Por qué llevas un reloj en la muñeca si tienes un móvil en el bolsillo
El mercado de los relojes ha experimentado un fuerte auge, sobre todo en el sector del lujo y entre los hombres. Son una manera muy clara de transmitir estatus. Pero hay otras razones para llevarlos
El papa Francisco también tenía reloj de pulsera. (EFE/Alessandro Di Meo)
Por
Ramón González Férriz
17/03/2026 - 05:00
En la última década coincidieron dos fenómenos
aparentemente contradictorios. En primer lugar, el 90% de la población de los países ricos disponía ya de un móvil. Al mismo tiempo, fue una edad de oro para los
relojes de pulsera. Entre 2022 y 2023, según la Federación de la Industria Suiza del Reloj, el país batió el récord de exportaciones de toda su historia.
¿
Para qué queremos un reloj si llevamos siempre con nosotros un dispositivo que da la hora y que, según algunos estudios,
miramos de media unas 110 veces al día?
A principios de esta década,
Rolex producía algo más de un millón de relojes al año. Sin embargo, durante un tiempo fue prácticamente imposible comprar determinados modelos en una tienda oficial, el más barato de los cuales cuesta 6.550 euros. La capacidad de fabricación
no podía satisfacer la demanda y se volvió habitual que empresas especializadas acapararan la compra de los relojes cuando salían a la venta e inmediatamente los ofrecieran en un
mercado secundario; en algunos casos, multiplicando hasta 10 veces el precio original. Uno de los fenómenos más elocuentes del urbanismo madrileño tiene que ver con este apogeo del reloj caro: las tiendas de ropa de lujo ya no pueden permitirse los
alquileres en las calles más ricas de la ciudad, porque las de relojes son mucho más rentables y pagan más.
Uno de los fenómenos más elocuentes del urbanismo madrileño tiene que ver con este apogeo del reloj caro
No es difícil encontrar respuestas a este auge. Los relojes son uno de los grandes
transmisores de estatus en el mundo moderno; nadie se compra un
Patek Philippe de platino (228.580 euros) porque dé bien la hora, sino porque
señaliza que eres rico y tienes buen gusto. Además, es una forma de
estatus tan exclusiva que solo puede reconocerla alguien con un estatus similar. La mayoría, simplemente, no vemos la diferencia entre
un reloj de lujo y una copia o un modelo intermedio.
Pero también tiene que ver con el retorno de ciertas expresiones de
virilidad clásica. Porque aproximadamente el 65% de los
relojes caros los llevan hombres. También, cada vez más, hombres jóvenes. Como no pueden distinguirse por el modelo de su móvil, dado que casi todos son masivos y la horquilla de precios es relativamente estrecha, y no les da para un piso o un coche de lujo, el reloj caro puede ser
un señalizador de clase asumible.
El que fuera ministro de Economía húngaro Gyorgy Matolcsy mira la hora en su reloj de pulsera antes de una reunión del comité del Parlamento Europeo en 2011. (EFE/Olivier Hoslet)
Sin embargo, en el mismo periodo en que aumentaban las ventas de los relojes de lujo, lo hicieron también las de los
relojes baratos.
Swatch posee marcas caras como
Omega y
Tissot, pero es famosa por sus productos de 90 euros, que son los que yo llevo. En esos años, tuvo la brillante idea de coger modelos de sus marcas más caras y adaptarlos a la estética y la calidad de su línea más asequible, y los puso en el mercado a unos 275 euros. Para mantener la
sensación de escasez, sin embargo, decidió no venderlos online, sino solo en algunas de sus tiendas físicas y por tiempo limitado. ¿La respuesta? Colas de hasta diez horas para conseguirlos y millones de unidades vendidas. Uno de los
fenómenos más fascinantes de la moda de nuestro tiempo es
el regreso de los relojes Casio digitales que se hicieron ubicuos en los años setenta y ochenta. Hoy, algunos de los modelos vintage valen 39,90 euros. Y se siguen preciando de disponer de alarma, el recurso más redundante de nuestra era.
Con mi Swatch verde y rojo o un Casio digital, algunos hombres de mediana edad nos empeñamos en transmitir que somos modernos
De modo que el auge del reloj de lujo puede ser fruto de su eterna capacidad para transmitir estatus. Aunque tal vez no sea la única explicación: con mi
Swatch verde y rojo o un
Casio digital, algunos hombres de mediana edad nos empeñamos en transmitir que somos jóvenes y modernos, aunque eso no nos hará ser percibidos como machos alfa. Quizá, simplemente, nos parece que los relojes quedan bien. O que son los adornos ideales para quienes nos negamos a llevar anillos o pulseras. Pero es también posible que sean una respuesta nostálgica a la omnipresencia del móvil: queremos un objeto mecánico cuya finalidad no sea retener nuestra atención, sino ser bonito y tener una utilidad marginal.
Hoy
la fiebre por los relojes ha remitido. Los aranceles de
Donald Trumphan frenado la importación de relojes en
Estados Unidos. El
franco suizoestá alto y la economía de China no crece al mismo ritmo que antes, por lo que han caído las ventas en ese enorme mercado. En total, las
exportaciones de relojes suizos se han reducido a la mitad respecto a los años posteriores a la pandemia, aunque caen mucho más las ventas de los baratos que las de los caros. Esto respalda la idea de que su finalidad es, sobre todo,
reforzar la imagen de ganador que muchos hombres quieren transmitir. Pero tiene que haber algo más. Si uno lo piensa bien, el reloj de pulsera ha sido, durante un siglo, la máquina con la que hemos mantenido una relación más íntima, física y constante. Hasta que llegó el teléfono móvil.