miminh0
Forer@ Senior
Sin verificar
Voy a aprovechar esta tarde de domingo para iniciar el libro de relatos de @English87 (me alegro de tu retorno a casa sano y salvo compañero!) y ya de paso compartir uno de mis relojes más especiales:
El Omega De Ville Quartz de mi abuelo paterno.
Llegué a conocerlo, pero falleció cuando yo tenía apenas año y medio, así que, por desgracia, solo existe para mí a través de fotos y de las historias que me contaban mi padre y mi abuela.
Después pasó a la muñeca de mi padre, que lo ha llevado prácticamente toda su vida como su único reloj: para trabajar, en verano, en la playa o la piscina, para ir a pescar truchas al Iregua (a los riojanos les sonará) o para subir a los montes y pinares de la Sierra de la Demanda o la Sierra Cebollera a buscar níscalos. En definitiva, para todo. Ahora no lo consideraríamos como tal, pero era todo un CUCO (no lo mojaba...pero se metía en el río hasta casi el pecho pescando... así que algún chapuzón que otro se habrá dado el reloj)
Hace un tiempo mi padre decidió cedérmelo. Mi padre sigue aquí —aunque los años no pasan en balde—, pero sabe de mi afición y prefiere que lo disfrute yo. O más bien mi mujer, porque a mí se me hace ya un poco pequeño para la muñeca.
El mecanismo original debió de pasar a mejor vida en alguna revisión hace muchos años. Ni siquiera lo sabíamos: en algún momento fue sustituido por un Miyota de cuarzo, seguramente después de alguno de los golpes serios que sufrió durante décadas de uso con mi padre. Nos dimos cuenta cuando lo llevé a restaurar, ya que estaba bastante castigado. Al abrirlo, sorpresa.
Aun así, aunque económicamente no tenga ningún valor, junto con el otro reloj que heredé de mi abuelo materno es, sin duda, mi reloj más especial.
Ojalá algún día, dentro de muchísimo tiempo (cruzo los dedos), sea mi hija quien lo herede.
El Omega De Ville Quartz de mi abuelo paterno.
Llegué a conocerlo, pero falleció cuando yo tenía apenas año y medio, así que, por desgracia, solo existe para mí a través de fotos y de las historias que me contaban mi padre y mi abuela.
Después pasó a la muñeca de mi padre, que lo ha llevado prácticamente toda su vida como su único reloj: para trabajar, en verano, en la playa o la piscina, para ir a pescar truchas al Iregua (a los riojanos les sonará) o para subir a los montes y pinares de la Sierra de la Demanda o la Sierra Cebollera a buscar níscalos. En definitiva, para todo. Ahora no lo consideraríamos como tal, pero era todo un CUCO (no lo mojaba...pero se metía en el río hasta casi el pecho pescando... así que algún chapuzón que otro se habrá dado el reloj)
Hace un tiempo mi padre decidió cedérmelo. Mi padre sigue aquí —aunque los años no pasan en balde—, pero sabe de mi afición y prefiere que lo disfrute yo. O más bien mi mujer, porque a mí se me hace ya un poco pequeño para la muñeca.
El mecanismo original debió de pasar a mejor vida en alguna revisión hace muchos años. Ni siquiera lo sabíamos: en algún momento fue sustituido por un Miyota de cuarzo, seguramente después de alguno de los golpes serios que sufrió durante décadas de uso con mi padre. Nos dimos cuenta cuando lo llevé a restaurar, ya que estaba bastante castigado. Al abrirlo, sorpresa.
Aun así, aunque económicamente no tenga ningún valor, junto con el otro reloj que heredé de mi abuelo materno es, sin duda, mi reloj más especial.
Ojalá algún día, dentro de muchísimo tiempo (cruzo los dedos), sea mi hija quien lo herede.