Las complicaciones de nuestros relojes son maravillosas el día que los compramos, luego caen en el olvido más o menos rápidamente. Me cronometro lo que tardo en llegar al Mercadona, para que funcione el crono de vez en cuando. Cambio el segundo uso horario, unas veces Nueva York, otras Victoria, otras Taipei solamente por jugar y, teniendo en cuenta cada cuanto me pongo un reloj, un calendario perpetuo tendría de perpetuo conmigo lo que le durara la reserva de marcha.
Dicho esto, me encantaría tener un calendario perpetuo. Mecánico, evidentemente.