jorgesdb
Milpostista
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Hay relojes que me gustan por estética, otros por su historia, y luego está el Lunar Pilot, que añade una tercera pata: la lógica binaria enroscada en mi pasión por la astronomía y la Carrera Espacial, más en este año del 55 aniversario del EVA 3 en el que se usó, efeméride que tendrá lugar unos días antes del eclipse total de Sol que veremos desde España.
Creo que todo el mundo conoce su conexión con Apollo 15, pero pocas veces se habla en profundidad de su oscilador de 262.144 Hz, es decir, 2¹⁸.
Apollo 15 fue la primera misión de tipo J, más ciencia, mucho más tiempo en superficie y el debut del rover lunar. También fue la misión en la que David Scott terminó usando su cronógrafo Bulova personal durante la tercera EVA después de que el cristal de su Speedmaster se desprendiera.
Ese prototipo de Bulova, modelo 88510/01, es el único reloj privado que ha sido usado en la superficie lunar, un reloj que no fue una pieza oficial de la NASA, sino una solución práctica en un entorno donde medir el tiempo era literalmente cuestión de supervivencia, que se lo pregunten a los miembros del Apollo XIII, que difícilmente habrían vuelto a la tierra sin la ayuda de su Speedmaster.
El Bulova que pisó la Luna no era electrónico ni Accutron. Era un cronógrafo mecánico (he leído por ahí que un Valjoux 72), robusto y autónomo. La NASA prefería movimientos mecánicos para EVA por una razón sencilla: cero dependencia de baterías y tolerancia a temperaturas extremas.
Scott pudo llevar su Bulova porque los astronautas tenían permitido transportar objetos personales aprobados. No era equipo oficial ni una prueba formal, pero su uso en la EVA se debió a una circunstancia práctica: la pérdida del cristal del Speedmaster y lo usó para cronometrar tareas durante esa EVA 3. Ese gesto improvisado convirtió un objeto personal en parte de la historia espacial.
Paradójicamente, mientras el reloj de Scott era mecánico, la misión dependía de electrónica avanzada para la sincronización global.
Seguramente ya lo sabéis, los relojes de misión del Apollo no eran Accutron. El estándar temporal lo proporcionaba el oscilador de cuarzo del Apollo Guidance Computer (AGC), con base de 1.024 MHz.
Sin embargo, Bulova sí participó con tecnología Accutron en temporizadores científicos de superficie, sistemas que controlaban experimentos lunares y dispositivos que utilizaban diapasones para control de tiempo.
El Central Station Timer del Apollo Lunar Surface Experiments Package, por ejemplo, utilizaba un mecanismo Accutron con diapasón para controlar cierres de circuito con precisión.
Además, la tecnología Accutron se empleó para cortar patrones de luz estelar en sistemas de navegación.
En el programa Apollo, la navegación estelar se utilizaba para verificar y recalibrar la orientación de la nave tomando como referencia posiciones conocidas de estrellas. Para medir con precisión el momento exacto en que una estrella cruzaba el campo de visión de un instrumento óptico, era útil transformar esa luz continua en una señal pulsada y regular. Aquí es donde entra la idea de cortar patrones de luz estelar: un pequeño obturador, movido con extrema estabilidad, interrumpía la luz que llegaba al sensor, generando destellos periódicos. Al analizar la frecuencia y la fase de esos destellos, los sistemas podían determinar con gran exactitud la posición angular de la estrella y el instante de observación.
La tecnología Accutron, basada en un diapasón vibrante a 360 Hz, proporcionaba una referencia temporal mecanoelectrónica muy estable para accionar estos mecanismos de modulación. Antes de la miniaturización del cuarzo, el diapasón ofrecía una oscilación regular y de bajo consumo que permitía sincronizar el movimiento del obturador y convertir la luz estelar en señales medibles con menos ruido y mayor precisión. De este modo, el tiempo y la óptica se combinaban: una vibración extremadamente estable ayudaba a transformar la luz de una estrella en datos fiables para la navegación espacial.
Y llegamos al presente. El Lunar Pilot moderno, lanzado en 2015 tras la subasta del original, adopta un movimiento de cuarzo de alta frecuencia, no usa los clásicos 32.768 Hz, sino 262.144 Hz, de 2¹⁵ pasamos a 2¹⁸ oscilaciones
Esto permite divisiones exactas, 262.144 → 131.072 → 65.536 → 32.768 → 16.384 → ... → 1 Hz
Sin fracciones, sin redondeo, sin error acumulativo.
El mismo principio de frecuencias binarias para sincronización exacta era fundamental en la arquitectura digital del Apollo, donde los sistemas necesitaban dividir señales sin introducir desfases temporales.
El Apollo no usaba exactamente 262.144 Hz como reloj maestro, pero sí compartía la misma filosofía: tiempo estructurado en potencias de dos.
Tras más de cuatro décadas, Bulova lanzó el Lunar Pilot en 2015, impulsado por el interés generado cuando el reloj original de Scott se subastó por más de 1,6 millones de dólares.
Mi pieza mantiene el espíritu instrumental, caja de 45 mm, pulsadores sobredimensionados pensados para guantes, dial negro de alta legibilidad y el cronógrafo de alta frecuencia.
Pero, EMHO, su verdadera esencia no es estética ni histórica: es matemática.
¿Aporta realmente algo una frecuencia de 2¹⁸ frente a 2¹⁵? La ventaja del Lunar Pilot no es que llegue a 1 Hz más exacto sino que ofrece: mayor resolución temporal interna, menor error de cuantización en divisiones no binarias, mejor estabilidad del cronógrafo y un barrido más suave del segundero.
Subir la frecuencia del oscilador a 262.144 Hz tiene un impacto real en consumo, pero es simplemente que gasta 8 veces más que un cuarzo.
En un reloj analógico de cuarzo, el consumo energético está repartido entre el oscilador más los divisores, la electrónica de control y, muchas veces como mayor gasto, los motores paso a paso (especialmente si hay cronógrafo y/o segundero de barrido.
En términos generales, un oscilador de cuarzo consume energía en cada ciclo para compensar pérdidas mecánicas del resonador y pérdidas en el circuito. Si mantienes arquitectura y amplitud comparables, a mayor frecuencia suele haber mayor consumo (más conmutaciones por segundo y más pérdidas dinámicas). Por eso, a nivel puramente electrónico, un cuarzo a 262 kHz tiende a requerir más corriente que uno de 32 kHz, lo cual no nos lleva a un consumo 8 veces superior ya que el oscilador no es lo que más consume.
El truco del movimiento NP20 que monta el Lunar Pilot es que el segundero normal va a 2Hz, un poco más suave que un segundero de cuarzo normal a 1hz pero más brusco que un mecánico a 3.5 o 4Hz. El barrido suave se reserva para el cronógrafo, que como no es una cosa que usemos con asiduidad, permite ahorrar batería al usar menos el motor de las agujas.
Vídeo del cronógrafo en marcha a cámara lenta, 8 veces más lento, en el que se aprecia la diferencia de movimiento del segundero normal, el del cronógrafo y la esfera que divide cada segundo.
Por lo que he leído, es posible que la pila dure 2 años si no hago mucho uso del cronógrafo.
Ya voy terminando, lo interesante no es repetir que pisó la Luna, sino entender por qué este reloj late a una frecuencia que encaja perfectamente con la lógica digital que permitió llegar allí.
El Apollo necesitaba sincronización sin deriva, divisiones exactas de tiempo y coherencia entre sistemas. El Lunar Pilot moderno encarna esa misma obsesión por el tiempo exacto, condensada en un oscilador de 2¹⁸ Hz.
No es el reloj que voló, es el reloj que entiende por qué volaron.
Creo que todo el mundo conoce su conexión con Apollo 15, pero pocas veces se habla en profundidad de su oscilador de 262.144 Hz, es decir, 2¹⁸.
Apollo 15 fue la primera misión de tipo J, más ciencia, mucho más tiempo en superficie y el debut del rover lunar. También fue la misión en la que David Scott terminó usando su cronógrafo Bulova personal durante la tercera EVA después de que el cristal de su Speedmaster se desprendiera.
Ese prototipo de Bulova, modelo 88510/01, es el único reloj privado que ha sido usado en la superficie lunar, un reloj que no fue una pieza oficial de la NASA, sino una solución práctica en un entorno donde medir el tiempo era literalmente cuestión de supervivencia, que se lo pregunten a los miembros del Apollo XIII, que difícilmente habrían vuelto a la tierra sin la ayuda de su Speedmaster.
El Bulova que pisó la Luna no era electrónico ni Accutron. Era un cronógrafo mecánico (he leído por ahí que un Valjoux 72), robusto y autónomo. La NASA prefería movimientos mecánicos para EVA por una razón sencilla: cero dependencia de baterías y tolerancia a temperaturas extremas.
Scott pudo llevar su Bulova porque los astronautas tenían permitido transportar objetos personales aprobados. No era equipo oficial ni una prueba formal, pero su uso en la EVA se debió a una circunstancia práctica: la pérdida del cristal del Speedmaster y lo usó para cronometrar tareas durante esa EVA 3. Ese gesto improvisado convirtió un objeto personal en parte de la historia espacial.
Paradójicamente, mientras el reloj de Scott era mecánico, la misión dependía de electrónica avanzada para la sincronización global.
Seguramente ya lo sabéis, los relojes de misión del Apollo no eran Accutron. El estándar temporal lo proporcionaba el oscilador de cuarzo del Apollo Guidance Computer (AGC), con base de 1.024 MHz.
Sin embargo, Bulova sí participó con tecnología Accutron en temporizadores científicos de superficie, sistemas que controlaban experimentos lunares y dispositivos que utilizaban diapasones para control de tiempo.
El Central Station Timer del Apollo Lunar Surface Experiments Package, por ejemplo, utilizaba un mecanismo Accutron con diapasón para controlar cierres de circuito con precisión.
Además, la tecnología Accutron se empleó para cortar patrones de luz estelar en sistemas de navegación.
En el programa Apollo, la navegación estelar se utilizaba para verificar y recalibrar la orientación de la nave tomando como referencia posiciones conocidas de estrellas. Para medir con precisión el momento exacto en que una estrella cruzaba el campo de visión de un instrumento óptico, era útil transformar esa luz continua en una señal pulsada y regular. Aquí es donde entra la idea de cortar patrones de luz estelar: un pequeño obturador, movido con extrema estabilidad, interrumpía la luz que llegaba al sensor, generando destellos periódicos. Al analizar la frecuencia y la fase de esos destellos, los sistemas podían determinar con gran exactitud la posición angular de la estrella y el instante de observación.
La tecnología Accutron, basada en un diapasón vibrante a 360 Hz, proporcionaba una referencia temporal mecanoelectrónica muy estable para accionar estos mecanismos de modulación. Antes de la miniaturización del cuarzo, el diapasón ofrecía una oscilación regular y de bajo consumo que permitía sincronizar el movimiento del obturador y convertir la luz estelar en señales medibles con menos ruido y mayor precisión. De este modo, el tiempo y la óptica se combinaban: una vibración extremadamente estable ayudaba a transformar la luz de una estrella en datos fiables para la navegación espacial.
Y llegamos al presente. El Lunar Pilot moderno, lanzado en 2015 tras la subasta del original, adopta un movimiento de cuarzo de alta frecuencia, no usa los clásicos 32.768 Hz, sino 262.144 Hz, de 2¹⁵ pasamos a 2¹⁸ oscilaciones
Esto permite divisiones exactas, 262.144 → 131.072 → 65.536 → 32.768 → 16.384 → ... → 1 Hz
Sin fracciones, sin redondeo, sin error acumulativo.
El mismo principio de frecuencias binarias para sincronización exacta era fundamental en la arquitectura digital del Apollo, donde los sistemas necesitaban dividir señales sin introducir desfases temporales.
El Apollo no usaba exactamente 262.144 Hz como reloj maestro, pero sí compartía la misma filosofía: tiempo estructurado en potencias de dos.
Tras más de cuatro décadas, Bulova lanzó el Lunar Pilot en 2015, impulsado por el interés generado cuando el reloj original de Scott se subastó por más de 1,6 millones de dólares.
Mi pieza mantiene el espíritu instrumental, caja de 45 mm, pulsadores sobredimensionados pensados para guantes, dial negro de alta legibilidad y el cronógrafo de alta frecuencia.
Pero, EMHO, su verdadera esencia no es estética ni histórica: es matemática.
¿Aporta realmente algo una frecuencia de 2¹⁸ frente a 2¹⁵? La ventaja del Lunar Pilot no es que llegue a 1 Hz más exacto sino que ofrece: mayor resolución temporal interna, menor error de cuantización en divisiones no binarias, mejor estabilidad del cronógrafo y un barrido más suave del segundero.
Subir la frecuencia del oscilador a 262.144 Hz tiene un impacto real en consumo, pero es simplemente que gasta 8 veces más que un cuarzo.
En un reloj analógico de cuarzo, el consumo energético está repartido entre el oscilador más los divisores, la electrónica de control y, muchas veces como mayor gasto, los motores paso a paso (especialmente si hay cronógrafo y/o segundero de barrido.
En términos generales, un oscilador de cuarzo consume energía en cada ciclo para compensar pérdidas mecánicas del resonador y pérdidas en el circuito. Si mantienes arquitectura y amplitud comparables, a mayor frecuencia suele haber mayor consumo (más conmutaciones por segundo y más pérdidas dinámicas). Por eso, a nivel puramente electrónico, un cuarzo a 262 kHz tiende a requerir más corriente que uno de 32 kHz, lo cual no nos lleva a un consumo 8 veces superior ya que el oscilador no es lo que más consume.
El truco del movimiento NP20 que monta el Lunar Pilot es que el segundero normal va a 2Hz, un poco más suave que un segundero de cuarzo normal a 1hz pero más brusco que un mecánico a 3.5 o 4Hz. El barrido suave se reserva para el cronógrafo, que como no es una cosa que usemos con asiduidad, permite ahorrar batería al usar menos el motor de las agujas.
Vídeo del cronógrafo en marcha a cámara lenta, 8 veces más lento, en el que se aprecia la diferencia de movimiento del segundero normal, el del cronógrafo y la esfera que divide cada segundo.
Por lo que he leído, es posible que la pila dure 2 años si no hago mucho uso del cronógrafo.
Ya voy terminando, lo interesante no es repetir que pisó la Luna, sino entender por qué este reloj late a una frecuencia que encaja perfectamente con la lógica digital que permitió llegar allí.
El Apollo necesitaba sincronización sin deriva, divisiones exactas de tiempo y coherencia entre sistemas. El Lunar Pilot moderno encarna esa misma obsesión por el tiempo exacto, condensada en un oscilador de 2¹⁸ Hz.
No es el reloj que voló, es el reloj que entiende por qué volaron.

