lean76
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Sigo con lo que vi en WeLoveWatches. Por Nivada Grenchen pasé una primera vez y no había manera de acercarse a la mesa, así que seguí de largo y volví más tarde, cuando el stand se había quedado con menos gente y pude probarme todo con calma. Llegué en buen momento, porque este año la marca cumple cien.
Nivada nació en 1926 en Grenchen, una de las ciudades relojeras del pie del Jura, y la fundó Jacob Schneider. Desde el principio hizo relojes para usar, de los que se compran para trabajar con ellos y aguantar años, y esa forma de entender el oficio explica casi todo lo que vino después. En Estados Unidos la distribuía Croton, por eso hay piezas antiguas con las dos firmas. El apellido Grenchen llegó en 1958, para que no la confundieran con Movado. Los años buenos fueron los cincuenta y los sesenta. En 1954 salió el Antarctic. La marca lo presenta como el primer reloj que llegó a la Antártida, y lo llevó la Marina estadounidense en las misiones Deep Freeze de 1955 y 1956. En 1961 apareció el Chronomaster Aviator Sea Diver, que ya en el nombre dice para qué servía: volar, navegar y moverse en tierra con el mismo cronógrafo. En 1964 vino el Depthomatic, uno de los primeros automáticos de buceo preparados para 200 metros, y al año siguiente el Depthmaster, que bajaba hasta los 1.000. Luego llegó el cuarzo, que en 1973 empezó a cambiar las reglas del juego, y la marca todavía sacó el F77 a finales de los setenta, con su brazalete integrado, antes de apagarse.
El regreso empezó en 2018, cuando la relanzaron Guillaume Laidet, un francés que venía del marketing de Zenith, Girard Perregaux y Jaeger LeCoultre, y Rémi Chabrat, CEO del grupo Montrichard. Hoy Laidet es CEO de Nivada Grenchen, de SpaceOne y de Vulcain, que ya pasó por esta serie. Sobre quién tiene exactamente la propiedad hay versiones distintas: la revista suiza Bilanz presentó a Laidet como dueño, y un diario mexicano publicó que los derechos del nombre Nivada eran de Andrés Holzer y que Nivada Grenchen funcionaba con licencia. No encontré ningún documento de la marca que lo aclare, así que el reparto exacto no es público. Lo que sí está claro es el orden en que fueron recuperando el archivo: el Chronomaster en 2020, el Super Antarctic y el Depthmaster en 2021, el Chronoking y el F77 en 2023 y el Aquamar en 2025.
El primero que me puse fue el verde, y fue el que más me gustó de todo el stand. Lo tengo claro: en cuanto salga a la venta, será mío. Creo que estas fotos son una primicia, porque no he encontrado ninguna otra imagen de este reloj en internet. Es un Chronomaster Aviator Sea Diver, el mismo modelo de 1961 que sigue siendo el reloj bandera de la casa. La esfera es verde con vetas, casi como una piedra pulida, y el contador de minutos a las 3 tiene impresos los números del 5 al 1. Es una escala de regata: las salidas se dan con cuenta atrás, y el patrón arranca el crono con la señal para saber de un vistazo cuántos minutos le quedan antes de cruzar la línea. Le di la vuelta y en el fondo vi grabado “Prototype 10” y una leyenda del centenario. En el stand me dijeron que estaría a la venta el año que viene, pero la marca todavía no lo ha anunciado, así que no tengo nombre ni precio que daros. Para celebrar los cien años, Nivada montó en su web un calendario de doce capítulos, un lanzamiento por mes, que salen sin previo aviso. Los de enero a septiembre ya están publicados, y octubre, noviembre y diciembre siguen bloqueados con tres interrogantes. ¿Lo desvelarán en alguno de esos tres, aunque no llegue a las tiendas hasta 2027? Ya lo sabremos.
Por el cristal trasero se ve un calibre de cuerda manual con una L en el puente, y en la esfera, encima de Swiss, aparece otra L. Todo apunta a Landeron, que Nivada ya monta en otros Chronomaster: el Landeron 70 de cuerda manual, con 43 horas de reserva, en los de 38 mm, y el Landeron 72 automático en los de 41. El nombre tiene peso en la historia del cronógrafo. Su calibre 48 se fabricó por millones a mediados del siglo pasado, y la casa dejó de hacer movimientos mecánicos en 1970. El nombre volvió años después con otros dueños y, según Time+Tide, hoy vive sobre todo de suministrar cronógrafos a marcas que ya no consiguen calibres de ETA. Me lo quité con pena.
Después vino el que más me divirtió. El Chronoking Racing es un cronógrafo de 38 mm, 46,5 de asa a asa y 13,4 de grosor, con zafiro de doble cúpula, fondo atornillado y 100 metros. Hay cinco esferas, y la que me probé es la Green, verde azulada con un anillo turquesa y agujas naranjas. En la caja vienen cinco biseles taquimétricos: azul, naranja, rojo, negro y verde. Se cambian con los dedos, sin herramientas, y la marca dice que se tarda cinco segundos. Lo comprobé y es verdad. Sacas el que está puesto, encajas el otro y tienes un reloj distinto en la muñeca. El riesgo es pasar más tiempo eligiendo bisel que mirando la hora. La idea tampoco es nueva en la casa, porque ya la usaron en los sesenta en una colección femenina llamada Coloroma VI, y antes de llegar a este la recuperaron en los Chronomaster con Landeron. Dentro lleva un VK63, un mecacuarzo de TMI, la filial de movimientos de Seiko Instruments, que según Nivada se ensambla en Suiza. Este tipo de movimiento se inventó en los ochenta, en plena crisis del cuarzo, para que un cronógrafo a pila tuviera el tacto de uno de cuerda al apretar los pulsadores. La hora la lleva el cuarzo, pero las agujas del crono las mueve un mecanismo de ruedas, y al reiniciar vuelven a cero de golpe gracias a un martillo, igual que en un mecánico. El fabricante habla de unos 20 segundos de desvío al mes como máximo y de una pila que dura alrededor de tres años. Tiene su ironía que la marca celebre el centenario con un invento nacido de la crisis que la dejó dormida. Cuesta desde 640 euros, el mismo precio para las cinco esferas. Para la segunda serie, el Racing II, la marca preguntó a varios miles de aficionados qué colores querían, y ganaron el azul y el negro ámbar, con casi un 30% de los votos cada uno. En ese tramo el rival claro es Furlan Marri, que se dio a conocer en 2021 con cronógrafos mecacuarzo de 38 mm a 495 francos suizos, según la ficha de su Mr. Grey en el GPHG. Mismo tipo de movimiento, mismo tamaño y precios cercanos, con estrategias distintas: Furlan Marri apostó por esferas muy elaboradas y colecciones que se agotan y desaparecen, y Nivada mete cinco biseles en la caja y un diseño que sale de su propio archivo.
En la mesa había bastante más de lo que da tiempo a probar en una visita.
El Autochron Orange monta otro mecacuarzo de la misma familia, el VK67, que añade fecha, en una caja de 38 mm con 200 metros de estanqueidad, esfera negra con un anillo naranja y contadores dorados con tipografía de inspiración art déco. Cuesta desde 550 euros, el más barato de lo que me probé.
El Antarctic Glacier tiene la esfera plateada cepillada en vertical y un anillo exterior antracita, y en el fondo lleva el medallón del pingüino que recuerda aquellas expediciones de los cincuenta. Hay uno de 38 mm con Soprod P024 automático y 38 horas de reserva y otro de 35 con Soprod P054 de cuerda manual, los dos desde 985 euros. Para mi gusto, la mejor historia de la marca es la de este modelo. En Cenic Watches, el taller de restauración de Nicolas Huissoud cerca de Grenchen, Laidet dio con 18 esferas originales de Glacier y 18 ETA 2783 de época que todavía funcionaban. Los juntó y salieron 18 relojes de 35 mm a 2.610 euros, ya agotados.
El fondo del verde me recordó enseguida al último lanzamiento del centenario, el F77 MKII 100 Years, presentado en septiembre. Lleva el mismo grabado “Celebrating 100 Years” sobre un fondo de zafiro y esferas de piedra natural: labradorita, jade, azurita, shungita, cuarzo ahumado y ópalo negro, más una de ágata azul pálido limitada a 100 piezas numeradas. Por dentro cambian el Soprod P024 por un La Joux Perret G101, que sube la reserva de 42 a 68 horas, y el precio parte de 1.660 euros. Por eso sospecho que el Chronomaster verde forma parte de la misma familia de relojes del aniversario, aunque eso nadie me lo confirmó, lo que sí dijeron es que estará a la venta el próximo año, pero es todo sopresa en la marca, ya lo sabremos.
Con el calendario de novedades de la marca delante se ve que el Antarctic es el gran protagonista del año: cuatro de los nueve capítulos publicados son suyos, y el teaser del siguiente es un paisaje antártico con pingüinos. También llama la atención cómo lanzan, un modelo al mes, sin fecha anunciada y con suscripción para enterarse antes que nadie. El caso más extremo fue el Antarctic Erotic de abril, que se vendió por turnos: la esfera salmón estuvo disponible 69 minutos, la crema 69 horas y las otras cuatro, seis días y nueve horas. Hoy las siete aparecen cerradas en la web, a 1.600 euros la de acero y 1.695 la dorada. El cartel de agotado se repite por toda la tienda: el F77 de jade del centenario, el Glacier de 38 mm, las 18 piezas del Glacier hecho con esferas antiguas y, según Gear Patrol, las 100 del F77 de ágata. La marca no publica cuántas unidades fabrica de cada versión, así que no sé si detrás hay mucha demanda o tiradas cortas, y probablemente sea un poco de las dos. Lo que sí consigue es que el que duda se quede sin reloj, y eso hace que la siguiente vez dude menos.
Así tienen a la comunidad pendiente durante doce meses, y encaja con cómo deciden qué hacer. El F77 subió al primer puesto del plan de producto de 2023 después de que Laidet preguntara a sus seguidores, el Chronosport volvió porque se hizo viral una foto del prototipo original que publicó en Instagram, y los colores del Chronoking se votaron. Esa manera de trabajar se parece mucho a la de las marcas jóvenes que viven de su comunidad, y creo que por eso conecta tan bien con quien busca su primer suizo con historia.
Con los movimientos no se esconden. En la página del centenario cuentan que, desde 1926, su trabajo ha sido escoger el calibre adecuado para cada reloj y comprarlo fuera: antes a ETA, A. Schild, Phénix, Venus y Valjoux, y hoy a Soprod, Sellita, Landeron y La Joux Perret, más los mecacuarzo de TMI. Venden en su web y a través de minoristas, desde tiendas pequeñas hasta Watches of Switzerland. El riesgo que veo, y es opinión mía, es la anchura del catálogo: en la web, filtrando solo por tipo de movimiento, salen 71 referencias automáticas, 30 de cuerda manual y 19 mecacuarzo. Con tanta variante, y con doce lanzamientos en un año, cuesta saber cuál elegir.
A una marca como esta le pido que el diseño tenga raíz propia y que lo que entrega esté a la altura de lo que cuesta. En lo primero va sobrada, porque cien años dan para mucho archivo y el Chronomaster de 1961, el Antarctic de 1954 y el Chronoking salen todos de ahí. En lo segundo, 640 euros por un cronógrafo de 38 mm con zafiro, 100 metros y cinco biseles es difícil de igualar. Mis dudas están fuera del reloj, en un catálogo que crece más rápido de lo que se puede seguir. Aun así, me convence. Y el verde lo quiero, mucho. No se si se llega a notar en las fotos, pero el tono exacto del verde es muy bonito. Ya tiene sitio reservado en la caja, aunque todavía no sepa ni cómo se va a llamar ni cuánto va a costar.
Nivada nació en 1926 en Grenchen, una de las ciudades relojeras del pie del Jura, y la fundó Jacob Schneider. Desde el principio hizo relojes para usar, de los que se compran para trabajar con ellos y aguantar años, y esa forma de entender el oficio explica casi todo lo que vino después. En Estados Unidos la distribuía Croton, por eso hay piezas antiguas con las dos firmas. El apellido Grenchen llegó en 1958, para que no la confundieran con Movado. Los años buenos fueron los cincuenta y los sesenta. En 1954 salió el Antarctic. La marca lo presenta como el primer reloj que llegó a la Antártida, y lo llevó la Marina estadounidense en las misiones Deep Freeze de 1955 y 1956. En 1961 apareció el Chronomaster Aviator Sea Diver, que ya en el nombre dice para qué servía: volar, navegar y moverse en tierra con el mismo cronógrafo. En 1964 vino el Depthomatic, uno de los primeros automáticos de buceo preparados para 200 metros, y al año siguiente el Depthmaster, que bajaba hasta los 1.000. Luego llegó el cuarzo, que en 1973 empezó a cambiar las reglas del juego, y la marca todavía sacó el F77 a finales de los setenta, con su brazalete integrado, antes de apagarse.
El regreso empezó en 2018, cuando la relanzaron Guillaume Laidet, un francés que venía del marketing de Zenith, Girard Perregaux y Jaeger LeCoultre, y Rémi Chabrat, CEO del grupo Montrichard. Hoy Laidet es CEO de Nivada Grenchen, de SpaceOne y de Vulcain, que ya pasó por esta serie. Sobre quién tiene exactamente la propiedad hay versiones distintas: la revista suiza Bilanz presentó a Laidet como dueño, y un diario mexicano publicó que los derechos del nombre Nivada eran de Andrés Holzer y que Nivada Grenchen funcionaba con licencia. No encontré ningún documento de la marca que lo aclare, así que el reparto exacto no es público. Lo que sí está claro es el orden en que fueron recuperando el archivo: el Chronomaster en 2020, el Super Antarctic y el Depthmaster en 2021, el Chronoking y el F77 en 2023 y el Aquamar en 2025.
El primero que me puse fue el verde, y fue el que más me gustó de todo el stand. Lo tengo claro: en cuanto salga a la venta, será mío. Creo que estas fotos son una primicia, porque no he encontrado ninguna otra imagen de este reloj en internet. Es un Chronomaster Aviator Sea Diver, el mismo modelo de 1961 que sigue siendo el reloj bandera de la casa. La esfera es verde con vetas, casi como una piedra pulida, y el contador de minutos a las 3 tiene impresos los números del 5 al 1. Es una escala de regata: las salidas se dan con cuenta atrás, y el patrón arranca el crono con la señal para saber de un vistazo cuántos minutos le quedan antes de cruzar la línea. Le di la vuelta y en el fondo vi grabado “Prototype 10” y una leyenda del centenario. En el stand me dijeron que estaría a la venta el año que viene, pero la marca todavía no lo ha anunciado, así que no tengo nombre ni precio que daros. Para celebrar los cien años, Nivada montó en su web un calendario de doce capítulos, un lanzamiento por mes, que salen sin previo aviso. Los de enero a septiembre ya están publicados, y octubre, noviembre y diciembre siguen bloqueados con tres interrogantes. ¿Lo desvelarán en alguno de esos tres, aunque no llegue a las tiendas hasta 2027? Ya lo sabremos.
Por el cristal trasero se ve un calibre de cuerda manual con una L en el puente, y en la esfera, encima de Swiss, aparece otra L. Todo apunta a Landeron, que Nivada ya monta en otros Chronomaster: el Landeron 70 de cuerda manual, con 43 horas de reserva, en los de 38 mm, y el Landeron 72 automático en los de 41. El nombre tiene peso en la historia del cronógrafo. Su calibre 48 se fabricó por millones a mediados del siglo pasado, y la casa dejó de hacer movimientos mecánicos en 1970. El nombre volvió años después con otros dueños y, según Time+Tide, hoy vive sobre todo de suministrar cronógrafos a marcas que ya no consiguen calibres de ETA. Me lo quité con pena.
Después vino el que más me divirtió. El Chronoking Racing es un cronógrafo de 38 mm, 46,5 de asa a asa y 13,4 de grosor, con zafiro de doble cúpula, fondo atornillado y 100 metros. Hay cinco esferas, y la que me probé es la Green, verde azulada con un anillo turquesa y agujas naranjas. En la caja vienen cinco biseles taquimétricos: azul, naranja, rojo, negro y verde. Se cambian con los dedos, sin herramientas, y la marca dice que se tarda cinco segundos. Lo comprobé y es verdad. Sacas el que está puesto, encajas el otro y tienes un reloj distinto en la muñeca. El riesgo es pasar más tiempo eligiendo bisel que mirando la hora. La idea tampoco es nueva en la casa, porque ya la usaron en los sesenta en una colección femenina llamada Coloroma VI, y antes de llegar a este la recuperaron en los Chronomaster con Landeron. Dentro lleva un VK63, un mecacuarzo de TMI, la filial de movimientos de Seiko Instruments, que según Nivada se ensambla en Suiza. Este tipo de movimiento se inventó en los ochenta, en plena crisis del cuarzo, para que un cronógrafo a pila tuviera el tacto de uno de cuerda al apretar los pulsadores. La hora la lleva el cuarzo, pero las agujas del crono las mueve un mecanismo de ruedas, y al reiniciar vuelven a cero de golpe gracias a un martillo, igual que en un mecánico. El fabricante habla de unos 20 segundos de desvío al mes como máximo y de una pila que dura alrededor de tres años. Tiene su ironía que la marca celebre el centenario con un invento nacido de la crisis que la dejó dormida. Cuesta desde 640 euros, el mismo precio para las cinco esferas. Para la segunda serie, el Racing II, la marca preguntó a varios miles de aficionados qué colores querían, y ganaron el azul y el negro ámbar, con casi un 30% de los votos cada uno. En ese tramo el rival claro es Furlan Marri, que se dio a conocer en 2021 con cronógrafos mecacuarzo de 38 mm a 495 francos suizos, según la ficha de su Mr. Grey en el GPHG. Mismo tipo de movimiento, mismo tamaño y precios cercanos, con estrategias distintas: Furlan Marri apostó por esferas muy elaboradas y colecciones que se agotan y desaparecen, y Nivada mete cinco biseles en la caja y un diseño que sale de su propio archivo.
En la mesa había bastante más de lo que da tiempo a probar en una visita.
El Autochron Orange monta otro mecacuarzo de la misma familia, el VK67, que añade fecha, en una caja de 38 mm con 200 metros de estanqueidad, esfera negra con un anillo naranja y contadores dorados con tipografía de inspiración art déco. Cuesta desde 550 euros, el más barato de lo que me probé.
El Antarctic Glacier tiene la esfera plateada cepillada en vertical y un anillo exterior antracita, y en el fondo lleva el medallón del pingüino que recuerda aquellas expediciones de los cincuenta. Hay uno de 38 mm con Soprod P024 automático y 38 horas de reserva y otro de 35 con Soprod P054 de cuerda manual, los dos desde 985 euros. Para mi gusto, la mejor historia de la marca es la de este modelo. En Cenic Watches, el taller de restauración de Nicolas Huissoud cerca de Grenchen, Laidet dio con 18 esferas originales de Glacier y 18 ETA 2783 de época que todavía funcionaban. Los juntó y salieron 18 relojes de 35 mm a 2.610 euros, ya agotados.
El fondo del verde me recordó enseguida al último lanzamiento del centenario, el F77 MKII 100 Years, presentado en septiembre. Lleva el mismo grabado “Celebrating 100 Years” sobre un fondo de zafiro y esferas de piedra natural: labradorita, jade, azurita, shungita, cuarzo ahumado y ópalo negro, más una de ágata azul pálido limitada a 100 piezas numeradas. Por dentro cambian el Soprod P024 por un La Joux Perret G101, que sube la reserva de 42 a 68 horas, y el precio parte de 1.660 euros. Por eso sospecho que el Chronomaster verde forma parte de la misma familia de relojes del aniversario, aunque eso nadie me lo confirmó, lo que sí dijeron es que estará a la venta el próximo año, pero es todo sopresa en la marca, ya lo sabremos.
Con el calendario de novedades de la marca delante se ve que el Antarctic es el gran protagonista del año: cuatro de los nueve capítulos publicados son suyos, y el teaser del siguiente es un paisaje antártico con pingüinos. También llama la atención cómo lanzan, un modelo al mes, sin fecha anunciada y con suscripción para enterarse antes que nadie. El caso más extremo fue el Antarctic Erotic de abril, que se vendió por turnos: la esfera salmón estuvo disponible 69 minutos, la crema 69 horas y las otras cuatro, seis días y nueve horas. Hoy las siete aparecen cerradas en la web, a 1.600 euros la de acero y 1.695 la dorada. El cartel de agotado se repite por toda la tienda: el F77 de jade del centenario, el Glacier de 38 mm, las 18 piezas del Glacier hecho con esferas antiguas y, según Gear Patrol, las 100 del F77 de ágata. La marca no publica cuántas unidades fabrica de cada versión, así que no sé si detrás hay mucha demanda o tiradas cortas, y probablemente sea un poco de las dos. Lo que sí consigue es que el que duda se quede sin reloj, y eso hace que la siguiente vez dude menos.
Así tienen a la comunidad pendiente durante doce meses, y encaja con cómo deciden qué hacer. El F77 subió al primer puesto del plan de producto de 2023 después de que Laidet preguntara a sus seguidores, el Chronosport volvió porque se hizo viral una foto del prototipo original que publicó en Instagram, y los colores del Chronoking se votaron. Esa manera de trabajar se parece mucho a la de las marcas jóvenes que viven de su comunidad, y creo que por eso conecta tan bien con quien busca su primer suizo con historia.
Con los movimientos no se esconden. En la página del centenario cuentan que, desde 1926, su trabajo ha sido escoger el calibre adecuado para cada reloj y comprarlo fuera: antes a ETA, A. Schild, Phénix, Venus y Valjoux, y hoy a Soprod, Sellita, Landeron y La Joux Perret, más los mecacuarzo de TMI. Venden en su web y a través de minoristas, desde tiendas pequeñas hasta Watches of Switzerland. El riesgo que veo, y es opinión mía, es la anchura del catálogo: en la web, filtrando solo por tipo de movimiento, salen 71 referencias automáticas, 30 de cuerda manual y 19 mecacuarzo. Con tanta variante, y con doce lanzamientos en un año, cuesta saber cuál elegir.
A una marca como esta le pido que el diseño tenga raíz propia y que lo que entrega esté a la altura de lo que cuesta. En lo primero va sobrada, porque cien años dan para mucho archivo y el Chronomaster de 1961, el Antarctic de 1954 y el Chronoking salen todos de ahí. En lo segundo, 640 euros por un cronógrafo de 38 mm con zafiro, 100 metros y cinco biseles es difícil de igualar. Mis dudas están fuera del reloj, en un catálogo que crece más rápido de lo que se puede seguir. Aun así, me convence. Y el verde lo quiero, mucho. No se si se llega a notar en las fotos, pero el tono exacto del verde es muy bonito. Ya tiene sitio reservado en la caja, aunque todavía no sepa ni cómo se va a llamar ni cuánto va a costar.

