J
Jauro
Novat@
Sin verificar
Pues eso, me llamo Jaume y este es mi primer post. ¡Saludos a todos!
Mi afición por los relojes viene de lejos y desde dentro. Os cuento brevemente.
Mi padrino era relojero, pero relojero de los de verdad. La relojería data de 1938 y tengo entendido que fue la primera de la ciudad. El negocio comenzó en la zona de la Baixada de Santa Anna y más tarde se trasladó al Carrer de Barcelona, una de las calles comerciales más emblemáticas de la ciudad. Mi padrino y propietario del local se llamaba Francesc Costa i Marsillach; su esposa, Margarida Oller.
Mi historia empieza sentado, de muy pequeño, en la falda de Francesc. Mis ojos apenas llegaban a la altura de la mesa, y absorto seguía los precisos movimientos de Costa al reparar los mecanismos. Me fascinaba ver los rodamientos, los minúsculos tornillos y el sinfín de piezas que, con meticulosidad de experto, iba manipulando. Las visitas a la relojería eran semanales y se prolongaron muchos años, hasta que la pasión por los relojes quedó grabada a fuego en mí. Y aquí estoy.
Una curiosidad: no me he comprado ningún reloj. Todos los que tengo son regalos, lo cual los convierte en piezas con mucho significado. Historia en la muñeca.
PD. Adjunto Un Zenith, regalo de mi tío, y un Sector, regalo de mi padre.
Mi afición por los relojes viene de lejos y desde dentro. Os cuento brevemente.
Mi padrino era relojero, pero relojero de los de verdad. La relojería data de 1938 y tengo entendido que fue la primera de la ciudad. El negocio comenzó en la zona de la Baixada de Santa Anna y más tarde se trasladó al Carrer de Barcelona, una de las calles comerciales más emblemáticas de la ciudad. Mi padrino y propietario del local se llamaba Francesc Costa i Marsillach; su esposa, Margarida Oller.
Mi historia empieza sentado, de muy pequeño, en la falda de Francesc. Mis ojos apenas llegaban a la altura de la mesa, y absorto seguía los precisos movimientos de Costa al reparar los mecanismos. Me fascinaba ver los rodamientos, los minúsculos tornillos y el sinfín de piezas que, con meticulosidad de experto, iba manipulando. Las visitas a la relojería eran semanales y se prolongaron muchos años, hasta que la pasión por los relojes quedó grabada a fuego en mí. Y aquí estoy.
Una curiosidad: no me he comprado ningún reloj. Todos los que tengo son regalos, lo cual los convierte en piezas con mucho significado. Historia en la muñeca.
PD. Adjunto Un Zenith, regalo de mi tío, y un Sector, regalo de mi padre.