lean76
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Otra de París. A Cuervo y Sobrinos la conocía de alguna foto aquí en el foro, y de poco más. En WeLoveWatches nos atendieron dos personas de la marca que fueron sacando relojes de las bandejas y contando la historia de cada uno con un detalle que no esperaba.
WeLoveWatches lo organiza Ocarat, una tienda online francesa de relojes y joyas, y este año iba por su cuarta edición. Después de dos años en la Samaritaine se mudó a la Maison de la Mutualité, un edificio art déco de 1931 en el distrito 5. Fueron dos días, viernes y sábado, y yo fui el sábado. Todo está en un mismo salón, con stands del mismo tamaño para todos, de modo que una marca grande y una micromarca exponen en igualdad de condiciones. Esa es la idea de Ocarat desde la primera edición. Había muchísimas marcas, la entrada costaba 12 euros por sesión y, por primera vez, se podía comprar allí mismo.
La historia de Cuervo y Sobrinos empieza con una joyería que Ramón Fernández Cuervo, un asturiano emigrado a Cuba, abrió en La Habana en 1862, en la calle de la Amistad. En 1882 se le unieron seis sobrinos y la casa pasó a llamarse, sin más vueltas, Cuervo y Sobrinos. Según la marca, entre sus clientes estuvieron Caruso, Einstein, Churchill, Clark Gable y Hemingway. Después la boutique fue nacionalizada y el nombre quedó dormido hasta 1997, cuando Luca Musumeci y Marzio Villa lo recuperaron. Los relojes volvieron a principios de los 2000. Hoy se hacen en Suiza, con sede en Capolago, a orillas del lago de Lugano, y la marca es de Marco Longhi y Mario Girardi. Lo cubano sigue en todo. Robusto o Prominente son nombres de formatos de puro. La línea clásica se llama Historiador en homenaje a Eusebio Leal, el historiador de la ciudad de La Habana. En 2009 volvieron a abrir boutique allí, y con la Fundación Hemingway hacen ediciones dedicadas al escritor.
Con lo que más rato estuve fue con la trilogía Gran Premio de Cuba. Solo hubo tres ediciones de aquella carrera, en 1957, 1958 y 1960, y la marca ha hecho un cronógrafo para cada una, con los colores del cartel original. Cada tirada tiene tantas piezas como millas tuvo su carrera: 162 para 1957, 174 para 1958 y 202 para 1960. Comparten caja de acero de 41 mm, 15,25 de grosor y 50 metros, fondo de zafiro y Valjoux 7750 automático con 48 horas de reserva. Los tres cuestan lo mismo, 5.200 euros.
La de 1957 se corrió en el Malecón y la ganó Fangio con un Maserati 300S. Su reloj va en marrón con contadores mostaza.
El de 1960 es blanco con contadores rojos. Aquella última edición se llamó Gran Premio Libertad y la ganó Stirling Moss con un Maserati.
Y 1958 es la razón de que el amarillo sea mi favorito. La víspera de la carrera, un comando del Movimiento 26 de Julio se llevó a Fangio del vestíbulo del hotel Lincoln, donde se alojaba. Era el campeón del mundo y había ganado la edición anterior. La carrera se corrió igual, sin él, y la ganó Moss con un Ferrari. Un coche se fue contra el público y murieron varios espectadores. A Fangio lo soltaron cuando la carrera ya había terminado. Para esa edición, esfera amarillo racing con contadores verdes. Segundero pequeño a las 9, minutos del crono a las 12 y horas a las 6, con la fecha dentro de ese mismo contador. Agujas de hora y minuto en forma de hoja, y las del cronógrafo terminadas en flecha roja. La correa es negra, perforada, de estilo driving, con costura verde. Alrededor de la esfera pone TAQUIMETRO, así, en castellano. Sirve para medir velocidad media: arrancas el crono al pasar un poste kilométrico, lo paras en el siguiente y la aguja te dice los km/h. Si has tardado 30 segundos, marca 120. Una división hecha de antemano e impresa en la esfera.
El 7750 es uno de los cronógrafos automáticos más usados de la industria y no lleva rueda de pilares. Lo que ordena el arranque, la parada y la vuelta a cero es una leva: una pieza plana de acero con el contorno recortado, como el perfil de una llave. Según en qué tramo del recorte apoye cada palanca, el crono engrana, se suelta o vuelve a cero. Es más sencilla de fabricar en serie y muy fiable. Eso sí, sus pulsadores tienen fama de ir algo duros. Y es alto: 7,9 mm de los 15,25 que mide la caja. Por detrás, la masa oscilante tiene forma de volante, con el año de la carrera y el número de piezas grabados alrededor. El emblema CyS va aplicado en color oro 2N con detalles rojos, el amarillo claro de la norma ISO 8654 que conté en el post de Laurent Ferrier.
El rectangular que me puse es el Espléndidos Heritage. Su caja curvada viene de los diseños de los años treinta, su mejor momento internacional según la marca. 36 por 47 mm, 13 de grosor, 30 metros. La esfera está lacada en varios niveles: un marco negro y, encima, un aro plateado atornillado, con el centro en Clou de Paris, ese relieve de pirámides diminutas. Segundero pequeño con punta roja y fecha a las 6. Lleva un La Joux Perret G120 automático con 68 horas de reserva. Por el fondo se ve la masa oscilante decorada en abanico, con el emblema aplicado. Está en 3.950 euros.
Del Historiador Gran Reserva rojo, lo primero es la esfera: guilloché en rayos de sol, lacada y ahumada, con un rojo que se va oscureciendo hacia el borde. Caja de 40 mm, 10,85 de grosor y 50 metros. El nombre sale de la reserva de marcha, porque lleva un La Joux Perret G100 automático de 68 horas. 2.800 euros, con correa o con brazalete.
El Tradición es, según la propia marca, su modelo más emblemático. La esfera tiene un frappage en cuadrícula, un estampado en relieve inspirado en el motivo del modelo original de los cincuenta. El nombre de la casa y la palabra Tradición van en dos cartuchos de estilo antiguo. Índices aplicados en color oro, unos trapezoidales y otros redondos, agujas facetadas y segundero rematado en flecha roja. 40 mm, 12,33 de grosor, 100 metros y zafiro abombado tipo caja. Precio: 3.800 euros. En la esfera pone Cronómetro Certificado. El movimiento es un Soprod Newton P092 automático de 44 horas, y ha pasado por el COSC, el organismo suizo que prueba cada calibre durante quince días, en cinco posiciones y a tres temperaturas. Para aprobar tiene que quedarse, de media, entre 4 segundos de retraso y 6 de adelanto al día.
Me probé el granate, una edición de 282 piezas numeradas, con correa de aligátor color miel y hebilla desplegable con el escudo de la casa.
Del Robusto también vi el 1935, que reinterpreta un modelo art déco que la casa hizo ese año. Caja de 40 mm y 11,85 de grosor, corona roscada y 100 metros. Esfera azul en rayos de sol, índices aplicados y fecha a las 6. Dentro lleva un Soprod Newton P092 automático de 44 horas, el mismo calibre del Tradición. Va con brazalete de acero. Los colores tienen nombres muy de la casa: Habana, Ceniza, Azul Marino y Verde Manzana. Cuesta 3.300 euros.
El otro Robusto fue el Sans Souci, que toma el nombre de un cabaret de las afueras de La Habana muy frecuentado en los cincuenta. Caja de 38,5 mm, 11,10 de grosor y 50 metros, números árabes, segundero pequeño a las 6 y cristal tipo caja. Sellita SW261 automático, 38 horas. Hay tres esferas: azul, negra y champán, que es la que me enseñaron. Se vende con correa o con brazalete, a 2.750 euros en las dos versiones.
La colección de señora se llama Primera Dama. El que nos enseñaron es el Primera Dama Autorecargante, con caja de acero de 36 mm y 50 metros. La esfera lleva un frappage en ondas, la misma técnica del Tradición con otro dibujo, y se ofrece en tres colores. Índices aplicados en forma de gota y fecha a las 6. Autorecargante quiere decir automático: lleva un Soprod M100 con 42 horas de reserva. Viene con correa y brazalete.
Me fui con buena impresión. Hay una historia real detrás, de 1862 y de La Habana, y la marca la usa con cabeza: un cronógrafo con tantas piezas como millas tuvo cada carrera, una caja rectangular de los años treinta, un frappage inspirado en el dial de los cincuenta. Las esferas están muy trabajadas y los diseños tienen una personalidad que no se confunde con la de otras marcas. Si tuviera que definirla con una palabra, diría señorial: relojes para chaqueta y sobremesa larga, con La Habana de los cincuenta de fondo. Y ahí está mi reserva, porque ese mundo no es el mío. Me parece una marca interesante, pero ninguno entra en mis futuribles. El que más me tentó fue el amarillo del 58.
Ah, y la caja en la que te lo entregan es un humidor. Cambiando el interior, sirve para guardar puros o como estuche para varios relojes.
WeLoveWatches lo organiza Ocarat, una tienda online francesa de relojes y joyas, y este año iba por su cuarta edición. Después de dos años en la Samaritaine se mudó a la Maison de la Mutualité, un edificio art déco de 1931 en el distrito 5. Fueron dos días, viernes y sábado, y yo fui el sábado. Todo está en un mismo salón, con stands del mismo tamaño para todos, de modo que una marca grande y una micromarca exponen en igualdad de condiciones. Esa es la idea de Ocarat desde la primera edición. Había muchísimas marcas, la entrada costaba 12 euros por sesión y, por primera vez, se podía comprar allí mismo.
La historia de Cuervo y Sobrinos empieza con una joyería que Ramón Fernández Cuervo, un asturiano emigrado a Cuba, abrió en La Habana en 1862, en la calle de la Amistad. En 1882 se le unieron seis sobrinos y la casa pasó a llamarse, sin más vueltas, Cuervo y Sobrinos. Según la marca, entre sus clientes estuvieron Caruso, Einstein, Churchill, Clark Gable y Hemingway. Después la boutique fue nacionalizada y el nombre quedó dormido hasta 1997, cuando Luca Musumeci y Marzio Villa lo recuperaron. Los relojes volvieron a principios de los 2000. Hoy se hacen en Suiza, con sede en Capolago, a orillas del lago de Lugano, y la marca es de Marco Longhi y Mario Girardi. Lo cubano sigue en todo. Robusto o Prominente son nombres de formatos de puro. La línea clásica se llama Historiador en homenaje a Eusebio Leal, el historiador de la ciudad de La Habana. En 2009 volvieron a abrir boutique allí, y con la Fundación Hemingway hacen ediciones dedicadas al escritor.
Con lo que más rato estuve fue con la trilogía Gran Premio de Cuba. Solo hubo tres ediciones de aquella carrera, en 1957, 1958 y 1960, y la marca ha hecho un cronógrafo para cada una, con los colores del cartel original. Cada tirada tiene tantas piezas como millas tuvo su carrera: 162 para 1957, 174 para 1958 y 202 para 1960. Comparten caja de acero de 41 mm, 15,25 de grosor y 50 metros, fondo de zafiro y Valjoux 7750 automático con 48 horas de reserva. Los tres cuestan lo mismo, 5.200 euros.
La de 1957 se corrió en el Malecón y la ganó Fangio con un Maserati 300S. Su reloj va en marrón con contadores mostaza.
El de 1960 es blanco con contadores rojos. Aquella última edición se llamó Gran Premio Libertad y la ganó Stirling Moss con un Maserati.
Y 1958 es la razón de que el amarillo sea mi favorito. La víspera de la carrera, un comando del Movimiento 26 de Julio se llevó a Fangio del vestíbulo del hotel Lincoln, donde se alojaba. Era el campeón del mundo y había ganado la edición anterior. La carrera se corrió igual, sin él, y la ganó Moss con un Ferrari. Un coche se fue contra el público y murieron varios espectadores. A Fangio lo soltaron cuando la carrera ya había terminado. Para esa edición, esfera amarillo racing con contadores verdes. Segundero pequeño a las 9, minutos del crono a las 12 y horas a las 6, con la fecha dentro de ese mismo contador. Agujas de hora y minuto en forma de hoja, y las del cronógrafo terminadas en flecha roja. La correa es negra, perforada, de estilo driving, con costura verde. Alrededor de la esfera pone TAQUIMETRO, así, en castellano. Sirve para medir velocidad media: arrancas el crono al pasar un poste kilométrico, lo paras en el siguiente y la aguja te dice los km/h. Si has tardado 30 segundos, marca 120. Una división hecha de antemano e impresa en la esfera.
El 7750 es uno de los cronógrafos automáticos más usados de la industria y no lleva rueda de pilares. Lo que ordena el arranque, la parada y la vuelta a cero es una leva: una pieza plana de acero con el contorno recortado, como el perfil de una llave. Según en qué tramo del recorte apoye cada palanca, el crono engrana, se suelta o vuelve a cero. Es más sencilla de fabricar en serie y muy fiable. Eso sí, sus pulsadores tienen fama de ir algo duros. Y es alto: 7,9 mm de los 15,25 que mide la caja. Por detrás, la masa oscilante tiene forma de volante, con el año de la carrera y el número de piezas grabados alrededor. El emblema CyS va aplicado en color oro 2N con detalles rojos, el amarillo claro de la norma ISO 8654 que conté en el post de Laurent Ferrier.
El rectangular que me puse es el Espléndidos Heritage. Su caja curvada viene de los diseños de los años treinta, su mejor momento internacional según la marca. 36 por 47 mm, 13 de grosor, 30 metros. La esfera está lacada en varios niveles: un marco negro y, encima, un aro plateado atornillado, con el centro en Clou de Paris, ese relieve de pirámides diminutas. Segundero pequeño con punta roja y fecha a las 6. Lleva un La Joux Perret G120 automático con 68 horas de reserva. Por el fondo se ve la masa oscilante decorada en abanico, con el emblema aplicado. Está en 3.950 euros.
Del Historiador Gran Reserva rojo, lo primero es la esfera: guilloché en rayos de sol, lacada y ahumada, con un rojo que se va oscureciendo hacia el borde. Caja de 40 mm, 10,85 de grosor y 50 metros. El nombre sale de la reserva de marcha, porque lleva un La Joux Perret G100 automático de 68 horas. 2.800 euros, con correa o con brazalete.
El Tradición es, según la propia marca, su modelo más emblemático. La esfera tiene un frappage en cuadrícula, un estampado en relieve inspirado en el motivo del modelo original de los cincuenta. El nombre de la casa y la palabra Tradición van en dos cartuchos de estilo antiguo. Índices aplicados en color oro, unos trapezoidales y otros redondos, agujas facetadas y segundero rematado en flecha roja. 40 mm, 12,33 de grosor, 100 metros y zafiro abombado tipo caja. Precio: 3.800 euros. En la esfera pone Cronómetro Certificado. El movimiento es un Soprod Newton P092 automático de 44 horas, y ha pasado por el COSC, el organismo suizo que prueba cada calibre durante quince días, en cinco posiciones y a tres temperaturas. Para aprobar tiene que quedarse, de media, entre 4 segundos de retraso y 6 de adelanto al día.
Me probé el granate, una edición de 282 piezas numeradas, con correa de aligátor color miel y hebilla desplegable con el escudo de la casa.
Del Robusto también vi el 1935, que reinterpreta un modelo art déco que la casa hizo ese año. Caja de 40 mm y 11,85 de grosor, corona roscada y 100 metros. Esfera azul en rayos de sol, índices aplicados y fecha a las 6. Dentro lleva un Soprod Newton P092 automático de 44 horas, el mismo calibre del Tradición. Va con brazalete de acero. Los colores tienen nombres muy de la casa: Habana, Ceniza, Azul Marino y Verde Manzana. Cuesta 3.300 euros.
El otro Robusto fue el Sans Souci, que toma el nombre de un cabaret de las afueras de La Habana muy frecuentado en los cincuenta. Caja de 38,5 mm, 11,10 de grosor y 50 metros, números árabes, segundero pequeño a las 6 y cristal tipo caja. Sellita SW261 automático, 38 horas. Hay tres esferas: azul, negra y champán, que es la que me enseñaron. Se vende con correa o con brazalete, a 2.750 euros en las dos versiones.
La colección de señora se llama Primera Dama. El que nos enseñaron es el Primera Dama Autorecargante, con caja de acero de 36 mm y 50 metros. La esfera lleva un frappage en ondas, la misma técnica del Tradición con otro dibujo, y se ofrece en tres colores. Índices aplicados en forma de gota y fecha a las 6. Autorecargante quiere decir automático: lleva un Soprod M100 con 42 horas de reserva. Viene con correa y brazalete.
Me fui con buena impresión. Hay una historia real detrás, de 1862 y de La Habana, y la marca la usa con cabeza: un cronógrafo con tantas piezas como millas tuvo cada carrera, una caja rectangular de los años treinta, un frappage inspirado en el dial de los cincuenta. Las esferas están muy trabajadas y los diseños tienen una personalidad que no se confunde con la de otras marcas. Si tuviera que definirla con una palabra, diría señorial: relojes para chaqueta y sobremesa larga, con La Habana de los cincuenta de fondo. Y ahí está mi reserva, porque ese mundo no es el mío. Me parece una marca interesante, pero ninguno entra en mis futuribles. El que más me tentó fue el amarillo del 58.
Ah, y la caja en la que te lo entregan es un humidor. Cambiando el interior, sirve para guardar puros o como estuche para varios relojes.
. Muy interesante