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Sin verificar
Os remito un texto del Catálogo de la Exposición sobre Breguet que se celebró en París, Museo del Louvre el año 2009, que creo pueda ser de vuestro interés:
BREGUET EN EL LOUVRE: EL APOGEO DE LA RELOJERÍA EUROPEA
LAS RELACIONES DE BREGUET CON EL PODER POLITICO
[..] Es gracias a su protector el abad Joseph-François Marie (1738-1801) – persona que le enseñó matemáticas en el instituto Mazarin, detectó su genialidad y se convirtió en 1782 en subpreceptor de los hijos del conde de Artois, hermano del rey – como Breguet empieza a establecer relaciones con el poder.
En 1782, Breguet realiza para la reina María Antonieta el reloj perpetuo de repetición y con calendario nº2 10/82 (la inscripción 10/82 significa que fue terminado en octubre de 1782). Es muy probable que Breguet fuese presentado al rey y a la reina en esa época. Se sabe del gusto de Luis XVI por la cerrajería artística, la relojería y de manera más general por la mecánica de pequeño volumen. En diciembre de 1784, el rey compra un reloj Breguet por la cantidad de 1.680 libras. La reina también aprecia los relojes de excepción y así se lo demuestra a lo largo de toda su vida a la casa Breguet. Adquirirá varios relojes Breguet, entre los cuales un Perpetuo nº 46, y deseará que Axel de Fersen posea igualmente uno. El reloj nº 46, uno de los primeros que tienen una esfera “guilloché”, será entregado a principios del año 1787. […]
¿Quién mejor que la reina, en la década de 1780, para lanzar una reputación y promocionar un nombre poco conocido hasta entonces? Muy pronto en la Corte, Mme Élisabeth, hermana del rey, y la condesa de Provence, cuñada del rey, llevarán relojes Breguet, al igual que el embajador de España. En París, el duque de Orleáns, primo del rey, hace un encargo a Breguet en 1780. El relojero contará rápidamente entre sus clientes con los nombres más importantes de Francia, como dan fe sus archivos: La Rochefoucauld, Noailles, Montesquiou… […]
En los primeros días del mes de septiembre de 1792, cuando la Revolución ya había alterado radicalmente el orden establecido, Breguet realiza una venta conmovedora. María Antonieta le hace un encargo, pero los brillos de Versalles y la despreocupación del Pequeño Trianón quedan muy lejos. En la prisión del Temple, donde la reina se encuentra cautiva desde el 13 de agosto, es donde María Antonieta encarga a Breguet un reloj de repetición mucho más modesto que los que poseía en el pasado, robados o confiscados durante el saqueo del Palacio de las Tuilerías el 10 de agosto. Este reloj, que lleva el número 179, se entrega el 4 de septiembre, y será con el que se cuenten las horas del calvario de la familia real.
En aquellos tiempos revueltos, Breguet no puede mantenerse ni neutral ni inactivo. Había acogido favorablemente los inicios de la Revolución y tomado parte activa en la vida de la nación. Miembro del Club de los Jacobinos desde 1790, Breguet mantiene relaciones estrechas con los medios girondinos de ideas ciertamente republicanas pero moderadas comparadas con las de los sans-culottes y las de otros montañeses. Próximo a Jacques-Pierre Brissot, que ha realizado para él, un sondeo prospectivo en los Estados Unidos nacientes, y con una estrecha relación con Étienne Clavière, se ve comprometido en el momento de la condena de sus amigos políticos en junio de 1793. Gironda, en efecto, no puede resistir las insurrecciones del 31 de mayo y del 2 de junio de 1793, dirigidas por La Montaña y por Maximilien de Robespierre, que representan el ala izquierda de la Convención. Los antiguos contactos de Breguet en la Corte van a acrecentar aún más las sospechas que recaen sobre él. Los servicios que ha prestado a lo largo de los años a su compatriota Jean-Paul Marat, célebre montañés, van a salvarle sin embargo de una situación de peligro y permitirle obtener un pasaporte oficial. Breguet organiza así su regreso a Suiza que durará casi dos años, de agosto de 1793 a mayo de 1795. De este modo, salvará la vida y podrá continuar su trabajo de creador. Durante este exilio, recibe un cuantioso correo y logra, no sin esfuerzo, dirigir desde la distancia sus talleres parisinos. […]
En las fechas siguientes a la Revolución, Breguet arranca de nuevo su empresa y se dedica a crear una red de relaciones por toda Europa e incluso fuera de ella, red ya esbozada al final del Antiguo Régimen. Implicado en la vida parisina, constata los enormes cambios que han sacudido Francia y asiste a la rápida ascensión de Napoleón Bonaparte hasta el poder supremo A este respecto, los archivos nos permiten conocer con gran precisión la cronología y la naturaleza de las relaciones que mantiene la casa Breguet, antes y durante el Imperio, con la numerosa y poderosa familia Bonaparte, y en mayor medida con el régimen napoleónico
El primer miembro de la familia Bonaparte que posee un reloj Breguet es el general Charles-Victor- Emmanuel Leclerc. Promovido a general de brigada el 6 de mayo de 1797, adquiere un reloj de repetición unos días más tarde, y antes de contraer matrimonio con Paulina Bonaparte el 14 de junio. Es sin duda a través de él como el general Bonaparte, comandante jefe del ejército de Italia, conoce la existencia del establecimiento del quai de l’Horloge, aunque también pudo haber sido por sus camaradas de armas Louis- Alexandre Berthier y Jean-Joseph Dessolle, clientes de Breguet en 1797. En cualquier caso, al año siguiente, en abril de 1798, un mes antes de embarcarse para la campaña de Egipto, el general Bonaparte compra al maestro relojero tres piezas especialmente representativas de su producción: un reloj de repetición “guarda tiempo de escape aislado” nº 38, un péndulo portátil con almanaque y repetición nº 178, el primero en su género, y un reloj perpetuo de repetición nº 216.
Esta compra, de un valor total aproximado de 7.000 francos, responde a una doble finalidad: en primer lugar, en plena ascensión social y política, Bonaparte intenta poseer objetos refinados, símbolos de poder y de posición social y, en segundo lugar, por razones prácticas necesita llevar en la expedición piezas de relojería sólidas y fiables. Con Breguet piensa que ha acertado. Pero, ¿quedó verdaderamente satisfecho? Es difícil afirmarlo pues se sabe que después de estas tres adquisiciones en 1798 no habrá ninguna más. Hay algo incluso peor: el reloj Perpetuo fue devuelto en 1801. Según la tradición oral, el reloj no aguantó las arenas del desierto de Egipto y Bonaparte se irritó considerablemente. Y el reloj de repetición y el péndulo, ¿funcionaron correctamente? Si fue así, ¿cómo se explica que, durante dieciocho años, su propietario no sintiera la más mínima necesidad de realizar nuevas compras ni de mostrar ninguna prueba deagradecimiento?
La realidad es que el Primer Cónsul, que más tarde será emperador, trata con particular indiferencia al relojero más célebre de Europa, instalado además en París, en la isla de la Cité, a unos cientos de metros del Louvre. Por lo que parece, Napoleón tiene ciertas quejas contra Breguet. No mueve ni un dedo para facilitar su elección en la Academia de las Ciencias, cuando hubiera bastado con una palabra; tampoco le concede la Legión de Honor, a pesar de los éxitos que Breguet obtiene en la exposiciones, mientras que muchos industriales son condecorados o incluso se les otorga algún título nobiliario; tampoco le nombra proveedor oficial de la Corte imperial, nombrando en su lugar a Mugnier, relojero que se ha instalado por su cuenta después de haberse formado en el quai de l’Horloge; y niega a Breguet el título de relojero de la Marina en 1802, otorgándoselo a Louis Berthoud.
Aunque sea poco probable que Napoleón no le perdone al maestro relojero su origen extranjero o su pasado como proveedor de la Corte de Luis XVI, es en cambio posible que le reproche sus hipotéticos lazos con los medios monárquicos o sus relaciones privilegiadas con Inglaterra o sencillamente su voluntad de comerciar cueste lo que cueste con toda Europa. Breguet podría haber pedido a Talleyrand que intercediera por él ante el Emperador, puesto que es un consejero muy tenido en cuenta por Napoleón hasta 1807. Pero esto sería desconocer a nuestro personaje, que prefería seguramente conservar su libertad de iniciativa al estatus de relojero oficial de la Corte de Napoleón.
Hasta 1801, sin embargo, fecha en la que el Primer Cónsul devuelve su reloj Perpetuo y comienza a “boycotear” a Breguet, la familia Bonaparte multiplica sus compras. Además de Napoleón en 1798, serán Josefina en 1798 y 1800, Luis y Lucien Bonaparte en 1800 y 1801, José Bonaparte en 1800 y Leclerc, esposo de Paulina, en 1798 y 1801, los que adquieran una cantidad de relojes, nada despreciable, de diecinueve piezas. Después, no comprarán nada en 1802 ni en 1803, y sobre todo nada en 1804, año de la Coronación del Emperador, lo que es muy sintomático. Ni una sola venta a un miembro de la familia, ni un solo encargo del Estado en ese año, mientras que el dinero corre a raudales y que todos los talentos de
Francia en las artes, las artes decorativas, la joyería y la industria se desploman literalmente bajo los encargos y trabajan día y noche para las grandes festividades del 2 de diciembre.
Breguet no es un hombre del régimen y el régimen se lo hace ver. Seguramente decepcionado, el maestro se consuela constatando como crecen sus ventas, en particular en el extranjero. Y además, con su reputación en el cenit y no habiendo equivalente a sus productos, Breguet no cree que el poder del momento pueda aguarle la fiesta por mucho tiempo. A partir del año siguiente, en efecto, la gran familia Bonaparte vuelve a aparecer en los registros de la casa. Dos de sus miembros compran su primer Breguet. Se trata de Jérónimo Bonaparte, rey de Westfalia en 1807, que adquiere doce piezas entre 1805 y 1809, y de su hermana, Carolina Murat, reina de Nápoles en 1808, que compra al maestro treinta y cuatro piezas hasta 1814, y le pide que le realice, entre otros objetos, el famoso primer reloj de pulsera. Con sus treinta y cuatro relojes y péndulos, la reina de Nápoles se coloca en primer lugar en el palmarés general de los mejores clientes de la casa.
[…]
Emmanuel Breguet,
Historiador, especialista en la obra de Breguet, en Montres Breguet S.A.
BREGUET EN EL LOUVRE: EL APOGEO DE LA RELOJERÍA EUROPEA
LAS RELACIONES DE BREGUET CON EL PODER POLITICO
[..] Es gracias a su protector el abad Joseph-François Marie (1738-1801) – persona que le enseñó matemáticas en el instituto Mazarin, detectó su genialidad y se convirtió en 1782 en subpreceptor de los hijos del conde de Artois, hermano del rey – como Breguet empieza a establecer relaciones con el poder.
En 1782, Breguet realiza para la reina María Antonieta el reloj perpetuo de repetición y con calendario nº2 10/82 (la inscripción 10/82 significa que fue terminado en octubre de 1782). Es muy probable que Breguet fuese presentado al rey y a la reina en esa época. Se sabe del gusto de Luis XVI por la cerrajería artística, la relojería y de manera más general por la mecánica de pequeño volumen. En diciembre de 1784, el rey compra un reloj Breguet por la cantidad de 1.680 libras. La reina también aprecia los relojes de excepción y así se lo demuestra a lo largo de toda su vida a la casa Breguet. Adquirirá varios relojes Breguet, entre los cuales un Perpetuo nº 46, y deseará que Axel de Fersen posea igualmente uno. El reloj nº 46, uno de los primeros que tienen una esfera “guilloché”, será entregado a principios del año 1787. […]
¿Quién mejor que la reina, en la década de 1780, para lanzar una reputación y promocionar un nombre poco conocido hasta entonces? Muy pronto en la Corte, Mme Élisabeth, hermana del rey, y la condesa de Provence, cuñada del rey, llevarán relojes Breguet, al igual que el embajador de España. En París, el duque de Orleáns, primo del rey, hace un encargo a Breguet en 1780. El relojero contará rápidamente entre sus clientes con los nombres más importantes de Francia, como dan fe sus archivos: La Rochefoucauld, Noailles, Montesquiou… […]
En los primeros días del mes de septiembre de 1792, cuando la Revolución ya había alterado radicalmente el orden establecido, Breguet realiza una venta conmovedora. María Antonieta le hace un encargo, pero los brillos de Versalles y la despreocupación del Pequeño Trianón quedan muy lejos. En la prisión del Temple, donde la reina se encuentra cautiva desde el 13 de agosto, es donde María Antonieta encarga a Breguet un reloj de repetición mucho más modesto que los que poseía en el pasado, robados o confiscados durante el saqueo del Palacio de las Tuilerías el 10 de agosto. Este reloj, que lleva el número 179, se entrega el 4 de septiembre, y será con el que se cuenten las horas del calvario de la familia real.
En aquellos tiempos revueltos, Breguet no puede mantenerse ni neutral ni inactivo. Había acogido favorablemente los inicios de la Revolución y tomado parte activa en la vida de la nación. Miembro del Club de los Jacobinos desde 1790, Breguet mantiene relaciones estrechas con los medios girondinos de ideas ciertamente republicanas pero moderadas comparadas con las de los sans-culottes y las de otros montañeses. Próximo a Jacques-Pierre Brissot, que ha realizado para él, un sondeo prospectivo en los Estados Unidos nacientes, y con una estrecha relación con Étienne Clavière, se ve comprometido en el momento de la condena de sus amigos políticos en junio de 1793. Gironda, en efecto, no puede resistir las insurrecciones del 31 de mayo y del 2 de junio de 1793, dirigidas por La Montaña y por Maximilien de Robespierre, que representan el ala izquierda de la Convención. Los antiguos contactos de Breguet en la Corte van a acrecentar aún más las sospechas que recaen sobre él. Los servicios que ha prestado a lo largo de los años a su compatriota Jean-Paul Marat, célebre montañés, van a salvarle sin embargo de una situación de peligro y permitirle obtener un pasaporte oficial. Breguet organiza así su regreso a Suiza que durará casi dos años, de agosto de 1793 a mayo de 1795. De este modo, salvará la vida y podrá continuar su trabajo de creador. Durante este exilio, recibe un cuantioso correo y logra, no sin esfuerzo, dirigir desde la distancia sus talleres parisinos. […]
En las fechas siguientes a la Revolución, Breguet arranca de nuevo su empresa y se dedica a crear una red de relaciones por toda Europa e incluso fuera de ella, red ya esbozada al final del Antiguo Régimen. Implicado en la vida parisina, constata los enormes cambios que han sacudido Francia y asiste a la rápida ascensión de Napoleón Bonaparte hasta el poder supremo A este respecto, los archivos nos permiten conocer con gran precisión la cronología y la naturaleza de las relaciones que mantiene la casa Breguet, antes y durante el Imperio, con la numerosa y poderosa familia Bonaparte, y en mayor medida con el régimen napoleónico
El primer miembro de la familia Bonaparte que posee un reloj Breguet es el general Charles-Victor- Emmanuel Leclerc. Promovido a general de brigada el 6 de mayo de 1797, adquiere un reloj de repetición unos días más tarde, y antes de contraer matrimonio con Paulina Bonaparte el 14 de junio. Es sin duda a través de él como el general Bonaparte, comandante jefe del ejército de Italia, conoce la existencia del establecimiento del quai de l’Horloge, aunque también pudo haber sido por sus camaradas de armas Louis- Alexandre Berthier y Jean-Joseph Dessolle, clientes de Breguet en 1797. En cualquier caso, al año siguiente, en abril de 1798, un mes antes de embarcarse para la campaña de Egipto, el general Bonaparte compra al maestro relojero tres piezas especialmente representativas de su producción: un reloj de repetición “guarda tiempo de escape aislado” nº 38, un péndulo portátil con almanaque y repetición nº 178, el primero en su género, y un reloj perpetuo de repetición nº 216.
Esta compra, de un valor total aproximado de 7.000 francos, responde a una doble finalidad: en primer lugar, en plena ascensión social y política, Bonaparte intenta poseer objetos refinados, símbolos de poder y de posición social y, en segundo lugar, por razones prácticas necesita llevar en la expedición piezas de relojería sólidas y fiables. Con Breguet piensa que ha acertado. Pero, ¿quedó verdaderamente satisfecho? Es difícil afirmarlo pues se sabe que después de estas tres adquisiciones en 1798 no habrá ninguna más. Hay algo incluso peor: el reloj Perpetuo fue devuelto en 1801. Según la tradición oral, el reloj no aguantó las arenas del desierto de Egipto y Bonaparte se irritó considerablemente. Y el reloj de repetición y el péndulo, ¿funcionaron correctamente? Si fue así, ¿cómo se explica que, durante dieciocho años, su propietario no sintiera la más mínima necesidad de realizar nuevas compras ni de mostrar ninguna prueba deagradecimiento?
La realidad es que el Primer Cónsul, que más tarde será emperador, trata con particular indiferencia al relojero más célebre de Europa, instalado además en París, en la isla de la Cité, a unos cientos de metros del Louvre. Por lo que parece, Napoleón tiene ciertas quejas contra Breguet. No mueve ni un dedo para facilitar su elección en la Academia de las Ciencias, cuando hubiera bastado con una palabra; tampoco le concede la Legión de Honor, a pesar de los éxitos que Breguet obtiene en la exposiciones, mientras que muchos industriales son condecorados o incluso se les otorga algún título nobiliario; tampoco le nombra proveedor oficial de la Corte imperial, nombrando en su lugar a Mugnier, relojero que se ha instalado por su cuenta después de haberse formado en el quai de l’Horloge; y niega a Breguet el título de relojero de la Marina en 1802, otorgándoselo a Louis Berthoud.
Aunque sea poco probable que Napoleón no le perdone al maestro relojero su origen extranjero o su pasado como proveedor de la Corte de Luis XVI, es en cambio posible que le reproche sus hipotéticos lazos con los medios monárquicos o sus relaciones privilegiadas con Inglaterra o sencillamente su voluntad de comerciar cueste lo que cueste con toda Europa. Breguet podría haber pedido a Talleyrand que intercediera por él ante el Emperador, puesto que es un consejero muy tenido en cuenta por Napoleón hasta 1807. Pero esto sería desconocer a nuestro personaje, que prefería seguramente conservar su libertad de iniciativa al estatus de relojero oficial de la Corte de Napoleón.
Hasta 1801, sin embargo, fecha en la que el Primer Cónsul devuelve su reloj Perpetuo y comienza a “boycotear” a Breguet, la familia Bonaparte multiplica sus compras. Además de Napoleón en 1798, serán Josefina en 1798 y 1800, Luis y Lucien Bonaparte en 1800 y 1801, José Bonaparte en 1800 y Leclerc, esposo de Paulina, en 1798 y 1801, los que adquieran una cantidad de relojes, nada despreciable, de diecinueve piezas. Después, no comprarán nada en 1802 ni en 1803, y sobre todo nada en 1804, año de la Coronación del Emperador, lo que es muy sintomático. Ni una sola venta a un miembro de la familia, ni un solo encargo del Estado en ese año, mientras que el dinero corre a raudales y que todos los talentos de
Francia en las artes, las artes decorativas, la joyería y la industria se desploman literalmente bajo los encargos y trabajan día y noche para las grandes festividades del 2 de diciembre.
Breguet no es un hombre del régimen y el régimen se lo hace ver. Seguramente decepcionado, el maestro se consuela constatando como crecen sus ventas, en particular en el extranjero. Y además, con su reputación en el cenit y no habiendo equivalente a sus productos, Breguet no cree que el poder del momento pueda aguarle la fiesta por mucho tiempo. A partir del año siguiente, en efecto, la gran familia Bonaparte vuelve a aparecer en los registros de la casa. Dos de sus miembros compran su primer Breguet. Se trata de Jérónimo Bonaparte, rey de Westfalia en 1807, que adquiere doce piezas entre 1805 y 1809, y de su hermana, Carolina Murat, reina de Nápoles en 1808, que compra al maestro treinta y cuatro piezas hasta 1814, y le pide que le realice, entre otros objetos, el famoso primer reloj de pulsera. Con sus treinta y cuatro relojes y péndulos, la reina de Nápoles se coloca en primer lugar en el palmarés general de los mejores clientes de la casa.
[…]
Emmanuel Breguet,
Historiador, especialista en la obra de Breguet, en Montres Breguet S.A.