Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.
Pienso lo mismo. El potencial de uso para un “ciudadano de a pie” es tremendo sobre todo en temas que se nos escapan y con los que hasta ahora había que recurrir a especialistas y muchas veces nos la “metían doblada”Lo de la IA es alucinante. Y tengo 50 años, he vivido el inicio de internet, el boom de los móviles...
En el trabajo la usamos a saco... es fascinante... e inquietante.
Bueno, reconozco que desde que vi Matrix mi vida no ha sido lo mismo, y al leer a este hombre -al que no conocía- me ha parecido que todo empezaba a encajar... sesgo de confirmación, supongoPero es que el titular, ya es totalmente rebatible: ¿La ventaja de la IA frente al humano es su soporte no perecedero? Desde el momento que la IA necesita una infraestructura, sistemas complejos, y una cantidad de energía brutal para existir,

Seremos pilas. Y los que tengan Tudor, baterías.Bueno, reconozco que desde que vi Matrix mi vida no ha sido lo mismo, y al leer a este hombre -al que no conocía- me ha parecido que todo empezaba a encajar... sesgo de confirmación, supongo![]()
Hay que luchar! Aunque eso suponga comer papillas asquerosas en una nave de mierda por alcantarillas, mientras los que viven enchufados en Matrix disfrutan de solomillos cojonudos y vinos estupendos.Bueno, reconozco que desde que vi Matrix mi vida no ha sido lo mismo, y al leer a este hombre -al que no conocía- me ha parecido que todo empezaba a encajar... sesgo de confirmación, supongo![]()
Los inventos llegan por doquier y el mercado es el que filtra y decide cuál se queda en nuestras vidas.
Lo sé, es como las fake news, la gente se las traga sin pensar.Si profundizas en el neuromarketing, veras que esos detalles, en los que tienes razon, son irrelevantes en el mensaje esencial que capta el consumidor y que quiere transmitir la publicidad. El 95% aproximadamente, del receptor del anuncio, no lo verá, y del 5% restante, solo unos pocos iran analizando el vídeo para ver los típicos fallos de la IA.
Y eso contando, que a los que lo ven, les importen...
Para las empresas, son todo beneficios.
Creo que ya la IA sí puede usarse para entrenar a otras IA. Ya se está trabajando en ello con modelos LLM avanzados. Puede corregir fallos y sesgos, pero también potenciarlos. Y apenas empieza.
Creo que se llama, destilación en ML.
Con el tiempo comprenderemos y aceptaremos, que no hay vuelta atrás y no vamos a poder ir contra esto. Solo controlarlo y regularlo.
Bajando a nivel muy básico. Es posible que algo salga casi todo de IA y con la mínima intervención humana? Desde luego. Algo tan básico como la música de fondo que estan poniendo ya en muchos centros comerciales ( se nota bastante por lo cutres que son algunas) .
Se solicita a una IA que elabore una letra sobre un tema que nos de la gana, se traspasa a Suno por ejemplo, y tenemos una canción en segundos.
Si es solo melodía, ya casi ni hace falta plasmar ideas nuestras, solo seleccionar opciones de estilo y se genera. La idea humana se irá minimizando poco a poco.
Los que tenemos Tudor somos baterías.Seremos pilas. Y los que tengan Tudor, baterías.
Creo que ya la IA sí puede usarse para entrenar a otras IA. Ya se está trabajando en ello con modelos LLM avanzados. Puede corregir fallos y sesgos, pero también potenciarlos. Y apenas empieza.
Creo que se llama, destilación en ML.
Con el tiempo comprenderemos y aceptaremos, que no hay vuelta atrás y no vamos a poder ir contra esto. Solo controlarlo y regularlo.
Bajando a nivel muy básico. Es posible que algo salga casi todo de IA y con la mínima intervención humana? Desde luego. Algo tan básico como la música de fondo que estan poniendo ya en muchos centros comerciales ( se nota bastante por lo cutres que son algunas) .
Se solicita a una IA que elabore una letra sobre un tema que nos de la gana, se traspasa a Suno por ejemplo, y tenemos una canción en segundos.
Si es solo melodía, ya casi ni hace falta plasmar ideas nuestras, solo seleccionar opciones de estilo y se genera. La idea humana se irá minimizando poco a poco.
Lo de la IA es alucinante. Y tengo 50 años, he vivido el inicio de internet, el boom de los móviles...
En el trabajo la usamos a saco... es fascinante... e inquietante.
Super interesante tu enfoque la verdad y explicado así no puedo más que estar de acuerdoEstoy bastante de acuerdo con que el mercado filtra, pero creo que esa formulación esconde un par de problemas que en el caso de la IA se vuelven especialmente urgentes.
A veces hablamos de la IA como si fuera un fenómeno meteorológico: algo que simplemente ocurre y ante lo cual solo cabe adaptarse. Creo que ese es precisamente el error que conviene nombrar.
Pensemos en el zepelín. No era una tecnología fallida: era silenciosa, cómoda, viable para viajes transatlánticos. Lo que la eliminó no fue simplemente su inferioridad técnica, sino en buena medida un accidente filmado en el momento equivocado, entre otros factores. Un evento contingente que cerró un camino entero. La serie 'Fringe' jugaba con esa idea: un universo paralelo donde el zepelín ganó y el avión es lo raro. Lo perturbador no es ese mundo alternativo, sino comprender que el nuestro tiene exactamente la misma naturaleza; solo que lo miramos desde dentro y nos parece inevitable.
Ese es el cementerio que olvidamos: no proyectos fallidos, sino caminos perfectamente viables que la historia cerró por razones que tienen más que ver con el poder, el capital o la pura contingencia que con el mérito. El teclado QWERTY se popularizó en un contexto donde primaban limitaciones mecánicas, y seguimos usándolo. O el formato VHS vs. Beta. Los economistas lo llaman dependencia de trayectoria: una vez que una tecnología gana masa crítica, se retroalimenta sola independientemente de sus méritos iniciales.
Con la IA pasa algo análogo. Los grandes modelos de lenguaje no ganaron porque fueran la respuesta más sólida a cómo debe pensar una máquina. Ganaron porque encajaban con lo que ya tenían tres o cuatro empresas: datos masivos sin regular, infraestructura de cómputo ya amortizada y accionistas con prisa. No es que no funcionen —funcionan, y muy bien en muchas tareas—, sino que su dominio no se explica solo por su mérito técnico. Como documentó David F. Noble, el diseño de la tecnología nunca depende solo de la eficiencia, sino de quién tiene poder para imponer su dirección. Había otras formas de hacer IA —más pequeñas, más transparentes, más explicables— que no eran mala tecnología. Eran, simplemente, mal negocio.
Los enfoques alternativos no murieron porque fueran callejones sin salida. Murieron porque el accidente histórico de que internet generara datos masivos justo cuando las GPUs eran baratas favoreció a quien ya estaba en posición de aprovecharlo. Nuestro universo de IA podría haber sido otro. Y una pregunta pertinente sería si todavía puede serlo. Porque el problema no es solo que se eligió un camino, sino que ese camino genera un bloqueo: cuanto más dinero se invierte en LLMs, más difícil es financiar la alternativa, porque el talento, el hardware y la educación se especializan solo en eso. No es que las otras vías estén muertas, es que las estamos dejando sin oxígeno financiero.
Y luego está lo que Lewis Mumford llamaría el mito de la máquina: la operación de presentar todo esto como inevitable. Cuando algo parece natural, deja de cuestionarse. Tzvetan Todorov describía el mismo mecanismo al analizar la conquista de América: confundimos la victoria del más poderoso con la del más apto, y luego construimos la narrativa que lo justifica. El determinismo tecnológico no gana en los laboratorios. Gana en los imaginarios, cuando dejamos de ver las alternativas como alternativas viables antes siquiera de explorarlas.
La paradoja concreta es esta: tenemos una IA que a veces miente (alucina) con absoluta confianza. Para el mercado eso es aceptable porque es rápida y escalable. ¿Es aceptable para mediar nuestra relación con el conocimiento? Eso es bastante más discutible.
Pero tal vez la pregunta más inquietante no sea esa, sino si estamos construyendo una inteligencia que nos sirva o nos estamos adaptando nosotros para ser legibles y útiles para la inteligencia que al "mercado" le convenía construir.
iba a contestar a Mario en esta línea pero menos mal que has llegado tú antes para hacerlo dos millones de veces mejor de lo que iba a exponer yo. Siempre un gusto leerteEstoy bastante de acuerdo con que el mercado filtra, pero creo que esa formulación esconde un par de problemas que en el caso de la IA se vuelven especialmente urgentes.
A veces hablamos de la IA como si fuera un fenómeno meteorológico: algo que simplemente ocurre y ante lo cual solo cabe adaptarse. Creo que ese es precisamente el error que conviene nombrar.
Pensemos en el zepelín. No era una tecnología fallida: era silenciosa, cómoda, viable para viajes transatlánticos. Lo que la eliminó no fue simplemente su inferioridad técnica, sino en buena medida un accidente filmado en el momento equivocado, entre otros factores. Un evento contingente que cerró un camino entero. La serie 'Fringe' jugaba con esa idea: un universo paralelo donde el zepelín ganó y el avión es lo raro. Lo perturbador no es ese mundo alternativo, sino comprender que el nuestro tiene exactamente la misma naturaleza; solo que lo miramos desde dentro y nos parece inevitable.
Ese es el cementerio que olvidamos: no proyectos fallidos, sino caminos perfectamente viables que la historia cerró por razones que tienen más que ver con el poder, el capital o la pura contingencia que con el mérito. El teclado QWERTY se popularizó en un contexto donde primaban limitaciones mecánicas, y seguimos usándolo. O el formato VHS vs. Beta. Los economistas lo llaman dependencia de trayectoria: una vez que una tecnología gana masa crítica, se retroalimenta sola independientemente de sus méritos iniciales.
Con la IA pasa algo análogo. Los grandes modelos de lenguaje no ganaron porque fueran la respuesta más sólida a cómo debe pensar una máquina. Ganaron porque encajaban con lo que ya tenían tres o cuatro empresas: datos masivos sin regular, infraestructura de cómputo ya amortizada y accionistas con prisa. No es que no funcionen —funcionan, y muy bien en muchas tareas—, sino que su dominio no se explica solo por su mérito técnico. Como documentó David F. Noble, el diseño de la tecnología nunca depende solo de la eficiencia, sino de quién tiene poder para imponer su dirección. Había otras formas de hacer IA —más pequeñas, más transparentes, más explicables— que no eran mala tecnología. Eran, simplemente, mal negocio.
Los enfoques alternativos no murieron porque fueran callejones sin salida. Murieron porque el accidente histórico de que internet generara datos masivos justo cuando las GPUs eran baratas favoreció a quien ya estaba en posición de aprovecharlo. Nuestro universo de IA podría haber sido otro. Y una pregunta pertinente sería si todavía puede serlo. Porque el problema no es solo que se eligió un camino, sino que ese camino genera un bloqueo: cuanto más dinero se invierte en LLMs, más difícil es financiar la alternativa, porque el talento, el hardware y la educación se especializan solo en eso. No es que las otras vías estén muertas, es que las estamos dejando sin oxígeno financiero.
Y luego está lo que Lewis Mumford llamaría el mito de la máquina: la operación de presentar todo esto como inevitable. Cuando algo parece natural, deja de cuestionarse. Tzvetan Todorov describía el mismo mecanismo al analizar la conquista de América: confundimos la victoria del más poderoso con la del más apto, y luego construimos la narrativa que lo justifica. El determinismo tecnológico no gana en los laboratorios. Gana en los imaginarios, cuando dejamos de ver las alternativas como alternativas viables antes siquiera de explorarlas.
La paradoja concreta es esta: tenemos una IA que a veces miente (alucina) con absoluta confianza. Para el mercado eso es aceptable porque es rápida y escalable. ¿Es aceptable para mediar nuestra relación con el conocimiento? Eso es bastante más discutible.
Pero tal vez la pregunta más inquietante no sea esa, sino si estamos construyendo una inteligencia que nos sirva o nos estamos adaptando nosotros para ser legibles y útiles para la inteligencia que al "mercado" le convenía construir.
Interesante cuestión. EMO probablemente ambas cosas a la vez.Pero tal vez la pregunta más inquietante no sea esa, sino si estamos construyendo una inteligencia que nos sirva o nos estamos adaptando nosotros para ser legibles y útiles para la inteligencia que al "mercado" le convenía construir.
Muy bonito, si señor.
No me lo esperaba.Pues está hecho integramente con IA así que echaos a temblar...
Lo sé porque lo he visto compartido por el Instagram de la herramienta de IA con la que se hizo, que no me acuerdo como se llamaba
Edito. Lo encontré
Se llama Runway
Lo de la IA es alucinante. Y tengo 50 años, he vivido el inicio de internet, el boom de los móviles...
En el trabajo la usamos a saco... es fascinante... e inquietante.