
Rafa_Capo
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Debido a que mi señora es historiadora del arte, además de una apasionada total de la historia en general, ha llegado hasta mi esta historia que os comparto, andaba ella oyendo un podcast sobre la mencionada reina de Francia, aunque por poco tiempo, dejó huella, tenía una forma de ser que digamos no fue muy popular entre los franceses, además eso de que fuera de Austria tampoco es que le apasionara a la corte de la época, total, que mi querida me contó la historia a sabiendas que me iba a encantar y aquí estoy para compartirla con vosotros, montando una especie de artículo cogiendo fuentes de aquí y allá para tratar de resumiroslo y contarlo de la mejor manera posible, ya que me parece un historia interesantísima.
En sus días, la reina fue una de las más fervientes admiradoras de las creaciones de A.-L. Breguet. En la corte francesa de los años 1780, el relojero no podía desear una mejor admiradora, además de poseer varios diseños del maestro relojero, María Antonieta lo recomendaba con mucho entusiasmo a todo el reino, así como a los miembros más excelsos de la corte. Gracias a ella, no pocas figuras destacadas, incluyendo a emperadores y enviados diplomáticos entre los que figuraban Axel de Fersen, pronto se vieron seducidas por las obras de Breguet, consolidando su reputación en Europa y más allá de sus fronteras.
En 1783 el señor Breguet recibió una orden increíble y misteriosa de un oficial de guardia de la reina, que era lograr para ella un reloj que incorpore todas las complicaciones y todas las mejoras conocidas hasta el momento. No había límite en términos de tiempo o precio y siempre como fuera posible, el oro debía sustituir a otro metal.
De cualquier manera, el reto inspiró a Breguet... pero pasarían 44 años antes de que el reloj estuviera listo.
Uno de los problemas fue que al principio de los 1780, Francia estaba al borde de un cambio sísmico.
Versalles y París vivían dos realidades distintas. En la primera la del espectáculo y la opulencia mientras que en la capital francesa todo era enfermedad y pobreza.
En julio de 1789, con los precios de pan más altos que nunca, una multitud hambrienta y furiosa tomó la fortaleza de la Bastilla y desfiló con la cabeza del gobernador en una pica por las calles de París.
La Revolución Francesa había empezado.
A nivel personal, los eventos fueron calamitosos para Breguet.
El relojero apoyaba la Revolución, pero a medida que se tornó más sangrienta, cualquier persona sospechosa de sentir alguna simpatía por los odiados reyes estaba en peligro. Y Breguet tenía vínculos con la corte pues le vendía sus creaciones. Respecto a su negocio, sus clientes fueron perdiendo la cabeza o huyendo del país.
En 1793 Breguet regresó a su nativa suiza y se llevó el Marie Antoinette, aún sin terminar.
El reloj estaba a salvo, pero la reina no tuvo la misma suerte.
El 16 de octubre de ese año, fue llevada a la Plaza de la Revolución. Tenía un sencillo reloj Breguet abrochado a su vestido, que contaba sus minutos finales.
A las 12:15, la cuchilla de la guillotina le cortó la cabeza.
Pasarían dos años antes de que Breguet retornara a París en 1795, cargado de ideas que fue realizando en rápida sucesión, como el resorte regulador espira Breguet, un nuevo mecanismo de escape que no requería lubricación y el tourbillon, un mecanismo especial para evitar los efectos de la gravedad.
Versalles había desaparecido pero había una nueva corte, la de Napoleón Bonaparte, a la que Breguet le hacia relojes.
Breguet era el relojero más famoso del mundo y lo recompensaron con el máximo galardón de Francia: la Legion d'Honneur.
La aclamación no lo distrajo de su obsesión. Todo lo que ganaba era canalizado hacia la que sería su obra maestra.
Pero el tiempo, que tan bellamente contaba, también pasaba para él y en septiembre de 1823 se le acabó.
El maestro estaba muerto pero su trabajo aún estaba incompleto.
El reloj que Breguet había estado perfeccionando por cuatro décadas fue finalmente terminado por su hijo, el último día de 1827.
Su primer dueño registrado fue el marqués de la Groye, quien había sido paje de María Antonieta.
Cuando el marqués falleció, el reloj estaba en el taller de los Breguet así que la familia volvió a custodiarlo.
A finales del siglo XIX volvió al mercado y fue comerciado discretamente por varios coleccionistas.
En 1917 el industrialista británico y coleccionista apasionado Sir David Salomons lo compró.
Solomons adquirió más de 100 relojes hechos Breguet. Legó la colección a su hija quien la donó al Museo de Arte Islámico en Israel, un improbable destino final para el Marie Antoinette. Pero allá protagonizó otro extraordinario evento.
El Marie Antoinette estuvo en su caja de cristal, en silencio y lejos del mundo de los aficionados a los relojes hasta 1983, cuando el más fabuloso reloj del mundo fue robado en el más grande atraco de relojes de la historia.
A eso de la media noche del 15 de abril de ese año, un hombre delgado vestido de negro entró al museo por una estrecha ventana.
Cortó círculos en los vidrios de los gabinetes y cuidadosamente sacó más de 100 relojes antiguos, algunas pinturas y un par de libros.
Tuvo tiempo de fumarse unos cigarrillos y se fue con una carga valuada en millones y millones de dólares.
La policía buscó por todas partes pero no encontró ningún rastro del Marie Antoinette, la pieza más valiosa del tesoro robado.
En 2005 se agotaron las esperanzas y el dueño de la marca Breguet, Nicolas Hayek, anunció el ambicioso plan de crear una replica del desvanecido reloj.
Con la ayuda de unas pocas fotografías y detalles encontrados en los archivos Breguet, un equipo de ingenieros dedicó dos años ha producir a mano 823 componentes y armar la asombrosa pieza.
Cuando estaban a punto de presentar la réplica, un comerciante de antigüedades llamado Zion Jakobov se comunicó con la curadora Rachel Hasson y le dijo que un abogado tenía la invaluable colección de Breguets del museo.
Hasson dudó hasta que se encontró cara a cara con el Marie Antoinette.
96 de los 106 relojes fueron recuperados.
Habían sido robados por un hombre llamado Na'aman Diller quien era un gran ladrón pero terrible vendedor.
Temiendo que lo descubrieran, dejó lo que robó en cajas de seguridad durante 23 años. Murió de cáncer en 2004 pero poco antes le confesó a su esposa lo que había hecho.
Fue ella quien contrató al abogado que empezó a hacer llamadas para organizar la devolución.
El Marie Antoinette volvió a ser la pieza principal de la colección del museo. Sólo que ahora está en una caja y una habitación considerablemente más seguros.
El reloj está integrado por 823 componentes, y debía contener todas las complicaciones conocidas en la época en la que se concibió, incluidas las siguientes:
Los registros de la empresa Breguet indican que los costes de fabricación llegaron a la colosal suma de 30.000 francos. Esto es más de seis veces el coste de la otra gran obra de Breguet, el nº 92, que se vendió al duque de Preslin por 4.800 francos.
“Marie-Antoinette” número 1160, construido en base a las investigaciones de archivos y dibujos originales:
Espero que hayáis disfrutado con la historia tanto como yo contándola.
Un saludo!
En sus días, la reina fue una de las más fervientes admiradoras de las creaciones de A.-L. Breguet. En la corte francesa de los años 1780, el relojero no podía desear una mejor admiradora, además de poseer varios diseños del maestro relojero, María Antonieta lo recomendaba con mucho entusiasmo a todo el reino, así como a los miembros más excelsos de la corte. Gracias a ella, no pocas figuras destacadas, incluyendo a emperadores y enviados diplomáticos entre los que figuraban Axel de Fersen, pronto se vieron seducidas por las obras de Breguet, consolidando su reputación en Europa y más allá de sus fronteras.
En 1783 el señor Breguet recibió una orden increíble y misteriosa de un oficial de guardia de la reina, que era lograr para ella un reloj que incorpore todas las complicaciones y todas las mejoras conocidas hasta el momento. No había límite en términos de tiempo o precio y siempre como fuera posible, el oro debía sustituir a otro metal.
De cualquier manera, el reto inspiró a Breguet... pero pasarían 44 años antes de que el reloj estuviera listo.
Uno de los problemas fue que al principio de los 1780, Francia estaba al borde de un cambio sísmico.
Versalles y París vivían dos realidades distintas. En la primera la del espectáculo y la opulencia mientras que en la capital francesa todo era enfermedad y pobreza.
En julio de 1789, con los precios de pan más altos que nunca, una multitud hambrienta y furiosa tomó la fortaleza de la Bastilla y desfiló con la cabeza del gobernador en una pica por las calles de París.
La Revolución Francesa había empezado.
A nivel personal, los eventos fueron calamitosos para Breguet.
El relojero apoyaba la Revolución, pero a medida que se tornó más sangrienta, cualquier persona sospechosa de sentir alguna simpatía por los odiados reyes estaba en peligro. Y Breguet tenía vínculos con la corte pues le vendía sus creaciones. Respecto a su negocio, sus clientes fueron perdiendo la cabeza o huyendo del país.
En 1793 Breguet regresó a su nativa suiza y se llevó el Marie Antoinette, aún sin terminar.
El reloj estaba a salvo, pero la reina no tuvo la misma suerte.
El 16 de octubre de ese año, fue llevada a la Plaza de la Revolución. Tenía un sencillo reloj Breguet abrochado a su vestido, que contaba sus minutos finales.
A las 12:15, la cuchilla de la guillotina le cortó la cabeza.
Pasarían dos años antes de que Breguet retornara a París en 1795, cargado de ideas que fue realizando en rápida sucesión, como el resorte regulador espira Breguet, un nuevo mecanismo de escape que no requería lubricación y el tourbillon, un mecanismo especial para evitar los efectos de la gravedad.
Versalles había desaparecido pero había una nueva corte, la de Napoleón Bonaparte, a la que Breguet le hacia relojes.
Breguet era el relojero más famoso del mundo y lo recompensaron con el máximo galardón de Francia: la Legion d'Honneur.
La aclamación no lo distrajo de su obsesión. Todo lo que ganaba era canalizado hacia la que sería su obra maestra.
Pero el tiempo, que tan bellamente contaba, también pasaba para él y en septiembre de 1823 se le acabó.
El maestro estaba muerto pero su trabajo aún estaba incompleto.
El reloj que Breguet había estado perfeccionando por cuatro décadas fue finalmente terminado por su hijo, el último día de 1827.
Su primer dueño registrado fue el marqués de la Groye, quien había sido paje de María Antonieta.
Cuando el marqués falleció, el reloj estaba en el taller de los Breguet así que la familia volvió a custodiarlo.
A finales del siglo XIX volvió al mercado y fue comerciado discretamente por varios coleccionistas.
En 1917 el industrialista británico y coleccionista apasionado Sir David Salomons lo compró.
Solomons adquirió más de 100 relojes hechos Breguet. Legó la colección a su hija quien la donó al Museo de Arte Islámico en Israel, un improbable destino final para el Marie Antoinette. Pero allá protagonizó otro extraordinario evento.
El Marie Antoinette estuvo en su caja de cristal, en silencio y lejos del mundo de los aficionados a los relojes hasta 1983, cuando el más fabuloso reloj del mundo fue robado en el más grande atraco de relojes de la historia.
A eso de la media noche del 15 de abril de ese año, un hombre delgado vestido de negro entró al museo por una estrecha ventana.
Cortó círculos en los vidrios de los gabinetes y cuidadosamente sacó más de 100 relojes antiguos, algunas pinturas y un par de libros.
Tuvo tiempo de fumarse unos cigarrillos y se fue con una carga valuada en millones y millones de dólares.
La policía buscó por todas partes pero no encontró ningún rastro del Marie Antoinette, la pieza más valiosa del tesoro robado.
En 2005 se agotaron las esperanzas y el dueño de la marca Breguet, Nicolas Hayek, anunció el ambicioso plan de crear una replica del desvanecido reloj.
Con la ayuda de unas pocas fotografías y detalles encontrados en los archivos Breguet, un equipo de ingenieros dedicó dos años ha producir a mano 823 componentes y armar la asombrosa pieza.
Cuando estaban a punto de presentar la réplica, un comerciante de antigüedades llamado Zion Jakobov se comunicó con la curadora Rachel Hasson y le dijo que un abogado tenía la invaluable colección de Breguets del museo.
Hasson dudó hasta que se encontró cara a cara con el Marie Antoinette.
96 de los 106 relojes fueron recuperados.
Habían sido robados por un hombre llamado Na'aman Diller quien era un gran ladrón pero terrible vendedor.
Temiendo que lo descubrieran, dejó lo que robó en cajas de seguridad durante 23 años. Murió de cáncer en 2004 pero poco antes le confesó a su esposa lo que había hecho.
Fue ella quien contrató al abogado que empezó a hacer llamadas para organizar la devolución.
El Marie Antoinette volvió a ser la pieza principal de la colección del museo. Sólo que ahora está en una caja y una habitación considerablemente más seguros.
El reloj está integrado por 823 componentes, y debía contener todas las complicaciones conocidas en la época en la que se concibió, incluidas las siguientes:
- Reloj
- Hora solar
- Reserva de cuerda
- Calendario perpetuo
- Repetidor de minutos
- Termómetro
- Cronógrafo
- Amortiguación (un sistema de protección contra golpes, invención propia de Breguet)
- Repetidor de minutos
- Cuerda automática
- Segundero independiente
Los registros de la empresa Breguet indican que los costes de fabricación llegaron a la colosal suma de 30.000 francos. Esto es más de seis veces el coste de la otra gran obra de Breguet, el nº 92, que se vendió al duque de Preslin por 4.800 francos.
“Marie-Antoinette” número 1160, construido en base a las investigaciones de archivos y dibujos originales:
Espero que hayáis disfrutado con la historia tanto como yo contándola.
Un saludo!
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