sin duda, y ojalá pueda sumarlo a mi colección.
¿Qué os parece la vuelta de Universal Genève? ¿Un relanzamiento a la altura del nombre o se han ido de precio? ¿Pagaríais 18.400 dólares por un Polerouter nuevo de manufactura, o es mejor buscar uno de los años 50?
Esta vez cuento la visita a Universal Genève, y aquí la historia empieza con un portazo, educado pero portazo. Fui el sábado sin cita, como había hecho con casi todas las marcas, y en la puerta me dijeron que solo se entraba con cita. Pedí una para el día siguiente por la mañana y volví. Estaban en un edificio histórico del Quai Wilson, en la esquina con la Rue du Léman, frente al lago. Al último piso se subía en un ascensor de madera muy antiguo y tan pequeño que solo entraban dos personas. Fue la visita más formal de todo el evento. Un chico español y yo llegamos sobre la hora y la presentación ya había empezado. Puntualidad suiza. Éramos seis invitados en ese turno y nos sirvieron café. La presentación la hacía Lukas Gopp, diseñador de la marca. Según su perfil de LinkedIn, pasó por IWC y por Ralph Lauren, fue jefe de diseño de producto en Audemars Piguet y después cofundó Gorilla Watches con Octavio García, también salido de Audemars Piguet. En ese mismo perfil figura como diseñador principal de los Polerouter, los Cabriolet y los Dioramic del relanzamiento. Fue explicando su propio trabajo pieza por pieza, con mucho detalle.
Empezó con un repaso breve a la historia. La fundaron Numa Émile Descombes y Ulysse Georges Perret en 1894 en Le Locle, y en 1919 se mudaron a Ginebra. Lukas insistió mucho en una idea: la marca nunca dejó de trabajar. Lo que pasó fue que cambió de manos. En 1989 la compró Stelux, de Hong Kong, que siguió sacando relojes inspirados en modelos antiguos, como el Janus que hicieron por el centenario. En 2023 la compraron Partners Group y CVC, los mismos dueños de Breitling, y pusieron al frente a Georges Kern, que también dirige Breitling. Para ser justos, en su propia web reconocen casi cuatro décadas de estancamiento. Seguir abierto y estar despierto son dos cosas distintas. Kern la llama la bella durmiente de la relojería.
Después pasamos a un tablero con fotos de toda la colección. Hace décadas que a Universal Genève la llaman "Le Couturier de la Montre", el modisto del reloj, y así la siguen llamando hoy. Durante la presentación lo repitieron varias veces, y ese ADN sigue ahí, porque organizan el catálogo como una casa de moda. El Prêt à Porter es la colección permanente: Polerouter, Compax, Cabriolet y Disco Mini. Las Capsule cambian cada temporada, y esta temporada el tema es el color. Las Signature son ediciones limitadas en el tiempo, que por ahora son el Disco Volante y el Dioramic. Y la Couture es alta joyería, con esmeraldas, zafiros y rubíes. Sacaron todo de golpe, cuatro colecciones a la vez, y Kern ha dicho que fue una decisión deliberada para que nadie reduzca la marca a un solo modelo.
En las vitrinas tenían piezas históricas. A la izquierda, un Polerouter de hacia 1954. SAS, la aerolínea Scandinavian Airlines System, le pidió a la marca un reloj para sus tripulaciones en la ruta entre Copenhague y Los Ángeles por encima del Polo Norte, de ahí el nombre Polerouter, y el encargo acabó en manos de un diseñador de 23 años llamado Gérald Genta. Fue su primer gran diseño, mucho antes del Royal Oak y del Nautilus, y estaba pensado para resistir los campos magnéticos. Las primeras unidades llevaban un automático bumper, el mismo sistema que el Movado de los años 50 de mi padre. En un bumper el peso no da la vuelta completa, va y viene rebotando entre dos muelles. Si nunca lo habéis escuchado, buscad uno para oírlo: suena como si tuviera algo roto dentro. Poco después lo sustituyeron por el Microtor, del que hablo más abajo. Fijaos en la esfera: lleva el logo de SAS y no tiene la cruz central, que llegó después. A la derecha, un Compax de 1966. A mediados de los 60, Nina Rindt, la mujer del piloto de F1 Jochen Rindt, llevaba en los circuitos un Compax con esfera blanca y contadores negros, montado en una correa bund ancha de cuero. Desde entonces ese reloj se llama "Nina". El de la foto es la versión invertida, esfera negra con contadores claros, y los coleccionistas la llaman "Evil Nina".
En otra vitrina estaba un Cabriolet de hacia 1935. Lo patentaron en 1933 con el nombre de Ideo y fue de los primeros relojes reversibles. La caja gira sobre una bisagra y la esfera queda mirando hacia la muñeca, protegida. La gente empezó a llamarlo Cabriolet, como los coches descapotables, y el nombre se quedó. Al lado, un Secret Watch de los años 50: un brazalete de oro trenzado con una tapa que esconde la esfera.
Después trajeron unos pocos relojes para probar, aunque había muchos más en las vitrinas. Los precios que pongo son los de la web de la marca para Estados Unidos, sin impuestos. El primero que me puse fue el Polerouter Date azul. Caja de acero de 39 mm por 9,5 de grosor y 47,6 de asa a asa, 100 metros. La esfera combina dos acabados, rayos de sol y cepillado circular, que van alternando por cuadrantes según la cruz. Las asas retorcidas son las del diseño de Genta, y en mano son lo que más llama la atención. Cuesta 18.400 dólares.
El brazalete es de cuatro ladrillos y recupera los brazaletes tipo ladrillo que hacía Gay Frères para los primeros Polerouter. Eslabones cepillados, cierre de mariposa con la U del logo.
Por detrás se ve el calibre UG 110, de manufactura, automático, 32 mm de diámetro por solo 3,8 de grosor, 4 Hz y unas 72 horas de reserva. Aquí está la gracia de la marca. En un automático normal, el peso que da cuerda es una media luna montada encima de todo el movimiento, como una tapa, y suma altura. En un Microtor el peso va encajado dentro del propio movimiento, así que todo queda más plano. Universal Genève construyó su fama con esto: en 1966 presentó el calibre 66, el automático más fino del mundo, un récord que mantuvo hasta 1978. En el UG 110 el peso es más grande que en los Microtor clásicos, y aun así el movimiento se queda en 3,8 mm. Es de oro rosa de 22 quilates, gira sobre rodamientos de bolitas, como la rueda de un patín, y es unidireccional. Es el fondo más bonito que vi en esos días.
Después me probé el Polerouter de 37 mm, negro, con correa de aligátor. Mide 9,35 de grosor y 46,2 de asa a asa, y lleva el mismo calibre sin fecha. En la esfera solo pone "Microtor". Recupera las esferas "Microtor only" de las primeras referencias, que entre los coleccionistas de Polerouter son bastante buscadas porque hay pocas. Sin la ventana de fecha, la cruz queda perfectamente simétrica. Cuesta 16.100 dólares.
El Compax en oro rosa de 18 quilates con esfera azul medianoche. Mide 39,5 mm por 12,45 de grosor, con inserto cerámico en el bisel taquimétrico. El Compax original es de 1936 y fue el primer cronógrafo de pulsera de la marca con contador de horas. El de ahora monta el UG 200, un cronógrafo automático con Microtor y 72 horas de reserva. Lleva dos soluciones que se buscan en un buen cronógrafo. Un cronógrafo hace tres cosas: arrancar, parar y volver a cero. La rueda de pilares es una ruedita con forma de corona que gira un poquito cada vez que aprietas el pulsador, y según lo que quede enfrente, el cronógrafo arranca, para o vuelve a cero. Y para que la aguja arranque hay que conectarla al motor del reloj. El embrague vertical lo hace como el de un coche, con dos discos que se juntan de frente, y así la aguja sale suave, sin dar un saltito al arrancar. Cuesta 43.712 dólares.
Este es el Disco Volante en oro rosa, de la línea Signature. Los coleccionistas pusieron ese apodo, "platillo volante" en italiano, a unos Uni Compax antiguos sin asas, por su perfil redondo. Este mide 45 mm, con la caja escalonada, un anillo exterior de acanalado concéntrico y un cristal de zafiro abombado que exagera a propósito esa forma de platillo. Dentro lleva también el UG 200. Cuesta 50.715 dólares.
En las vitrinas estaba el resto. Aquí, un Polerouter Date en acero y un Compax panda en acero con correa de piel marrón. Este Compax viene de serie con correa bund y cuesta 17.825 dólares. El que está del otro lado de la vitrina es Lukas.
Tres de las Capsule de esta temporada. A la izquierda, un Polerouter Camaïeu Berry en oro rosa con caja y bisel de diamantes, en el que cada cuarto de la esfera va en un tono distinto del mismo color, por 46.368 dólares. En el centro, un Polerouter Hardstone con esfera de lapislázuli y caja de oro rosa. A la derecha, un Compax Capsule en acero con esfera lacada que imita el lino, y una correa de cuero tratada para parecer tela vaquera, por 21.275 dólares.
El Disco Mini en oro rosa, de 28 mm, con bisel Clous de Paris, esfera de nácar y brazalete de bolas, que se puede cambiar por correas de piel o de tweed. Es de cuarzo y es la línea más pensada para mujer. Cuesta 27.025 dólares. Al lado, el Cabriolet en oro rosa con esfera negra y brazalete de nueve filas. La caja mide 24,2 por 45 mm y 8 de grosor, y para girarla tiene un pulsador a las 6. Los números usan Bifur, una tipografía que diseñó en 1929 el cartelista francés Cassandre, el mismo que dibujó el logo de Yves Saint Laurent. Lleva el UG 111, de cuerda manual, 3 Hz y 72 horas. Con el brazalete de oro cuesta 44.245 dólares.
Y este es el Cabriolet De Lempicka. Lo que se ve es el fondo de la caja girada, con una miniatura pintada a mano de un cuadro de Tamara de Lempicka. Las pinta Isabelle Villa, en colaboración oficial con el legado de la pintora. Hay tres cuadros, Portrait of Mrs Bush, Tamara in Green Bugatti y Docteur Boucard, y solo cinco piezas de cada uno. El de la foto es Mrs Bush. La esfera es verde azulado lacada y la caja, de oro rojo de 18 quilates. Cuesta 58.650 dólares. Aquí el reloj gira para enseñarte un cuadro, cuando el original de 1933 giraba para que no se rayara el cristal.
Para cerrar nos invitaron a una copa de champagne en la terraza, y desde allí se veía el Mont Blanc con nieve, por encima del lago.
Me quedo con la sensación de que se lo han tomado en serio: tres calibres de manufactura nuevos, una colección entera de golpe y un respeto evidente por los códigos de Genta. La otra cara son los precios, que no están al alcance de cualquiera. Mi favorito absoluto es el Polerouter Date azul en brazalete, el primero que me probé y que me pareció realmente espectacular. La marca suele recordar algo que contó Evelyn, la viuda de Genta: cuando Gérald hablaba de su carrera, siempre empezaba por el Polerouter. En mano se entiende por qué. Es uno de los que quiero tener, sin duda, y ojalá pueda sumarlo a mi colección.
¿Qué os parece la vuelta de Universal Genève? ¿Un relanzamiento a la altura del nombre o se han ido de precio? ¿Pagaríais 18.400 dólares por un Polerouter nuevo de manufactura, o es mejor buscar uno de los años 50?
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