lean76
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A Yema, en WeLoveWatches, tuve que ir dos veces: a primera hora el stand estaba tan lleno que no pude ni probarme un reloj, así que volví al final de la sesión de mañana, cuando la gente empezaba a irse, y entonces sí me probé todo. Menos mal que había sacado entrada para la sesión de mañana y para la de tarde, porque con una sola no me daba el tiempo para ver todas las marcas que tenía apuntadas.
Yema nació en 1948 en Besanzón. La fundó Henry Louis Belmont, un relojero que en 1931 había terminado primero de su promoción en la Escuela Nacional de Relojería de la ciudad. La lista de dueños que tuvo después es bastante movidita. A principios de los 80 entró en Matra Horlogerie, la rama relojera del grupo industrial francés, y el director comercial de exportación de sus marcas, Yema incluida, era un tal Richard Mille. En una entrevista telefónica de abril de 2007 contó que el North Pole, el reloj de titanio que llevó Jean Louis Étienne en 1986 durante sus 800 km en solitario hasta el Polo Norte, lo sacó adelante en contra del presidente de Matra Horlogerie de entonces, Jacques Meyer, que estaba fuera de sí y lo quería despedir. Cuando Étienne llegó al Polo, Mille pasó de candidato al despido a héroe de la casa. Cerca del Polo las brújulas se vuelven locas, y la idea fue montar un movimiento de 24 horas, cuya aguja da una sola vuelta al día, igual que el sol. Con la aguja puesta en la hora solar real del sitio, giras el reloj hasta que apunte al sol y el 24 de la esfera te señala el norte. En diciembre de 1986 Hattori Seiko compró la mayoría de Yema y la tuvo hasta 2004, cuando su director general, Louis Éric Beckensteiner, se quedó al mando. Desde 2009 pertenece a Ambre, un grupo familiar de Morteau que fundaron en 1965 René Four y Marcelle Bôle. Antes de Yema, Ambre fabricaba relojes para otras marcas y distribuía relojes y joyas, entre ellos los de Paco Rabanne, y tenía marcas propias como Yonger et Bresson o Catena. Pascal Bôle se hizo con Yema y hoy la dirige su hijo Christopher, la tercera generación.
Empecé por el Superman, que es el reloj que todo el mundo asocia con la marca. Este negro conserva el bloqueo de bisel clásico, esa pieza metálica que asoma a la altura de la corona. Yema registró la patente en mayo de 1967 y, según la propia marca, fue uno de los primeros biseles de buceo con bloqueo. Con la corona roscada, la pinza aprieta el bisel y lo deja clavado. Desenroscas, mueves el bisel, vuelves a roscar y queda trabado otra vez. Sirve para que un roce bajo el agua no te cambie la cuenta del tiempo de inmersión. Se ganó fama de indestructible, y en 1970 la Fuerza Aérea francesa lo eligió para sus nadadores de rescate.
A esa pinza nunca le han faltado detractores, porque le cambia mucho la silueta al reloj. En la generación nueva ha desaparecido de la vista. El Superman Dato blanco con bisel azul que me puse ya no lleva pinza ni protectores de corona, y el bloqueo va escondido debajo del bisel. Para girarlo hay que empujarlo hacia abajo. Mientras lo mantienes apretado gira en los dos sentidos, y cuando lo sueltas se traba solo. Es el mismo gesto que el tapón de seguridad de un frasco de jarabe: aprietas y giras. Caja de 39,5 mm (también lo hay de 41), 11,85 de grosor, bisel de cerámica, fecha a las 6 y 200 metros.
Por el fondo se ve el CMM.10, el calibre automático de tres agujas que Yema diseñó desde cero. Va a 4 Hz, tiene 70 horas de reserva y la marca anuncia una marcha de entre 3 segundos de atraso y 5 de adelanto al día. Platinas y puentes salen de los talleres de Morteau, los órganos de regulación son suizos y todos los componentes se fabrican en un radio de 72 km alrededor de la fábrica.
Después me puse el Skin Diver CMM.20 en beige, con el bisel de zafiro tintado del mismo tono que la esfera. 39,5 mm, 11,5 de grosor sin contar el cristal, 47 de asa a asa y 300 metros. Lleva el mismo bloqueo de empujar. En el cuadrante se lee Micro-Rotor. El problema del micro rotor es que tiene una masa pequeña, que pesa poco y, por lo tanto, carga peor. Yema la hace de tungsteno, que es muy denso, poco volumen y mucho peso, igual que una plomada de pesca. El CMM.20 mide 3,70 mm de alto, tiene 190 componentes, 33 rubíes y 70 horas de reserva, y lo diseñó Olivier Mory en La Chaux de Fonds. Según la propia marca, es el primer micro rotor francés de la historia. El brazalete me pareció espectacular. Es el Scales, que recupera uno de Yema de los años 60, con eslabones hexagonales alargados que parecen piel de serpiente, y en la muñeca es muy fino y muy suave. El cierre esconde un ajuste fino parecido al que vi en Doxa en Ginebra: apretando dos pulsadores se libera un riel interno y el brazalete se alarga o se acorta hasta 6 mm, de milímetro en milímetro, sin quitarte el reloj. Viene muy bien cuando la muñeca se hincha con el calor.
El Navygraf Pearl lleva el mismo CMM.20. La esfera y el bisel son de nácar natural, así que no hay dos iguales, y el bisel va protegido con una capa de resina y un anillo de zafiro encima. 39 mm, menos de 10 de grosor y 200 metros. Lo hacen en dos tonos: el azul claro es una edición de 200 piezas y el oscuro es de serie.
El Flygraf CPA10 lo desarrollaron con el Commando Parachutiste de l’Air nº 10, las fuerzas especiales paracaidistas de la Fuerza Aérea francesa, de la que Yema es socio oficial desde 2020. Se puede comprar sin ser comando, aunque hicieron más de cien con grabado individual reservados a miembros en activo de la unidad. Caja de titanio grado 2 de 40 mm y CMM.10 dentro. El detalle fácil de pasar por alto es el 10 de la esfera, que brilla en blanco como homenaje a la unidad. En el fondo va impresa la insignia del 602 GIA, la unidad de la que desciende el CPA10.
Con los coches Yema también tiene historia. Mario Andretti llevaba un Yema Rallye cuando ganó las 500 Millas de Indianápolis de 1969, y lo usó todo aquel mes de mayo, entrenamientos y clasificación incluidos. Hoy la marca es cronometradora oficial de la Alpine Elf Cup Series, y de ahí sale este Rallygraf. Monta un Seiko VK64, que es un mecacuarzo: la hora la lleva un cuarzo y el cronógrafo lo mueve un módulo mecánico, por eso la aguja del crono recorre la esfera de forma continua, sin los saltitos de segundo en segundo de un cuarzo corriente. Es el único de los que me probé con el corazón japonés, aunque lo ensamblan en sus talleres franceses, y Yema lo plantea como la puerta de entrada a la marca. El diseño del reloj destila automovilismo por todos lados. Me encanta.
También tenían los Wristmaster, con su caja angulosa y el brazalete integrado. El de camuflaje es un Wristmaster Slim con el CMM.29 y segundero pequeño a las 9. El camuflaje nevado está hecho con láser sobre la caja, el brazalete y la esfera, y es una edición numerada de 100 piezas. El azul comparte la forma de caja.
Y el más distinto de toda la casa, el Granvelle Renaissance. El nombre viene del Palacio Granvelle de Besanzón, un edificio renacentista del siglo XVI que hoy alberga el Museo del Tiempo. La primera versión medía 39 mm. Este año lo rehicieron: 37,5 mm, 46,3 de asa a asa y 8,5 de grosor, con caja cojín y el canto estriado como el de una moneda. Yema dice que en la muñeca se lleva como un redondo de 39, por lo ancha que es la apertura de la esfera. La esfera está montada en varios niveles y el motivo del centro sale de los dibujos geométricos de los tejados del palacio. Segundero pequeño a las 9, índices aplicados facetados y 50 metros. La correa se estrecha de 18 a 14 mm y la hebilla repite la forma de la caja. Un detalle de la foto del fondo. El reloj se vende con el calibre CMM.29, que es el micro rotor adaptado para llevar segundero pequeño, pero el puente dice Cal. Manufacture Morteau 20. El grabado conserva el nombre del calibre del que deriva. Los puentes van rodiados, con Côtes de Genève abiertas en abanico.
Me fui de Yema con buena vibra. Casi todo lo que me probé lleva un calibre propio, con platinas y puentes hechos en Morteau, en relojes de entre 1.700 y 2.500 euros. Y la identidad viene de lejos: un bloqueo de bisel patentado en 1967, un brazalete que viene de los 60, conexión con las Fuerzas Armadas, conexión con el automovilismo. Cuánta historia! Cuando se salen de su terreno, como con el Granvelle, lo hacen con una idea propia, sacada de un palacio de Besanzón. Me convence. Es una marca que entrega mucho por lo que cuesta. El que me gusta de verdad es el Superman Dato blanco con bisel azul, y ese ya lo tengo apuntado arriba del todo en mis futuribles.
Después de visitarlos entendí por qué a primera hora no se podía ni llegar al stand. Me fui a almorzar, pedí una soupe a l'oignon, y me quedé hasta el inicio de la siguiente sesión repasando las fotos y resistiendo las ganas de llevarme más de uno.
(próximo hilo: Formex)
Yema nació en 1948 en Besanzón. La fundó Henry Louis Belmont, un relojero que en 1931 había terminado primero de su promoción en la Escuela Nacional de Relojería de la ciudad. La lista de dueños que tuvo después es bastante movidita. A principios de los 80 entró en Matra Horlogerie, la rama relojera del grupo industrial francés, y el director comercial de exportación de sus marcas, Yema incluida, era un tal Richard Mille. En una entrevista telefónica de abril de 2007 contó que el North Pole, el reloj de titanio que llevó Jean Louis Étienne en 1986 durante sus 800 km en solitario hasta el Polo Norte, lo sacó adelante en contra del presidente de Matra Horlogerie de entonces, Jacques Meyer, que estaba fuera de sí y lo quería despedir. Cuando Étienne llegó al Polo, Mille pasó de candidato al despido a héroe de la casa. Cerca del Polo las brújulas se vuelven locas, y la idea fue montar un movimiento de 24 horas, cuya aguja da una sola vuelta al día, igual que el sol. Con la aguja puesta en la hora solar real del sitio, giras el reloj hasta que apunte al sol y el 24 de la esfera te señala el norte. En diciembre de 1986 Hattori Seiko compró la mayoría de Yema y la tuvo hasta 2004, cuando su director general, Louis Éric Beckensteiner, se quedó al mando. Desde 2009 pertenece a Ambre, un grupo familiar de Morteau que fundaron en 1965 René Four y Marcelle Bôle. Antes de Yema, Ambre fabricaba relojes para otras marcas y distribuía relojes y joyas, entre ellos los de Paco Rabanne, y tenía marcas propias como Yonger et Bresson o Catena. Pascal Bôle se hizo con Yema y hoy la dirige su hijo Christopher, la tercera generación.
Empecé por el Superman, que es el reloj que todo el mundo asocia con la marca. Este negro conserva el bloqueo de bisel clásico, esa pieza metálica que asoma a la altura de la corona. Yema registró la patente en mayo de 1967 y, según la propia marca, fue uno de los primeros biseles de buceo con bloqueo. Con la corona roscada, la pinza aprieta el bisel y lo deja clavado. Desenroscas, mueves el bisel, vuelves a roscar y queda trabado otra vez. Sirve para que un roce bajo el agua no te cambie la cuenta del tiempo de inmersión. Se ganó fama de indestructible, y en 1970 la Fuerza Aérea francesa lo eligió para sus nadadores de rescate.
A esa pinza nunca le han faltado detractores, porque le cambia mucho la silueta al reloj. En la generación nueva ha desaparecido de la vista. El Superman Dato blanco con bisel azul que me puse ya no lleva pinza ni protectores de corona, y el bloqueo va escondido debajo del bisel. Para girarlo hay que empujarlo hacia abajo. Mientras lo mantienes apretado gira en los dos sentidos, y cuando lo sueltas se traba solo. Es el mismo gesto que el tapón de seguridad de un frasco de jarabe: aprietas y giras. Caja de 39,5 mm (también lo hay de 41), 11,85 de grosor, bisel de cerámica, fecha a las 6 y 200 metros.
Por el fondo se ve el CMM.10, el calibre automático de tres agujas que Yema diseñó desde cero. Va a 4 Hz, tiene 70 horas de reserva y la marca anuncia una marcha de entre 3 segundos de atraso y 5 de adelanto al día. Platinas y puentes salen de los talleres de Morteau, los órganos de regulación son suizos y todos los componentes se fabrican en un radio de 72 km alrededor de la fábrica.
Después me puse el Skin Diver CMM.20 en beige, con el bisel de zafiro tintado del mismo tono que la esfera. 39,5 mm, 11,5 de grosor sin contar el cristal, 47 de asa a asa y 300 metros. Lleva el mismo bloqueo de empujar. En el cuadrante se lee Micro-Rotor. El problema del micro rotor es que tiene una masa pequeña, que pesa poco y, por lo tanto, carga peor. Yema la hace de tungsteno, que es muy denso, poco volumen y mucho peso, igual que una plomada de pesca. El CMM.20 mide 3,70 mm de alto, tiene 190 componentes, 33 rubíes y 70 horas de reserva, y lo diseñó Olivier Mory en La Chaux de Fonds. Según la propia marca, es el primer micro rotor francés de la historia. El brazalete me pareció espectacular. Es el Scales, que recupera uno de Yema de los años 60, con eslabones hexagonales alargados que parecen piel de serpiente, y en la muñeca es muy fino y muy suave. El cierre esconde un ajuste fino parecido al que vi en Doxa en Ginebra: apretando dos pulsadores se libera un riel interno y el brazalete se alarga o se acorta hasta 6 mm, de milímetro en milímetro, sin quitarte el reloj. Viene muy bien cuando la muñeca se hincha con el calor.
El Navygraf Pearl lleva el mismo CMM.20. La esfera y el bisel son de nácar natural, así que no hay dos iguales, y el bisel va protegido con una capa de resina y un anillo de zafiro encima. 39 mm, menos de 10 de grosor y 200 metros. Lo hacen en dos tonos: el azul claro es una edición de 200 piezas y el oscuro es de serie.
El Flygraf CPA10 lo desarrollaron con el Commando Parachutiste de l’Air nº 10, las fuerzas especiales paracaidistas de la Fuerza Aérea francesa, de la que Yema es socio oficial desde 2020. Se puede comprar sin ser comando, aunque hicieron más de cien con grabado individual reservados a miembros en activo de la unidad. Caja de titanio grado 2 de 40 mm y CMM.10 dentro. El detalle fácil de pasar por alto es el 10 de la esfera, que brilla en blanco como homenaje a la unidad. En el fondo va impresa la insignia del 602 GIA, la unidad de la que desciende el CPA10.
Con los coches Yema también tiene historia. Mario Andretti llevaba un Yema Rallye cuando ganó las 500 Millas de Indianápolis de 1969, y lo usó todo aquel mes de mayo, entrenamientos y clasificación incluidos. Hoy la marca es cronometradora oficial de la Alpine Elf Cup Series, y de ahí sale este Rallygraf. Monta un Seiko VK64, que es un mecacuarzo: la hora la lleva un cuarzo y el cronógrafo lo mueve un módulo mecánico, por eso la aguja del crono recorre la esfera de forma continua, sin los saltitos de segundo en segundo de un cuarzo corriente. Es el único de los que me probé con el corazón japonés, aunque lo ensamblan en sus talleres franceses, y Yema lo plantea como la puerta de entrada a la marca. El diseño del reloj destila automovilismo por todos lados. Me encanta.
También tenían los Wristmaster, con su caja angulosa y el brazalete integrado. El de camuflaje es un Wristmaster Slim con el CMM.29 y segundero pequeño a las 9. El camuflaje nevado está hecho con láser sobre la caja, el brazalete y la esfera, y es una edición numerada de 100 piezas. El azul comparte la forma de caja.
Y el más distinto de toda la casa, el Granvelle Renaissance. El nombre viene del Palacio Granvelle de Besanzón, un edificio renacentista del siglo XVI que hoy alberga el Museo del Tiempo. La primera versión medía 39 mm. Este año lo rehicieron: 37,5 mm, 46,3 de asa a asa y 8,5 de grosor, con caja cojín y el canto estriado como el de una moneda. Yema dice que en la muñeca se lleva como un redondo de 39, por lo ancha que es la apertura de la esfera. La esfera está montada en varios niveles y el motivo del centro sale de los dibujos geométricos de los tejados del palacio. Segundero pequeño a las 9, índices aplicados facetados y 50 metros. La correa se estrecha de 18 a 14 mm y la hebilla repite la forma de la caja. Un detalle de la foto del fondo. El reloj se vende con el calibre CMM.29, que es el micro rotor adaptado para llevar segundero pequeño, pero el puente dice Cal. Manufacture Morteau 20. El grabado conserva el nombre del calibre del que deriva. Los puentes van rodiados, con Côtes de Genève abiertas en abanico.
Me fui de Yema con buena vibra. Casi todo lo que me probé lleva un calibre propio, con platinas y puentes hechos en Morteau, en relojes de entre 1.700 y 2.500 euros. Y la identidad viene de lejos: un bloqueo de bisel patentado en 1967, un brazalete que viene de los 60, conexión con las Fuerzas Armadas, conexión con el automovilismo. Cuánta historia! Cuando se salen de su terreno, como con el Granvelle, lo hacen con una idea propia, sacada de un palacio de Besanzón. Me convence. Es una marca que entrega mucho por lo que cuesta. El que me gusta de verdad es el Superman Dato blanco con bisel azul, y ese ya lo tengo apuntado arriba del todo en mis futuribles.
Después de visitarlos entendí por qué a primera hora no se podía ni llegar al stand. Me fui a almorzar, pedí una soupe a l'oignon, y me quedé hasta el inicio de la siguiente sesión repasando las fotos y resistiendo las ganas de llevarme más de uno.
(próximo hilo: Formex)