Monsignore
Habitual
Sin verificar
En muchas ocasiones nos encontramos con que unas pinzas van de maravilla, peroo...
Pero son demasiado duras. Y unas pinzas duras implican hacer más fuerza, con lo que perdemos sensibilidad y es más que probable que una pieza pequeña salga despedida a una dimensión paralela.
Ayer, un compañero me enseñó a domarlas, así que vamos a ver cómo.
Habitualmente, la curva de flexión de unas pinzas es progresiva, necesitamos ejercer muy poca fuerza para comenzar a cerrarlas, pero nos hace falta apretar mucho más para cerrarlas del todo. Así que vamos a ver cómo deformarlas para aflojar esa presión final.
Necesitamos:
En prima puntata, colocamos el metal que nos va a servir de eje a aproximadamente un tercio de la longitud de la pinza (o más atrás, si podemos) y sujetamos el cuerpo de la misma con el primer tornillo de banco. Procurando que el eje no se mueva, sujetamos la pinza en el segundo tornillo de banco
En seconda puntata, presionamos hasta que se cierren las puntas. El primer tornillo impide que la cola se rompa, el botador sirve de eje de deformación, y el segundo tornillo va doblando la pinza para cerrar el espacio entre las puntas.
Empezaremos más o menos a medio cuerpo de la pinza - o un poco antes - e iremos repitiendo el proceso avanzando hacia la punta hasta que queden a nuestro gusto. Es importante ir controlando que las puntas sigan alineadas (lo estarán, si las pinzas son de una mínima calidad y si vigilamos que el cuerpo no se tuerza). Conforme nos acerquemos al final de la pinza, tendremos especial cuidado de que las puntas no se abran; aunque esto podremos corregirlo en el tramo final.
Una vez que hayamos acabado, nos pondremos la lupa de diez aumentos y comprobaremos que las puntas estén perfectas - si no es así, toca rectificarlas con piedras. Pero vamos, he hecho cuatro en un cuarto de hora, y ninguna ha necesitao retoques.
Tendremos, al terminar, unas pinzas muchísimo más blandas que al principio, y no habrá tornillo, chatón ni contrapiedra que se nos escape.
Pero son demasiado duras. Y unas pinzas duras implican hacer más fuerza, con lo que perdemos sensibilidad y es más que probable que una pieza pequeña salga despedida a una dimensión paralela.
Ayer, un compañero me enseñó a domarlas, así que vamos a ver cómo.
Habitualmente, la curva de flexión de unas pinzas es progresiva, necesitamos ejercer muy poca fuerza para comenzar a cerrarlas, pero nos hace falta apretar mucho más para cerrarlas del todo. Así que vamos a ver cómo deformarlas para aflojar esa presión final.
Necesitamos:
- Las pinzas (obvio)
- Dos tornillos de banco
- Un trozo de metal, mejor redondeado (en este caso, he usado el cuerpo de un botador)
- Piedras para rectificar (de ser necesario, a mí no me ha hecho falta, pero YMMV)
En prima puntata, colocamos el metal que nos va a servir de eje a aproximadamente un tercio de la longitud de la pinza (o más atrás, si podemos) y sujetamos el cuerpo de la misma con el primer tornillo de banco. Procurando que el eje no se mueva, sujetamos la pinza en el segundo tornillo de banco
En seconda puntata, presionamos hasta que se cierren las puntas. El primer tornillo impide que la cola se rompa, el botador sirve de eje de deformación, y el segundo tornillo va doblando la pinza para cerrar el espacio entre las puntas.
Empezaremos más o menos a medio cuerpo de la pinza - o un poco antes - e iremos repitiendo el proceso avanzando hacia la punta hasta que queden a nuestro gusto. Es importante ir controlando que las puntas sigan alineadas (lo estarán, si las pinzas son de una mínima calidad y si vigilamos que el cuerpo no se tuerza). Conforme nos acerquemos al final de la pinza, tendremos especial cuidado de que las puntas no se abran; aunque esto podremos corregirlo en el tramo final.
Una vez que hayamos acabado, nos pondremos la lupa de diez aumentos y comprobaremos que las puntas estén perfectas - si no es así, toca rectificarlas con piedras. Pero vamos, he hecho cuatro en un cuarto de hora, y ninguna ha necesitao retoques.
Tendremos, al terminar, unas pinzas muchísimo más blandas que al principio, y no habrá tornillo, chatón ni contrapiedra que se nos escape.
Última edición:
