Me impresionó la historia del maestro relojero Hanus.
Tiempo después de haber diseñado y construido el reloj astronómico, los ediles de Praga se enteraron de que Hanus estaba en su taller dibujando nuevamente de forma entusiasta, por lo que pensaron que podría estar diseñando un nuevo reloj, aún más grandioso, para vendérselo a otra ciudad. Ante la posibilidad de que Praga fuera eclipsada, los ediles decidieron abordar al maestro por la noche y quemarle los ojos con un hierro incandescente para que no pudiera seguir trabajando en su proyecto. El pobre hombre no entendió por qué le habían atacado y quitado la vista para siempre hasta varios años después. Cuando se enteró, decidió acudir a la torre guiado por su aprendiz, para romper en venganza el mecanismo del reloj que él mismo había creado. Cuando llegó allí y tras largos minutos de vacilaciones, introdujo su mano entre las ruedas, las cuales lo arrastraron hacia la maquinaria, matándole en ese mismo momento. Tras el trágico suceso, Hanus obtuvo su amarga recompensa, destrozando el artilugio. Tuvieron que pasar muchos años hasta que alguien consiguió entender y poner en marcha de nuevo el reloj.