jorgesdb
Un señor raro
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Aviso, voy a presentar un reloj que he recibido hace poco, que viene del año 1991, que no se puede poner porque la correa no tiene pintar de aguantar un solo doblado, pero funciona y no es un Swatch cualquiera.
Se viene rollo muy serio para hablar de un reloj que me ha costado 30€ y que me sirve para profundizar más en una historia que me está fascinando cada día más.
Este reloj ha venido a raíz de esta presentación que hice hace unos días de un Tissot al que le tenía ganas, conocía parte de la obra de su autor (del Swatch) pero no este reloj que traigo hoy, que descubrí documentándome para la otra presentación:
Si ya lo leísteis, recordaréis lo que contaba de Duchamp... sí, es feo de narices, al menos para la retina.
Caja de plástico de 34 mm, correa de plástico con múltiples patrones y colores, esfera naranja, rosa, azul y dorada sin índices horarios, agujas azules y en una caja violeta y transparente, un festival cromático que parece diseñado por alguien que derramó un arcoíris sobre un cuarzo suizo ETA de 8,75 mm de espesor. Sin cristal de zafiro, sin acero... Resistencia al agua de 3 bar, lo justo para que no le pase nada si te llueve encima...
Melaza pura, si os quedáis en la retina.
Pero ya os he hablado de Duchamp, del coeficiente de arte, de la diferencia entre mirar con la retina y refinar el azúcar. No voy a repetir la teoría, para esto está el hilo del Tissot.
Esta vez voy directo a la historia, porque la historia de este reloj es la historia de su creador, y según vayamos avanzando vais a pensar que me lo estoy inventando (no lo publiqué ayer durante el April's Fool por esta razón).
El autor de este diseño Mathäus Antonius Maria Graf von Thun und Hohenstein (Matteo Thun para los amigos), Conde de los de verdad, no de apellido, un título nobiliario heredado de su familia aristocrática del Tirol del Sur, la región italiana que habla alemán.
Nació el 17 de junio de 1952 en Bolzano, una ciudad a los pies de los Dolomitas donde conviven dos culturas, dos idiomas y dos formas de entender el mundo.
Sus padres, Helene Grabmayr von Angerheim y Otmar von Thun-Hohenstein, eran ceramistas. No como pasatiempo de ricos, sino profesionalmente: tenían un taller de cerámica en el sótano del castillo familiar.
Como el propio Thun cuenta: "Mis padres tenían una fábrica de cerámica en Bolzano, y mamá era la diseñadora".
Un conde cuya madre diseñaba cerámica en el sótano de un castillo. Recordad esto, porque la cerámica y la nobleza van a perseguirle toda la vida.
Matteo Thun estudió escultura y pintura en la Academia Internacional de Verano de Salzburgo. Su profesor: Oskar Kokoschka, el último gran expresionista austriaco, un hombre que había pintado a Karl Kraus, a Alma Mahler, que había sobrevivido a una herida en la cabeza en la Primera Guerra Mundial y a la lista de artistas "degenerados" de los nazis.
Kokoschka tenía entonces más de 85 años y seguía enseñando con la misma ferocidad con la que había pintado La novia del viento medio siglo antes.
Tenemos a un joven conde tirolés, hijo de ceramistas, aprendiendo a ver el mundo con los ojos de Kokoschka.
Por si no era suficiente, también estudió con Emilio Vedova, el gran abstracto italiano, que parecía que boxeaba con el lienzo.
En 1975 se graduó en Arquitectura en la Universidad de Florencia, bajo la dirección de Adolfo Natalini, uno de los fundadores de Superstudio, el grupo radical que en los años 60 había propuesto cubrir la Tierra entera con una retícula de mármol blanco como crítica total al urbanismo.
Pero la tesis de Matteo Thun no fue sobre edificios como cabría esperar. Fue sobre el ala delta de Rogallo, inspirada en los dibujos de aves de Leonardo da Vinci. Fue una excusa para ir a la UCLA, un episodio de su vida que definió así en una entrevista: "En realidad, pasé un año volando cometas".
De vuelta en Europa, en 1978, Thun se presentó en el estudio de Ettore Sottsass en Milán. Simplemente apareció y Sottsass le pidió que se quedara unos días a hacer unos dibujos para Alessi.
Se convirtió en socio de Sottsass Associati. Y entonces llegó la noche que ya os conté en hilo del Tissot.
6 de diciembre de 1980. Sottsass, con 63 años, invita a un grupo de jóvenes diseñadores a su apartamento de la Via San Galdino. Matteo Thun está ahí, a los 28 años, junto con Martine Bedin, Aldo Cibic, Michele De Lucchi, Nathalie Du Pasquier y George Sowden. Suena en bucle Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again de Bob Dylan. Nace Memphis.
Luego vino la exposición de septiembre de 1981 en la galería Arc ’74, las 55 piezas que sacudieron el mundo del diseño, los 400 artículos en prensa mundial en tres meses, Karl Lagerfeld amueblando su apartamento de Montecarlo, David Bowie acumulando más de 100 piezas...
Pero hay algo que no conté: lo que hizo Matteo Thun dentro de Memphis.
Mientras Sottsass creaba sus estanterías Carlton y sus mesas Tartar, Thun volvió a la cerámica.
Creó una serie extraordinaria de vasijas de porcelana que bautizó con nombres de grandes lagos del mundo: Titicaca (1982), quizá la pieza de cerámica más popular de todo Memphis, con su perfil zigzagueante; Garda (1982), una ánfora nombrada en honor al mayor lago italiano, exagerada y escultórica; Volga (1983), un jarrón de una sola flor; Ladoga (1982), una copa de cóctel deliberadamente impracticable; Chad, una tetera; Manitoba, un juego de entremeses.
Jarrón Titicaca
Jarrón Volga
Tetera Chad
El concepto de Memphis aplicado a la tradición que su madre le había enseñado, pero convertida en cerámica de vanguardia en Milán.
En 1984, Thun dejó Memphis y fundó su propio estudio en Milán. Lo que ocurrió después explica por qué el Rara Avis existe.
En la presentación del Tissot Memphis os conté que la conexión entre el ecosistema Alchimia/Memphis y la relojería suiza no fue puntual sino estructural. Que Nicolas Hayek entendió que la filosofía Memphis de democratizar el diseño, usar el color como arma emocional y provocar era exactamente lo que necesitaba para salvar la industria relojera suiza de la revolución del cuarzo.
En 1990, Hayek nombró a Matteo Thun director artístico de Swatch. No era un diseñador invitado para un reloj, sino el responsable de toda la dirección creativa de la marca. El cofundador de Memphis al timón estético del objeto que mejor encarnaba el espíritu Memphis: un reloj de plástico barato, colorido, divertido, democrático, que convertía algo funcional en una declaración emocional.
Thun no se limitó a diseñar esferas. Rediseñó el sistema de tiendas Swatch en todo el mundo, creó colecciones enteras de relojes de mesa. Diseñó los Swatch Automatic de 1992 con esferas cuadradas y redondas en colores vibrantes y contrastantes, un gesto al que llamó "NO Design": el diseño que niega el diseño. Creó el Christmas Special de 1992, el Chandelier. Y diseñó ediciones firmadas y limitadas, y entre ellas el reloj ha propiciado este rollo.
Al mismo tiempo, como ya conté, Alessandro Mendini (cofundador de Studio Alchimia, el antecesor de Memphis) asumía la dirección artística de las colaboraciones artísticas de Swatch, un cargo que mantuvo hasta su muerte en 2019. Dos líneas directas del postmodernismo italiano más radical gobernando simultáneamente la estética de Swatch.
El nombre de este reloj no es caprichoso. "Rara avis" es una expresión latina que significa literalmente "ave rara". Se usa en sentido figurado para referirse a un fenómeno, un prodigio, algo extraordinario, único, irrepetible.
La frase viene del poeta satírico romano Juvenal (60-130 d.C.), de su Sátira VI, verso 165:
"Rara avis in terris, nigroque simillima cygno"
("Un ave rara en la tierra, muy semejante a un cisne negro")
Juvenal hablaba de la esposa perfecta, algo que consideraba tan improbable como encontrar un cisne negro. Durante siglos, el cisne negro fue la metáfora por excelencia de lo imposible... hasta que los exploradores holandeses descubrieron cisnes negros reales en Australia en 1697.
El nombre funciona en múltiples niveles. Es un reloj raro, diferente, inclasificable... Es Matteo Thun convertido en reloj: un conde tirolés, hijo de ceramistas, alumno de Kokoschka, cofundador de Memphis, director artístico de una marca de relojes de plástico.
Y la referencia clásica en latín, es Memphis, una lengua muerta en un reloj de plástico.
Técnicamente, el Rara Avis es un Swatch Gent estándar: 34 mm, caja de plástico, correa de plástico, movimiento suizo de cuarzo ETA, resistencia al agua de 3 bar, cierre de hebilla. No hay un PreciDrive termocompensado como en el Tissot. Es un reloj que costaba el equivalente a unos 25€ (62 si añadimos la inflación hasta hoy). cuando salió al mercado. Este que presento ha venido de Italia y marca un precio de 50.000 liras.
Pero lo que entra por los ojos no es un reloj estándar, la esfera es una ensalada de naranjas, dorados y púrpura. No hay índices horarios: el tiempo se lee de forma intuitiva. Las agujas son azules, colores que en la teoría cromática clásica son complementarios de los naranjas y dorados del fondo, creando un contraste vibrante..
La caja mezcla transparencias con toques de violeta y gris azulado. La correa es un estallido multicolor.
Es Memphis puro (a estas alturas y tras dos hilos os estaréis imaginando que me gusta mucho el trabajo de Memphis): color como declaración de intenciones, no como decoración.
Los colores están ahí para decir que este objeto no es neutral, no quiere pasar desapercibido, no aspira al buen gusto convencional. Aspira a otra cosa.
Lo fascinante de Thun es su arco vital. Pasó del maximalismo estridente de Memphis a desarrollar una filosofía que llamó "Zero Design": diseño reducido a la esencia, que rechaza ser una cuestión de gusto, que busca formas icónicas comprensibles.
De las vasijas Titicaca al hotel Vigilius Mountain Resort, un edificio que se mimetiza con el paisaje de montaña hasta casi desaparecer
Del Rara Avis al JW Marriott de Venecia, pura elegancia contenida. De las tiendas Swatch al sistema de tiendas de Porsche Design.
Tres veces ganador del Compasso d’Oro, el premio de diseño más prestigioso de Italia. Miembro del RIBA. elegido para el Interior Design Hall of Fame de Nueva York en 2004. Obras en el MoMA, el Victoria and Albert Museum y el Cooper Hewitt.
Diseñó otras piezas de uso cotidiano como las tazas blancas de Illy que después han sido decoradas por más de 250 artistas internacionales.
Este reloj, para mi, es un nodo en una red que conecta la cerámica de Bolzano con el expresionismo de Kokoschka, las cometas de Leonardo con un apartamento de Milán, Bob Dylan con el Salone del Mobile, la fórmica de cafetería con el MoMA, y la revolución del cuarzo con la salvación de la relojería suiza.
Es el azúcar dentro de la melaza, que sin refinar es tan solo un trozo de plástico que parece un juguete más que un reloj.
Es la segunda pieza de mi trilogía. La primera fue el Tissot Heritage Memphis de Sottsass, el maestro, el fundador, el hombre de 63 años que invitó a los jóvenes a su casa. Esta es la del discípulo, el joven de 28 años que se quedó después de que le pidieran unos dibujos. La tercera será el Swatch Grancelona (para mi próximo viaje a la Ciudad Condal) de Javier Mariscal, el español que llevó Memphis a los Juegos Olímpicos.
Si has llegado hasta aquí, gracias por leerte todo este rollo.
Se viene rollo muy serio para hablar de un reloj que me ha costado 30€ y que me sirve para profundizar más en una historia que me está fascinando cada día más.
Este reloj ha venido a raíz de esta presentación que hice hace unos días de un Tissot al que le tenía ganas, conocía parte de la obra de su autor (del Swatch) pero no este reloj que traigo hoy, que descubrí documentándome para la otra presentación:
Presentación Hilo 'El último en llegar: Tissot Heritage Memphis'
Acaba de llegar, gracias a @abarranbe por su publicación de Hour Passion en El Hilo de las Ofertas de @iVAMP.
Nuevo y a un precio irrisorio, hacía tiempo que lo buscaba, pero los precios de segunda mano no eran demasiado interesantes.
Preparé este mensaje el fin de semana, porque este reloj creo que se lo merece desde un punto de vista de admirador del arte.
Esta es la pieza:
Sé lo que estáis pensando algunos. "Qué feo". "Ni regalado". "Las marcas ya no saben qué inventar". "Tendrá su público… o no". "Cada uno con su dinero, pero a mí no me...
Nuevo y a un precio irrisorio, hacía tiempo que lo buscaba, pero los precios de segunda mano no eran demasiado interesantes.
Preparé este mensaje el fin de semana, porque este reloj creo que se lo merece desde un punto de vista de admirador del arte.
Esta es la pieza:
Sé lo que estáis pensando algunos. "Qué feo". "Ni regalado". "Las marcas ya no saben qué inventar". "Tendrá su público… o no". "Cada uno con su dinero, pero a mí no me...
- jorgesdb
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Si ya lo leísteis, recordaréis lo que contaba de Duchamp... sí, es feo de narices, al menos para la retina.
Caja de plástico de 34 mm, correa de plástico con múltiples patrones y colores, esfera naranja, rosa, azul y dorada sin índices horarios, agujas azules y en una caja violeta y transparente, un festival cromático que parece diseñado por alguien que derramó un arcoíris sobre un cuarzo suizo ETA de 8,75 mm de espesor. Sin cristal de zafiro, sin acero... Resistencia al agua de 3 bar, lo justo para que no le pase nada si te llueve encima...
Melaza pura, si os quedáis en la retina.
Pero ya os he hablado de Duchamp, del coeficiente de arte, de la diferencia entre mirar con la retina y refinar el azúcar. No voy a repetir la teoría, para esto está el hilo del Tissot.
Esta vez voy directo a la historia, porque la historia de este reloj es la historia de su creador, y según vayamos avanzando vais a pensar que me lo estoy inventando (no lo publiqué ayer durante el April's Fool por esta razón).
El autor de este diseño Mathäus Antonius Maria Graf von Thun und Hohenstein (Matteo Thun para los amigos), Conde de los de verdad, no de apellido, un título nobiliario heredado de su familia aristocrática del Tirol del Sur, la región italiana que habla alemán.
Nació el 17 de junio de 1952 en Bolzano, una ciudad a los pies de los Dolomitas donde conviven dos culturas, dos idiomas y dos formas de entender el mundo.
Sus padres, Helene Grabmayr von Angerheim y Otmar von Thun-Hohenstein, eran ceramistas. No como pasatiempo de ricos, sino profesionalmente: tenían un taller de cerámica en el sótano del castillo familiar.
Como el propio Thun cuenta: "Mis padres tenían una fábrica de cerámica en Bolzano, y mamá era la diseñadora".
Un conde cuya madre diseñaba cerámica en el sótano de un castillo. Recordad esto, porque la cerámica y la nobleza van a perseguirle toda la vida.
Matteo Thun estudió escultura y pintura en la Academia Internacional de Verano de Salzburgo. Su profesor: Oskar Kokoschka, el último gran expresionista austriaco, un hombre que había pintado a Karl Kraus, a Alma Mahler, que había sobrevivido a una herida en la cabeza en la Primera Guerra Mundial y a la lista de artistas "degenerados" de los nazis.
Kokoschka tenía entonces más de 85 años y seguía enseñando con la misma ferocidad con la que había pintado La novia del viento medio siglo antes.
Tenemos a un joven conde tirolés, hijo de ceramistas, aprendiendo a ver el mundo con los ojos de Kokoschka.
Por si no era suficiente, también estudió con Emilio Vedova, el gran abstracto italiano, que parecía que boxeaba con el lienzo.
En 1975 se graduó en Arquitectura en la Universidad de Florencia, bajo la dirección de Adolfo Natalini, uno de los fundadores de Superstudio, el grupo radical que en los años 60 había propuesto cubrir la Tierra entera con una retícula de mármol blanco como crítica total al urbanismo.
Pero la tesis de Matteo Thun no fue sobre edificios como cabría esperar. Fue sobre el ala delta de Rogallo, inspirada en los dibujos de aves de Leonardo da Vinci. Fue una excusa para ir a la UCLA, un episodio de su vida que definió así en una entrevista: "En realidad, pasé un año volando cometas".
De vuelta en Europa, en 1978, Thun se presentó en el estudio de Ettore Sottsass en Milán. Simplemente apareció y Sottsass le pidió que se quedara unos días a hacer unos dibujos para Alessi.
Se convirtió en socio de Sottsass Associati. Y entonces llegó la noche que ya os conté en hilo del Tissot.
6 de diciembre de 1980. Sottsass, con 63 años, invita a un grupo de jóvenes diseñadores a su apartamento de la Via San Galdino. Matteo Thun está ahí, a los 28 años, junto con Martine Bedin, Aldo Cibic, Michele De Lucchi, Nathalie Du Pasquier y George Sowden. Suena en bucle Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again de Bob Dylan. Nace Memphis.
Luego vino la exposición de septiembre de 1981 en la galería Arc ’74, las 55 piezas que sacudieron el mundo del diseño, los 400 artículos en prensa mundial en tres meses, Karl Lagerfeld amueblando su apartamento de Montecarlo, David Bowie acumulando más de 100 piezas...
Pero hay algo que no conté: lo que hizo Matteo Thun dentro de Memphis.
Mientras Sottsass creaba sus estanterías Carlton y sus mesas Tartar, Thun volvió a la cerámica.
Creó una serie extraordinaria de vasijas de porcelana que bautizó con nombres de grandes lagos del mundo: Titicaca (1982), quizá la pieza de cerámica más popular de todo Memphis, con su perfil zigzagueante; Garda (1982), una ánfora nombrada en honor al mayor lago italiano, exagerada y escultórica; Volga (1983), un jarrón de una sola flor; Ladoga (1982), una copa de cóctel deliberadamente impracticable; Chad, una tetera; Manitoba, un juego de entremeses.
Jarrón Titicaca
Jarrón Volga
Tetera Chad
El concepto de Memphis aplicado a la tradición que su madre le había enseñado, pero convertida en cerámica de vanguardia en Milán.
En 1984, Thun dejó Memphis y fundó su propio estudio en Milán. Lo que ocurrió después explica por qué el Rara Avis existe.
En la presentación del Tissot Memphis os conté que la conexión entre el ecosistema Alchimia/Memphis y la relojería suiza no fue puntual sino estructural. Que Nicolas Hayek entendió que la filosofía Memphis de democratizar el diseño, usar el color como arma emocional y provocar era exactamente lo que necesitaba para salvar la industria relojera suiza de la revolución del cuarzo.
En 1990, Hayek nombró a Matteo Thun director artístico de Swatch. No era un diseñador invitado para un reloj, sino el responsable de toda la dirección creativa de la marca. El cofundador de Memphis al timón estético del objeto que mejor encarnaba el espíritu Memphis: un reloj de plástico barato, colorido, divertido, democrático, que convertía algo funcional en una declaración emocional.
Thun no se limitó a diseñar esferas. Rediseñó el sistema de tiendas Swatch en todo el mundo, creó colecciones enteras de relojes de mesa. Diseñó los Swatch Automatic de 1992 con esferas cuadradas y redondas en colores vibrantes y contrastantes, un gesto al que llamó "NO Design": el diseño que niega el diseño. Creó el Christmas Special de 1992, el Chandelier. Y diseñó ediciones firmadas y limitadas, y entre ellas el reloj ha propiciado este rollo.
Al mismo tiempo, como ya conté, Alessandro Mendini (cofundador de Studio Alchimia, el antecesor de Memphis) asumía la dirección artística de las colaboraciones artísticas de Swatch, un cargo que mantuvo hasta su muerte en 2019. Dos líneas directas del postmodernismo italiano más radical gobernando simultáneamente la estética de Swatch.
El nombre de este reloj no es caprichoso. "Rara avis" es una expresión latina que significa literalmente "ave rara". Se usa en sentido figurado para referirse a un fenómeno, un prodigio, algo extraordinario, único, irrepetible.
La frase viene del poeta satírico romano Juvenal (60-130 d.C.), de su Sátira VI, verso 165:
"Rara avis in terris, nigroque simillima cygno"
("Un ave rara en la tierra, muy semejante a un cisne negro")
Juvenal hablaba de la esposa perfecta, algo que consideraba tan improbable como encontrar un cisne negro. Durante siglos, el cisne negro fue la metáfora por excelencia de lo imposible... hasta que los exploradores holandeses descubrieron cisnes negros reales en Australia en 1697.
El nombre funciona en múltiples niveles. Es un reloj raro, diferente, inclasificable... Es Matteo Thun convertido en reloj: un conde tirolés, hijo de ceramistas, alumno de Kokoschka, cofundador de Memphis, director artístico de una marca de relojes de plástico.
Y la referencia clásica en latín, es Memphis, una lengua muerta en un reloj de plástico.
Técnicamente, el Rara Avis es un Swatch Gent estándar: 34 mm, caja de plástico, correa de plástico, movimiento suizo de cuarzo ETA, resistencia al agua de 3 bar, cierre de hebilla. No hay un PreciDrive termocompensado como en el Tissot. Es un reloj que costaba el equivalente a unos 25€ (62 si añadimos la inflación hasta hoy). cuando salió al mercado. Este que presento ha venido de Italia y marca un precio de 50.000 liras.
Pero lo que entra por los ojos no es un reloj estándar, la esfera es una ensalada de naranjas, dorados y púrpura. No hay índices horarios: el tiempo se lee de forma intuitiva. Las agujas son azules, colores que en la teoría cromática clásica son complementarios de los naranjas y dorados del fondo, creando un contraste vibrante..
La caja mezcla transparencias con toques de violeta y gris azulado. La correa es un estallido multicolor.
Es Memphis puro (a estas alturas y tras dos hilos os estaréis imaginando que me gusta mucho el trabajo de Memphis): color como declaración de intenciones, no como decoración.
Los colores están ahí para decir que este objeto no es neutral, no quiere pasar desapercibido, no aspira al buen gusto convencional. Aspira a otra cosa.
Lo fascinante de Thun es su arco vital. Pasó del maximalismo estridente de Memphis a desarrollar una filosofía que llamó "Zero Design": diseño reducido a la esencia, que rechaza ser una cuestión de gusto, que busca formas icónicas comprensibles.
De las vasijas Titicaca al hotel Vigilius Mountain Resort, un edificio que se mimetiza con el paisaje de montaña hasta casi desaparecer
Del Rara Avis al JW Marriott de Venecia, pura elegancia contenida. De las tiendas Swatch al sistema de tiendas de Porsche Design.
Tres veces ganador del Compasso d’Oro, el premio de diseño más prestigioso de Italia. Miembro del RIBA. elegido para el Interior Design Hall of Fame de Nueva York en 2004. Obras en el MoMA, el Victoria and Albert Museum y el Cooper Hewitt.
Diseñó otras piezas de uso cotidiano como las tazas blancas de Illy que después han sido decoradas por más de 250 artistas internacionales.
Este reloj, para mi, es un nodo en una red que conecta la cerámica de Bolzano con el expresionismo de Kokoschka, las cometas de Leonardo con un apartamento de Milán, Bob Dylan con el Salone del Mobile, la fórmica de cafetería con el MoMA, y la revolución del cuarzo con la salvación de la relojería suiza.
Es el azúcar dentro de la melaza, que sin refinar es tan solo un trozo de plástico que parece un juguete más que un reloj.
Es la segunda pieza de mi trilogía. La primera fue el Tissot Heritage Memphis de Sottsass, el maestro, el fundador, el hombre de 63 años que invitó a los jóvenes a su casa. Esta es la del discípulo, el joven de 28 años que se quedó después de que le pidieran unos dibujos. La tercera será el Swatch Grancelona (para mi próximo viaje a la Ciudad Condal) de Javier Mariscal, el español que llevó Memphis a los Juegos Olímpicos.
Si has llegado hasta aquí, gracias por leerte todo este rollo.
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