Es una cuestión interesante. Quizás habría que interrogar a ancianos alemanes para saberlo...
De las plumas Montblanc, la única referencia que recuerdo ahora mismo y que me llamó la atención, la hace Arturo Barea en el primer tomo de "La Forja de un Rebelde"; en Melilla, en los años 20, al protagonista le regalan una Montblanc. Tal como lo cuenta debía de ser una marca de prestigio, aunque en esos años tener una estilográfica ya era un lujo (en los 40 a un señor le podían robar la cartera y la estilográfica...)
No sé en cómo sería en Alemania, pero aquí, Montblanc no era más marca que cualquier otra, y sus precios tampoco diferían mucho entre sí. Parker, Staedler, Paper Mate, Kaweco, Sheaffer, Waterman, Pelikan, Eagle, Mentmore... Las plumas podían tener mayor o menor distribución según la fama y la proximidad de fabricación (que hacía más fácil su importación), pero todas las marcas tenían plumas que se movían en los mismo rangos de precio (la Montblanc 32 no era más cara que una Staedler, por ejemplo).
Eso sí, las plumas no tenían la misma consideración que ahora. Baratas, eran las plumillas. Pero las estilográficas no eran baratas, y solían hacerse como regalo en ocasiones especiales (primera comunión, cumpleaños, navidad, etc).
Hay que tener en cuenta que detalles que para nosotros denotan cierto "nivel" en la pluma, como los plumines de oro (o el celuloide), eran un estándar en aquella época (quizas para algunos pareciesen más lujosas algunas aleaciones que el propio oro).
O al menos esa es la conclusión que he sacado tras hablar del tema alguna vez con mi padre.