La primera vez que entré en Rabat Madrid me sentí (me sentí yo) tremendamente mal tratado por una chica oriental que me preguntó a la entrada lo que quería. Cierto es que era un sábado de primavera por la tarde en pico de la burbuja de Rolex.
Se notaba que estaban hasta arriba y, como digo, sin ser ni mucho menos maleducados, me sentí despachado de una forma que no esperaba.
Semanas después volví un día entre semana por la mañana, y la historia cambió completamente. Tuve la suerte de dar con un vendedor con experiencia, y en cuanto empezamos a hablar de relojes en plan friki conectamos. Iba buscando un GADA sin pretensión de marca, y él mismo me ofreció un Explorer al día siguiente, que por supuesto compré.
Desde entonces han caído dos relojes más allí, y la relación con todos los vendedores es excepcional, tanto en la tienda como en los eventos que hemos coincidido.
Moraleja: empatía y segunda oportunidad.