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IWC AQUATIMER: AZUL y MARINO, por Paso

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IWC AQUATIMER: AZUL y MARINO


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Bueno, después de la inevitable y sufrida espera, y aún con cierta anticipación al plazo previsto, aunque por detrás del amigo Hoyer, finalmente ha llegado a mis manos el tan ansiado IWC Aquatimer que me ha embriagado de ilusión y ante cuyos efluvios, no me he podido resistir a escribir estas líneas, tras una intensa sesión fotográfica de la que pretende dar cumplida cuenta las imágenes que acompaño y que, como ya viene siendo de rigor, quisiera compartir con todos los foreros.


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Se trata de un reloj que compendia muchas y muy buenas características entre las que destaca, a primera vista, una singular elegancia no especialmente compartida por sus homólogos de otras marcas por lo que, no creo equivocarme al pensar que, por lo menos el 80 % de sus potenciales compradores no tienen en mente su destino a un uso "profesional". En este último sentido posee, a mi juicio, una concepción más purista y de mejores características el más grueso (14,85 milímetros frente a 12,85 milímetros) AT 2000 en titanio, hasta el punto de que, según tengo conocimiento, hasta la fecha y para uso profesional, las ventas corren en la proporción de tres a uno, a favor de la versión AT 2000 en titanio.


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Pues bien como, sin duda alguna, yo pertenezco a ese 80 % del que hablaba antes, desde un principio tuve el buen propósito de hacerme con la más delgada y refinada versión de acero, cuya sumergibilidad cifrada en 1.000 metros, excede en casi 999 metros a mis necesidades particulares. De otra parte, tras convencerme de las bondades del acabado totalmente cepillado de la caja en la versión en acero y con correa de caucho (al igual que sucede con el AT Cousteau), frente a la versión con brazalete metálico en la que, tanto la parte frontal (correspondiente a la cara donde están situadas las dos coronas) como la posterior (la opuesta), poseen un acabado pulido tipo "espejo", decidí quedarme con la versión con correa de caucho y comprar separadamente el brazalete o armis metálico que, inmediatamente, fue instalado en el reloj, con la ventaja añadida de poder alternar uno y otro, habida cuenta de que con los dos simples punzones que suministra IWC se puede realizar de forma nada traumática el cambio de de correa a brazalete y viceversa (este sistema, igual que el utilizado para sacar o agregar eslabones al armis lo considero sencillamente genial). A pesar de todo, sigo considerando la estética del reloj con la correa de caucho mucho más innovadora y acertada -desde un punto de vista estético y subjetivo, insisto-, si bien, confieso que tengo una clara predisposición por los brazaletes metálicos y más, en este caso, ya que resulta cómodo, práctico e ingenioso a raudales.


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Su estética resulta ser una especie de fusión entre sus antecesores de estirpe (incluido el GST -"Gold-Stailess steel-Titanium") y una concepción nueva y más moderna del mismo, recuperando ese maravilloso bisel interno y consecuente sistema de doble corona que, acaso, jamás debió perder a lo largo de su evolución.


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Sus acabados y mecanizado en general, los considero sencillamente excepcionales y el conjunto formado por su esfera, manecillas e índices, tremendamente sugestivo e hipnotizante, aunque debo reconocer que la capacidad lumínica de su material luminiscente resulta algo decepcionante (otro argumento en pro de su uso "urbano") a pesar de tratarse de un reloj de submarinismo. Por su parte, el cristal es de zafiro ligeramente abombado y con un precioso tratamiento AR que proporciona unos "oceánicos" reflejos de color azulado.


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El reloj, con sus 42 milímetros de diámetro no resulta tan grande como pudiera parecer en un principio (supongo que en ello influye el color de la esfera) y, desde luego, su nada despreciable peso se me hace muy agradable (que, según me comentó Hoyer, bien pudiera andar sobre los 175 gramos).


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En cuanto al calibre, ningún secreto, ya que alberga el cal. IWC 30110, basado en el más que célebre ETASA 2892-A2, seriamente modificado por IWC que, frente al cal. 37524 que tradicionalmente montaba el Mark XV (hablo en pretérito porque ahora ambos modelos montan el mismo calibre), su acabado no es dorado sino rodiado, ignorando si el rotor va provisto o no de una masa oscilante de oro para mayor eficacia. Realmente pienso que, dado el precio y las pretensiones de este reloj, no hubiera sido nada descabellado que IWC se hubiese molestado en proveerlo de un calibre más singular (¿propio?) y que conste que no lo digo en desdoro o demérito del estupendo ETASA 2892-A2...

Sin embargo, considero que la mayor virtud mecánica del AT no se encuentra en su interior o, mejor dicho, no se corresponde con su calibre, sino con las ingenieriles soluciones adoptadas para la mecanización de su bisel interno y su correspondiente corona que, frente a la principal, que sí que lo es, no se trata de una corona roscada, sino ¡a presión!

El artífice de tal conjunción no es otro que Ferdinand Speichinger, especialista de las cajas de IWC. El escaso espacio existente bajo el bisel obligaba a someter al bisel giratorio a grandes fuerzas de apoyo por lo que se tuvo que endurecer (por nitruración), a cuyo efecto contó con la colaboración de especialistas de SIG Schaffhausen, con profundos conocimientos en la fabricación de armas, además de hacerlo girar sobre cuatro cojinetes de rubíes. También se endurecieron la superficie del anillo de apoyo, la rueda dentada y el tornillo de arrastre ubicado sobre el eje de la corona, tras la rueda dentada, la cual gira eficazmente en una sola dirección, mientras que en la contraria, los flancos de la rueda dentada resbalan, al poseer un cierto grado de inclinación, (vamos, como ocurre con la corona en un reloj de cuerda manual). A su vez, todo el sistema se coloca en una posición flotante a fin de minimizar la fricción, habiendo sido sometido tal mecanismo a 15.000 pruebas en una instalación experimental lo que, según IWC se corresponde a 4 inmersiones diarias durante diez años. Por su parte, el resorte de encaje, que bloquea el arrastre en la dirección no deseada, va equipado también con una punta de rubí. Realmente, manejar el bisel (que se mueve a saltos de un minuto) a través de dicha corona resulta toda una experiencia táctil y sonora.


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La corona, por su parte, se impermeabiliza a través de dos juntas, existiendo una tercera cuya misión es impedir la entrada de grasa en la caja, procedente de la cavidad correspondiente a la corona. La segunda de las juntas principales se comprime con el aumento de la presión en la corona, provocando también dicha presión sobre ésta que el tornillo de arrastre se desprenda del resorte de encaje, gracias a la construcción flotante, impidiendo el desplazamiento del bisel giratorio, por duras que sean las condiciones de presión bajo el agua. Se trata, en definitiva, de una corona auto aislante con sistema de aislamiento triple que no trabaja contra la presión, sino con ella, al comprimirse la junta aislante con el aumento de la presión y, por tanto, de la profundidad, lo que hace retroceder a la corona hacia adentro uniendo forzadamente su aislamiento a un cono en un valor exactamente calculado para trabajar a distintas profundidades, sin riesgo a deformaciones o aplastamientos duraderos en la junta.


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Evidentemente, un simple sistema de corona atornillada (como ocurre con la corona principal), simplificaría las cosas, aunque seguramente, se complicaría de forma considerable su uso bajo el agua...


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En fin, creo que IWC ha movido ficha en el tema de poseer en su colección un reloj de inmersión actualizado y con soluciones novedosas y, todo ello, sin romper traumáticamente con el pasado sino todo lo contrario, esto es, potenciándolo y consiguiendo con ello la puesta en escena de un competidor claramente peligroso en esa atractiva "carrera" de los relojes concebidos para pasearse por las profundidades marinas... o... del fregadero...


Un S@ludo.
 
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