Sirat es de lo mejor que he visto en los últimos años, pero no es una película al uso.
El formato habitual de una película se apoya en una estructura narrativa clara dividida en tres actos, con personajes que persiguen objetivos definidos y una progresión causal de los acontecimientos. Fotografía, montaje y sonido están subordinados al relato, con el objetivo de guiar al espectador, facilitar la comprensión y conducirlo hacia un desenlace. Al espectador se le "premia" durante la película permitiéndole anticipar que va a suceder en algunos puntos de la película.
Sirat no sigue ese canon, no se articula como un relato clásico, sino como un recorrido físico y sensorial.
La estructura es abierta, el conflicto no se desarrolla de forma convencional y el ritmo es deliberadamente contemplativo. Más que avanzar hacia el clímax del desenlace, el film se detiene en la experiencia del tránsito, dejando que el tiempo y el espacio modelen el sentido de lo que vemos, sin esos "premios" que enganchan al espectador mediante la recompensa de saber que va a pasar a continuación.
La construcción de los personajes carece de una psicología detallada o un arco dramático tradicional, son principalmente presencias cuyo valor radica en su relación con el entorno más que en la presentación de sus necesidades como sujeto.
El tema de los silencios no es al azar. Paisaje, sonido (especialmente la música diagética) y los silencios son parte de la narrativa, es una película con una gran carga sensorial.
La narrativa es radicalmente diferente a lo habitual por estos motivos, de ahí que resulte incómoda en algunos momentos, en otros hay planos que resultan hipnóticos.