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Auret, Schaefer & Companions, H992 y Red en World Watch Day 2026

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World Watch Museum celebró este domingo su primera feria en la Finca Gurugú de Villalbilla, y con ella arranco una serie nueva. Por diez euros entraban el desayuno y una paella para todos, y la organización ofrecía hasta un 20% de descuento en algunas compras. Estaba lleno de gente, coches aparcados a ambos lados de la carretera. El influencer que colabora con World Watch Museum hizo de anfitrión y fue animando la jornada, y entre los asistentes estaban también el relojero italiano que todos tenéis en mente y varios comunicadores más de los que salen en redes sociales. Vamos, fue una buena convocatoria. De la organizadora conviene decir algo, porque explica qué marcas había. World Watch Museum abrió en Getafe como tienda dedicada solo a relojería independiente. Este año ha sumado boutiques en la calle Narváez de Madrid, en Alcorcón y, desde octubre, en Salamanca, y en su web anuncia próximas aperturas en Zaragoza, Alicante, Santander y otras seis ciudades. En esa misma web ofrece abrir una boutique propia en régimen de franquicia. Es agente oficial de 59 marcas y acaba de lanzar una propia, Indie Watch, que presentó en la feria. Allí volví a ver a Sofía, la responsable de la tienda de Narváez, que en su día me atendió de diez.

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De las más de cincuenta marcas expuestas, en tres me atendió el propio dueño; en las demás que recorrí, al menos en las que pude identificar, atendía personal de la tienda. El equipo de la tienda sabe de lo que habla, pero sin nadie de la marca delante se pierde lo mejor: los detalles que solo cuenta quien dibujó el reloj o discutió con el proveedor hasta que salió como quería. Con Red Watches no hubo manera. Pasé un par de veces y al final me fui sin conocerlos. A ellos les dedico unas líneas al final, y el grueso del hilo va de las otras tres.

Auret está a punto de nacer. Me atendió uno de sus socios fundadores, español, que me contó que otro de los socios es colombiano. Su primera colección, el Mederi, ya la mostró la prensa en septiembre, y se lanza oficialmente el lunes 9 de noviembre. Caja de acero de 40 mm, 10,5 de grosor y 46 de asa a asa, zafiro y 100 metros. Lo que la distingue es el bisel de doce lados. Según la marca, quería apartarse de la caja redonda y tener una silueta reconocible de lejos, y lo logra: cada faceta devuelve la luz en un ángulo distinto. Índices aplicados y facetados, agujas a juego y segundero pequeño a las 6 sobre fondo caracolado. Se vende en negro, azul y burdeos. El azul no estaba en el stand, pero el socio me enseñó fotos y me encantó. Me probé los otros dos.
El negro, con correa de piel negra, es la versión más formal.

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El burdeos, con correa textil del mismo tono, se vuelve mucho más informal.

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Dentro lleva un Sellita SW260 automático, con horas, minutos y segundero pequeño. Sellita empezó montando movimientos para ETA, y cuando caducaron las patentes de los diseños de ETA desarrolló su propia familia de calibres sobre esa base. El SW260 pertenece a ella y se fabrica desde 2011. Late a 28.800 alternancias por hora, es decir, ocho tics por segundo, lo que da al segundero un avance muy fluido, y tiene 31 rubíes. En la versión que monta Auret, según Fratello, la reserva de marcha llega a 41 horas. Es uno de los calibres más extendidos de la relojería suiza, y eso juega a favor del dueño: es un diseño probado durante años y que cualquier relojero conoce. Además, Sellita ofrece cada calibre en varios grados de acabado y ajuste, algo parecido a pedir el mismo coche con el interior básico o con el de gama alta. El motor no cambia, pero lo que ves al abrir la puerta sí. El de Auret lleva perlado en platina y puentes, caracolado, superficies niqueladas y tornillos azulados. El perlado son pequeños círculos que una muela giratoria va marcando, cada uno solapado con el anterior, hasta cubrir la pieza. El rotor es de latón y tiene forma de flor de café, y fue el detalle que me terminó de ganar.
Al darle la vuelta al reloj y ver el movimiento a través del fondo de zafiro, te das cuenta de todo el trabajo que hay ahí. Como casi todas las marcas jóvenes con Swiss Made, Auret diseña, decide los acabados y compra el movimiento a un proveedor suizo. Sellita suministra a firmas de todos los tamaños, y la misma base del SW260 la usa, por ejemplo, el Baume & Mercier Clifton. Por eso la personalidad tiene que venir de la caja, la esfera y la historia que hay detrás, y por lo que vi la marca lo tiene claro. El precio que me dio el socio rondaba los 1.750 euros que publicó la prensa. Lo que más repitió durante la conversación fue que quieren dar mucho a cambio de ese dinero. Me habló del calibre, del rotor, de la caja del reloj, de las dos correas que incluye y del estuche de madera lacada. Las correas las vi allí: una de piel con forro de caucho y cierre desplegable con el símbolo “12” de la marca, y otra textil forrada de piel. Esa es su forma de responder a la competencia del tramo. A ese precio la relojería mecánica suiza está muy disputada, sobran relojes de acero con segundero pequeño, y una recién llegada necesita que se la distinga a dos metros y que el comprador sienta que se lleva algo más. El Mederi cumple lo primero, y todo lo que me enumeró el socio apunta a lo segundo. Lo que me genera dudas es que la empresa arranca con una sola colección, y eso deja poco margen si el primer modelo no funciona.
Le tengo simpatía. Me gusta apoyar a quien empieza, y aquí hay gente que se ha volcado en los detalles sin disfrazarse de casa centenaria. Tiene diseño propio, un calibre probado y bien decorado, y una razón de ser sincera. Me convence con reservas, porque todavía es muy joven y depende de una única colección, y es pronto para saber hasta dónde llegará el proyecto. El azul me encantó.

Schaefer & Companions apunta bastante más alto. La fundó Christophe Schaefer, artista y escultor, tiene sede en Alle, en el Jura suizo, y la vende Watchmakers United, la tienda que visité en Ginebra. El nombre ya explica el modelo de negocio. Schaefer dibuja la caja y propone un tema, y cada esfera la firma un artesano invitado, al que la casa llama compañero, en grabado, esmalte, micropintura o marquetería de paja. Él lo resume diciendo que uno más uno suman tres. Me atendió en persona y me pareció muy buena onda: habla de la marca con un entusiasmo que se contagia.
Antón se reunió también con Christophe hace unos meses y dejó su impresión aquí: https://relojes-especiales.com/threads/schaefer-and-companions-si-es-una-marca.598418/
La caja se llama Solune. Son 43 mm y 49,3 de asa a asa en acero 904L, con un bisel de puntas que evoca un sol y facetas pulidas alternadas con zonas mates. Es grande y no lo disimula. El segundero central remata en una estrella de siete puntas que gira sobre la esfera. Dentro de esa caja, la esfera tiene un hueco de unos pocos milímetros, y Christophe me contó que ese límite les da más de un disgusto. Muchas veces el artista quiere entregar más de lo que cabe, y si la esfera se pasa de grosor ya no entra en la caja, no sirve y hay que empezar de nuevo. Es un trabajo realmente artístico, con todo lo que eso implica. Casi todo lo que me probé pertenece a la serie Antarctica, en la que cada artesano interpreta el hielo con su propia técnica.
Empecé por el Médaillon Antarctica de esmalte. La base es de latón estampado con una espiral que la marca llama Infinity, y abajo lleva un medallón que firma Fabienne Remonnay, que según la marca lleva casi treinta años en el taller de esferas Donzé Cadrans. El esmalte es, en el fondo, vidrio molido que se aplica sobre la pieza y se funde en el horno. Aquí debajo hay una lámina de plata arrugada, y al cocerla queda atrapada bajo el vidrio azul. Por eso el medallón parece una placa de hielo resquebrajado.

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Luego vino el Grand Art Antarctica de micropintura, en caja gris oscuro. Sobre una esfera negra, el pintor André Martinez dibuja a mano, en varias capas, líneas finas que imitan las grietas del hielo. Fue uno de mis dos favoritos. El metal oscuro evita que la caja compita con la esfera. Este era de los más caros, arriba de 4000 euros. Y Christophe me explicó que muchas veces los artistas fijan su precio por las esferas y es difícil llegar a precios más competitivos.

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Los dos siguientes tienen la esfera completa en marquetería de paja, obra de Sabine Aucoulon, una artesana francesa que mezcla marquetería y bordado. La técnica funciona como la marquetería de madera, pero con tallos de paja de cereal. Cada paja se abre, se aplana, se selecciona, se corta y se coloca a mano, una detrás de otra. Lo decisivo es hacia dónde apunta la fibra. Pasa como con el terciopelo cuando lo peinas en un sentido o en el contrario: según la orientación de cada trozo, brilla o se apaga, y por eso la esfera cambia de color al mover la muñeca sin llevar ningún pigmento metálico. El primero es el Grand Art Antarctica, con azules, verdes y amarillos sobre un fondo azul glaciar. La marca lo ofrece en tres dibujos distintos.

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El segundo es el Solaris, con la paja amarilla saliendo del centro como rayos. Es el de dibujo más simple y mi otro favorito. Con un solo color y la dirección de las fibras, la esfera parece encendida.

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Todos llevan un ETA 2892 A2 automático en grado Top, con 21 rubíes, 42 horas de reserva y una precisión media anunciada de siete segundos arriba o abajo al día. No tiene certificado de cronómetro, aunque se queda cerca de lo que exige.
El funcionamiento comercial también es peculiar. En su web, el reloj se reserva con un 30% de depósito, se fabrica bajo pedido en unas dos semanas y el resto se paga antes del envío. Así la marca no inmoviliza dinero en stock que quizá nadie compre, una ventaja enorme para una empresa pequeña. El Solaris, además, nació como edición exclusiva con QoQa, una web suiza de ventas por tiempo limitado. Los precios están en francos suizos: los Médaillon van de 2.160 a 2.592 y los Grand Art, de 2.700 a 4.806. El de esmalte que me probé cuesta 2.592; el de micropintura, 3.780, y el Solaris y el Antarctica de paja, 2.700 cada uno. Por esas cifras, creo que cuesta encontrar una esfera hecha a mano y firmada por un artesano con nombre y apellido.
De las tres, es la que más me convenció. La idea me encantó y le veo mucho potencial: el oficio de las esferas es real, la caja no se parece a ninguna otra y la marca sabe por qué existe. Mi única pega son unos 43 mm que no sientan bien a cualquiera. El Solaris y el de micropintura me gustaron muchísimo. Después de la feria seguí hablando con Christophe por WhatsApp. Me contó que tiene una esfera morada terminada, lista para montar un reloj, que llegará a World Watch Museum en unas semanas, y quedó en avisarme.

H992 nació en 2022 en La Chaux de Fonds. La H remite a horlogerie, hora y humanidad, y el 992 son los metros de altitud de la ciudad. La marca se presenta como un equipo anónimo de profesionales con años en la alta relojería, que prefieren quedarse en segundo plano para que hable el reloj. Su dueño, sin embargo, estaba allí y me atendió en persona. Para ser anónimo, saluda con mucha soltura.
Lo primero que me puse fue el cronógrafo de la colección H3. Acero, 44 mm y 14 de grosor, zafiro, corona roscada y 100 metros. Esfera naranja con tres contadores celestes, taquímetro en el borde y la fecha dentro del contador de las 6. Las doce muescas del bisel, que marcan las horas, se repiten en todos sus modelos. Los colores remiten a las carreras de los setenta.

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Después pasé a tres de la colección H4.2, de tres agujas: 42 mm, 100 metros, corona roscada y esfera en degradado que oscurece hacia el borde. Me probé el azul, el verde y uno marrón. Las aristas de la caja, según la marca, evocan la cuadrícula de calles de La Chaux de Fonds, y las correas se cambian sin herramientas. Sin números en la esfera, estos respiran mucho mejor que el cronógrafo, aunque el nombre de la marca me parece demasiado grande y llamativo para lo limpio que es todo lo demás.

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El que más me gustó fue el de la última foto.
Lo que realmente separa a H992 del resto es que todos sus relojes son cronómetros certificados por el COSC, el organismo oficial suizo que controla la precisión de los movimientos, independiente de las marcas. Cada movimiento pasa quince días de pruebas, todavía sin caja, en cinco posiciones y a tres temperaturas: 8, 23 y 38 grados. Solo recibe su certificado, con número propio, si su media diaria queda entre cuatro segundos de retraso y seis de adelanto, además de cumplir otros criterios de estabilidad. Viene a ser una ITV pasada motor por motor, antes de montar el coche. Los H4.2 montan un Sellita SW200 certificado, y el H3, un SW510 también certificado. El negocio es sencillo: diseñan, compran calibres a Sellita, los envían a certificar y venden por su web y en tiendas, y además buscan distribuidores nuevos desde la propia página. Cada colección se limita a 992 piezas. Su gran baza es el precio. En su web, los H4.2 van de 992 a 1.092 francos suizos según la correa, y el cronógrafo naranja y celeste cuesta 2.292. Un cronómetro suizo certificado por menos de mil francos no abunda, y ahí han encontrado su hueco. Lo que no sé es cuánto durará esa ventaja, porque nada impide a otra marca encargar el mismo calibre certificado.
Me deja buena impresión. Está muy bien construido para lo que cuesta, y que cada reloj lleve su certificado de cronómetro tiene un valor real a estos precios. Lo único que cambiaría es el tamaño del nombre de la marca en la esfera, que para mi gusto pesa un poco más de la cuenta.

Me quedé con la espina de Red Watches, así que al volver miré qué hacen. Es una marca española joven, y el nombre sale de las iniciales de sus tres fundadores: Rodrigo, Eugeny y Dario. Su primer reloj es el Romeo-01, que según la marca es su idea de cómo debe ser un reloj de piloto. Caja de acero de 43 mm, zafiro, corona y fondo roscados y 100 metros. La esfera es de ónix negro hecha a mano y está inspirada en un altímetro de avión, con la disposición que llaman California, y que siempre me gustó: números romanos en una mitad de la esfera y arábigos en la otra, más un punto rojo a las 6. Dentro va un Seiko NH35A automático, uno de los movimientos de gama de entrada más utilizados del mundo, a 21.600 alternancias por hora y con 41 horas de reserva. Es un calibre japonés muy extendido entre las marcas jóvenes. En su web cuesta 595 euros, con dos correas de cambio rápido, una textil caqui y otra de piel azul petróleo, y llega en una caja estanca de las que se usan para transportar material. Por todo lo que ofrece, el precio no me parece nada mal. La marca dice que es el primero de una colección dedicada al aire, el agua y la tierra. La foto es de su Instagram.

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Para terminar el día, el anfitrión presentó un sorteo de tres relojes a base de preguntas. La primera me la perdí entera: estaba sentado al fondo y las respuestas salían en una pantalla tan baja que desde atrás no había forma de leerlas. Me levanté, caminé hasta delante de todo y respondí todas las demás, pero me quedé sin reloj por poco.

Tengo fotos de 22 marcas más. Algunas repetidas de ferias anteriores. Veré como organizo todo y voy mostrando de a poco.
 
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Gracias por la crónica. La verdad es que WorldWatchMuseum están creciendo. Ayer comentaba creo @AbderramanII que había tienda en Getxo. Bienvenida sea la oferta de relojes de marcas más asequibles.
 
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Muchísimas gracias, Leandro, por tomarte el tiempo para explicarnos tus impresiones. Me maravilla que pudieras retener tanta información, y me gusta ese estilo tan cercano que tienes. Me ha hecho gracia tu comentario sobre el dueño de H992: a mí también me sorprendió su efusividad. Más que de La Chaux de Fonds parece del mismo Ticino italiano :D

Por cierto, no recordaba que hicieran cronos (imagino que con SW-500 dentro). Esos colores tan "Gulf" me han hecho penar por un momento en NOMOS


PS: espero que el stand de AURET no estuviera demasiado cerca del de Christophe, porque ya es casualidad que coincidan dos propuestas de caja dodecagonal...
 
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Yo me asombro de la gran cantidad de micromarcas que salen al mercado, no se si tienen un nicho de mercado suficiente como para ser rentables y tener cierta continuidad, aplaudo las iniciativas, pero yo personalmente no les veo gran recorrido, ojalá me equivoque.
 
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Muchísimas gracias, Leandro, por tomarte el tiempo para explicarnos tus impresiones. Me maravilla que pudieras retener tanta información, y me gusta ese estilo tan cercano que tienes. Me ha hecho gracia tu comentario sobre el dueño de H992: a mí también me sorprendió su efusividad. Más que de La Chaux de Fonds parece del mismo Ticino italiano :D

Por cierto, no recordaba que hicieran cronos (imagino que con SW-500 dentro). Esos colores tan "Gulf" me han hecho penar por un momento en NOMOS


PS: espero que el stand de AURET no estuviera demasiado cerca del de Christophe, porque ya es casualidad que coincidan dos propuestas de caja dodecagonal...

Gracias Boss. La información técnica la busco toda en internet para completar la explicación.
Al dueño le pesqué la tonada italiana y le tiré un "bello" en italiano y a partir de ahí fue toda la explicación en italiano. Pero se entendió bastante bien. Había dos cronógrafos, uno en la mesa y otro era el suyo, que se quitó y me prestó para las fotos, porque el de muestra lo estaba mirando alguien más.
Auret y Christophe estaban bastante cerca. 😂
 
Yo me asombro de la gran cantidad de micromarcas que salen al mercado, no se si tienen un nicho de mercado suficiente como para ser rentables y tener cierta continuidad, aplaudo las iniciativas, pero yo personalmente no les veo gran recorrido, ojalá me equivoque.

Pienso parecido a ti. Me gusta que haya tanta iniciativa. Y no se si será un sesgo mío por estar leyendo tanto de relojería, pero veo cada vez más interés y demanda creciente. Igualmente creo que a la larga puede ser difícil de sostener tantas marcas nuevas. Es interesante ver como intentan diferenciarse y aportar algo nuevo. Parece que hay espacio, pero no creo que para todos.
 
Muchas gracias nuevamente por el extenso post y por hacerlo tan cercano. No tengo claro el modelo de negocio de estas marcas, por un lado pienso que la estrategia de relojes en una franja de 500-1000-2000 te puede garantizar volumen, para después optar a segmentos más altos y rentabilizar inversión (algunas micronarcas les ha funcionado la estrategia). Pero marcas con relojes de segmento medio-alto creo que tienen difícil el sobrevivir con tanta competencia. En todo caso es de agradecer que haya gente con esa pasión y que se la jueguen.
 
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